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Peripecias de un Español en Marruecos

por d.pablo
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Diciembre 2008

                           Pablo Escribano López

             PERIPECIAS DE UN ESPAÑOL EN MARRUECOS

Mis primeros recuerdos de Marruecos son los de un niño, moreno, guapete,
pantalones cortos, sandalias de plástico, , correteando por las blancas calles
de Tetuán, de casa de mis abuelos al bazar del moro que vendía de todo, y lo
que nunca se me olvidará es la voz ronca, profunda, de mi abuelo diciéndome:
“Pablito, ten cuidado que no hay moro bueno” y qué razón tenía (¡).

Todos los años busco, y afortunadamente encuentro, la excusa, el motivo para
hacer una pequeña escapada a Marruecos y este año ha tocado Diciembre,
una semana por el sur del país, pisando arena y viviendo la realidad de sus
gentes. Realidad triste, sucia, dejada, realmente da pena comprobar como
poco a poco se van degradando sus monumentos, sus reliquias históricas,
cómo se van llenando de basura y desperdicios cualquier solar, incluso en las
ciudades importantes.

Con suficiente antelación, consultando viajes de otros foreros, solicitando
consejo a los que conocen bien la zona (gracias Piki&Enrique), pidiendo
folletos a la Oficina de Turismo marroquí en España, preparamos un itinerario
ajustado al tiempo de que disponíamos, nueve días.

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Frecuentes llamadas a Viajes Normandíe, a las navieras Comanav y FRS, para
consultar precios y horarios. Un mes antes del viaje nos dieron precios
interesantes tanto en Normandíe como en Comanav, aproximadamente unos
170 euros, Ac + 2 personas I/V, Algeciras-Tánger. Una semana antes de la
salida los precios casi se duplican y no te mantienen los anteriores. Optamos
por FRS, salen de Tarifa, tardan menos en cruzar, y hay más variedad de
horarios. Su oferta consistía en 250 euros, con la ventaja de que permiten
reservar con antelación.

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1º Día.- Jueves 4 de diciembre.-

El viaje comienza en Madrid, una tarde fría, lluviosa y con niebla. Cargo la auto
con todo el equipaje, víveres, garrafas de agua y suficiente ropa de abrigo para
soportar cualquier incidencia climatológica, ya que las previsiones no son nada
halagüeñas. Aunque la auto es espaciosa, carece de suficientes armarios para
guardar tanto abrigo de plumas, tantas botas, tanta lana, y la realidad es que
luego no hizo falta casi nada de todo ello.

La auto, como siempre,, perfecta, a tope de agua, gasoil, gas, baterias, ,
unas palabras cariñosas, una leve caricia al volante y arranca a la primera. Y
ahí vamos, ella y yo, solos, enfilando la A-6 dirección Madrid, en busca de la M-
50 para salir posteriormente a la AP-4, camino de Málaga, donde al día
siguiente recojo a mi Querida Señorita, en adelante Dª Chus, ya que sus
obligaciones laborales no coinciden con las mías.

Rodear Madrid por la M-50, a pesar del rodeo que supone, se hace a buen
ritmo y enseguida tomamos la salida hacia Andalucía, por autopista de peaje,
no es cara y se adelanta bastante.

La noche cae en seguida y entre la oscuridad, la niebla, la lluvia, unos destellos
azules, naranjas, linternas, guardia civil: en la intersección de la autopista de
peaje con la autovía del Sur, una furgoneta-camper volcada. Lo primero que se
viene a la cabeza es una enorme sensación de tristeza por los compañeros que
se han quedado ahí.

La conducción se hace cada vez más complicada, aumenta la niebla y el
agüilla que arrojan los numerosos camiones dificultan muchísimo la visibilidad.
Cruzamos Despeñaperros muy despacito y decido que por hoy ya está bien.
Paro en una gasolinera, en La Carolina. Tiene cafetería, un buen aparcamiento
y aparentemente es un sitio seguro. Un bocadillo de tortilla y unas croquetas,
que previsoramente traje de casa, fueron el prólogo de una noche tranquila,
solitaria, fría y lluviosa.

Kilómetros recorridos hoy: 250.

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2º Día.- Viernes 5 de diciembre.-

Amanece, mañana nublada y fresca. Dispongo de mucho tiempo para llegar a
Málaga por lo que salgo muy tranquilo, velocidad moderada, sin prisas, poco
tráfico, con la intención de desayunar en Jaén, área de servicio con cafetería y
hotel. Desayuno popular, pan tostao con aceite de la tierra. Son las 9 de la
mañana y la cafetería (enorme) vacía, la carretera vacía, la gasolinera también
vacía. En este tramo de autovía entre Jaén y Granada, el mismo cartelito que
veo desde hace muchos años: “Firme en mal estado en x km”, y es cierto, no
es nada firme, abundantes roderas y badenes.

Que agradable sensación cuando vas sin prisas, prácticamente solo en la
carretera, viendo como se alejan las nubes y como aparece un sol radiante,
escuchando a Johnny Cash y disfrutando del cambiante paisaje andaluz.

Breve parada en Loja, sin motivo aparente, por pasar el tiempo, aparco en un
Lidl y aprovecho para comprar algo de fruta. El resto del trayecto hasta Málaga
se hace sin contratiempos, llego a las 14:00 h. y siguiendo las indicaciones de
los foreros de la tierra, me dirijo hacia la Plaza de los Colorines, una rotonda
con un tráfico infernal y donde aparentemente está prohibido aparcar. Se trata
de esperar a Dª Chus, que llega en el AVE de las 18:30 h.

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Salimos de Málaga por autopista de peaje en dirección a Tarifa. Llegamos al
puerto justo cuando están terminando de cargar un barco. Rápidamente a la
Estación Marítima, presentamos la reserva en la taquilla correspondiente y nos
dejan embarcar aunque nuestro barco era el siguiente. Nos hacen entrar en la
bodega marcha atrás y siguiendo las indicaciones de cuatro o cinco operarios,
porque allí mandaba todo el mundo (¡¡), nos colocamos tal y como nos dicen,
hasta que llega uno que parecía era el que más mandaba y pretende que nos
arrimemos más aún a los mamparos del buqueal “tio” sólo se le entendía
“májunto má junto”, y en qué mala hora le hicimos caso .

Dejamos la auto bien cerrada y subimos a una de las cubiertas interiores donde
nos encontramos una fila enorme de personas frente a un minúsculo mostrador
en el que, codo con codo, un policía marroquí y otro español, con mucha,
mucha calma van sellando pasaportes. Toda la travesía discurrió en un
estrecho pasillo, con un calor agobiante, rodeado de gente y sólo cuando
llegamos al puerto de Tánger nos correspondió turno de sellado. Moraleja: la
próxima vez disfrutaremos cómodamente sentados del viaje y al final, sólo al
final, cuando ya estemos atracando en destino, nos pondremos a la cola.

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Bajamos a la bodega y la mayoría de los coches ya habían salido, solo
quedaban los vehículos más grandes. Nos ponemos en marcha y  y en qué
mala hora le hicimos caso al “tío” del “majunto má junto”, porque allí se quedó
un trocito de nuestra autocaravana. Una ventana lateral se enganchó con una
viga y fue tal el crujido del plástico al desgarrarse que se paralizaron todas las
maniobras de desembarque, se acercaron varios personajes vestidos de
colorao, se dieron cuenta del percance y con la mayor naturalidad miraron
hacia el techo y silbando una melodía se alejaron a continuar con sus
quehaceres.

Ya estamos en Marruecos, de noche, lloviendo a cántaros, con una ventana
destrozada y en medio de un caos de coches, aduaneros, policías,
“chipichangas” (moros arregladores de papeles), bocinazos, gritos. Nos colocan
en una de las filas, de las muchas que se forman para pasar la Aduana y voy a
ventanilla a resolver la entrada de la auto, es una de las cosas que me gusta
hacer personalmente: te acercas a la ventanilla, pides los impresos para la
importación temporal del vehículo, lo rellenas y se lo vuelves a dar al bigotudo
aduanero, que te mira con suficiencia y con pasmosa tranquilidad traslada tus
datos, a mano, a un enorme cuaderno, sin decir una palabra ves como el
impreso que le acabas de dar se queda traspapelado entre las hojas del
cuaderno. Me le quedo mirando fijamente, con los ojos muy abiertos, las cejas
en posición circunfleja, calladito, muy calladito, como diciendo “cuando tú
quieras majo¡¡” y efectivamente, así fue, cuando él quiso volvió atrás en el
cuaderno, recuperó mis impresos, me los devolvió y pude regresar a mi auto,
que avanzaba despacito en una de la filas. Bueno, no avanzaba sola, conducía
Dª Chus.

Tardamos unos 40 minutos en pasar la aduana, tiempo que aproveché para
recomponer la ventana rota, juntando los trozos con cinta americana, evitando
así que entrase agua.

Ya avanzada la noche, salimos del puerto y siguiendo los indicativos de
Autopista-Rabat, cruzamos rápidamente Tánger y a la salida, paramos en un
Hotel de la cadena Ibis/Musafir, en cuyo aparcamiento pasamos la noche. No
nos cobraron nada.

Kilómetros recorridos hoy, 475.
Total: 725 km

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3º Día.- Sábado 6 de diciembre.-

Amanece soleado y con una buena temperatura. Grandes charcos y mucho
barro en las calles. Ya estamos en Marruecos, pero hay alguien que parece no
haberse enterado, yo se lo explico muy despacito, para que me entienda, pero
no hay manera. Dª Chus hace lo mismo, lo intenta con mejores artes que yo,
pero nada, el muy puñetero se pone mohíno y no suelta palabra. Con las horas,
sí horas, que empleó nuestro buen amigo Tito en enseñarnos cómo había que
tratarlo, pues nada, el gps (así con minúsculas) no quiere decirnos por donde
debemos ir.

                                      Salimos de la ciudad por la autopista en
dirección a Rabat, es de peaje, pero más barata que las nuestras

Al llegar a la altura de Asilah, hay un área de descanso con gasolinera,
cafetería, merendero y mucho espacio, servicios, lavabos al aire libre.
Encontramos dos tipos de gasoil, el normal (230) a unos 7 DH y el súper (350)
a 10 DH, aproximadamente 70 céntimos y 90 céntimos de euro
respectivamente. Hemos probado ambos y la auto apenas ha notado la
diferencia, quizás el primero tiene un olor bastante más acusado.

Desayunamos en la cafetería, pan con aceite, misimmel con queso y unos
cafés (4), el importe no pasó de 50 DH (5€). Desconcierta un poco el personal,
no son muy competentes.

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Reanudamos la marcha por una autopista con muy poco tráfico, buen firme,
buen tiempo, varios peajes, numerosas patrullas policiales controlando la
velocidad: un guardia se esconde entre la vegetación de la mediana con un
aparatito manual, parecido a una cámara de vídeo, y unos metros más
adelante encuentras el coche con el resto de la patrulla extendiendo recetas a
los vehículos cazados. Repito, son muy numerosos los controles.

La autopista carece de vallas en gran parte del recorrido y es frecuente
encontrar personas, animales, carros, cruzando la misma. Recordamos viajes
anteriores y no perdemos de vista los puentes: a veces los moritos lanzan
piedras contra los coches que pasan por debajo y es que, como decía mi
pobre abuelo: “ no hay moro bueno”. (Esto es broma, lo mismo te puede
pasar en España).

Sin contratiempos pasamos Rabat por la circunvalación y seguimos dirección
Meknes. Dejamos la autopista y tomamos una especie de autovía con mucho
tráfico, numerosos cruces que cada uno toma como le parece, mucho camión
adornado con luces de colores, moritos en los arcenes vendiendo algo parecido
a figuritas de barro, con forma de pera y que no supe lo que eran, pero que lo
presentaban encima de unas tablas formando figuras geométricas.

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Rodeamos Meknes y salimos de la autovía por una carretera nacional, sin
arcenes, con líneas que nadie respeta, muchos tramos en obras, y dirección
Midelt. Ya es mediodía, llevamos varias horas conduciendo y apetece comer
algo. Paramos en uno de los pueblos por los que pasamos, se llama
Boufakrane y a un lado de la carretera se ven varios puestos de comida, gente,
humo, numerosos coches 4x4 españoles que sin duda llevan el mismo destino
que nosotros, ya que nos los encontramos en varios puntos del itinerario.

Vemos un local, con parrilla humeante en la puerta, unos cuartos de vaca
colgados de un gancho y detrás de un mostrador un par de operarios, el jefe y
el currito. El jefe ataviado con una bata gris con chafarrinones rojos,
posiblemente fuera blanca en sus orígenes, cortaba trozos de carne de la pieza
colgada y los introducía en una máquina picadora manual, al resultado le
añadía unas especias y le daba forma redonda, kefta, y las colocaba en la
parrilla, donde el currito se afanaba con el carbón tratando de darle el punto a
la carne. Pedimos un par de raciones, en bocadillo. Toma dos hogazas de pan,
las abre, coloca dentro los filetes, unas rodajas de tomate y unos trozos de
cebolla, los envuelve en papel de estraza y nos vamos a nuestra auto a dar
buena cuenta de ello, junto con una ensalada de nuestra cosecha y un vaso de
vino. Las dos “hamburguesas gigantes” 60 DH.

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Después de comer continuamos viaje, tratando de aprovechar las escasas
horas de luz que nos quedan. La carretera es cada vez más estrecha y en
continuo ascenso. Encontramos mucha nieve, pero afortunadamente el firme
estaba limpio y seco. Pasamos sin detenernos por el bosque de los cedros, ya
que la nieve impedía salir de la carretera. Eran numerosos los coches
detenidos en los arcenes, los niños jugando con la nieve y dando de comer a
los monos.

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Por carretera de montaña, con numerosas curvas, desniveles, mala visibilidad,
tráfico lento, de noche, llegamos a Midelt. Las calles, atestadas de gente
paseando, que apenas se inmutan cuando se cruzan con los vehículos.

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margen derecho, hay un hotel llamado Kasbah-Asmaa, muy llamativo, con un
buen aparcamiento vigilado en el que se puede pernoctar por 30 Dh.

Pasamos dentro y comprobamos que es realmente agradable, pedimos unos
vasos de té con hierbabuena, que nos sirven acompañados de frutos secos. El
salón muy cómodo y muy bien decorado al estilo de la tierra. Un músico junto
a la fuente central del salón, se esfuerza por hacerte aún más agradable la
estancia.

Kilómetros recorridos hoy: 598.
Total: 1323 km.

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4º Día.- Domingo 7 de diciembre.-

La noche ha sido muy tranquila, fría y con el cielo completamente despejado.
Cuando amanece, estamos a 5 grados, hace fresco y a lo lejos vemos la
cordillera nevada. Desayunamos en la auto con la calefacción puesta, nuestro
ya habitual “pan tostao con aceite”. El aceite bien aderezado con sal, ajo y
orégano, y todo ello acompañado de un buen queso tierno, manchego por
supuesto.

Salimos del aparcamiento con el sol ya en lo alto y la temperatura más
agradable (14 grados). La carretera sigue siendo estrecha pero con buen firme.
La circulación más bien escasa. Hoy nuestro destino es Merzouga.

Vamos muy tranquilos, disfrutando del paisaje, cada vez más seco y
polvoriento, con numerosas zonas rocosas y palmerales. Las pequeñas aldeas
tienen un aspecto cada vez más pobre y mísero. A pesar de que los rios llevan
agua, no hemos visto ni una sola huerta, ni un cultivo, nada, solo hojas de
palmera puestas a secar y dátiles.

Pasamos por el valle del rio Ziz y hacemos una breve parada en la Source Bleu
de Meski, una piscina de agua natural, con una aceptable zona de acampada,
algunos puestos de venta y totalmente vacía de gente. Sólo estábamos
nosotros, por lo que se hacía muy pesado aguantar a los vendedores que
insistentemente ofrecían sus mercaderías.

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Al complejo turístico se accede bajando una empinada pendiente y se puede
llegar hasta la misma puerta de la piscina con la auto, ahora que no había más
coches, en época de baños tiene que ser muy difícil maniobrar allí abajo.

Paramos en Erfoud a repostar. Vamos alternando gasoil, normal y super, y el
empleado de la gasolinera, amablemente, nos ofrece “agua pour le cuisinne”.
Aceptamos su ofrecimiento y conectamos nuestra manguera a un grifo puesto
al efecto, el agua clara y limpia pero con muy poca presión. Tardamos bastante
en llenar el depósito.

En el pueblo, atravesado por la carretera general, hay varios bancos con
cajeros automáticos que funcionan correctamente. Dª Chus aprovechó para
cambiar dinero en el mostrador y yo utilicé el cajero, creo que es más cómodo:
El banco estaba atestado de gente, todo hombres, excepto mi buena Dª Chus,
y con el poco respeto que se tiene allí, en general, a las señoras y
especialmente si son infieles, más de uno trató de colarse utilizando malas
artes, menos mal que apareció un “moro bueno”, de los pocos que hay, que
puso a cada uno en su sitio y restableció el orden.

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A partir de aquí es muy numerosa la oferta de establecimientos hoteleros,
surgen a ambos lados de la carretera y todos ellos ofrecen el mismo aspecto,
descuidado, polvoriento, desiertos, vacíos estamos en plena Fiesta del
Cordero, una de las más importantes en Marruecos y todo el mundo está
celebrándolo en familia. Y turistas, por esta zona ninguno¡¡¡ Nosotros los
únicos occidentales.

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Continuamos viaje hasta Rissani. Aquí ante la falta de indicadores, nos
despistamos y tuvimos que parar a preguntar por la carretera de Merzouga. Un
señor muy amable nos indica la dirección correcta y no contento con ello, por si
acaso no le habíamos entendido, se sube en su coche, se pone delante de
nosotros y nos saca del pueblo.

Al mediodía llegamos a Merzouga. La pista hasta allí está asfaltada y el firme
es muy bueno. El tráfico nulo. Hace calor y ya se ven al fondo las grandes
dunas. La población es pequeña, polvorienta, arena por todas partes y un
acoso constante por parte de moritos motorizados que te ofrecen de todo,
hasta el paraiso. Algunos imprudentemente se ponen delante de la auto,
obligándote a parar.

Recorremos la zona hasta llegar al pequeño poblado de Khamlia, pero el
albergue donde teníamos previsto pernoctar no nos gusta y retrocedemos
hasta encontrar el cartelito que anunciaba “Kasbah Mohayut”, del que teníamos
buenas referencias.

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Llegamos al cruce y salimos de la carretera por una pista de arena y piedras,
bastante mala pero apta para circular muy despacito, y siguiendo las
indicaciones llegamos hasta las mismas puertas del albergue. No es muy
grande, tampoco pequeño, dispone de un aparcamiento amurallado en la parte
frontal y una zona cerrada destinada a camping en la parte trasera. Cuenta con
un servicio, dos duchas y capacidad para unas 7 u 8 autos.

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Es la primera vez en todo el viaje que nos encontramos con otras ACs, en este
caso dos, alemana y holandesa. La señora alemana, muy oronda ella, así
como desmayada en una enorme hamaca, disfrutando del sol con un vaso de
té en la mano, y los holandeses, una pareja joven con una auto Mercedes de
confección artesanal, preparándose para partir.

Dentro del albergue, casi vacío y con una decoración muy agradable, pedimos
unos vasos de té con menta, que nos sirven en una humeante tetera
acompañada de un platito con pistachos. Estamos en un patio similar a un
claustro, cuadrado y abierto al cielo en su centro, mesitas y divanes llenos de
cojines. Ahora estamos en pleno mediodía y no procede, pero me imagino el
mismo entorno por la noche, a la luz de las velas y las estrellas, unos músicos
y unas hermosas bailarinas con tules y gasas ah¡ y con el ombligo al aire por
supuesto. No nos cobran la consumición, detalle de bienvenida de un
recepcionista muy correcto y agradable.

Una noche de camping supone 30 Dh. Con el recepcionista apalabramos un
paseo en camello (dromedario) para el día siguiente. Queremos ver amanecer
entre las dunas. 300 Dh.

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A última hora de la tarde nos damos un corto paseo por los alrededores del
albergue, adentrándonos en la arena. La temperatura es agradable, unos 20
grados y ni siquiera en medio del enorme arenal consigues que te dejen en paz
(¡), por todas partes te acechan para guiarte, para venderte, para pedirte, para
sacarte dinero.

La noche muy tranquila, fresca, despejada, , aprovechamos que no hay
nadie y nos tumbamos bien abrigados en las hamacas de la piscina. Hay quien
dice que las estrellas aquí se ven enoooooooormes, , pues yo las he visto
más grandes en Soria ó en Cuenca sin ir más lejos.

Kilómetros recorridos hoy: 305
Total: 1628 km.

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5º Día.- Lunes 8 de diciembre.-

Son las 06:00 h., aún es noche cerrada, nos dan unos golpecitos en la puerta
de la auto y aunque no entendemos lo que nos dice, sabemos que se trata del
camellero que trabaja para el albergue. Nos abrigamos bien, salimos al exterior
y la oscuridad es total; ayudándonos de una pequeña linterna salimos del
recinto y llegamos hasta donde se encuentra nuestro guía con los dos animales,
enormes, feos, con ojos de mirada bobalicona y aparente mal genio. Sin
palabras, nos indica por señas que hay que subirse a las monturas y agarrarse
bien. La sensación de inseguridad es grande, por la altura, por el bamboleo, la
atención fija en el asidero para las manos y procurando apretar bien las rodillas
para no caer, todo ello unido a la oscuridad que nos envuelve, hacen que los
primeros minutos del paseo se conviertan en un continuo preguntarse: “¿Quién
me mandará a mí meterme en esto?. Al cabo de media hora ya le vas cogiendo
el tranquillo que no el gusto, y te relajas un poco.

Tras una hora de viaje, llegamos al pie de una duna enorme, dejamos los
camellos y subimos a pie el último trecho. El camellero nos indica la dirección
por donde aparecerá el sol y satisfecho con la primera parte de su cometido, se
envuelve en su chilaba y se tumba en la arena, a cierta distancia de nosotros.

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Sólo pasaron unos minutos cuando ya aparecieron los primeros claros en el
horizonte. La gama de colores que aparecieron en el cielo y en las arenas fue
impresionante. Es difícil, para mí, hacer una detallada descripción de cómo los
grises se transformaron en rosas, y luego en azules, suaves al principio y cómo
las arenas pasaron del blanco al naranja, proceso que duró unos treinta
minutos, al cabo de los cuales, nuestro guía se espabiló y nos señaló el camino
de regreso.

La vuelta hacia el Albergue fue más relajada, ya no era la primera vez que
subíamos a un camello, era la segunda, y aunque todas las precauciones eran
pocas, especialmente en la cuestas abajo, llegamos sin novedad y con el
objetivo principal del viaje cumplido.

Le dimos una propina al guía, por lo bien que se portó, es decir, porque no nos
dio la lata en ningún momento, porque no nos pidió nada (los honorarios del
paseo lo tratamos directamente con la recepción), porque en ningún momento
trató de hacerse “amigo” nuestro

Una vez en la auto, nos preparamos un desayuno como Dios manda, con su
pan tostaíto y aceite. Una buena ducha (las instalaciones sin lujos). Pagamos
todo lo que debíamos (300 dh de los camellos y 30 dh por la pernocta) y a las
11 h. de la mañana, por una pista polvorienta y pedregosa, de unos 1500
metros, regresamos a la carretera y tomamos dirección Marrakech.

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Volvemos a pasar por Rissani y Erfoud y tomamos una carretera nacional, en
un estado regular, con baches numerosos, arena, poco tráfico. Atravesamos
pequeños pueblos en los que se está celebrando mercado y la gente invade la
carretera, no se apartan, tienes que circular en primera, te obligan a detenerte,
te miran, te hacen gestos, unos amistosos, otros que no sabes cómo interpretar,
algunos se asoman por las ventanas, y así poco a poco, en primera y frenando
vamos superando la situación. Les llama mucho la atención cuando Dª Chus va
conduciendo y no es porque lo haga mal, sino porque no les debe parecer
normal que una señora alta y rubia maneje un vehículo tan voluminoso.

Al llegar a Tinerhir, antes de entrar en la población ya vemos el desvío para ir a
las Gargantas del Togdha. La carretera está en muy mal estado, es muy
estrecha, tiene alguna subida importante, curvas con muy poca visibilidad y sin
“vallas quitamiedos”, aunque la distancia es corta. A la entrada del desfiladero
hay algunos establecimientos, cerrados, se puede aparcar con comodidad y
entrar caminando. Aparcamos y como ya es hora de comer, nos preparamos
un “cocidito huertano” con sus pelotitas de carne y todo, es muy sencillo, las
latas las venden en Mercadona, se abren muy bien y solucionan mucho.

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Después de
comer, emprendemos el paseo por el cañón, caminando.

Las paredes de piedra son altísimas, el río lleva agua limpia y cristalina y un
par de capullos con 4x4 se dedican a circular por el lecho del mismo rompiendo
la paz del lugar. Vemos el hotel Yasmine, al que se accede por unas pasarelas
de madera, para salvar la corriente y que es bastante llamativo por su
emplazamiento. Se puede recorrer con la auto, ya que la carretera que discurre
por el Desfiladero es bastante mejor que la que nos trajo desde la general.

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Son días de fiesta grande en Marruecos. Casi todo está cerrado y
especialmente mañana martes. Recuerdo el gran interés que tiene mi señorita
Dª Chus en comprar productos derivados de las rosas y apurando la última
hora de sol salimos zumbando hacia El Keláa-Maguna. Este tramo de carretera
es ciertamente agobiante, cuando vas con prisa, los pueblos en este tramo se
suceden sin interrupción, enlazados, la carretera se convierte en una calle
común a todos ellos.

Ya de noche, sobre las 19 h. llegamos a Keláa, preguntamos por la cooperativa,
nos indican la dirección en la que podemos encontrarla, pero entre lo avanzado
de la hora, la oscuridad reinante, una atmósfera llena de polvo, coches,
camiones, burros, bicicletas, motillos, peatones, decidimos entrar en la primera
tienda abierta que vemos.

                   Es una especie de droguería-perfumería, atestada de
                   artículos y en donde predomina el olor y el color rosa. No,
                   no es una tienda para hombres. El dependiente, realmente
                   amable, correcto, educado, muy paciente, hizo la venta del
                   día. Cargamos con agua de rosas, (muy buena para todo,
                   hasta se puede beber cuando tienes fiebre), colonia de
                   rosas, ambientadores de rosas, cremas de rosas, aceites
                   de rosas, jabón artesano de rosas, incluso me regaló un
                   perfume “de caballero” con olor a rosas ¡¡¡joér qué
                   agobio¡¡¡ y cómo olía mi auto esa noche.

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Buscamos un sitio para dormir y a la salida del pueblo vemos un café-hotel
abierto. Paramos, entramos al local, todo muy limpio, nuevo, era su primer día
de actividad. El dueño, un hombre joven, marroquí, reeducado en la Gran
Bretaña suponemos, porque su esposa y niñas de aspecto blanquecino y
extremadamente rubias se expresaban en inglés.

Al frente de la barra el padre del dueño. Muy amables todos, nos autorizaron a
pernoctar en el aparcamiento del local. Con extremada cortesía se empeñaron
en enseñarnos alguna habitación del hotel, aún sin estrenar, y al final nos
pidieron que hiciéramos publicidad de su negocio allá en la Ispania. Así lo
hacemos, el hotel se llama DAR DIAFA, es muy pequeñito y está a la salida de
El Keláa-Maguna, en dirección a Ouarzazate.

Un té con hierbabuena en la terraza del local, disfrutando de la tranquila noche,
y a dormir. La temperatura baja mucho de noche y es preciso poner un rato la
calefacción, lo justo hasta que el edredón empieza a cumplir con su obligación.
Ha sido un día muy ajetreado, empezó a las seis de la mañana y termina a las
once de la noche envueltos en una olorosa atmósfera a rosas.

Kilómetros recorridos hoy, 315.
Total: 1943 km.

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6º Día.- martes 9 de diciembre.-

Día grande en Marruecos, Fiesta del cordero.

Todos los comercios cerrados. Tan sólo alguna gasolinera abierta, pero sólo
dispensan combustible. La auto, ha ido cambiando de color según pasan los
días, ahora es ocre. Una espesa capa de barro y polvo la cubre por completo y
eso me agobia. En todas las estaciones de servicio hay lavadero de coches,
pero hoy todo vacío. Nos detenemos en una en la que hay un operario y
cuando le digo que quiero lavar la auto, dice que no, que “tut fermé”, le digo
que me deje la manguera y yo la lavo, me contesta que no, que si “tut fermé,
pues tut fermé”. Contrito, subo a la auto y volvemos a la carretera. No hay
tráfico. Kilómetros y kilómetros por terreno desértico y solos. Un verdadero y
extraño placer cuando paras en medio de un terreno tan solitario y silencioso.

Un día espléndido en lo meteorológico. Hace calor. Un ligero jersey es
suficiente. Paramos de vez en cuando en mitad de la nada y, curioso, ¡no
aparece nadie¡ esto es raro en esta tierra, ya lo sabéis los que la conocéis.

En los pueblos por los que vamos pasando, vemos grupos de personas,
siempre hombres, con sus chilabas de día festivo, orando, en una loma, en
pleno campo. En las puertas de muchas casas, las mujeres y los niños,
degollando, desangrando, despellejando corderos que luego ponen a airearse.

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Llegamos a Ouarzazate, vemos la ciudadela, está cerrada al publico.
Cruzamos la ciudad por amplias avenidas completamente vacías, todo está
cerrado y apenas hay nadie por las calles. Damos unas vueltas por el centro y
a la salida de la población vemos un local de aire italiano-moruno, con una
soleada terraza y aprovechamos para tomarnos unos zumos de naranja.

Volvemos a la carretera, dirección Marrakesh.

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Muy pronto llegamos a una de las joyitas del viaje: Ait Benhadou. Poco antes
de llegar a la población, hay una loma desde la que se divisa la Kasbah, así
con mayúsculas.

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Es impresionante, es como volver muchos siglos atrás. Recorremos el pueblo
tratando de encontrar el acceso a la ciudadela, pero en la primera pasada no lo
vemos. En el centro, hay un complejo de hoteles y restaurantes, formando un
polvoriento círculo, pues ahí está el acceso.

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Es una calle estrecha, en cuesta, que termina en el río, y la única forma de
atravesarlo hoy es saltando de piedra en piedra. Algo he leído de que ponen
borriquillos para que los turistas puedan cruzarlo. Pero ya he comentado que
durante esta semana los únicos turistas que hay en el sur de Marruecos somos
nosotros y para dos personas, pues no van a molestarse en poner el servicio
de burro-taxi.

Ágilmente y con soltura vamos pasando de piedra a piedra, bueno mi señorita
Dª Chus con menos soltura, y así llegamos hasta las puertas de la fortaleza
donde un individuo greñudo nos exige 10 dh por cabeza, no es mucho y si le
aprietas un poco hasta te da un tiket, dice que el dinero es para la rehabilitación
del entorno, vale.

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A través de estrechas callejuelas y empinadas escaleras, llegamos hasta lo
más alto de la construcción, toda ella de adobe y piedra. La vista sobre el río y
los palmerales es magnífica. Vive gente allí dentro, con sus vacas y corderos.

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Finalizamos la visita y volvemos a la loma que vimos a la entrada del pueblo,
situando la auto de forma que la kasbah llenaba la ventana de nuestro saloncito.
Y allí comimos, mecidos por un fuerte viento que hacía bambolearse al
vehículo. Un brevísimo descanso, unas últimas fotos y volvemos a la ruta.
Queremos llegar hoy a Marrakesh y aunque apenas hay 200 kilómetros
sabemos que nos espera un duro recorrido, tenemos que pasar el Tizi-n-Tichka,
con sus 2.700 metros y vemos que las condiciones del tiempo están
empeorando.

La carretera se va estrechando, no hay arcenes, el firme no es muy bueno, por
suerte no hay tráfico y las pendientes son largas y no excesivamente
pronunciadas. En las aldeas por las que pasamos, los niños y jóvenes utilizan
la carretera general para jugar a la pelota, todos te hacen gestos con las manos
y te saludan, es agradable.

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El viento que nos acompañó desde que salimos de Ait Benhadou se ha
transformado en ventisca y la temperatura ha bajado mucho. Encontramos
nieve y hielo en las cunetas y la marcha se hace muy lenta, mejor, porque el
panorama que se nos presenta según subimos es impresionante: montañas,
rocas, valles allí abajo con su correspondiente riachuelo, a veces iluminado por
algún ocasional rayo de sol. Ni un solo coche en la carretera, nadie, hasta que
saliendo de una pronunciada curva vemos que hay un hombre en mitad del
asfalto haciendo señas de que paremos, cuando llegamos a su altura vemos
que lo que quiere es vendernos unos minerales, muy llamativos, pero se nota a
la legua que están pintados de rojo

Cuando llegamos a la cumbre del puerto, aún es de día, hace frio y sopla una
fuerte ventisca.

Los comercios de fósiles, aparentemente cerrados. De uno de ellos sale un
moro, corriendo en dirección a nosotros, que nos hemos detenido para hacer
unas fotos. Ya que no queremos comprarle nada se empeña en que le
regalemos algo, lo que sea, ropa, aspirinas, calzado. Como ya sabemos de qué
va el asunto, antes de bajar de la auto me pongo al cuello una llamativa
bufanda, de colorines, que yo sería incapaz de usar aquí en España, y
haciendo muchos aspavientos como si me diera mucha pena perderla, se la
doy, iluso de mí pensando que nos dejaría en paz, pero no, el moro no era
bueno, cuando toma la bufanda me dice que es muy buena, que le gusta
mucho y que me tiene que dar algo a cambio, yo que no quiero nada, que me

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tengo que ir que se me va a hacer de noche, tira y afloja, al final acepto un
trozo de cuarzo como trueque. ¿Pensáis que por fín nos dejó tranquilos?, pues
no. Volvió a la tienda y regresó cargado de collares “para la siniora”, barato
barato. Un par de gorrillas de visera para el moro y salimos zumbando puerto
abajo.

El descenso interminable; se nos hizo de noche enseguida y nuestras luces
apenas alumbraban la carretera. Atravesamos algunas míseras poblaciones,
sucísimas. Cuando ya estábamos a 60 km. de nuestro destino, la carretera
mejoró algo, pero en cambio aumentó el tráfico y de noche es muy peligroso
conducir por Marruecos: las bicicletas no llevan luces, los burros tampoco, no
se respetan las más elementales normas de seguridad, así que nos situamos
detrás de una lenta camioneta y así hicimos nuestra entrada triunfal en la
imperial ciudad de Marrakesh.

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Como ya conocíamos la ciudad, tratamos de llegar hasta el aparcamiento de la
Koutubia, pero nos despistamos y nos vimos metidos de lleno en las estrechas
callejuelas de la medina, atestadas de gente, animales, puestos de fruta, un
verdadero caos. Paramos un taxi, de los pequeños y por una mísera cantidad,
20 dh, nos sacó de allí y nos condujo hasta la misma entrada del parking.

Duro regateo con el guarda nocturno y al final por unos 60 dh nos concedió 24
horas de estancia. Aparcamos al final de la calle, en la zona reservada a las

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autos, aunque esa noche no había ninguna más. A pesar de lo tardío de la hora,
las 23:00 h. y de la paliza del viaje, nos fuimos de paseo a la célebre plaza
J’mal Fna, atestada de gente, muchos corrillos con las más diversas historias,
mucha música, mucho ruido, mucho humo de los numerosos chiringuitos de
comidas que todas las tardes montan formando calles, por las que es imposible
pasear sin que te asalten los numerosísimos camareros tratando de llevarte a
su negocio. Resistimos los embates y tras una atenta inspección de los
tenderetes, nos decidimos por uno que nos pareció el menos sucio de todos.

Pedimos los típicos pinchitos, tajin de pollo y algo que yo no había probado
nunca y que ahora recomiendo porque estaba exquisito y es la “pastella”, una
especie de torta rellena de carne de pollo o paloma, condimentada con canela.
Terminamos la cena con unos vasos de excelente té en una de las balconadas
de la Plaza.

Kilómetros recorridos hoy, 324.
Total: 2267 km.

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7º día.- Miércoles 10 de diciembre.-

La noche ha sido muy tranquila. Ya de amanecida nos despierta la llamada a la
oración desde la cercana mezquita. Una buena ducha, un desayuno digno de
un obispo y a la calle. Hoy, día de paseos y compras.

En un taxi pequeño, nos desplazamos hasta un hiper llamado Marjane, casi en
las afueras, dirección Casablanca. Allí puedes encontrar artículos típicos a
precio fijo, sin regateos. (Pufs a 150 dh, 15 €, kilims a 60 dh, 6€). Volvemos a la
auto a dejar nuestras compras y nos vamos de paseo a la medina. Unos zumos
de naranja recién exprimida cuesta unos 40 céntimos de los nuestros, pero si el
zumo lo pides seleccionando tú mismo las naranjas y estas son de las
coloradas ó le añades algún pomelo ó limón, el precio puede subir hasta los 18
dh,, aún así muy barato. Comemos en uno de los tenderetes de la Plaza y nos
fijamos en un puesto atestado de chavales, sentados y de pie, comiendo con
tal entusiasmo que sentimos curiosidad por ver lo que estaban tomando, ¡¡eran
bocadillos de huevo duro con patata¡¡. Me prometí a mí mismo y a mi señorita
Dª Chus que yo no me iba de Marruecos sin probarlo.

El menú de mediodía consistió en tajin, calamares, pastella, kefta, bebidas,
todo por 150 dh. Un té y unos trocitos de chuparkía y a caminar otra vez,
medina arriba, medina abajo, aprovechando para comprar regalos para nuestra
cercana Navidad.

Probé mis habilidades con el trueque y conseguí cambiar una navaja de
Albacete, de las falsas, por un estrecho puñal bereber, también falso por

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supuesto. ¡Y no tuve que poner ni un duro¡¡ Ahora que me costó lo suyo en
tiempo y argumentos. Y así pasamos la tarde, entre paseos, compras y
regateos.

Cuando por fin se hizo de noche y llegó la hora de cenar, convencí a Dª Chus
de ir a probar los bocadillos de huevo duro. Localizamos el puesto, otra vez
atestado de chavales jóvenes comiendo y muy amablemente nos cedieron un
sitio, un tanto asombrados de que dos occidentales se prestasen a degustar tal
condumio. El proceso es el siguiente: con una mano cogen una pieza de pan
redondo, lo abren por la mitad, meten dentro un huevo duro que trocean
hábilmente, a continuación introducen entre el huevo y el pan un buen trozo de
patata cocida y una porción de margarina, cebollita cruda y un buen chorro de
aceite de oliva, todo ello calentito y a una velocidad increíble. Todavía cuando
lo recuerdo se me humedecen los ojos y se me hace la boca agua. Exquisito y
sanísimo. Lo acompañan con un buen vaso de té. (Igualito que en los Mc’
burguer´s¡¡¡). Ah, y 10 dh, 1 euro.

De vuelta a la auto vemos que tenemos vecinos, una AC italiana y otra
alemana. Nos alegramos de la compañía, aunque ya deben estar durmiendo
porque no se ve a nadie. Ya por la mañana se hicieron las debidas
presentaciones e intercambio de consejos sobre visitas e itinerarios. Curioso el
italiano, se parecía a Búffalo Bill, hasta hablando.

Hoy 0 km.
Total: 2267 Km.

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8º día.- Jueves 11 de diciembre.-

Amanece soleado y con una agradable temperatura. Después de nuestro
habitual desayuno, una buena ducha y a prepararnos para un largo día de
carretera. Tenemos intención de llegar a Tánger y pasar un día allí.

Breve saludo y despedida de nuestros vecinos. En el amplio aparcamiento sólo
las tres autos, el sitio es tranquilo, los vecinos no son excesivamente ruidosos
los pobres., es un cementerio. Su situación es muy céntrica, fácil de
localizar, pero maloliente y sucio. En uno de nuestros paseos por la ciudad, en
los alrededores de la Plaza, hay una Escuela Artesanal, a unos 200 metros de
la misma vimos (íbamos en taxi) un aparcamiento amplio, bien aireado, en una
explanada, si alguien lo conoce y puede darnos referencias, se lo
agradeceremos.

Sin ninguna dificultad digna de mención, tomamos una ancha avenida, la de
Mohamed VI, y siguiendo las indicaciones de Casablanca y Rabat, salimos de
Marrakesh con un ¡¡hasta pronto¡¡, porque sabemos que es una de esas
ciudades que enganchan y que tarde ó temprano volveremos.

La autopista es muy buena, de reciente construcción, gasolineras las justas.
Son numerosas las patrullas de tráfico controlando la velocidad. El volúmen de
tráfico es muy escaso y la mayor precaución es para los que cruzan la
carretera, ya sea andando, en bici, en burro, ó manejando un rebaño de ovejas.

A medio día, ya pasado Rabat, paramos en una gasolinera y aprovechamos
para comer. Un breve descanso y otra vez en ruta; sabemos que oscurece a

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las 6 de la tarde y pretendemos llegar con algo de luz a Tánger. Nuestro
destino es el Cabo Espartel, donde se encuentran las Grutas de Hércules, unas
cuevas dignas de ver, y un camping.

Los kilómetros van pasando y las horas también y cuando ya estamos a unos
10 km de la ciudad, buscamos algún cartel indicativo, para tomar la dirección al
Cabo, pero no aparece, ya es de noche y la visibilidad escasa.

La autopista deja de ser tal y se convierte en carretera normal, con sus cruces
y semáforos. Paramos en uno de ellos con intención de preguntar a alguien por
la dirección del camping, pero antes de detener el vehículo vemos como una
nube de chiquillos se abalanza sobre la trasera de nuestra auto y notamos, que
no vemos, que alguno ha conseguido llegar al techo, trepando por la escalerilla
y los portabicis. Las ideas que se me vienen a la cabeza y por este orden son:
primero, ¡¡la mamá que los parió, si ya lo decía mi abuelo¡¡. Segundo: acelero y
que salgan volando ó paro, me bajo y con el bastón los ahuyento. El sentido
común se impuso: frené, me bajé y salieron todos corriendo a prudente
distancia desde donde me observaban expectantes. Viendo que estaba
obstruyendo la circulación, pliego la escalerilla que los muy salvajes habían
descolgado y sin fijarme en más, vuelvo a la cabina y seguimos.

Preguntamos a un guardia, muy amable, y nos indica el camino, a través del
aeropuerto, no tenía pérdida. Enseguida encontramos la entrada al camping.

Desde el incidente con los moritos, noto que se encienden algunas luces en el
cuadro, intermitentemente, son los testigos de los antiniebla.

Llegamos a la recepción sobre las 7 de la tarde, ya noche cerrada, hacemos la
inscripción y vemos que todas las parcelas están llenas de barro y agua. Ya
instalados voy a comprobar los daños de la trasera de la auto.

Los angelitos han utilizado el parachoques como primer escalón para subir a la
auto y como consecuencia de ello, todo el parachoques trasero, con luces
incluidas cuelga de un solo extremo. Por suerte veo que las bombillas
funcionan. Es de noche, está todo embarrado y empieza a llover, no es
momento de ponerse a reparar nada, suelto unos tacos muy gordos como
desahogo y “mañana será otro día”.

El bloque de servicios del camping es común, mixto, muy pequeño y no hay
agua caliente. Voy a buscar al encargado y la solución que me da, es utilizar la
ducha de uno de los bungalows, previa propina (20 dh), y así lo hacemos.

Una cena reparadora y a descansar. Cuesta conciliar el sueño pensando y
pensando en el estropicio que nos han ocasionado los moritos, angelitos ellos
(¡), pero qué malos son los j.íos.

Estuvo toda la noche lloviendo.

Kilómetros recorridos hoy, 600.
Total: 2867 km.

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9º Día.- Viernes 12 de diciembre.-

Amanece fresco, con cielo casi despejado. El camping está prácticamente
inundado de agua y con abundante barro.

Un buen desayuno y a trabajar. Unas bolsas de plástico en los pies, para poder
caminar por el agua y aprovechando los restos de una poda reciente,
rodeamos la auto de ramas, formando una tarima vegetal para poder movernos
alrededor. Ya con más calma y con luz natural comprobamos los daños y
vemos que con nuestros propios medios podemos solucionarlo. Utilizando un
taladro manual, de esos de molinillo, con una broca muy fina y una docena de
tornillos conseguimos fijar de nuevo el parachoques en su emplazamiento
original, no quedó tan bonito como estaba en un principio pero puedo asegurar
que sí mucho más seguro.

Bueno, ya todo solucionado y un día entero por delante para visitar Tánger.
Nos arreglamos un poco y salimos del camping como los valientes: sin
preguntar nada. Estamos a unos 12 km de la ciudad y no sabemos cómo
vamos a recorrerlos, no se ve un alma. Echamos a andar tranquilamente
buscando un cruce para tener así más posibilidades de que pase algún taxi ó
autobús. A los pocos minutos pasa un taxi, de los grandes, le pido presupuesto
y nos dice que por 100 dh nos lleva al centro. En España no sería mucho
dinero por ese recorrido, pero en Marruecos sí lo es, así que continuamos
camino. Al momento oímos un motor de coche que se acerca por detrás y por
lo tanto lleva nuestra misma dirección y hago lo mismo que suelen hacer ellos:
señas para que pare. Así lo hace, y con la máxima corrección posible y en un
precario francés le pedimos que nos lleve a Tánger. Pues dijo que sí, que “ye
suis enchanté”. El coche era de exposición. Pero de esas exposiciones a las
que no va nadie en años y están todas las obras llenas de polvo y desperdicios.
Pero no nos importó, nosotros también “enchantés”. Era un Renault-12, azul
celeste.

 Hace ya muchos años que Tánger dejó de ser lo que era una ciudad
internacional, cosmopolita, abierta al mundo. Hoy no deja de ser una simple
ciudad de provincias, muy sucia, los edificios llenos de desconchones, los
escasos jardines totalmente descuidados, excepto un pequeño “cogollito” que
tiene aspecto europeo, el resto está de pena.

Recorremos la pequeña Medina. Es viernes y hay pocos comercios abiertos.
En la calle que baja hacia el puerto hay una mezquita con las puertas abiertas,
y desde ellas vemos su interior, totalmente cubierto de unas magníficas
alfombras. Seguimos bajando y ya casi en el puerto, chavales jóvenes fumando
cosas raritas y con un aspecto nada agradable, algunos tirados por el suelo,
deprimente. Ya en el paseo marítimo, nos sentamos en una elegante cafetería
al borde de la playa. No tienen té con hierbabuena. Nos tomamos un zumito
natural y una infusión de hierbaluisa. Esto ya no parece nuestro Marruecos.
Para colmo, delante de la señorial terraza se asienta una pandilla de elementos
esnifando pegamento.

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Continuamos paseando por un Paseo Marítimo lleno de baches, charcos, con
edificios cuyas fachadas se caen a pedazos, con solares convertidos en
aparcamientos ó en vertederos. Todo muy descuidado. Pasamos por delante
de las oficinas de la naviera FRS y no lo dudamos mucho, entramos y nos
aseguraron que aunque teníamos los billetes de vuelta para el día siguiente,
podíamos cruzar hoy mismo el Estrecho.

Decidimos despedirnos como Dios manda de la gastronomía marroquí y
entramos a comer en un pequeño restaurante, de aspecto muy típico. Lo vimos
muy limpito y ordenado, con gente muy arregladita, así que nos sentamos y
pedimos un Cus-cús Royal. Muy bien, riquísimo. Pero sólo cuando salíamos
nos dimos cuenta de que el restaurante no era marroquí sino libanés.

Cuando terminamos de comer, seguimos pensando que nos vamos para
España, que esta parte de Marruecos no nos gusta. Paramos un taxi, de los
pequeños, que por lo que marque el taxímetro nos lleva al camping. Aceptamos
y nos lleva por la carretera de la costa, por la de los Palacios, realmente un
paseo muy agradable. El taxista nos aclara que el fenómeno de los chavalitos-
asalta-caravanas no tiene remedio: son niños sin familia, la mayoría, y la policía
no puede hacer nada por evitarlo. El coste del trayecto es de 45 dh.

Cuando llegamos al camping llueve a cántaros, recogemos lo más rápidamente
posible, pagamos los 120 dh por la pernocta y salimos zumbando hacia el
Puerto. Gracias a la intensa lluvia, los semáforos se ven libres de moritos, por
lo que sin más contratiempos que un ligero despiste por las obras, llegamos a
la zona portuaria con las últimas luces del día. Atravesamos las verjas y ya se
divisan dos barcos dispuestos a partir, uno para Algeciras y otro para Tarifa, el
nuestro. Pero aún hay que salvar el escollo de la Aduana.

Colocamos la auto en la fila y vemos como se acercan dos individuos con unas
credenciales en el pecho de la Compañía FRS. Ante mi evidente desconfianza
insisten en que efectivamente son de la FRS y que me van a facilitar el tramite
de canje de billetes. Las credenciales son falsas, no son de la naviera y lo
único que quieren es dinero por facilitarte los trámites de salida.

Hay pocos vehículos esperando para embarcar. Apenas tenemos delante dos
turismos y una furgoneta. Los aduaneros se emplean a fondo con ellos,
llegando a desmontar paneles de la tapicería de uno de ellos. A otro le
“obligan” a regalarles parte de las mercancías que llevan, sin duda para algún
comercio en España. Dejo la auto en buenas manos y me acerco a la ventanilla
a tramitar la salida, entrego los pasaportes y los impresos, ningún problema,
todo correcto. Le doy al funcionario las copias de los impresos de la
Importación Temporal de Vehículos y me dice que no, que esos no los quiere,
que me vuelva al coche y espere.

Entretanto llegamos al límite que marca la barrera. Nos toca ser
inspeccionados y visto el tratamiento dispensado a los que iban delante de
nosotros, nos tememos lo peor. El policía solicita subir a la auto. Le
franqueamos la entrada al habitáculo y la cara de amargado que tenía se trucó
en una abierta sonrisa. Se quedó como tonto mirando las ricas alfombras, las

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lujosas tapicerías, los tapetitos, las luces, todo, no tocó nada, sólo decía “bonito,
bonito”. Sacando la cabeza por la ventanilla del conductor le ordena al
aduanero que abra la barrera y nos deje pasar. Pero el tío no se baja, nos
indica en un mal francés que “tiremos palante” que “tut suit, tut suit” y nos dirige
hacia una zona del muelle en dirección contraria a nuestro barco.

Se trata de hacer pasar la auto por un escaner gigantesco. Nos hace parar
junto a un enorme camión del que salen unos enormes brazos mecánicos.
Bajamos todos y nos pregunta si queda algún ser vivo en la auto. Ante nuestra
negativa, nos hace alejarnos unos 30 metros para que los brazos del camión
pasen por encima de la auto y no nos afecten las radiaciones. Cuando termina
el proceso, el policía ya no está junto a nosotros y el operario del camión-
escaner nos dice que podemos marcharnos. Le preguntamos que por dónde
está nuestro barco y salimos rápidamente en su busca. Apenas quedan unos
minutos para la salida y solamente faltamos nosotros por embarcar.

Llegamos a la rampa que da acceso a la bodega del barco y el operario
encargado de los billetes toma los nuestros junto con los pasaportes, hace las
comprobaciones necesarias, corta los cupones y nos dice que para dentro, que
nos vamos.

Bueno, tranquilos, ha ido todo bien, después de todo ha sido rápido todo el
proceso de la aduana y ya estamos a punto de embarcar rumbo a nuestra
querida España.

Estas cosas sólo pasan en las películas, pero a nosotros nos ocurrió y así os lo
cuento: meto primera y voy a enfilar la rampa de acceso cuando se produce un
pequeño alboroto. Vemos que viene un guardia corriendo y vociferando,
haciendo gestos amenazadores y señalándonos. Por fín llega hasta dónde nos
encontramos y le dice al operario que no podemos embarcar, que tenemos que
dar la vuelta, salir de la zona de embarque y regresar a la aduana. Era el
mismo que había subido a la auto unos momentos antes, ahora no había quien
le entendiera, estaba realmente irritado, farfullaba en una mezcla de francés y
árabe y todo su empeño era que teníamos que seguirle. El del barco nos dice
que nos espera, que no nos preocupemos.

El furioso individuo echa a andar en dirección a la Aduana, que distaba unos
200 metros de dónde estábamos y como nos dijo que le siguiéramos, pues así
lo hicimos. Él delante, marcando el paso con una evidente cadencia militar,
nosotros detrás, en primera, muy despacito para no empujarle. Nos hace
aparcar en un lateral de las oficinas y que si “una multa para él, otra para
nosotros, que si la auto ya no podría volver nunca más a Marruecos, que si
patatín y que si patatán, pero todo esto en árabe y francés. Bien, ¿cúal es el
problema? Pues que no hemos hecho el trámite de legalizar la salida de la auto,
el impreso de Importación Temporal de Vehículos.

¿Se acuerdan ustedes de los dos individuos, supuestamente de la Naviera
FRS, que se ofrecieron a facilitarme el canje de billetes? Bueno, pues no los
pierdan de vista.

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El aduanero nos hace bajar a los dos al muelle y registra minuciosamente los
bajos del asiento del conductor. Sí, el receptáculo de la batería auxiliar, no
encontró nada raro y me ordenó que fuera al interior de la oficina con la
documentación. Ya es de noche, apenas queda nadie por los alrededores y al
entrar en las dependencias de la aduana, me encuentro junto al funcionario
encargado de los papeleos, a los dos “pintas” que se hacían pasar por
empleados de la compañía naviera y que me exigieron en su momento una
“importante propina” por sus servicios, y que yo naturalmente me negué a
pagar. El dinero que se les da a los “moritos arregladores de papeles” también
va a parar a manos de estos funcionarios. A pesar de que ya no quedaba nadie
por allí, me tuvieron un buen rato esperando, lo justo para hacernos perder el
barco.

Ya todo resuelto, volvemos al muelle, vacío, nos toca esperar un par de horas
hasta que salga el siguiente barco. Son las 9 de la noche y empieza a llover a
cántaros. Aprovechamos para cenar y por la columna de coches que empieza a
formarse se pasea un camarero con una bandeja repleta de vasos de plástico
con té. Triste despedida de Marruecos.

Llegada a Tarifa sin novedad y pernocta en un aparcamiento de la playa del
Lance.

Kilómetros recorridos hoy: 22.
Total: 2889 km.

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10º Día.- Sábado 13 de diciembre.-

La noche ha sido muy tranquila. Nos ha sobrado un día y nos resistimos a
volver a Madrid, así que decidimos pasarlo en Granada. Vamos tranquilitos por
la autovía de la costa y llegamos a La Alhambra al mediodía. Llueve sin parar.
Hay varios aparcamientos, de pago, uno de ellos destinado a autocaravanas y
similares. Los precios son altos. Sin reserva previa conseguimos los tikets para
acceder al Monumento (12 € por cabeza). Los palacios, los jardines, las
murallas, las vistas, todo impresionante. Y pensar que desde aquí echamos a
los últimos árabes de España, yo creo que alguno no lo ha olvidado aún.

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A media tarde, finalizada la visita y como la lluvia va en aumento, decidimos
buscar la autovía y emprender el último tramo del viaje.

Hacemos noche en el aparcamiento de un hotel, Abades-Santa Lucía, a medio
camino entre Granada y Jaén. Su cafetería está abierta toda la noche.

Kilómetros recorridos hoy: 376.
Total: 3265 km.

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11º Día.- Domingo 14 de diciembre.-

Con las primeras luces del día emprendemos la marcha. Breve parada en
Bailén para desayunar y sin nada importante que reseñar, llegamos a Madrid a
mediodía. ¿Qué poco entusiasmo. Verdad?

Kilómetros recorridos hoy: 400.
Total del viaje: 3665 kilómetros.

Ha sido un verdadero placer compartir esta semana y estos
recuerdos con todos vosotros, pero como dice la canción
“…todo tiene su fin” y a esta historia le ha llegado el suyo.
Dejemos que el hilo se pierda en las arenas del recuerdo.

http://www.webcampista.com/foro/foro-campista/19777-peripecias-de-un-espanol-en-
marruecos.html

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