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Viajes por Europa (IV parte)
Alemania y Praga
UN VIAJE POR EL PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Del 8 al 24 de agosto de 2009
JOSE ANTONIO GUERRERO
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Viajes por Europa (IV parte). Alemania y Praga: Un viaje por el Patrimonio de la Humanidad 2
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Viajes por Europa (IV Parte)
Alemania y Praga
Un viaje por el patrimonio de la humanidad
por
José Antonio Guerrero
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© Texto: José Antonio Guerrero
© Diseño y Maquetación: José Antonio Guerrero
© Anotaciones y Apuntes: Inmaculada Matallanos y Javier Guerrero Matallanos
© Fotografías: José Antonio Guerrero
© Del resto de Fotografías: Sus autores
© Mapas: Google Maps, Google Earth y Michelin
© Logos UNESCO: UNESCO
Guías Turísticas usadas en este viaje:
- Guía Verde Michelin de Alemania (Michelin)
- Guía Lonely Planet de Alemania (Geoplaneta)
- Guía Trotamundos de Alemania (Salvat)
- Guía Trotamundos de Praga (Salvat)
Guías de Áreas y Camping y Mapas de rutas:
- Bordatlas Deutschland 2009
- Bordatlas Europa 2009
- ECC-Campingführer Deutschland/Europa 2009
- Atlas Routier et Touristique Europa 2009 de Michelin
Las otras tres partes de “Viajes por Europa” puedes descargártelas de la web:
www.webcampista.com
- “Bretaña, Normandía y Castillos del Loira” (Año 2006)
- “Alsacia y Ruta Romántica” (Año 2007)
- “Castillos del Loira (II parte), Valle del Mosela, Selva Negra y Austria” (Año 2008)
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A mi padre:
Y por extensión a todos aquellos emigrantes que tuvieron que
dejar España en los años sesenta buscando una vida mejor.
“Al iniciar este camino ten presente que:
no vayas detrás de mí, que igual no te puedo guiar, no vayas delante de mí, que igual no
te puedo seguir, simplemente ve a mi lado como un buen amigo.”
EGO RUDERICO
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José Antonio Guerrero
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Sumario
09 Agradecimientos
11 Introducción
13 Prólogo
15 Plan de Ruta (Etapas y kilometrajes)
17 Lugares Patrimonio de la Humanidad visitados
19 Capítulo 1: Aranjuez – Duna de Pilat
25 Capítulo 2: Duna de Pilat – Amboise
27 Amboise
33 Capítulo 3: Amboise – Monschau
35 Monschau
39 Capítulo 4: Monschau – Münster – Hameln
40 Monschau
43 Münster
49 Hameln (Hamelin)
55 Capítulo 5: Hameln – Hildesheim – Wolfenbüttel
56 Hameln (Hamelin)
59 Hildesheim
67 Wolfenbüttel
73 Capítulo 6: Wolfenbüttel – Goslar – Quedlinburg
74 Wolfenbüttel
79 Goslar
89 Quedlinburg
93 Capítulo 7: Quedlinburg – Dresden
94 Quedlinburg
99 Dresden (Dresde)
107 Capítulo 8: Dresden – Praga
108 Dresden (Dresde)
110 Historia de la masacre olvidada de Dresden (Dresde)
123 Praga
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145 Capítulo 9: Praga
145 Praga
163 Capítulo 10: Praga - Regensburg
165 Regensburg (Ratisbona)
175 Capítulo 11: Regensburg – Passau – Ettal
177 Passau
185 Ettal
191 Capítulo 12: Ettal – Linderhof – Oberammergau
192 Ettal
195 Linderhof
205 Oberammergau
213 Capítulo 13: Oberammergau – Wies – Mittenwald – Mühlhausen A.
215 Wies
221 Mittenwald
227 Mühlhausen Affing. Lech Camping GmbH
231 Capítulo 14: Mühlhausen Affing – Bamberg
233 Bamberg
247 Capítulo 15: Bamberg – Beaune
249 Beaune
253 Capítulo 16: Beaune – Duna de Pilat
255 Duna de Pilat
259 Capítulo 17: Duna de Pilat – Aranjuez
261 Epílogo
263 Gastos y consumos del viaje
265 Lugares de pernocta y aparcamiento
281 Álbum fotográfico
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Agradecimientos
Gracias a todos aquellos que me guiaron por tierras desconocidas y me ayudaron a crear
un viaje de una magia inolvidable plagado de magníficos recuerdos.
Gracias a todos aquellos ávidos lectores y a los ocasionales también, a los que cayeron
en mis relatos por mera casualidad, a los que dejaron muy bellas palabras en los foros de
internet o en mensajes privados y a aquellos que me hicieron pensar. Gracias por dedicar
vuestros valiosos minutos de atención.
Gracias a Antonio “Pegaso/Alpebret” Belda por sus sabios consejos. A Alberto Nájera por
permitirme utilizar alguna de sus ideas para mejorar mis relatos. A Alfredo Sarriá “Alsaga”
por estar siempre ahí dándome consejos e información. A Samuel Navas por sus palabras
de aliento, sus atenciones y por su inestimable ayuda. A “Oricos” por sus informaciones
sobre Alemania las cuales me han sido muy útiles para planificar este viaje. A Joel David
del Cerro y Rosalía (webcampista.com) por permitirnos año tras año publicar mis relatos
en su web. A @lbert y Pepi (acpasion.net) por permitirme año tras año anunciar mis
relatos en su web.
A Franxx, Carlos “4errantes”, José Luis “Obelix”, Agustín “Agustmaiz”, Gabriel “Roger
Federer”, Javi “Javiracing”, Mikel de la Iglesia “Joe”, Kitu, Pepe “Pepenavas”, Oscar y
Fermín por ayudarnos con sus bricolajes y consejos a hacer de nuestra autocaravana un
lugar más agradable que una suite del Palace.
Gracias a aquellos que sepan comprender que si no he puesto sus nombres en este
relato es porque las palabras faltan y la memoria falla.
Gracias a todos vosotros por perdonar los errores u omisiones involuntarios que seguro
aparecerán a lo largo y ancho del relato.
Y gracias, de forma muy especial, a Alfonso “Acorveira”, María, Miguel “Cuchi”, Mari Pili,
Pedro y Mari Luz por la amistad y el cariño que nos procesan. Sin su presencia en
nuestras vidas, todo esto no sería tan agradable. Gracias amigos.
José Antonio Guerrero
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Introducción
Los viajes siempre han sido mi debilidad, tienen un efecto rejuvenecedor y revitalizante,
aunque no se note a simple vista. Me llenan de entusiasmo: en el excitado antes, en el
ensoñador durante y en el nostálgico después. Son mi vicio, y nunca he sentido rubor en
admitirlo. De joven, leía revistas y libros de viajes que mi abuela compraba religiosamente
en la librería Garpaje de Aranjuez. Mes a mes, leía las cartas de los intrépidos viajeros
soñando que algún día yo también podía hacer y describir con palabras esos fantásticos
viajes. Puedo decir treinta años después que aquella lectura ejercía sobre mí una notable
fascinación.
Me gustaba tanto viajar y escribir, que en mis fantasías infantiles escribía artículos, dirigía
periódicos y tocaba con mis manos el Coliseo de Roma, la Torre Eiffel de París o el Mont
Saint Michel bretón. Luego, con los años, esa debilidad se convirtió en afición. Y como la
vida siempre ha sido generosa conmigo, tuve la oportunidad de viajar a París y subir a la
Torre de mis sueños, conocí a los gladiadores romanos del Coliseo romano y pude
saborear las galletas del Mont Saint Michel sentado en la terraza de uno de sus
restaurantes.
A través de la lectura, con el tiempo me di cuenta que la literatura de viaje enriquece los
mismos, los eleva a un nivel superior donde no sólo se conecta con los distintos paisajes
del trayecto sino también con lo que en ese lugar otras personas vivieron y sintieron antes
de nuestra llegada. Por no hablar de las horas previas a la visita en las que la imaginación
se ha encargado de dar color a los campos, dibujar los rostros de los lugareños o sentir
los olores que esperan a tomar vida a través de la lectura. Leer previamente para
guardarnos después los nuevos sentimientos en la maleta camino de nuestro destino, y
una vez allí, desdoblarlos y cubrirnos de ellos como si de un impermeable se tratase. Se
trataba pues, de convertir el conocimiento adquirido en experiencia y el viaje en vida.
Sobre la literatura del viaje de este año, nunca tuve duda alguna: versaría sobre
Alemania, esa Alemania que me tiene ensimismado desde que era un niño, esa Alemania
que me vio nacer y que me inculcó mi padre como parte de su vida, esa Alemania a la
que ya echo de menos porque llevo más de once meses sin hacerle una visita. Esa
Alemania, mi Alemania, la vuestra. Y a ella le dedico mi prólogo.
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Prólogo
Te sueño y me aturdo, y mientras te camino, te descubro. Callejuelas, casas de
entramado, paredes dibujadas, canales, puentes, palacios, fuentes, iglesias, catedrales,
biergarten, castillos... todo parece estar hecho a capricho en este país. Todo está ahí, al
alcance de nuestros incrédulos ojos, todo listo para ser admirado. Cada pedazo de este
maravilloso país guarda secretos e historias que intentaremos descubrir en nuestro tercer
paseo por uno de los lugares más bellos de Europa: Alemania.
La naturaleza y la arquitectura, en un alarde de generosidad, derrocharon sobre su vasta
superficie tal cantidad de bellezas que si viajáis a este país hallaréis en sus ríos, bosques,
lagos, valles, montañas… un precioso regalo para la vista y un eficaz bálsamo para el
alma. Pasear por tierras germanas obliga gustoso al ojo a esforzarse en captar, para
almacenar en el disco duro de los recuerdos, cada instante que asoma ante la retina.
Os proponemos pues, un recorrido por parte del Patrimonio de la Humanidad de
Alemania. Lugares llenos de curiosidades. Algunas, posiblemente ya fueron descubiertas
por la mirada de otros buscadores de tesoros paisajísticos; otras, quizá sean observadas
por primera vez. Y, seguramente, muchas de ellas nos llevarán a reflexionar acerca de un
país que tengo idealizado... Y es que este es un viaje de mirar, de ver, de tocar, de sentir,
de soñar.
Partimos y llevamos con nosotros la ilusión. Un ordenador portátil. Tres teléfonos móviles.
Comida precocinada. Comida recién hecha. Comida. Ropa y más ropa. Demasiados
zapatos. Una mochila. Tres cámaras de fotos. Un par de libretas para tomar apuntes. Un
bolígrafo. Un rutómetro preparado con mimo durante un año. Varias guías de Francia,
Praga y Alemania. Algunas copas y platos. Unos cuantos CD’s. Una baraja de cartas.
Varios libros. Un proyecto de viaje, nuestro viaje. Y sobre todo, una cantidad incalculable
de ilusión, nuestra ilusión.
Hoy, como en cada viaje desde hace tres años, sube el telón de nuestro teatro y los
distintos personajes que forman parte de nuestros viajes renacen en la piel de los vecinos
de cada ciudad. La ilusión vuelve a apropiarse de nuestras almas; también nosotros
formamos parte del reparto. Hoy, que partimos hacia nuestro destino soñado, hago mías
las palabras que alguien dijo hace tiempo, y que recuerdan que lo importante no es el
destino, sino el viaje, estar de camino...
Lo que a continuación vais a leer es, en resumen, el relato de un fantástico viaje recogido
en un puñado de notas escritas en varios block y ordenadas como buenamente sé en
estos humildes párrafos y en cientos de fotografías. Estas últimas no son más que una
forma de congelar las vivencias en imágenes y así inmortalizarlas no sólo en nuestra
memoria, sino también en la vuestra. Disfrutad leyendo como nosotros lo hemos hecho
viajando, que, al fin y al cabo, de eso se trata.
Feliz viaje.
José Antonio Guerrero
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Plan de Ruta (Etapas y Kilometrajes)
A: Aranjuez I: Goslar Q: Oberammergau
B: Duna de Pilat J: Quedlinburg R: Wies
C: Amboise K: Dresden S: Mittenwald
D: Monschau L: Praga T: Mühlhausen Affing
E: Münster M: Regensburg U: Bamberg
F: Hameln N: Passau V: Beaune
G: Hildesheim O: Ettal W: Duna de Pilat
H: Wolfenbüttel P: Linderhof X: Aranjuez
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KM KM
ETAPA DÍA RUTA
PARCIALES TOTALES
1 8/08/09 Aranjuez – Duna de Pilat 767 767
2 9/08/09 Duna de Pilat – Amboise 437 437
3 10/08/09 Amboise – Monschau 699 699
Monschau – Münster 239
4 11/08/09 428
Münster – Hameln 189
Hameln – Hildesheim 48
5 12/08/09 102
Hildesheim – Wolfenbüttel 54
Wolfenbüttel – Goslar 46
6 13/08/09 99
Goslar - Quedlinburg 53
7 14/08/09 Quedlinburg - Dresden 242 242
8 15/08/09 Dresden - Praga 159 159
9 16/08/09 Praga ------ ------
10 17/08/09 Praga – Regensburg 271 271
Regensburg – Passau 123
11 18/08/09 422
Passau - Ettal 299
Ettal – Linderhof 11
12 19/08/09 25
Linderhof - Oberammergau 14
Oberammergau – Wies 26
13 20/08/09 Wies – Mittenwald 61 266
Mittenwald – Affing M. 179
14 21/08/09 Affing M. - Bamberg 201 201
15 22/08/09 Bamberg – Beaune 724 724
16 23/08/09 Beaune – Duna de Pilat 811 811
17 24/08/09 Duna de Pilat – Aranjuez 762 762
Total kilómetros recorridos en 17 días: 6.415
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Lugares Patrimonio de la Humanidad visitados
LUGAR DESIGNACIÓN AÑO
Amboise
Centro (Francia) Valle del Loira 2000
Hildesheim
Catedral de Santa María
Baja Sajonia 1985
(Alemania) Iglesia de San Miguel
Goslar
Minas de Rammelsberg
Baja Sajonia 1992
(Alemania) Casco antiguo de Goslar
Quedlinburg Iglesia colegiata
Sajonia-Anhalt Castillo de Quedlinburg 1994
(Alemania)
Casco antiguo de Quedlinburg
Dresden
Baviera (Alemania) Valle del río Elba 2004 *
Praga
Bohemia (Rep. Checa) Casco antiguo de Praga 1992
Regensburg (Ratisbona)
Baviera (Alemania) Casco Viejo de Regensburg 2006
Wies (Steingaden)
Baviera (Alemania) Iglesia Santuario de Wies 1983
Bamberg
Baviera (Alemania) Casco antiguo de Bamberg 1993
(*) El pasado 24 de junio de 2009 la ciudad alemana de Dresden, en el valle del Elba, fue
excluida de las localidades Patrimonio de la Humanidad, convirtiéndose en el segundo
lugar que es expulsado de esta prestigiosa lista. Después de tres años de batalla, la
UNESCO decidió expulsar a Dresden por ignorar las objeciones a la construcción de un
puente de cuatro carriles sobre el río que dañaría irreversiblemente las vistas.
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CAPÍTULO 1 / Sábado 8 de agosto
(Aranjuez – Duna de Pilat): 767 Km.
Mapa de Ruta
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Al igual que El Corte Inglés, nosotros también tenemos una semana especial, aunque en
nuestro caso son tres. Al contrario que estos famosos grandes almacenes, no es
“Fantástica”, ni hacemos ofertas 2 x 1, ni promociones, ni siquiera vendemos productos de
marca blanca ofertados hasta darlos casi gratis, no. Nuestras tres semanas “Fantásticas”
consisten en que al arrancar el motor de la autocaravana, las agujas de nuestros relojes
quedan totalmente paralizadas y el control del tiempo se torna trivial ausentándose de
nuestras mentes minuciosamente programadas. Disfrutar es el único fin de los próximos
días, dejando a un lado los agrios menesteres que enturbian nuestras vidas en el caótico
quehacer diario e introduciéndonos en un paraíso de evasión absoluta cuya principal
fisonomía son los ríos, lagos, valles, palacios, castillos, casas de cuento y callejuelas
recónditas que vamos a visitar. Estoy seguro que la perfección reflejada en las fotografías
deslumbrantes y embriagadoras que nos muestran las guías de viajes se verá aumentada
cuando podamos estar in situ en todos y cada uno de los lugares que vamos a ver; son
esos matices que únicamente pueden captarse por la presencia de nuestros cinco
sentidos, sumidos en la más extrema desinhibición.
Tras un año muy duro en lo personal, nos disponemos a partir en dirección a Francia para
olvidarnos de casi todo: siempre hay excepciones. Son las 11:00h de la mañana de un día
que ha amanecido muy caluroso. Cuando el termómetro ya marca 29º partimos cargados
de ilusiones, de las mismas ilusiones de siempre, de las mismas con la que iniciamos
nuestra singladura en el 2006; es nuestro cuarto viaje a Europa en autocaravana: todo un
placer para alguien que siempre soñó con vivir estas experiencias.
Por cierto, no nos hemos presentado. Somos Inma, mi mujer; Javier, nuestro hijo de 13
años, y yo, el que os martiriza con tantas letras y fotografías y hace que os gastéis un
pastón en folios y tinta para la impresora, José. Somos una mezcla de germano-
madrileños-castellano-manchegos que disfrutamos como locos cada vez que podemos
subirnos en nuestra autocaravana a viajar por donde sea, lo importante es viajar, aunque
sea al Mar de Ontígola. Y lo hacemos en nuestra Challenger Eden 312 del 2006 que está
nuevecita ya que apenas le damos uso, eso sí, cuando podemos disfrutarla lo hacemos a
lo grande.
Nuestro objetivo para hoy es devorar carretera e intentar llegar de noche a la Duna de
Pilat, nos gusta el lugar y, aunque son casi 800 kilómetros, merece la pena.
En Madrid, cogemos la A2 al dejar la M50 y sin ninguna contrariedad, y tras almorzar en
Burgos, llegamos a San Sebastián pasadas las 19:30h. A pocos kilómetros de Irún
cargamos gasoil en la misma gasolinera de todos los años. El precio de 0,97€ el litro
seguro que aumentará de manera considerable cuando entremos en tierras francesas.
Hay que aprovechar.
Pasada la frontera, seguimos la ruta por la N10 y a las 22:00h llegamos a nuestro destino.
El parking de la Duna de Pilat está bastante ocupado en la zona de pinos, pero en la de
asfalto hay varias plazas libres. Es un buen sitio para iniciar nuestras vacaciones.
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Duna de Pilat
- Región: Aquitania (Francia)
- Municipio al que pertenece la Duna de Pilat: La Teste-de-Buch
- Departamento al que pertenece la Duna de Pilat: Gironda
- Distrito al que pertenece la Duna de Pilat: Arcachón
- Habitantes de La Teste-de-Buch: 25.000
- Altitud de La Teste-de-Buch: 11 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS de La Teste-de-Buch: N 44º 37’ 07’’ / W 1º 09’ 28’’
- Coordenadas GPS de la Duna de Pilat: N 44º 35’ 50’’ / W 1º 12’ 25’’
- Temperatura el día de la llegada: 19ºC (22:00h)
Duna de Pilat
Cansados del viaje, aprovechamos para mover un poco las piernas. Inma coge una
rebeca para el relente y tras un corto paseo por los alrededores volvemos a la
autocaravana para preparar la cena. Ésta, ligera e ibérica, consiste en un poco de jamón y
queso y unos Miguelitos de la Roda para rematar. De grandes cenas, las tumbas llenas.
Aplicamos el refrán que tan a menudo nos espeta mi suegro y ligeritos de comida vemos
un rato la tele hasta que nos vence el sueño.
A las 23:35h toca descansar, mañana nos espera otra etapa dura.
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Lugar de pernocta en la Duna de Pilat
Parking de la duna de Pilat en la Avenue Biscarrose. Situado a las faldas de la
Duna de Pilat. Es de fácil acceso, con muchas plazas y casi todas arboladas. La
calle para acceder a las plazas de aparcamiento está en un estado denigrante,
toda llena de baches y desniveles. Tened cuidado e id despacio.
Coordenadas GPS: N 44.59820 / W 1.19728 (N 44º 35’ 54’’ / W 1º 11’ 50’’)
4,60€/Día (De 9:00h a 21:00h) y 9,20€/Noche (De 21:00h a 9:00h).
Si se pernocta y se sale del parking antes de las 8:30h no se paga.
Sí, pero no son muy recomendables, la limpieza no es lo más destacable. Para
una urgencia… y poco más.
No, aunque se puede llenar desde el WC con una manguera.
No
No
No
No
No
A unos 6 Km de La Teste-de-Buch. A la entrada del pueblo hay Hipermercados
(Hyper U y Lidl), gasolinera en el Hyper U (cierra los domingos) y restaurantes.
Oficinas de Información y Turismo de la Duna de Pilat
Rond point du Figuier. 33115 Pyla sur Mer
Tel.: 05 56 54 02 22
Aire d’accueil de la Dune. 33115 Pyla sur Mer
Tel.: 05 56 22 12 85
Oficina de Información y Turismo de La Teste-de-Buch
Place Jean Hameau. 33260 La Teste-de-Buch
Tel.: 05 56 54 63 14
Web: www.tourisme-latestedebuch.fr
E-mail: info@tourisme-latestedebuch.fr
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Gastos y resumen del 1º día
Kilómetros recorridos en la 1ª etapa: 767
Kilómetros acumulados durante el viaje: 767
Peajes:
- Castañares-Armiñón: 9,80€
- Irún: 1,55€
- Biriatou: 2,30€
- La Négresse: 3,30€
- Bénesse: 5€
Gas-oil en San Sebastián: 68€ (69,82 litros a 0,974€/L)
Datos anotados el sábado 8/8/2009
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CAPÍTULO 2 / Domingo 9 de agosto
(Duna de Pilat – Amboise): 437 Km.
Mapa de Ruta
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Amanece y el concierto comienza. Los pajarillos cantan, trinan, se contestan; algo así
como debió ser en el Paraíso.
Después de desayunar de domingo, salgo a pasear rodeando la maltrecha carretera que
circunvala el parking. Con la primera mirada al bosque, con la primera visión del paisaje,
me doy cuenta que realmente estamos de vacaciones: el trabajo, la rutina y las
preocupaciones han desaparecido, dejando en mi espíritu una calma que me predispone
a disfrutar de cada instante que viviremos en las próximas semanas.
Pero como no todo va a ser de color de rosa, antes de partir nos da un disgusto la batería
del habitáculo. Harta de sentirse abandonada durante todo el invierno, ha decidido
unilateralmente pasar a mejor vida, se niega a hacer funcionar a sus asociados bajo su
tensión. Frigorífico, luces y demás aparatos eléctricos del habitáculo se niegan a trabajar,
su alimento en forma de electricidad no llega.
Visto que es domingo y los centros comerciales no abren en Francia, decidimos cambiar
los planes y en lugar de subir hasta Versalles, acortamos la etapa y nos vamos al
camping de Amboise del que tenemos buenas referencias. Imaginamos que conectados a
220v todo funcionará correctamente hasta que mañana podamos comprar una batería
nueva. Cambiar los planes tampoco nos inoportuna mucho ya que, pernoctando en
Amboise, mañana haremos los casi 700 kilómetros que nos separan de Monschau,
nuestro primer destino.
Pues dicho y hecho, a las 8:20h salimos del parking con la agradable sorpresa de que la
noche nos ha salido gratis: la cabina de pago está cerrada y la barrera subida. Se paga a
partir de las 8:30h. Tenedlo en cuenta si pernoctáis aquí. Así que tenemos 9,20€ más en
nuestro bolsillo para que la batería nos salga menos cara. El que no se contenta es
porque no quiere.
Tomamos nuevamente la N10 y tras enlazar varias autopistas y carreteras nacionales, a
las 15:00h llegamos a Amboise sin ningún contratiempo. En el camino hemos comprado
varias botellas de agua destilada para ver si hacíamos resucitar la batería pero la
reanimación ha sido infructuosa. Definitivamente habrá que comprar una mañana.
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Amboise
- Región: Centro (Francia)
- Departamento: Indre-et-Loire
- Distrito: Tours
- Habitantes: 11.500
- Altitud: 61 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º 24’ 15’’ / E 0º 58’ 48’’
- Temperatura el día de la llegada: 23ºC (15:00h)
Amboise
Amboise es un lugar diferente; esta fue mi primera impresión
cuando visitamos esta ciudad en 2006 y ya por entonces nos
sedujo. La escenografía de este pequeño pueblo nos dio la pauta
de que estábamos en un lugar distinto, un lugar detenido en el
tiempo. Aquella vez nos quedamos con ganas de volver, y ahora
damos rienda suelta a nuestros deseos. Volvemos a Amboise.
Perfectamente situado, el Camping de Amboise está señalizado por toda la ciudad, no
hay posibilidad de no encontrarlo. Aparcamos como podemos porque hay muchas
caravanas y autocaravanas esperando entrar, y pasamos a la recepción donde nos
espera una larga cola. Tras la espera, hacemos la reserva por una noche, pagamos los
14,25€ que nos cuesta la parcela, la luz y el uso de los servicios del camping y elegimos
una parcela sombreada frente a uno de los pabellones de duchas. Después de
conectarnos a la red para poder tener luz en el habitáculo, a la tardía hora de las 15:35h
nos disponemos a almorzar.
Mientras comemos, un fuerte olor a azufre emana del maletero. La batería se está
sulfatando y corre peligro de explotar. Raudo, desconecto el cable de la corriente del
camping, apago la centralita y desconecto los bornes de la batería para evitar males
mayores. Esto se complica.
Acabamos de comer (no es plan de dejar la comida en la mesa) y mientras Inma ordena
un poco el estropicio que hemos hecho en el maletero, Javi y yo nos vamos a la recepción
para ver si nos pueden informar de dónde podemos comprar hoy domingo una batería
para salir del problemón en el que estamos metidos.
De camino a la recepción, vemos una autocaravana española a escasos metros de la
entrada. Son Juan y Nuria, un matrimonio de Barcelona que, con sus dos hijas, están
pasando las vacaciones en el Valle del Loira. Les explicamos nuestro problema y, de
inmediato, Juan saca una batería de 85Ah de debajo del asiento de su autocaravana. Me
comenta que ellos siempre la llevan porque en un viaje por Italia les ocurrió lo mismo que
a nosotros.
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La instalamos en nuestra autocaravana y… como no podía ser de otra manera, todo
funciona a la perfección. Unas cervezas medio calentorras es nuestra forma de agradecer
el favor que nos han hecho. Juan declina el ofrecimiento pero promete aceptarlo esta
noche, cuando la cerveza esté más fría.
Mañana cuando abran los centros comerciales compraremos una batería nueva y
devolveremos a la familia española la suya. Se agradece un favor así, nos han arreglado
el día.
A todo esto, no os hemos dicho que, mientras montábamos la batería, el cielo se ha
oscurecido de forma alarmante. Escuchamos truenos a lo lejos, señal de que la tormenta
se aproxima. Y no tarda mucho en llegar. Primero las gruesas gotas y luego el viento
huracanado. Luego el diluvio universal en versión 2.0 (el año pasado en Gengenbach fue
la primera edición). Por fortuna, la nube de verano es corta y las consecuencias menos
caóticas que en la versión anterior.
Después de una reparadora siesta, la tarde mejora definitivamente. Aprovechamos la
buena temperatura que se ha quedado y nos vamos a dar una vuelta por el centro
histórico de Amboise. El paseo no tendría nada de especial si no fuese porque, al cruzar
el puente sobre el Loira, el sol aparece tímidamente en su ocaso. El atardecer está
comenzando e ilumina el Castillo y el río. Los rayos del sol se entrometen a través de las
calles y Amboise repentinamente cambiar de color.
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Página 29
Las tonalidades van variando conforme el sol va cayendo en el horizonte. Nos sentimos
atraídos por esos colores que intrépidamente el Astro Rey plasma sobre cada edificio,
cada casa, calle o callejón. Nos dejamos llevar por la intuición y vamos callejeando en
busca de esa divina puesta de sol. Nos encontramos con la rampa de subida al castillo
que da fama a este pintoresco lugar. Subimos y allí nos detenemos. Miramos hacia todos
lados y cada instantánea es mejor aún.
A las 20.00h volvemos al camping. Desde la vereda del Loira, el horizonte se ve lejos, y el
sol, de un amarillo intenso, pinta con su reflejo cada rincón de manera espectacular. Al
caer el sol, miramos hacia a la otra orilla y en el manto nublado del cielo que se esconde
tras el castillo se ha formado un arco iris precioso. Sonará poético, metafórico o incluso
cursi, pero así tal cual es la escena que vivimos. Y con esa postal y ese recuerdo nos
despedimos de Amboise y nos vamos camino de nuestra Challenger donde nos espera la
cerveza prometida.
Festejamos la noche con varias botellas de cerveza, unos ibéricos de la tierra y una
botella de licor de manzana que había guardada en el maletero. Brindamos por nosotros y
por todos y, tras una larga tertulia que ni en Intereconomía la mejoran, nos vamos a la
cama a dormir bien tarde. Ni qué decir tiene que los adolescentes bebieron Coca-Cola,
comieron jamón y ya hace rato que duermen en sus respectivas camas. ¿Y nosotros...?
ya veremos cómo nos levantamos nosotros mañana. Pero eso es harina de otro costal.
Felices sueños.
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Lugar de pernocta en Amboise
Camping Municipal l’Ile d’Or de Amboise.
Rue de l'Ile d'Or, 100
37400 AMBOISE
Teléfono / fax: 02 47 57 23 37 (de abril a septiembre).
Teléfono: 02 47 23 47 18 y fax: 02 47 23 19 80 (el resto del año).
web: www.camping-amboise.com
e-mail : camping@ville-amboise.fr
400 parcelas, la mayoría con sombra y césped. Buen camping.
Horario de recepción del 1 de julio al 31 de agosto: de 7:00h a 21:30h.
Horario de recepción durante el mes de septiembre: de 8:30h a 17:30h.
Coordenadas GPS: N 47.41702 / E 0.98821 (N 47º 25’ 01’’ / E 0º 59’ 18’’)
14,25€/Noche (2 adultos, 1 niño, parcela, electricidad y autocaravana)
2,55 (Adultos) / 1,80 (Niños) / 3,40 (Parcela) / 2,15 (Electricidad) / 1,80 (AC)
Si
Si
Si. Aceptables
Si, incluida en el precio
Si
Si
No, pero en la recepción del Camping existe la posibilidad de conexión de pago
A unos 500 metros
Oficina de Información y Turismo de Amboise
Quai du General de Gaulle
37402 Amboise
Teléfono: 02 47 57 09 28
Fax: 02 47 57 14 35
web: www.amboise-valdeloire.com
e-mail: contact@amboise-valdeloire.com
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Amboise
Área de estacionamiento en Amboise
Avenue Leonardo da Vinci, 41
37400 AMBOISE
- Parking gratuito situado a escasos 600 metros del centro de la ciudad
- Suelo de asfalto
- 15 plazas para autocaravanas
- Prestad atención a la señalización ya que es muy fácil pasar de largo
Coordenadas GPS: N 47.40819 / E 0.98981 (N 47º 24’ 29’’ / E 0º 59’ 23’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 2º día
Kilómetros recorridos en la 2ª etapa: 437
Kilómetros acumulados durante el viaje: 1.204
Peajes:
- Virsac-Sorigny Tours: 46,90€
Gas-oil en Burdeos: 41€ (37,27 litros a 1,10€/L)
Camping de Amboise: 14,25€
Datos anotados el domingo 9/8/2009
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CAPÍTULO 3 / Lunes 10 de agosto
(Amboise – Monschau): 699 Km.
Mapa de Ruta
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Son las 8:00h de la mañana y amanece en Amboise. Alrededor de la autocaravana
apenas se adivinan un montón de pajarillos chillones que revolotean entre los árboles
rompiendo el silencio; mientras, los primeros campistas madrugadores se acercan a la
zona de aseo para tomar la primera y reconfortante ducha del día. Javi y yo
aprovechamos un instante de descuido de Inma para hacerlo también. Ella quería ir
primero…
Al volver de la ducha, abro la puerta y escapa el aroma a café que ya tiene Inma
preparado. Al cerrar, el frescor matinal y el olor a hierba recién cortada desaparecen a mis
espaldas. El silencio invade la autocaravana impregnado por el olor penetrante, intenso,
en ocasiones combinado sutilmente con el dulzor del azúcar o la acidez de la leche. Un
deleite.
Después de arreglar España durante el desayuno, salimos del camping con intención de
encontrar un centro comercial. Bordeamos el Loira por la orilla derecha y en cinco minutos
llegamos al E.Leclerc de Amboise. Está bien señalizado. Compramos la batería y el pan
del día y retornamos al camping para devolverle a Juan la suya.
Una vez instalada, y con nuestro agradecimiento eterno, nos despedimos de nuestros
salvadores y ponemos rumbo a Alemania.
Completamos etapas y antes de llegar a la ciudad de Mons (Bélgica), sufrimos un atasco
de casi dos horas en la A7; un camión ha vertido su carga y están desviando el tráfico
hacia Bruselas. Dos horas insufribles en las que el embrague echa humo.
Hasta llegar a Bruselas, pasamos por todos los pueblos habidos y por haber, rotondas
incluidas, y tras circunvalar la capital belga, enlazamos con la A3 hasta desviarnos en
Eupen. Son las 22:30h y sólo nos quedan veinte minutos para llegar. A estas horas es lo
único que deseo.
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Monschau
- Estado: Renania del Norte-Westfalia (Alemania)
- Región: Colonia
- Distrito: Aachen (Aquisgrán)
- Habitantes: 13.000
- Altitud: 420 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 50º 33’ 17’’ / E 6º 14’ 26’’
- Temperatura el día de la llegada: 15ºC (23:00h)
Monschau Renania del Norte-Westfalia
Llegar a Monschau es entrar a un túnel del tiempo. Y lo es porque para llegar hasta aquí
hay que atravesar los casi veinte kilómetros que la separan de Eupen (Bélgica) por la
N67, una ¿carretera? ya no del tercer mundo, si no del cuarto en el supuesto que lo
hubiera. Aunque estábamos informados del pésimo camino que nos encontraríamos para
llegar hasta aquí, nunca hubiéramos pensado que más de la mitad del trayecto se nos iba
a hacer eterno. Principalmente por el estado de la carretera con continuos baches y firme
irregular, pero la tardía hora, las casi dos horas de atasco en Mons y la panzada de
kilómetros que llevamos encima también influyen.
Sin mucha complicación encontramos el parking al que se le han habilitado cuatro plazas
de aparcamiento para autocaravanas. Afortunadamente, los coches brillan por su
ausencia, lo cual es aprovechado por ocho autocaravanas más para pernoctar sin
molestar a nadie. Entre dos compañeros alemanes conseguimos meter la nuestra no sin
pocas dificultades por la estrechez, pero es lo que hay, y a las 23:00h ¿quién necesita
más? Por 5€ pasaremos la noche y mañana Dios dirá. Intuimos que el parking tiene varios
servicios pero a estas horas sólo apetece cena y cama. Y así será.
Mientras Inma y Javi preparan la cena, aprovecho para echar un vistazo a la ruta de
mañana. Mientras, en el exterior, la lluvia y el viento golpean con fuerza. No se ve ni un
alma y el frío empieza a hacer estragos. A las 23:55h el termómetro no pasa de los 13
grados. La calefacción se hace necesaria.
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Lugar de pernocta en Monschau
Parking en Monschau (Reisemobilplatz Biesweg)
Burgringstrasse
MONSCHAU
Teléfono: 02472/810
Fax: 02472/81220
web: www.monschau.de
e-mail: vinzenz.klein@stadt.monschau.de
4 plazas oficiales pero 10 oficiosas. A nuestra llegada había 8 autocaravanas
Coordenadas GPS: N 50.55410 / E 6.23205 (N 50º 33’ 15’’ / E 6º 13’ 55’’)
5€/Noche (De 19:00h a 9:00h). Resto del día 1€/hora
No
Si. 5€ por unos 100 litros
No
Si. 5€ por unas 10 horas aproximadamente
Si
Si
No
A unos 800 metros
Oficina de Información y Turismo de Monschau
Stadtstrasse, 16
52156 Monschau
Teléfono: 02472/80480
Fax: 02472/4534
web: www.monschau.de/tourist-information
e-mail: touristik@monschau.de
Horario de apertura: Todos los días de 10:00h a 17:00h.
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Gastos y resumen del 3º día
Kilómetros recorridos en la 3ª etapa: 699
Kilómetros acumulados durante el viaje: 1.903
Parking en Monschau: 5€
Peajes:
- Amboise-St.Arnoult: 27,80€
- Balagny-Hordain: 19,10€
Gas-oil en Blois Menars: 57,70€ (52,94 litros a 1,090€/L)
Datos anotados el lunes 10/8/2009
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CAPÍTULO 4 / Martes 11 de agosto
(Monschau – Münster – Hameln): 428 Km.
Mapa de Ruta
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Monschau
Hoy creo que es martes. El día amanece plomizo y sigue lloviendo a cántaros. En el
exterior sólo hay 13ºC y de las ocho autocaravanas que había anoche, sólo quedamos
cuatro. Qué madrugadores son algunos.
Inma no se ha levantado demasiado bien; ya lleva algún día con dolor de tripa y aunque
como siempre, tenemos mucha precaución con los hábitos alimenticios durante las
vacaciones, es casi inevitable que en algún momento del viaje aparezcan pequeños
problemas.
Después de un copioso desayuno para entrar en calor (Inma toma lo justo), nos
pertrechamos de nuestros respectivos paraguas y chubasqueros y nos disponemos a ver
una de las joyas ocultas que tiene Alemania: Monschau.
Monschau abre un espacio al placer de los pulmones y una ventana al pasear de nuestra
imaginación. Como inmersos en un cuento nos vamos a adentrar en sus pequeñas
callejuelas y respiraremos el olor de su entorno, signo de vida.
Este pequeño y pintoresco pueblo que parece no encontrarse en el mapa (en algunos no
busquéis porque ni viene), exige acercarse a él melancólico, enamorado, sin frivolidad.
Sus calles empedradas suben y bajan abruptamente acompañadas de escaleras infinitas.
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Es un lugar de cuentos que guarda un toque de misticismo. Al llegar a él uno se pregunta:
¿qué hace este pueblo perdido por aquí?
Cual bodegón disgregado de una pintura al óleo, las calles de Monschau se entrelazan
bajo la luz plomiza de la mañana con los cientos de turistas que la visitan a diario. Unas
calles que no dan tregua e impulsan a soñar, empujan a imaginar. El leve sonido de las
hojas de los árboles movidas por la brisa y las gotas de agua, se hacen perceptibles en
este lugar especial, tan especial, que por momentos no parece ser real ni parte del
enmarañado y hastiado mundo en el que vivimos. El pausado trote de un caballo activa
nuestros oídos y enmarca este paisaje surgido de un pincel de magia, del lápiz de la paz.
En el casco histórico de Monschau apenas hay automóviles, y eso es una seña de
identidad, un proceso necesario para conservar intacto el encanto de esta ciudad.
Cualquier bocado sabe a gloria paseando bajo un paraguas a la orilla de un río que parte
en dos la villa. No dejéis de pasear por los alrededores de la Marktplatz, es de un encanto
inolvidable. Y es que no hay necesidad de recurrir a ningún lujo más, porque no hay más
lujo que disfrutar de su impetuosa calma y de su infinito bienestar. Podría decirse que nos
sentimos en lugar íntimo, sin ninguna intimidad.
Monschau, cuyo núcleo histórico se alinea a ambos lados del río Rur, se nos muestra tal y
como estaba hace 3oo años, no en vano se libró de la devastadora Segunda Guerra
Mundial. Las calles estrechas y sus bellísimas casas de entramado de madera que
parecen que vayan a caerse al río, se conservan intactas y en un estado inmejorable. Los
paisajes, la espectacularidad del valle que abraza al pueblo y la sencillez de sus gentes
nos enamoran al instante.
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No os perdáis en la Stadtstrasse una entrañable pastelería donde, de forma instantánea,
los ojos clavan la mirada en los escaparates plagados de bombones y galletas. Galletas
de un sinfín de formas y colores a las que por aquí llaman Printen, una especialidad muy
típica de la zona elaboradas con canela, pimienta, jengibre, chocolate, huevos y azúcar.
Entrad, comprad y degustad este dulce típico de Monschau y comprobaréis como las
aletas nasales se abren para deleitarse ante el dulce aroma del chocolate que impregna
todo el establecimiento.
Cuando subimos la empinada cuesta para volver a la autocaravana, llueve a mares. Miro
al horizonte, veo el bosque y me parece ver como éste se enrosca para dar un abrazo a la
ciudad. Están enamorados, un amor imposible... porque el bosque que puebla el valle del
Rur no deja crecer a la ciudad, y la ciudad se empeña en hacer más pequeño al bosque...
Al volver a la autocaravana, adonde llegamos a las 11:15h, nos cambiamos de funda
porque venimos calados, encendemos un rato la calefacción y conseguimos caldear el
ambiente. Un cuarto de hora después, ponemos rumbo a la decepción del viaje de este
año: Münster.
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Münster
- Estado: Renania del Norte-Westfalia (Alemania)
- Región: Münster
- Distrito: Westfalia-Lippe
- Habitantes: 279.000
- Altitud: 60 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 51º 57’ 52’’ / E 7º 37’ 42’’
- Temperatura el día de la llegada: 22ºC (14:10h)
Münster Renania del Norte-Westfalia
Hay ciudades o pueblos que por alguna razón u otra te enamoras de ellas nada más
llegar, nada más pisarlas; otras se te hacen antipáticas y decides salir de ellas aún a
sabiendas de que intuyes que merecen otra oportunidad; pero también están aquellas con
las que estableces una relación de amor odio que traspasa la lógica natural. En cualquiera
de los tres casos quedarán en tu memoria. Cada persona es un mundo y seguramente si
se elaborase una lista entre los lectores de este relato los resultados serían muy
diferentes. Así, una ciudad como Roma aparecería en las tres categorías citadas
dependiendo de quién respondiese: incluso podría abrirse un interesante debate en el que
cada cual argumentase las razones de su elección. Evidentemente, se trataría sólo de un
juego cuya utilidad residiría en el entrenamiento de la retórica y en la evocación de los
recuerdos viajeros.
Hace tiempo descubrí (si a esto se le puede llamar descubrimiento) que en realidad lo que
hace catalogar en una categoría u otra a las ciudades es la experiencia que hayas tenido
con ellas. No importa el número de atractivos turísticos que tenga (que todas las guías,
libros y consejos te dirán que son imprescindibles y que no te lo puedes perder), ni el
“otros lugares de interés” (que en muchas ocasiones justificaría la visita de ese lugar,
como dice la Guía Verde Michelin) ni la gastronomía local, ni si hay sitios para tomar
copas, ni si es famosa por una industria o una artesanía: lo que queda es la experiencia
que hayas tenido durante tu estancia que siempre viene marcada por las relaciones que
hayas mantenido o por la impresión que te produce la población o la arquitectura local.
Quizá lo que vaya a decir sea una memez, una afirmación muy personal, subjetiva e
injusta. O quizás lo que vaya a escribir no sea más que una obviedad, pero es lo que
pienso y es más que posible que diga mucho sobre la ingenuidad desde la que tecleo
estas líneas. Pues bien, allá voy.
Toda esta parrafada viene al caso porque nosotros cuando viajamos procuramos hacerlo
a lugares que creemos que nos van a gustar, insisto, es de Perogrullo pero es así, como
creo que lo harán el 99,99% de la gente que viaja. Münster lo elegimos porque en la Guía
Michelin le daban dos estrellas (sobre un máximo de tres) y porque habíamos leído
buenas opiniones de esta ciudad en otras guías y en internet. Leímos opiniones contrarias
pero ya se sabe que en el tema de los gustos…
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Para nosotros las cosas son muy
sencillas, puede ser que estemos
equivocados pero es lo que siempre
hacemos. O nos gusta y nos entra por
los ojos hasta llenarnos de
satisfacción, o nos decepciona hasta
decir “…vámonos de aquí que esto es
infumable...” También hay un término
medio, que es donde suele estar la
virtud, pero en el caso de Münster no
es aplicable ya que traíamos muchas
expectativas de esta ciudad. Münster
está considerada como la mejor
ciudad del mundo de menos de
700.000 habitantes, pero como
comprenderéis, a nosotros eso nos da
igual a la hora de decidir si una ciudad
nos gusta o no. Una vez vista, nos
basamos en experiencias propias, no
en opiniones de otros para saber si
nos ha gustado o no.
Siempre digo que es importantísimo a
la hora de visitar una ciudad o un
pueblo, el estado de ánimo que
tengas en ese momento, es más,
cuando escribo mis relatos lo recalco varias veces. Es posible que en el caso de Münster
algo influya el hecho de que ya empezamos con mal pie la visita. Para comenzar nos
quedamos atascados en una calle en obras, y para continuar, el parking que teníamos
como primera opción también estaba en obras y nos costó salir Dios y ayuda por lo
estrecho del mismo. Eso no tiene nada que ver para que una ciudad te guste o no, que
quede claro, pero nuestra visita a Münster ya no comenzó bien, e insisto, no tiene nada
que ver.
Como os decía anteriormente, Münster es una de las ciudades del mundo donde sus
habitantes gozan de una mayor calidad de vida. Es moderna y joven, no en vano tiene
una de las universidades más grandes de Alemania. Está rodeada de bosques y zonas
verdes y con un clima relativamente agradable si se compara con el resto del país, sobre
todo por estos lares.
La mejor manera de recorrer la ciudad es encima de una bicicleta. Sus habitantes la usan
frecuentemente como medio de transporte habitual y el elevado nivel de educación y
civismo, hace que resulte enormemente sencillo, incluso para quien desconoce la ciudad.
Es la ciudad de Europa con más bicicletas por habitante. En muchas partes de la ciudad
hay señalización específica para los ciclistas y en muchos casos los carriles bici se
comparten con los peatones, eso sí, con una línea que separa unos de los otros. La
elevada conciencia medioambiental del ciudadano alemán también ayuda al uso de la
bicicleta.
Dicho esto, os relatamos nuestra corta experiencia en Münster.
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La primera en la frente nos la llevamos cuando nos disponemos a ver una de las iglesias
más grandes de la ciudad, la Sankt Lambertikirche. Imponente por fuera pero
desconocida por dentro. Cuando llegamos está cerrada y tan sólo son las 14:30h. La
explicación en forma de cartel está en alemán y, de momento, es un idioma que no
dominamos. Para colmo, nadie por aquí habla español. Que quede claro que la ciudad de
Münster no tiene culpa de mi desconocimiento de la lengua oficial del país que me vio
nacer.
Después del desencanto, pasamos a la Prinzipalmarkt, también uno de los mejores
ejemplos intactos de cómo fue una plaza de mercado en los siglos XVI y XVII. Reconozco
que puede ser así con otro estado de ánimo, y a fuerza de ser muy injusto, a mí no me
llena, y eso es muy difícil de explicar. ¿Cómo explico que algo no me ha llenado? O te
gusta o no te gusta, que le vamos a hacer… para mi es así de simple, es más, puede ser
que yo sea así de simple, lo siento.
La Dom, dedicada a San Pablo, es la mayor de la región. Prometo que de esta catedral
sólo recuerdo un bello reloj astronómico. Lo vuelvo a reconocer, soy muy injusto.
En lo que al Residenzschloss (Castillo) se refiere, está para no entrar. El montaje de unas
gradas para un concurso de caballos impide ver su fachada y además está todo cortado,
patas arriba… Andamios, camiones, furgonetas... en fin, imposible.
No tenemos la menor duda que en otra visita a Alemania volveremos a Münster.
Posiblemente con otro talante, con otra predisposición: con otros ojos, en definitiva. No
hemos borrado de nuestro mapa personal esta ciudad de la que nos vamos con un sabor
agridulce, volveremos para resarcirnos de una visita decepcionante, haremos esa
excepción que nuestras reglas no escritas nos impiden por sistema: visitar una ciudad que
ya hemos visto antes.
Ya en la carretera, a medida que nos vamos aproximando a Hameln, mi ánimo va en
aumento y empiezo a cambiar la expresión de mi cara. Veo la imagen de la típica
Alemania, la de las casas de entramado, la de las calles adoquinadas, la que todos
tenemos en mente. Lo que hemos visto en algunas fotos de Hameln es como cuando ves
una película de náufragos en las que, además del Tom Hanks de turno, siempre hay una
pequeña choza y 14 palmeras para tomar la sombra, es decir, lo típico. Y en este
momento eso es lo que deseamos, la típica Alemania, simplemente.
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Lugar de aparcamiento en Münster
Parking en Münster
Hindenburgplatz
Junto al Castillo de Münster
MÜNSTER
Abierto todo el año. Parking para todo tipo de vehículos. Muchas plazas. Suelo de
gravilla. Ningún tipo de servicio para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 51.96498 / E 7.61730 (N 51º 57’ 54’’ / E 7º 37’ 02’’)
De pago fraccionado por horas. 5€/4 Horas.
A unos 800 metros
Oficina de Información y Turismo de Münster
Heinrich-Brüningstrasse, 9
MÜNSTER
Teléfono: 02514/922710 y Fax: 02514/927743
web: www.muenster.de/stadt/tourismus y e-mail: info@stadt-muenster.de
Horario: de 9:30h a 18:00h (de lunes a viernes) y de 9:30h a 13:00h los sábados.
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Hameln (Hamelin)
- Estado: Baja Sajonia (Alemania)
- Distrito: Hameln-Pyrmont
- Habitantes: 59.000
- Altitud: 73 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 52º 06’ 14’’ / E 9º 21’ 25’’
- Temperatura el día de la llegada: 19ºC (19:30h)
Hameln Baja Sajonia
Llegamos al área de autocaravanas de Hameln a las 19:30h. Es un área con una treintena
de plazas muy amplias, todas asfaltadas e iluminadas por la noche. Una vez posicionados
en una de las parcelas de las muchas que hay libres, insertamos 8€ en una máquina tipo
parquímetro para poder pernoctar. La maquinita en cuestión te dispensa un ticket el cual
hay que colocar en un lugar visible en el interior de la autocaravana. Nada que no sepáis.
Para los que sólo deseen aparcar y no pernoctar, el precio es de 1€ por hora. La conexión
eléctrica va aparte en un borne con varios enchufes. Con 2€ disponemos de 16 horas,
más que suficientes hasta que mañana abandonemos de la ciudad.
Una vez conectados, puestos los calzos en las ruedas y nosotros cambiados de ropa, nos
disponemos a hacer una rápida visita a la ciudad. En poco más de un cuarto de hora nos
presentamos en las casi desérticas calles del centro histórico de este mágico lugar.
Hameln, la famosa ciudad alemana junto al río Weser inmortalizada por los hermanos
Grimm en su cuento “El flautista de Hamelin”, nos recibe con su colorido renacentista y
sus calles empedradas. La atmósfera de cuento que se respira al pisar sus calles tiene
mucho que ver con la famosa historia del flautista. Y es que un halo de misterio envuelve
Hameln a la caída de la tarde, cuando al doblar cada esquina no estás muy seguro de si
vas a cruzarte con algún personaje del famoso cuento infantil.
Quién sabe, incluso, si con el espíritu de sus autores que hayan retornado del más allá
para dar una vuelta por la ciudad. Porque aunque la historia de Hameln está envuelta en
el cuento, y la frontera que separa lo real de lo imaginado es aquí bastante exigua, nadie
está en condiciones de desmentirla por completo. De hecho, aun se duda de si aquello
fue real o simplemente una leyenda que argumentaron los famosos hermanos. Sea como
fuere, prefiero pensar, por tanto, que cuando hemos llegado a Hameln lo hemos hecho a
un reino mágico de la Baja Sajonia, donde el reloj parece estar parado desde hace mucho
tiempo.
Para el que no conozca la historia, el famoso cuento se desarrolla en el año 1284 y relata
la preocupación de los habitantes de la población al descubrir un buen día que la ciudad
había sido invadida por miles de ratas. Un desconocido se ofreció para resolver el
problema a cambio de cien monedas de oro. Su propuesta fue aceptada de inmediato por
las autoridades. El hombre comenzó a caminar hacia las afueras tocando con su flauta
una cautivadora melodía que hizo que todas las ratas salieran de sus escondites y lo
siguieran absortas.
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El flautista las condujo hacia el río Weser y, como no sabían nadar, murieron ahogadas.
Para celebrar el hecho, las autoridades organizaron grandes festejos, pero cuando el
músico reclamó su pago, se negaron a dárselo, alegando que era mucho dinero sólo por
tocar la flauta, siendo expulsado de la ciudad. La venganza fue cruel: el domingo,
después de misa, apareció de repente tocando con su flauta una dulcísima melodía y
todos los niños de Hameln siguieron al flautista, quien retomó el camino del día anterior…
Nunca más volvieron a ser vistos. De los 130 niños que lo siguieron los únicos que
volvieron fueron un niño sordo mudo y otro ciego.
Según el cuento, esto ocurrió el 26 de junio de 1284, aunque la fábula no debería ocultar
lo que algunos creen que fue la realidad, y es que debido a la superpoblación que sufría la
ciudad en el siglo XIII, muchos jóvenes tuvieron que emigrar al este para asentarse en sus
territorios y poder encontrar una vida más próspera. Esta historia, mucho menos
romántica que la contada por los Hermanos Grimm, parece ser la que inspiró a éstos a
“transformar” la realidad en ficción, aunque yo, particularmente, me quedo con el cuento
antes que con la historia real, es más legible y menos adulta.
Casualmente antes de salir de España, leí en “El País” que casi ocho siglos después la
ciudad sufre una nueva invasión de ratas, esta vez de verdad, al parecer es debido a la
presencia de un vertedero cerca de un barrio nuevo, y los vecinos no saben qué hacer.
Aunque lo más probable es que sí sepan lo que no van a hacer, ya que han manifestado
que de ninguna manera piensan contratar los servicios de un flautista…
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Por cierto, el título original de este cuento en alemán era “Der Rattenfänger von Hameln”,
pero posteriormente se traduciría como “El Cazador de Ratas de Hamelin”. Como aquello
quedaba un poco lúgubre y guarrete, se dejó en su título original, “El Flautista de
Hamelin”, que dicho sea de paso fue el que le pusieron sus autores.
Tras nuestro corto paseo por las vacías calles de Hameln, retornamos por donde vinimos
bordeando el tranquilo Weser. El día, que comenzó en Monschau tristón y deslucido por la
lluvia, ha terminado limpio y fresco. Como diría un cursi, como los versos de un poeta.
A las 22:30h nos vamos a la cama para, quizás, volver a soñar con cosas nuevas, eso sí,
procuraremos que los sueños no sean con roedores.
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Lugar de pernocta en Hameln
Área de autocaravanas en Hameln (Hannes Weserblick)
Ruthenstrasse, 14
31785 HAMELN
Teléfono: 05151/931018
Fax: 05151/931099
web: www.hannes-weserblick.de
e-mail: hannes@hwg-hameln.de
Abierto todo el año
30 plazas muy amplias, todas asfaltadas e iluminadas por la noche.
Coordenadas GPS: N 52.09629 / E 9.35843 (N 52º 05’ 47’’ / E 9º 21’ 30’’)
8€/24 Horas.
Si no se desea pernoctar y sólo se quiere aparcar: 1€/hora
No
Si. 1€/100 litros
No
Si. 1€/8 horas
Si
Si
No
A poco menos de 1 Km
Oficina de Información y Turismo de Hameln
Deisterallee, 1
31785 HAMELN
Teléfono: 05151/957819 y 05151/957823
Fax: 05151/957840
web: www.hameln.com
e-mail: touristinfo@hameln.de
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Gastos y resumen del 4º día
Kilómetros recorridos en la 4ª etapa: 428
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.331
Gas-oil en Monschau: 85,50€ (76,41 litros a 1,119€/L)
Parking para autocaravanas en Monschau: 1,60€
Parking en Münster: 5€
Área de autocaravanas en Hameln: 10€ (8€ la parcela+ 2€ por la electricidad)
Datos anotados el martes 11/8/2009
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CAPÍTULO 5 / Miércoles 12 de agosto
(Hameln – Hildesheim – Wolfenbüttel): 102 Km.
Mapa de Ruta
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Hameln (Hamelin)
Como de costumbre, nos despertamos muy temprano; apenas empieza a clarear el día y
ya estamos en pie.
Un buen desayuno nos da las energías suficientes para emprender un provechoso
recorrido; y aquí no es difícil encontrar rincones para ello. Una vez cumplido ese trámite
de rigor, iniciamos la visita.
El armónico y silencioso trotar de infinitos corredores urbanos desplazándose por la orilla
del río Weser, constituye la banda sonora con la que arranca el día en Hameln. Casas de
cuento de una colosal belleza, y una calma maravillosa en el ambiente, trazan el paisaje
central en el que se desarrolla la historia diaria de nuestro paseo por la ciudad del
flautista. Sus protagonistas, en contraposición al típico tópico de persona germánica fría y
seria, dibujan grandes sonrisas cuando les preguntamos por la ubicación de un lugar
concreto o cuando nos cuentan algún detalle importante sobre la ciudad, nos muestran
una entrañable amabilidad. Otra cosa es que nosotros los entendamos, pero ellos intentan
hacerse entender.
Al entrar por la Bäckerstrasse un delicioso olor a estofado de carne se extiende por toda
la calle, es ese aroma característico que ya hemos olfateado en otras ciudades alemanas.
A medida que nos aproximamos a la Marktkirche, el estofado deja paso a un
embriagador aroma a dulces de chocolate y a pastelitos de crema. La pastelería Bäcker-
Konditor (quiero recordar que se llama así) tiene la culpa. Como no somos tacaños a la
hora de degustar los productos locales, damos buena cuenta de alguno de ellos. Mis
michelines dan fe de las calorías de los dichosos pastelitos.
Para todos aquellos que como yo aún llevan un niño dentro, recomiendo hacer la visita a
Hameln de la mano de un personaje disfrazado de flautista, el cual, con su traje rojo y
morado brillante, sus medias multicolores de bailarina, sus botas amarillas, su capa y su
gorra de larga pluma, atrae con el sonido de su flauta a una gran cantidad de niños y
menos niños desde la Oficina de Turismo. El paseo por las empedradas calles del casco
antiguo, discurre por los lugares donde se desarrolla la historia del cuento. Este recorrido
creo recordar que se hace durante los meses de verano. Igual me tiro a una piscina sin
agua, pero lo “malo” de esta visita guiada es que los idiomas en el que se explica la
historia serán todos menos el español.
Si no deseáis ir tras el disfrazado personaje, el punto de partida para visitar la ciudad es la
estatua en bronce de “El Flautista de Hamelin” que hay junto al ayuntamiento. Desde
aquí, y para guiaros perfectamente por la ciudad, seguid las pequeñas huellas de ratas
blancas que hay pintadas en las aceras y en el empedrado de las calles peatonales, os
llevarán a todos los puntos de interés del cuento.
Uno de esos puntos de interés es el Rattenfängerhaus en la Osterstrasse, uno de los
edificios más bellos de la ciudad. Esta majestuosa casa que hoy en día es un restaurante,
tiene una antigüedad de más de 400 años.
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Como curiosidad, se puede ver en la carta de platos una de sus especialidades más
famosas: las colas de rata, que no dejan de ser pequeños filetes de cerdo flambeados con
vino de Calvados. Los frisos de la pared narran en alemán la historia de “El Flautista de
Hamelin”.
Frente al Rattenfängerhaus se halla otro edificio no menos interesante, el Leisthaus, que
hoy alberga el museo principal de la ciudad. En su interior hay una amplia exposición
sobre la historia de Hameln.
En la Marktplatz suena cada día el carrillón de la Hochzeithaus; la llamada casa de las
bodas ha tenido varios usos durante su vida, desde arsenal de armas hasta salón de
baile, pasando por centro de reuniones para los vecinos del pueblo. Desde su terraza,
cuando hace buen tiempo, los domingos de los meses desde mayo hasta septiembre se
representa al aire libre la historia del cuento. Durante media hora se puede presenciar la
terrible historia que acaeció por aquí hace más de 700 años, historia que a los niños
alemanes se les cuenta cuando no quieren dormir, algo así como a nosotros nos
contaban cuando éramos pequeños pero cambiando de protagonista, el nuestro era “el
hombre del saco”.
Una curiosidad más. Perpendicular a la Osterstrasse, haciendo esquina con la
Rattenfängerhaus, está la Bungelosenstrasse, calle en la que, según la leyenda, el
flautista reunió a los niños para llevárselos del pueblo y no volver nunca más. Desde
entonces en esta calle está prohibida cualquier fiesta o manifestación de alegría, de aquí
su nombre Bungelosenstrasse, la Calle sin Tambores.
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Como veréis, y como ya os decíamos en el capítulo de ayer, Hameln, el flautista y su
leyenda, todo junto o por separado, se halla en todas las calles de la ciudad, incluso los
escaparates de muchas tiendas están decorados con motivos del célebre cuento; los
roedores campan a sus anchas en forma de peluches, caretas de carnaval, sabrosos
panes con las típicas orejas a lo Mickey Mouse o dulces tartas en forma de ratón. Puskas,
el gato de nuestros amigos Encarna y José Luis se pondría aquí las botas…
Para terminar, creo que, si alguna
vez pensamos “vivir del cuento”,
Hameln es nuestra ciudad, porque
Hameln es llana y sencilla como un
cuento infantil. Su discurso no tiene
ni grandes relieves ni grandes
tamaños. Es una historia cuya
moraleja se va colando en el
viajero poco a poco,
descubriéndose entera y clara en el
último punto y aparte, cuando las
coquetas edificaciones, las
estrechas callejuelas y las
encantadoras pastelerías han sido
presentados y desvelados ante
nuestros ojos. Es también una
inmensa página en blanco donde
cada uno reinventa su realidad y
decora cada uno de los rincones de
esta ciudad tan ligada a la leyenda,
porque algo tan místico y
maravilloso como las historias
infantiles sólo ocurren en los
pueblos mágicos como Hameln.
Este es, en resumen, un lugar
donde creer que la realidad es una
fantasía o donde creer que la fantasía es una realidad. Un mundo donde lo imperceptible
se puede percibir con los sentidos. Ahora pues, es en este lugar donde tienes que abrir tu
alma, de otro modo, nunca lo podrías vivir ni sentir como nosotros lo hemos hecho.
Al partir de Hameln no puedo evitar que a mi rostro asome una lágrima y una sonrisa
mientras rememoro aquellos cuentos infantiles que me leía mi abuelo. Y es que,
afortunadamente, uno con 42 años no ha dejado de ser un poco niño, lo cual hoy en día
creo que es una virtud.
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Hildesheim
- Estado: Baja Sajonia (Alemania)
- Distrito: Hildesheim
- Habitantes: 106.000
- Altitud: 92 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 52º 09’ 03’’ / E 9º 57’ 03’’
- Temperatura el día de la llegada: 24ºC (14:15h)
Hildesheim Baja Sajonia
Los viajeros que visitamos Alemania, acostumbramos a pasar de
largo por ciudades como Hildesheim. Está claro que no tiene la
chispa de Hameln ni mucho menos el encanto de Wolfenbüttel, pero
tampoco nos disgusta dedicarle tres o cuatro horas a conocer de
cerca la octava ciudad más grande del estado de la Baja Sajonia.
A las 14:00h en punto entramos en Hildesheim. Después de dar varias vueltas para poder
aparcar, encontramos un pequeño parking en una calle no muy lejos del centro. Os diré
que cuando estaba planificando este viaje, indagué para ver si aquí había áreas o parking
pero la búsqueda fue infructuosa. Ignoro si hay algún lugar de aparcamiento específico
para autocaravanas en esta ciudad, pero si así fuese, yo no lo encontré en su día ni
tampoco ahora.
Hacemos una comida rápida para no perder mucho tiempo y antes de que den las 15:00h
nos ponemos en marcha.
Hildesheim no es uno de esos lugares lleno de mentiras para turistas. Hildesheim es real.
Carece de lo que otras ciudades alemanas, es decir, del encanto de pueblecitos como
Monschau, Hameln o Wolfenbüttel, pero es que estas cosas no son comparables; si
excluimos la Catedral de Santa María y la Iglesia de San Miguel, sólo la Marktplatz
concentra la curiosidad de esta reconstruida ciudad. Mentiríamos si dijésemos que,
excluyendo lo anteriormente dicho, el resto de la ciudad carece de interés, pero para ser
sinceros, la majestuosa plaza se lleva todos los halagos posibles.
En su descargo tenemos de decir que casi la mitad de la ciudad fue arrasada en la
Segunda Guerra Mundial durante los bombardeos aéreos de marzo de 1945, por lo que
no hay que buscar ni edificios históricos ni muchas huellas del pasado, sólo hay que
buscar la tranquilidad de un lugar a caballo entre una mediana ciudad y un pequeño y
encantador pueblo típicamente alemán, y eso, con 106.000 habitantes, es mucho decir.
Una vez interiorizados los pormenores básicos de Hildesheim, iniciamos nuestra visita por
la Catedral de Santa María, recorriendo su interior y deteniéndonos a cada instante en
cada uno de sus maravillosos detalles.
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Destruida casi en su totalidad durante la Segunda Guerra Mundial, fue de nuevo
levantada entre 1950 y 1960 en su estilo románico original. Desde 1985 está declarada
Patrimonio Mundial de la Humanidad. Esta catedral también es famosa por albergar en su
claustro el famoso “Rosal Milenario”, que dicho sea de paso, tiene más de fama que de
belleza, pero ya se sabe que esto va por gustos.
Tras hacer un pago simbólico de 1,30€ por los tres, pasamos al patio interior del claustro y
vemos el curioso rosal que crece junto al muro exterior del ábside. La edad exacta del
rosal no puede determinarse, pero la leyenda popular lo sitúa en 815. Cuentan por aquí
que el emperador Ludovico Pío estaba celebrando una misa en medio del bosque. A
mitad de ésta, el relicario de la Virgen quedó enganchado de la rama de un rosal silvestre.
Acabada la misa, y ante la imposibilidad de quitar el relicario del arbusto, Ludovico
interpretó este hecho como signo divino de que en ese lugar debía fundarse el nuevo
obispado y que había que ponerlo bajo la protección de la Virgen María. El rosal
permanece en el mismo sitio desde entonces, y es considerado como signo de la
prosperidad de la ciudad; mientras el rosal siga floreciendo, la ciudad no decaerá.
El 22 de mayo de 1945, durante la
Segunda Guerra Mundial, varias
bombas incendiarias dañaron el
ábside, pero el rosal, ligeramente
carbonizado, quedó en pie rodeado de
escombros. Los habitantes de
Hildesheim vieron esto como un feliz
presagio, e hicieron del rosal el
símbolo de la ciudad. El rosal de
Hildesheim está considerado como el
más viejo del mundo.
Tras deambular durante un buen rato
por los alrededores de la catedral,
ponemos rumbo a la Marktplatz. Al
llegar a la altura de la Andreaskirche,
bajamos por la Hoher Weg y nos
topamos de bruces con una de las
plazas más bellas que hemos visto en
el viaje de este año.
La Marktplatz de Hildesheim es una
maqueta de armonía perfecta e
impactante donde se desarrolla la vida
diaria de la ciudad. Finamente
rodeada de edificios bellísimos, se complace en presentarnos la que está considerada
como la casa de entramado de madera más bella del mundo: la esbelta, erguida,
hermosa, sólida, majestuosa y exquisita Knochenhaueramtshaus.
Bautizada con un nombre imposible de pronunciar (decidme si no es cierto), la
Knochenhaueramtshaus (casa del Gremio de Carniceros) supera en belleza a las casas
señoriales vecinas. A simple vista, y si no se conoce la historia, uno puede pensar que la
Knochenhaueramtshaus logró mantener intacta su fachada y su estructura durante la
Segunda Guerra Mundial.
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Sin embargo la realidad fue otra ya que al igual que la inmensa mayoría de casas de
entramado de madera de la Marktplatz, fue destruida el 22 de mayo de 1945 en el ataque
con bombas incendiarias que sufrió la ciudad. Con posterioridad a la guerra, se volvieron
a construir todas las casas destruidas pero esta vez de hormigón, aunque con el paso de
los años, algunas de éstas fueron demolidas y se volvieron a levantar de madera.
La magnífica Knochenhaueramtshaus que hoy podemos ver, data de 1987 ya que fue
reconstruida conforme a los planos originales. Como no podía ser de otra manera, junto a
los 400 m3 de madera de roble que se utilizó para su construcción, también fueron
empleadas tejas con más de 200 años de antigüedad, de esa forma se quería dar un aire
de autenticidad a la obra.
Como dato curioso, baste decir que para la reconstrucción de esta mole de madera fueron
necesarios casi 14 millones de marcos alemanes, lo que hoy en día serían unos 7
millones de euros. Ya que había que amortizar tamaña inversión, se decidió montar un
restaurante (no se puede decir que barato, precisamente) y el Museo de la ciudad para ir
sufragando los gastos.
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El resto de la plaza, al igual que se hizo con la Knochenhaueramtshaus, se ha intentado
reconstruir fielmente con los planos originales para dejarla tal y como estaba antes de la
guerra, y la verdad es que se ha conseguido, es toda una delicia poder contemplar tan
magnífica obra.
Casi todas las calles del casco histórico son empedradas y muy tranquilas. Si sois de los
que os volvéis locos por las compras, podréis dar rienda suelta a vuestros instintos en la
calle principal, la Almsstrasse, la cual está llena de tiendas de ropa, zapaterías,
anticuarios y restaurantes.
Con la fina lluvia como compañera, recorremos la turística calle sintiendo un bullicio
sumergido. Una calma desenfrenada. Un punto ejemplar de civismo, de tranquilidad, de
sosiego.
Tras recorrer algunas callejuelas solitarias, y después de comprar dulces y unos refrescos
para el camino, tomamos la Langer Hagenstrasse que nos lleva hasta una pequeña colina
donde se levanta majestuosa la St.Micheleliskirche (Iglesia de San Miguel). Por desgracia
para nosotros, está toda cubierta de andamios, piedras y grúas ya que está en fase de
restauración, por lo que el exterior de esta joya Patrimonio de la Unesco no se puede
apreciar en su plenitud. Damos una vuelta por sus aledaños y, sin demora, entramos a ver
la otra maravilla de Hildesheim.
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La decoración interior demuestra que cuando se construyó el templo debió contar con
grandes benefactores y con muchas misas por las almas puras de todos ellos. Su rica
ornamentación llama la atención. Algo tiene esta iglesia que invita a cerrar la guía que
llevamos en la mano y a esperar sentado cómo pasan los minutos. Esperamos,
observamos y nos observan esperando. O eso es lo que uno se imagina que sucede tras
la balaustrada del coro donde se hayan trece figuras de ángeles. No sabemos si esta
bellísima iglesia será la antesala de la eternidad, pero sí os podemos decir que el tiempo
pasa y no te das cuenta.
De vez en cuando, y como en casi todas las iglesias, suena como un sermón de cura la
caída de una moneda en el cajetín de las velas. Por desgracia, aquí, y como en casi todas
las iglesias, ya no son más que lamparitas que parpadean de forma estúpida.
Tras volver a mirar el coro, la balaustrada y los techos de madera policromada de la nave
principal, abrimos la puerta y nos dirigimos de nuevo al exterior, a la vida terrenal, a la que
no es eterna. Hay misa y no queremos importunar.
Antes de seguir, he de confesar una cosa. Cuando estábamos planificando el viaje de
este año, hicimos una lista de los lugares a visitar y de los que prescindir. Entre estos
últimos estaba Hildesheim. Finalmente, y dado que nos pillaba de paso, decidimos incluir
esta ciudad. Y sería bueno reconocer que una vez aquí, no nos arrepentimos de haberla
visitado, y eso a pesar de no ser uno de los lugares más bellos que hemos visto, pero
tiene su encanto.
Al llegar a la autocaravana, nos damos cuenta que el parking en el que hemos aparcado
es sólo para residentes. Nuestro error ha sido que al llegar hemos visto otras dos
autocaravanas aparcadas y decidimos dejarla aquí sin darnos cuenta de esa
circunstancia. Afortunadamente no nos han multado, aunque dicho sea de paso, nos lo
hemos merecido. Corramos un tupido velo al hecho.
Cuando nos vamos de Hildesheim ha dejado de llover e incluso el cielo está
prácticamente despejado. Esa es una noticia estupenda para nuestras pretensiones de
poder ver algo sin tener que llevar el paraguas en la mano en nuestro próximo destino:
Wolfenbüttel.
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Lugar de aparcamiento en Hildesheim
Parking en Hildesheim
Dammstrasse
HILDESHEIM
Pequeño aparcamiento en una calle de Hildesheim. Al volver de la visita a la
ciudad nos dimos cuenta que era un parking para residentes. Cuando llegamos y
vimos otras dos autocaravanas aparcadas decidimos dejarla allí sin darnos cuenta
de esa circunstancia.
Cuando estaba planificando este viaje, indagué para ver si había áreas o parking
en Hildesheim pero la búsqueda fue infructuosa. Ignoro si hay algún lugar de
aparcamiento específico para autocaravanas en la ciudad, si así fuese, yo no lo
encontré.
Coordenadas GPS: N 52.14959 / E 9.94049 (N 52º 08’ 59’’ / E 9º 56’ 26’’)
Gratis pero tened en cuenta que es para residentes. No da la sensación de que
vayan a multar, de hecho a nosotros no nos multaron… Ahí queda la información.
A unos 700 metros.
Oficina de Información y Turismo de Hildesheim
Rathausstrasse, 20
31134 Hildesheim
Teléfono: 05121/17980
Fax: 05121/179888
web: www.hildesheim.de
e-mail: tourist-info@hildesheim-marketing.de
Abierto: de 9:00h a 18:00h de lunes a viernes. De 9:00h a 15:00h los sábados y
de 10:00h a 15:00h los domingos.
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Wolfenbüttel
- Estado: Baja Sajonia (Alemania)
- Distrito: Wolfenbüttel
- Habitantes: 55.000
- Altitud: 77 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 52º 09’ 44’’ / E 10º 31’ 56’’
- Temperatura el día de la llegada: 24ºC (19:05h)
Wolfenbüttel Baja Sajonia
Poco después de las 19:00h hacemos acto de presencia en el Parking Alte
Spinnerei/Sporthalleninsel de Wolfenbüttel. El otro parking, el que traíamos en las
coordenadas del TomTom, está ocupado por atracciones de feria. Está en un lugar más
céntrico que el Alte Spinnerei y además está frente al Castillo, lo que le da su puntito.
Pero insisto, y lamentaciones aparte, no se puede aparcar.
El Alte Spinnerei solamente dispone de 3 o 4 plazas específicas para autocaravanas, pero
al usarse sólo como parking del polideportivo, está prácticamente vacío. El suelo es de
asfalto y dispone de servicios de carga y descarga de aguas. También dispone de
electricidad, pero ésta sólo está al alcance de los 3 privilegiados que ocupan las plazas
reservadas.
A las 19:25h, con una luz más bien escasa y un chispear peligroso, decidimos dar un
corto paseo hasta el pueblo con los paraguas sin desplegar. Una primera toma de
contacto no viene mal. Salimos del parking andando con tranquilidad y en diez minutos,
por la Doktor Heinrich-Jasperstrasse, llegamos a la Schlossplatz.
Damos una vuelta rápida, para nada significativa, por un pueblo adornado de feria y semi-
desértico. Es pequeño pero encantador. Mañana será la nuestra. Tras la insistente
petición de Javi, decidimos volver a la autocaravana media hora después de salir. Está
agotado.
Cruzamos de nuevo la Schlossplatz, donde permanecen todas las atracciones de feria
cerradas, y cuando vemos a la derecha la Herzog August Bibliothek empieza a chispear
de nuevo. Otra vez los paraguas desplegados. Nos acercamos hasta la entrada principal,
donde entre la finísima lluvia vemos de frente la famosa biblioteca de Wolfenbüttel.
Al llegar a la autocaravana, para de chispear. Las cuatro gotas que han caído no son más
que fuego en el ambiente. Lejos de refrescar, provocan bochorno.
Mientras cae la tarde, otra más, ojeo fotografías y dejo a las imágenes elegidas pasearse
por mi imaginación tejiendo historias y curtiendo recuerdos.
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Junto a mí, Javi, tumbado e indolente, busca el frescor vespertino a través de la ventana
trasera; mientras, el ventilador del aire acondicionado de la autocaravana de nuestros
vecinos ronronea sin cesar. A través de la ventana del salón, se oye el trinar de las
golondrinas de regreso a sus nidos y también un trueno lejano, tan lejano que parece
perdido en el escenario. Es un momento perfecto.
Cuando a las 22:00h nos sentamos a cenar, la mesa parece más una vuelta de la
vendimia que una cena de vacaciones. El cansancio se apodera de nosotros. Un poco de
fruta fresca y un vaso de leche fría es lo único que apetece ingerir.
A las 22:50h ya es noche cerrada en Wolfenbüttel. A estas horas el cansancio es muy
pesado, los párpados caen a media asta y el deseo de abandonarnos nos va poseyendo.
A estas horas de la noche, la hora bruja, la hora en que todos nuestros músculos se
relajan haciéndonos sentir lejanos y livianos, los deseos nos invaden y los tan queridos
anhelos ganan terreno en nuestra fábrica de sueños. Sueño con fotografías que algún día
existirán, textos que se escriben en la imaginación y ese deseo de abandono que
aumenta minuto a minuto.
Saciado de felicidad, pongo fin a la lucha e inicio el juego del sueño, de los felices sueños.
Hasta mañana.
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Lugar de pernocta en Wolfenbüttel
Parking en Wolfenbüttel (Parkplatz Alte Spinnerei / Sporthalleninsel)
Jägerstrasse
38300 WOLFENBÜTTEL
Abierto todo el año
22 plazas para todo tipo de vehículos, todas asfaltadas e iluminadas por la
noche. También hay 3-4 plazas específicas para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 52.16126 / E 10.52683 (N 52º 09’ 41’’ / E 10º 31’ 37’’)
Gratuito
No
Si. 1€/100 litros
No
Si. 3€/6 horas. Posibilidad de enganche sólo para 4 autocaravanas
Si
Si
No
A 800 metros.
Oficina de Información y Turismo de Wolfenbüttel
Stadtmarkt, 7
38300 WOLFENBÜTTEL
Teléfono: 01801/934636 y 05331/86280
Fax: 05331/867708
web: www.wolfenbuettel-tourismus.de
e-mail: touristinfo@wolfenbuettel.de
Abierto: de 9:00h a 18:00h de lunes a viernes.
Sábados y domingos de 10:00h a 14.00h.
Hablan español.
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Wolfenbüttel
Parking en Wolfenbüttel
Schlossplatz
WOLFENBÜTTEL
- Parking situado en la Schlossplatz, frente al castillo y a escasos 300
metros del centro de la ciudad.
- Suelo adoquinado y llano.
- El aparcamiento y la pernocta está prohibido durante las fiestas
patronales. En nuestra visita a la ciudad, están instaladas en él las
atracciones de feria.
Coordenadas GPS: N 52.16250 / E 10.53138 (N 52º 09’ 45’’ / E 10º 31’ 52’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 5º día
Kilómetros recorridos en la 5ª etapa: 102
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.433
Llenado depósito de agua en el área de autocaravanas en Hameln: 1€/100 litros
Entrada para ver “El Rosal Milenario” de Hildesheim:
- Adultos: 0,50€
- Niños: 0,30€
Total por 2 adultos y 1 niño: 1,30€
Datos anotados el miércoles 12/8/2009
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CAPÍTULO 6 / Jueves 13 de agosto
(Wolfenbüttel – Goslar – Quedlinburg): 99 Km.
Mapa de Ruta
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Wolfenbüttel
La mañana se despierta lluviosa. Cae poco pero llueve de una forma que parece que
quiera entristecernos el día. Poco a poco las nubes claras le van ganando la batalla a las
oscuras y entre unas y otras aparecen los primeros rayos de sol del día. Esto se anima.
Tras la ducha, y mientras escucho una machacona música de fondo, tomo mi café fuerte
aunque descafeinado y miro cómo revolotean cientos de pajarillos alrededor de un
pequeño rubio de ojos azules que les proporciona pequeños pedacitos de pan duro. En
ese momento acaricio lo bello. Algo bastante parecido a la felicidad.
Poco antes de las 9:00h nos ponemos en marcha. Hacemos el mismo recorrido que
hicimos ayer por la tarde pero esta vez la Schlossplatz no está vacía. Cientos de bicicletas
se agolpan a la entrada del castillo. No es Amsterdam pero lo parece. Las únicas que
siguen permaneciendo cerradas son las atracciones de la feria.
Cruzamos la plaza del castillo e inmediatamente entramos en lo que nosotros hemos
calificado como la agradable sorpresa del viaje de este año: Wolfenbüttel.
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Hay lugares que son más únicos que otros. Y este es un buen caso. Wolfenbüttel es una
de esas ciudades que se van incorporando brutal o suavemente, acomodándose unas
veces en la mente, otras en el corazón y, la mayoría de las veces, en ambos.
En Wolfenbüttel el tiempo parece detenido. Y lo está. Para pasear por sus calles
engalanadas no es necesario hacer reservas ni largas colas. Por momentos parece que
estás dentro de un cuento, de una época que ya no existe o que a lo mejor no la vemos o
no somos capaces de verla.
Las calles de Wolfenbüttel siempre tienen un lugar listo para nosotros. Como una gran
vitrina que contiene pequeñas joyas, la ciudad nos invita a contemplar la vida que quedó
atrapada en sus callejuelas y en sus casas de entramado de madera. No se trata de uno
de los muchos pueblos alemanes que hemos visitado y que han dejado su huella en
nuestra retina; Wolfenbüttel es otra cosa.
Es jueves por la mañana y comienzan los preparativos. Banderitas y guirnaldas de
colores: sinónimo de fiesta. Un ambiente festivo se respira por todos los rincones del
pueblo, la llegada de visitantes aviva ese ambiente de forma notoria. Mientras los
comerciantes de la Krambuden se abastecen de cerveza, la panadería de la esquina de la
Lange Herzogstrasse se empieza a llenar de gente, el silencio de las calles solitarias de
ayer por la tarde, se transforma lentamente en bulliciosa mañana.
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Poco a poco, la Stadtmarkt se revela más allá de las coquetas callejuelas. Toda su
belleza se muestra ante nosotros para que nos llenemos de admiración. Pronto, la
contemplación desparece para dar paso a la conversación de la mano de uno de los
trabajadores de la Oficina de Turismo deseoso de saber de dónde vienen estos tres
turistas que andan observando el movimiento en torno a la plaza. Stephan, que así
bautizaron al joven, se nos presenta hospitalario y amable. Habla español perfectamente,
lo cual es un alivio por estos lares. Él nos proporciona información de la ciudad en forma
de planos y trípticos y nos recomienda lugares que ver y rutas a seguir. Encantador.
Saliendo de la Stadtmarkt, en la Lange Herzogstrasse y en la Kanzleistrasse, se
organizan los puestos cerveceros y de salchichas. Estos últimos amplían su oferta
gastronómica con patatas fritas, chorizos, hamburguesas, brochetas y las ya nombradas
salchichas de todos los tamaños y sabores. Para los niños se ofrecen donuts de chocolate
y los ya consabidos refrescos de cola. En uno de esto puestecillos de feria pasamos
media hora saboreando unas deliciosas Currywurst con pan de pueblo que nos saben a
gloria bendita.
Frente al puesto de salchichas, y tapando la puerta del Bankhaus Seeliger, el escenario
musical está montado y se están probando las luces y el sonido para una actuación
estelar. La gente comienza a acercarse a pie de tablado. Todo está listo para empezar.
Un señor mayor de pelo engominado y barba canosa da un discurso de apertura y los
personajes festivos cobran vida. Suenan dos cohetes en el aire. La fiesta comienza.
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Una orquesta de trompetas y trombones encabezan la marcha. La gente se une detrás al
compás de su música típicamente alemana. Y así empieza el alegre recorrido por las
calles céntricas del pueblo que tiene a todos en movimiento durante un buen rato. Y
finalmente llegan de nuevo a la pequeña plaza del Bankhaus donde todo termina con un
gran baile popular y la orquesta en el escenario.
Nos despedimos de Wolfenbüttel después de ver “La Pequeña Venecia” con una amplia
sonrisa y con el deber cumplido de haber conocido unos de los pueblos más bellos y
encantadores del viaje de este año. Al partir, pasamos por la Kleiner Zimmerhof y en una
de esas ensoñadoras casas de entramado, una joven apoyada en la ventana se mira las
manos, frunce las cejas y disfruta del sol en la cara. Preciosa foto, preciosa ella.
Volvemos a la autocaravana, ponemos las coordenadas del área de Goslar en el TomTom
y salimos de Wolfenbüttel con un excelente sabor de boca. La bajada hacia Goslar es
rápida, en menos de cuarenta minutos estamos entrando a la ciudad.
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Goslar
- Estado: Baja Sajonia (Alemania)
- Distrito: Goslar
- Habitantes: 47.000
- Altitud: 269 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 51º 54’ 16’’ / E 10º 25’ 40’’
- Temperatura el día de la llegada: 24ºC (13:30h)
Goslar Baja Sajonia
Goslar es un museo vivo en el que verse reflejado en cada
esquina, en cada plaza. No suelo insistir mucho en las
recomendaciones de visitar ciudades, pero si tenéis la
oportunidad de ver este encanto de lugar no dejéis de hacerlo
porque, a través de sus casas, de sus monumentos y del ambiente
que se respira en sus calles, comprenderéis un poco mejor porqué
fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1992.
A las 13:30h llegamos a Goslar y aparcamos en un área que no es exclusiva para
autocaravanas, también hay coches. Las diez plazas oficiales se han convertido en veinte
por la ley del 33. Junto a una autocaravana alemana dejamos la nuestra, no hay muchos
más sitios libres.
El pago se hace en una máquina tipo parquímetro de la hora, como en Hameln. Nuestra
sorpresa llega cuando al insertar la primera moneda, nos encontramos un ticket válido
para 5 horas. Miro hacia un lado, miro hacia el otro y no veo a nadie… ¿Os suena la
canción? Pues eso, que a la carrera pero sin ruido me vuelvo a la autocaravana, pongo el
ticket olvidado por alguien con alma altruista y nos quedamos tan contentos. Seguimos
financiando la compra de la batería.
Goslar, cuyo centro histórico está cruzado por el río Gose, es una ciudad típica alemana,
con muchas plazas y plazoletas donde sentarse a ver pasar el día. La arquitectura de las
casas se repite constante. Es una pequeña ciudad pero con alma de pueblo. Este lugar
pintoresco llama la atención por la tranquilidad que se percibe en el ambiente.
En el centro de la ciudad, en la Marktplatz, se concentra la experiencia sociocultural,
aunque no hay que dejar de lado el resto porque aquí casi todo merece la pena. La plaza
en sí misma con la Marktbrunnen al centro y las sillas de los restaurantes alrededor,
generan un punto de encuentro y reunión de todos sus visitantes a todas horas del día.
Pero cuando más gente se congrega en la Marktplatz es cuando un grupo de autómatas
representa la historia minera de la ciudad. Ésta se hace en la parte alta de la
“Kaiserringhaus”, un edificio histórico que hay frente al ayuntamiento. Cuatro veces al día
todos los ojos y todas las cámaras fotográficas enfocan a la cornisa donde está el
carrillón.
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Tres pequeñas puertas de hierro se abren y las figuritas surgen contando la historia de
Rammelsberg. Así de corto, así de simple. Las campanas que podemos ver debajo del
reloj fueron donadas en 1968 por la empresa Preussag, encargada por entonces de la
explotación de las minas, con motivo del 1000 aniversario del comienzo de la minería de
Rammelsberg. Según la leyenda, en el 968, el Caballero Ramm llegó a la montaña con su
caballo, golpeó repetidamente con su casco sobre el terreno y dejó al descubierto los
depósitos de plata que posteriormente harían rica a la ciudad. La representación de los
títeres se hace a las 9, 12, 15 y 18h. Además, a las 8:30h y a las 18:30h suenan sendas
canciones pero sin las figuritas. Si queréis ver el mini-espectáculo deberéis estar en la
Marktplatz con antelación porque es muy breve. Os recomendamos subir a la primera
planta del ayuntamiento a través de una escalera lateral. Es gratuito y hay unas vistas
excelentes de la plaza y del espectáculo.
No os perdáis tampoco el edificio del Hotel Kaiserworth, una casa de 1494 que se
construyó para albergar al gremio de comerciantes de paños. Su belleza casi eclipsa al
Ayuntamiento, y es fácilmente identificable por el color rojizo de su fachada. Si no me
equivoco al contar, ocho figuras de tamaño natural adornan la fachada que da a la
Marktplatz. Desde hace casi 200 años, los huéspedes de este lujoso hotel, tienen un
asiento en primera fila para disfrutar de la actividad de la concurrida plaza.
Por último, y por si os hiciese falta, la Oficina de Turismo queda al lado de la
“Kaiserringhaus”. Informados quedáis.
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La ciudad de Goslar se caracteriza por ser un gran ejemplo de la arquitectura típica
alemana, donde su centro histórico fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la
Humanidad en 1992. Toda la ciudad es un museo vivo en el que nos vemos reflejados en
cada esquina, en cada plaza. No suelo insistir mucho en las recomendaciones de visitar
ciudades, pero si tenéis la oportunidad, no dejéis de visitarla porque, a través de sus
casas, de sus monumentos y del ambiente que se respira en sus calles, comprenderéis
un poco mejor el porqué de mi recomendación.
A cada rato se oye la campana de un tren de turisteo que hace sonar su campana
intentando sacar de la nada a unos cuantos clientes que paciente esperamos su llegada.
Cansado de mover el brazo, el fornido alemán de poblado mostacho se sienta y cruza los
brazos mientras su rubia compañera expende los ticket a los que ya estamos sentados en
el vagón de cola. El agradable paseo no dura más de 40 minutos y se hace ameno y
agradable. El trenecillo turístico sale desde la Fleischscharren, frente a la Schuhhof Platz,
pegadito a la Marktplatz, y el precio de los tickets es de 11,50€ por tres personas.
Recomendable.
Para comer optamos por entrar a una especie de restaurante italiano regentado por
alemanes. Distintos tipos de pasta, pizzas, hamburguesas y sándwiches de todos los
tamaños y sabores forman parte de la carta que tiene una extensión no muy larga, aun
así, parece tener una variedad suficiente. Lo malo es que todo viene en alemán y en
inglés. Para disimular un poco nuestro desconocimiento en lenguas extranjeras, optamos
por pedir tres sándwiches de jamón y queso con una salsa rosa de una pinta excelente y,
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aunque el jamón no sea de pata negra, ni el queso sea manchego, están bastante buenos
y se dejan comer. Valorando su precio, yo diría que están excelentes. La limpieza del
local es exquisita. Lo podéis encontrar pasado el río en dirección al Palacio.
Acabados los sándwiches, Javi rehúsa comer más pero Inma y yo nos pedimos un postre
de chocolate. Mientras éste llega, paso a los baños y compruebo que siguen la estética
del resto del local, todo está limpio y ordenado. Estos alemanes cuidan las cosas.
El postre está tan peligrosamente bueno que dan ganas de repetir, pero no es bueno
comer tanto dulce y menos con nuestros antecedentes familiares. Pedimos la cuenta (21€
incluidas las bebidas y el postre) y nos dirigimos a la parte alta de la ciudad para ver el
Palacio imperial.
La plata y el cobre de Rammelsberg dieron a Heinrich II el ímpetu para establecer un
Palacio Real aquí en el siglo XI. Durante años, Goslar fue la residencia favorita de los
reyes y emperadores alemanes hasta 1253. El Palacio Imperial, construido entre 1040 y
1050 durante el reinado de Heinrich III, es un monumento de arquitectura única. En su
interior, un sarcófago de piedra guarda en una cápsula de oro el corazón del emperador
Heinrich III muerto en 1056. El palacio es visitable previo pago de 3€ por cabeza.
Rodeando la mayor parte del Palacio, hay un extenso parque con árboles, hierba y
bancos de madera. Un matrimonio de ancianos hace de improvisados actores en uno de
ellos.
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La ciudad es ideal para pasear tranquilamente, caminando, disfrutando de su belleza
urbana, de sus tiendas para hacer compras. En la Fleischscharren y en la
Fischemäkerstrasse hay muchos ejemplos de ello. Tiendas, restaurantes, cafés. Os
recomendamos una heladería que hay en la esquina de la Jakobikirche con
Rosentorstrasse que se llama Golden Sternhaus donde hay unos helados deliciosos. Aquí
sentados en las sillas de su terraza nos tomamos uno de chocolate y nata que nos
recuerda a los de la heladería Isabelo en Aranjuez.
A las afueras de la ciudad, se encuentran las minas que dieron fama y riqueza a la ciudad,
las “Rammelsberg”, que dieron por finalizada su producción en el año 1988. Como ya
hemos dicho antes, fueron explotadas durante más de 1000 años, en los que se
extrajeron 27 millones de toneladas de minerales. Están declaradas Patrimonio de la
Humanidad desde 1992 y son consideradas como uno de los mayores depósitos mineros
del mundo además de ser las únicas que han mantenido un período tan largo de
producción. Nosotros no vamos a visitarlas aunque en la Oficina de Turismo nos han
recomendado hacerlo, otra vez será. En las dependencias de la mina se ha montado un
museo de primer orden internacional, donde se puede ver toda su historia, desde los
antiguos métodos de extracción hasta los más modernos que se llegaron a utilizar.
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Hoy Goslar sigue siendo próspera aun sin sus minas, con uno de los centros urbanos
mejor preservados de toda Alemania: más de 1500 casas de entramado de madera
guardan los secretos de sus antiguos moradores y hoy lucen todo su esplendor para
deleite de unos simples viajeros que descubren, como nosotros lo hemos hecho, la
magnificencia de un sitio que no deberíais dejar de visitar.
Al partir, me acuerdo de Goslar y, por momentos, siento una necesidad imperiosa de
volver; y aunque me esperan otras calles, otros pueblos y otros lugares que son testigos
de la historia de Alemania, siempre estaré pensando en Goslar y en su encanto.
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Lugar de aparcamiento en Goslar
Parking en Goslar (Parkplätze Füllekunle)
Bertha-von-Suttnerstrasse
GOSLAR
Parking asfaltado para todo tipo de vehículos con una zona exclusiva para unas
10 autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 51.91006 / E 10.41790 (N 51º 54’ 36’’ / E 10º 25’ 04’’)
10€/24 horas. Si no se desea estar 24 horas, se paga por fracciones de hora.
1€/hora. A nosotros nos sale gratis ya que alguien ha olvidado su ticket en la
máquina y nos “regala” 5 horas.
Si. 2€/60 litros. No dispone de más servicios para autocaravanas.
A unos 900 metros.
Oficina de Información y Turismo de Goslar
Markt, 7
38640 GOSLAR
Teléfono: 05321/78060
Fax: 05321/780644
web: www.goslar.de
e-mail: marketing@goslar.de
Abierto: de 9:15h a 18:00h de lunes a viernes. De 9:30h a 16:00h los sábados y
de 9:30h a 14:00h los domingos.
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Goslar
Parking en Goslar
Hildesheimerstrasse
38640 GOSLAR
- Parking gratuito situado a 1,5 km del centro de la ciudad, muy cerca de la
estación de trenes
- Suelo asfaltado y llano
Coordenadas GPS: N 51.91305 / E 10.42194 (N 51º 54’ 47’’ / E 10º 25’ 19’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Quedlinburg
- Estado: Sajonia-Anhalt (Alemania)
- Distrito: Harz
- Habitantes: 25.000
- Altitud: 123 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 51º47’ 00’’ / E 11º 08’ 31’’
- Temperatura el día de la llegada: 19ºC (19:00h)
Quedlinburg Sajonia-Anhalt
Presidida por un castillo medieval, perfectamente ideado para el
comienzo de una aventura de héroes y dragones, visitar
Quedlinburg es adentrarse en la explosión de frescura de una
ciudad que posee más de 770 edificios históricos, motivo por el
cual en 1994 la UNESCO la incluyó dentro de su catálogo de
ciudades Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Cuando el sol empieza a caer y el frescor de la tarde se torna peligroso, entramos al
parking de la Wipertistrasse de Quedlinburg. Al igual que en otros lugares que hemos
estado, este no es exclusivo de autocaravanas, más bien al contrario, es casi exclusivo de
coches. De las 8 plazas específicas para nuestros vehículos, tan sólo tres están
ocupadas.
Aparcamos junto a una vieja autocaravana Mercedes propiedad de un matrimonio alemán
encantador. Nada más llegar, y ante la dificultad de hacer funcionar el posted de la luz,
ambos se prestan a echarnos una mano sin necesidad de pedirlo. El setentón matrimonio
alemán formado por Frank y su esposa Vicky se deshacen en atenciones con nosotros.
Da gusto cruzarse en esta vida con gente así. Tras una breve charla con mezcla de
italiano y español, agradecemos su ayuda y les ofrecemos la nuestra por si llegara el
caso.
Nos cambiamos de ropa, nos ponemos a gusto y nos sentamos a contemplar el atardecer
rodeados de autocaravanas alemanas; en poco menos de media hora las cuatro plazas
que quedaban libres, han sido ocupadas. Los tonos de naranja y rojo intensos nos regalan
una de las postales más bellas de ese viaje.
Al acabar la cena, decidimos relajarnos. Pongo un CD de soul y mientras el sonido de la
música danza en mis oídos y el calor me arropa en la penumbra, me abandono al silencio
del resto del universo; es un instante en el que nada más parece existir.
Pasados unos minutos, mis párpados pesan como el plomo y se resisten al sueño. Mi
mirada, a través de una pequeña rendija del oscurecedor delantero, observa cautivada la
luz tenue de las farolas del exterior y cómo la luna es tapada por unos oscuros
nubarrones. La atmósfera de este momento es todo un privilegio; es calma total.
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Lugar de pernocta en Quedlinburg
Parking en Quedlinburg (Schlossparkplatz)
Wipertistrasse, 2
06484 QUEDLINBURG
Abierto todo el año.
Plazas para todo tipo de vehículos, todas asfaltadas. Hay 7-8 plazas específicas
para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 51.78720 / E 11.13450 (N 51º 47’ 14’’ / E 11º 08’ 04’’)
3€/24 horas
Si. De pago (0,50€)
Si. 1€/100 litros
No
Si. 1€/3 horas. No hagáis caso a la indicación que hay en el posted de luz de
1€/6 horas, en realidad a nosotros nos duró la mitad de tiempo.
Si
Si
No
A 600 metros.
Oficina de Información y Turismo de Quedlinburg
Markt, 2
06484 QUEDLINBURG
Teléfono: 3946/905624
Fax: 3946/905629
web: www.quedlinburg.de
e-mail: gtm@quedlinburg.de
Abierto: de 9:30h a 18:30h de lunes a viernes.
Sábados de 9:30h a 16:00h.
Domingos de 9:30h a 15.00h.
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Quedlinburg
Parking en Quedlinburg
An den Fischteichen
06484 QUEDLINBURG
- Parking de pago (5€/24 horas) situado a diez minutos a pie del centro de
la ciudad
- 6-7 plazas para autocaravanas
- Dispone de toma de luz (1€/6 horas)
Coordenadas GPS: N 51.79307 / E 11.14898 (N 51º 47’ 35’’ / E 11º 08’ 56’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 6º día
Kilómetros recorridos en la 6ª etapa: 99
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.532
Electricidad en el parking de Quedlinburg: 2€/6 horas
Datos anotados el jueves 13/8/2009
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CAPÍTULO 7 / Viernes 14 de agosto
(Quedlinburg – Dresden): 242 Km.
Mapa de Ruta
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Quedlinburg
Es viernes y amanece en Quedlinburg. La puerta y las ventanas de nuestra Challenger ya
no pueden contener al mañanero y característico olor a café que se extiende hacia las
autocaravanas vecinas. Nuestros vecinos alemanes miran con envidia, pero ellos ya han
desayunado hace bastante tiempo.
Aun con legañas en los ojos, y sincronizados para cumplir con el rito del desayuno, cada
uno elegimos en la mesa nuestro sitio de siempre.
Mientras la taza vaporea perfume de café, echo con mimo el azúcar, mojo una galleta
integral y me recreo con el olor del croissant adornado con mermelada de fresa. Mi boca
acaricia la taza y se vuelve dulce por momentos. ¡¡¡Qué gula, Dios!!!
Poco a poco, el salón de la autocaravana se va transformando en un gran comedor
familiar, donde los tres compartimos, entre amenas charlas o encendidos debates, las
primeras novedades del recién nacido día. Javi a lo suyo, siempre queriendo llevar la
razón de que Nadal es mejor que Federer. Inma a lo suyo, quiere hacernos creer que
debemos comer menos dulces. Yo a lo mío, les doy la razón a los dos, aunque crea que
no la lleven, así no discutimos.
Mientras tanto, afuera, nuestros vecinos a paso lento aprovechan la brisa matutina y se
ensamblan con naturalidad al fresco paisaje de la ciudad. Con sigilo se apropian de unas
calles que despiertan con 15 heladores grados de temperatura. Es viernes y el día
comienza en Quedlinburg.
Por cierto, y antes de que se me olvide, no hagáis caso a la indicación que hay en el
posted de luz de 1€/6 horas, en realidad a nosotros nos ha durado la mitad de tiempo,
tenedlo en cuenta a la hora de alimentar de euros la maquinita.
Cargados con nuestras guías y cámaras de fotos, salimos de la autocaravana con la
bendición de la señora Vicky, nuestra simpatiquísima vecina alemana que nos ha
proporcionado planos e información de la ciudad. Con el sabor de boca de las ricas
galletitas de mantequilla que nos ofrece para reponer fuerzas, salimos del parking
sintiendo el aire fresco de la mañana.
Presidida por un castillo medieval, perfectamente ideado para el comienzo de una
aventura de héroes y dragones, nos adentramos en la explosión de frescura de
Quedlinburg, una ciudad que posee más de 770 edificios históricos, motivo por el cual en
1994 la UNESCO la incluyó dentro de su catálogo de ciudades Patrimonio Cultural de la
Humanidad.
En poco menos de diez minutos, y atravesando las calles adoquinadas del centro,
llegamos a una de las calles principales que desembocan en la Marktplatz. Mientras nos
aproximamos a ella, nos da la sensación de que este es un pueblo de ambiente tranquilo,
contagioso. Llegas y no quieres irte. Es un lugar increíble, lleno de vida. Sus calles
angostas acompañan el típico estilo alemán de casas de entramado de madera. Parece
un lugar con cierta mística, tal inspirado por la serenidad que se percibe.
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Comenzamos la visita en la bellísima Marktplatz, donde está el ornamentado
ayuntamiento. Es suntuoso, de otra época. Posee una bonita portada sobre la que está el
escudo de armas de la ciudad. La hiedra cubre la casi totalidad de la fachada salvo las
puertas y ventanas del edificio.
Nos perdemos por en las calles adyacentes a la Marktplatz; recorremos sus alrededores y
le agregamos más capítulos a la historia de este maravilloso viaje. Caminando sin rumbo
encontramos postales fotográficas sorprendentes. Esta ciudad, que gozó de prosperidad
en la Edad Media por su vocación comercial, es hoy en día un notable ejemplo de urbe de
aires medievales con su conjunto de casas de entramado de madera y monumentos
excepcional.
Ahora toca la subida al castillo, donde las calles son tan estrechas y en pendiente que
transitarlas es toda una aventura aunque no peligrosa. En la bifurcación de la calle
Finkenherd, o pasan los coches o pasa tú. Generalmente los coches. Calles adoquinadas
y casas de entramado de madera enmarcan el escenario de la colina del castillo. El paso
lento que las calles y las aceras de adoquín te obliga a dar, favorece a que contemples el
espectáculo en perfecta armonía. Faroles antiguos, tejas rojas, ventanas y puertas de
madera conservan el típico estilo de arquitectura alemana.
Entre las casas de entramado, en lo alto de la colina, asoman altivas las torres de la
Iglesia Colegial, un templo adosado al Castillo que está compuesto de tres naves y que
forma parte de una de las grandes construcciones religiosas de estilo románico en
Alemania. Alberga en su interior los restos de Heinrich I y de su esposa, santa Matilde.
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Todo el barrio del castillo tiene sabor a viejo, tiene su encanto, mucho encanto. Sus
colores armonizan con el paisaje de alrededor y perderse entre sus calles es un ejercicio
que te traslada a su historia; estar aquí te deja una sensación de plenitud tal, que al
pasear lentamente por estas viejas calles adoquinadas el tiempo parece haberse
detenido.
En un postrero intento de hacer algo más llevadera la visita al castillo, decidimos reponer
líquidos en uno de los pocos bares que encontramos en el barrio. Reponemos algo más
que líquidos y, tras hacer las compras de rigor damos por finalizada la visita a este
bellísimo y encantador pueblo alemán el cual os recomendamos sin lugar a dudas.
Salimos del parking de Quedlinburg a las 13:10h. A la salida de la ciudad compramos pan
y leche en un pequeño centro comercial y ponemos rumbo sureste. Después de una
treintena de kilómetros, cogemos la autopista A14 que ya no abandonaremos hasta 20
kilómetros antes de llegar a Dresden. En el camino, cargamos gasoil en Güsten y
aprovechamos para comer. Ya en la ciudad de Dresden, y tras visitar infructuosamente un
par de parking, optamos por un tercero que llevamos metido en el navegador y que está
algo más retirado. Nos cambiamos de ropa y nos vamos a visitar una de las maravillas de
la antigua RDA: Dresden.
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Dresden (Dresde)
- Estado: Sajonia (Alemania)
- Región: Dresden
- Distrito: Dresden
- Habitantes: 512.000
- Altitud: 114 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 51º03’ 03’’ / E 13º 44’ 00’’
- Temperatura el día de la llegada: 25ºC (17:30h)
Dresden Sajonia
Hay lugares que impactan por la belleza de sus paisajes, otros por
sus atractivos culturales o por sus gentes y otros por algún
acontecimiento que los ha inmortalizado para siempre. Hay lugares
que te atrapan y acabas por adoptarlos. Hay lugares donde los
recuerdos perduran en la memoria de por vida. Hay lugares que
poseen todo eso. Hay lugares en el mundo como Dresden,
posiblemente, la ciudad alemana más bella.
No es necesario que la nombren una de las siete maravillas del mundo moderno para que
Dresden sugiriera su magnificencia, su espectacularidad, su riqueza ancestral. Hemos
visitado muchas ciudades y pueblos alemanes pero ninguna como esta, Dresden es
distinta. No es extraño que os contemos lo maravillosa que es esta ciudad ya que la
UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 2004, título de la que fue desposeída
el pasado 24 de junio de 2009 después de tres años de batalla. La UNESCO decidió
expulsar a Dresden por ignorar las objeciones a la construcción de un puente de cuatro
carriles sobre el río Elba que dañaría irreversiblemente las vistas. A pesar de eso, del
dañino puente, estoy convencido que Dresden os encantará.
Bordeando el Elba por un camino peatonal paralelo a la Terrassenufer llegamos a la
Theaterplatz. Las fiestas de la ciudad nos dan la bienvenida.
Cualquier viajero que visite una ciudad en fiestas, no debería dejar pasar la oportunidad
de disfrutar de ellas. Diría incluso, si el tiempo de estancia en el lugar se lo permite, que lo
hiciese sin prisas, pausadamente, observando, sintiendo y asimilando todo lo que vaya
encontrando en su camino. Y este consejo que os doy, si se me permite la licencia, es lo
que hacemos nosotros nada más poner los pies en esta increíble y hermosísima ciudad.
Para no andar perdiendo el tiempo, y como el hambre aprieta, con requiebros, fintas, y
mucho esfuerzo conseguimos llegar a un pequeño puestecillo de deliciosas salchichas
alemanas servidas por un curioso personaje típicamente alemán. El buen hombre luce un
sombrero de paja tipo Panamá Jack que le confiere un tono distinguido. Viste camisa
verde y un pantalón rojo como la muleta de un torero que le llega a las rodillas. Sandalias
marrones y calcetines blancos… muy “guiri”.
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Nos sentamos en una de las mesas del chiringuito, nos conversamos unas cervezas (para
Javi una Coca-Cola) y nos comemos unas Currywurst deliciosas a más no poder. Una
hora después, al levantarnos para salir de allí, no sé si han sido más de dos o tres
cervezas, pero nos las hemos conversado. Inma no sabe si ve doble o es que las gafas
están sucias… Hemos hablado de lo humano y de lo divino (de esto último menos porque
no tenemos mucha idea): lo hemos pasado bien. Posiblemente a los tres nos apetecería
quedarnos un poco más, porque Inma y yo estamos, como dice la canción de Ketama,
“muy agustito”, pero el sentido común, la sensatez, los años y nuestras ganas de ver la
ciudad, nos han dicho que más vale una retirada a tiempo que levantarse al día siguiente
simulando que piensas, cuando en realidad tienes un dolor de pelota y un mal cuerpo del
copón. No queremos un día de esos en los que el cerebro está aparcado por culpa de
unas cervezas. No es bonito.
Para bajar un poco los grados alcohólicos, nos pateamos los alrededores de la
Frauenkirche. En las calles del centro histórico, las terrazas de los restaurantes y las
cervecerías rebosan sonrisas. La gente cena en grupo y bebe cerveza en jarras de litro.
Resulta curioso ver cómo tres músicos sudamericanos pululan por las mesas cantando y
tocando canciones populares alemanas. Están en fiestas y vale todo. En alguna mesa, la
de bolsillos calientes y calderilla de papel, permanecen más tiempo y atienden las
peticiones de los comensales. Alguno les pide que toquen esta o aquella canción. Imagino
que dirán, ¿te sabes la de...? Y éstos la tocan para contentar al cliente. Al final todos
desafinan en armonía convirtiendo el restaurante en un improvisado karaoke donde
hombres y mujeres van elevando el tono de voz a medida que se vacían las jarras de
Paulaner München.
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En el escenario de la Theaterplatz, la orquesta suena sin parar. Llevan casi dos horas y
tal vez un bis, y otro. Los más tímidos disfrutan sentados en el suelo sujetando grandes
jarras de cerveza. Los más lanzados, bailan y saltan haciendo volar por los aires la
cerveza de sus jarras. Y es que cuando hay convocatoria popular, la música no distingue
de estados de ánimo.
Para llevarnos un recuerdo de estas fiestas, pedimos unas cervezas y nos quedamos con
las jarras. Cerveza de medio litro+jarra= 3€. Ocuparán un lugar preferente en casa, al
tiempo.
A las 21:30h volvemos sin prisa a la autocaravana. A mitad de camino hacemos una
parada para fotografiar el Skyline de Dresde de noche. Pura maravilla. A lo lejos aun se
escucha el son de la música, sólo hay que saber seguirlo.
Bajo la luna forastera de Dresden, espío el horizonte, respiro profundamente y me doy un
hasta mañana más contento que de costumbre.
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Lugar de pernocta en Dresden
Parking en Dresden
Pieschener Allee
DRESDEN
Parking libre junto al río. Muchas plazas aunque no delimitadas. Muy oscuro por
la noche pero muy tranquilo. Suelo adoquinado y de tierra.
Coordenadas GPS: N 51.06280 / E 13.72978 (N 51º 03’ 46’’ / E 13º 43’ 47’’)
Gratuito
No
No
No
No
No
No
No
A 800 metros.
Oficina de Información y Turismo de Dresden
Pragerstrasse, 2b
01069 DRESDEN
Teléfono: 351/50160160
Fax: 351/50160166
web: www.dresden.de
e-mail: info@dresden.de
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Dresden
Parking en Dresden
Zinzendorfstrasse, 7
01462 DRESDEN
- Parking de pago (14€/24 horas) situado a 1,5 km del centro de la ciudad, a
unos 10’ a pie
- Suelo asfaltado y llano situado en una zona rodeada de jardines
- Muchas plazas de aparcamiento
- Grifo para carga de agua potable (1€)
- Vaciado de aguas grises y del WC químico (1€)
- Dispone de electricidad de pago (1,50€)
Coordenadas GPS: N 51.04429 / E 13.74297 (N 51º 02’ 39’’ / E 13º 44’ 34’’)
Parking en Dresden
Wiesentorstrasse (Junto al Finanzministerium)
01097 DRESDEN
- Parking de pago (14€/24 horas) situado a cinco minutos andando del
centro de la ciudad
- Suelo asfaltado y llano. Zona arbolada
- Unas 40 plazas de aparcamiento
- Grifo para carga de agua potable
- Vaciado de aguas grises y del WC químico
- Dispone de electricidad de pago (5€)
En nuestra visita, este parking estaba ocupado por las atracciones de la feria de
Dresden.
Coordenadas GPS: N 51.05678 / E 13.74315 (N 51º 03’ 24’’ / E 13º 44’ 35’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 7º día
Kilómetros recorridos en la 7ª etapa: 242
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.774
Parking de Quedlinburg: 3€
Llenado depósito de agua en el parking de Quedlinburg: 1€/100 litros
Gas-oil en Güsten: 84,25€ (73,97 litros a 1,14€/L)
Datos anotados el viernes 14/8/2009
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CAPÍTULO 8 / Sábado 15 de agosto
(Dresden – Praga): 159 Km.
Mapa de Ruta
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Dresden (Dresde)
Es sábado y todo vuelve a empezar. La cama no nos suelta, aun tenemos la mini-resaca
de las cervezas de anoche. El café humeante y los croissants hacen de compañeros en
este tempranero despertar.
Las calles de Dresden han amanecido con la resaca de un día de fiesta, cansadas, y casi
vacías. Hasta las pocas palomas de la Theaterplatz parecen estar descansando por lo
ociosas que están. Nos adentramos en el centro histórico de Dresden y casi todos los
comercios están cerrados. Apenas algunos viandantes se dejan ver por los alrededores
de la Frauenkirche (La Iglesia de Nuestra Señora). Una pareja que mira golosa un puesto
donde venden Donuts de fresa; un borracho tardío en busca de su último trago de ayer;
un tipo vestido estrafalariamente con una chaqueta verde llena de medallas que lleva un
paraguas y lo exhibe sin abrir; un trío de policías que fuman relajados sabiendo que la
mañana será tranquila. No huele, como anoche, a pasteles recién hechos, a almendras
garrapiñadas, a salchichas a la brasa, a patatas con kétchup, a furtivos aromas de carne a
la brasa; y la música, que anoche nos acompañaba, hoy es sólo percusión de nuestras
pisadas.
Abrimos la caja de la memoria y paseando por las calles de Dresden nos transportamos a
los dolorosos tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Pensar que hace algo más de seis
décadas el 90% de lo que vemos era escombro, impresiona.
Las minuciosas y detalladas reconstrucciones llevadas a cabo tras la guerra no ocultan
por completo las secuelas dejadas por los terribles bombardeos que sufrió la ciudad.
Cada uno de los rincones de Dresden huele a historia, a una historia de demasiado
sufrimiento.
Bajo la perspectiva de mi cámara digital, parece oírse el ensordecedor sonido de los
bombarderos aliados surcando el cielo buscando el blanco donde descargar sus misiles,
los gritos de un padre impotente que ve desvanecerse la figura de su hijo a lo lejos, los de
una madre con el cuerpo inerte de su hijo entre sus brazos, los de un niño que llora sin
saber dónde ir…
Hace poco leí la terrible historia de esta ciudad en un blog de internet, era en
cuentayrazon, y en él se relataba lo ocurrido aquí hace 64 años. A mí me impresionó. A
continuación os dejo esta historia por si a vosotros os ocurre lo mismo; es para
reflexionar.
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ADVERTENCIA: Lo que vais a leer a continuación es el capítulo
del relato dedicado al bombardeo que sufrió la ciudad de Dresden
durante la Segunda Guerra Mundial. Está íntegramente extraído
del blog www.cuentayrazon.org. La historia de este terrible acto
queda reflejada en las siguientes páginas. La dureza de muchas de
sus fotografías y de algunas partes del texto, puede herir la
sensibilidad del lector, por lo que, si sois personas muy
impresionables, sería mejor que os saltarais esta parte. Es, si se
me permite, un consejo, sólo eso.
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La masacre olvidada de Dresden
Una de las acciones bélicas más cruentas de la interminable relación de atrocidades que
el ser humano ha sido capaz de cometer contra sus semejantes: el bombardeo de
Dresden. La cifra oficial de muertos oscila entre 120.000 y 150.000 personas, más que las
que perecieron bajo las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Y lo peor de este
horror ha sido la losa de silencio con la que los dirigentes aliados de la Segunda Guerra
Mundial, incluidos los de la Unión Soviética, sepultaron este holocausto.
Durante más de un cuarto de siglo la inmensa mayoría de los alemanes sólo conoció el
bombardeo de Dresden a través de su leyenda. Ninguna investigación, si se hizo, vio
jamás la luz pública. Todo lo más, allá por la década de los sesenta, se publicó una
novela de corte surrealista, Slaughterhouse-Five (Matadero 5), del alemán Kurt Vonnegut:
es una historia vibrante y dolorosa, contada desde la perspectiva de un prisionero de
guerra que compartió la trágica destrucción de la ciudad; no obstante, la narración
contiene una gran dosis de ficción. Para el resto del mundo, sendos libros de David Irving
y Alexander McKee bastaron para narrar el catastrófico bombardeo.
¿Pero cuáles fueron las razones que llevaron al mando conjunto aliado a pulverizar la
ciudad de Dresden? Todo parece apuntar a una serie de variables que, conjugadas en las
circunstancias que en aquel momento marcaba la evolución de la guerra contra el Tercer
Reich, determinó la elección de Dresden como objetivo esencial para dar un golpe de
timón al conflicto armado. Además, los líderes aliados le habían prometido a Stalin la
destrucción de Dresden, y se conjuraron para hacer toda una demostración del inmenso
poder de destrucción que poseían. Veamos.
Dresden, situada al nordeste de Alemania, era una hermosa ciudad sajona atravesada por
el río Elba. La urbe estaba fuera del mapa de los objetivos estratégicos del ejército nazi.
Sus cerca de 750.000 habitantes vivían en aquellos días principalmente preocupados por
la proximidad del frente soviético. La población juvenil había aumentado notoriamente en
las últimas semanas, al haber sido trasladada a dicha ciudad de diferentes lugares por las
autoridades germanas. También hacía poco que se habían estacionados allí a 26.000
prisioneros aliados, amén de grandes contingentes de refugiados y heridos alemanes
provenientes de zonas en retirada. Y desde el punto de vista militar, Dresden carecía de
defensas importantes, ya que habían sido enviadas a otros puntos neurálgicos. Por tanto,
Dresden era una ciudad desvalida, sin ningún interés estratégico militar e industrial, que
discurría ensimismada en su nostalgia histórica, como gran urbe cultural y refinada que
fuera en otro tiempo.
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Martes de carnaval
El 13 de febrero de 1945, martes de carnaval, estaba a punto de acabarse. A las diez
horas y nueve minutos de la noche, las emisoras de radio alemanas interrumpieron sus
emisiones por el toque del péndulo que se usaba para anunciar un ataque aéreo. Todo el
mundo en Dresden pensó, como tantas otras veces, que se trataba de un ataque más a
algún centro industrial del país. Se equivocaron por primera vez. Un reducido número de
aviones de la RAF, del tipo Mosquito, irrumpió en el cielo de la ciudad guiado por el nuevo
sistema de navegación Loran. Los nueve aeroplanos se dedicaron a marcar con
indicadores rojos los límites de la ciudad y a iluminarla con bengalas de magnesio
lanzadas en paracaídas. Sin tiempo para respirar, apenas pasados seis minutos,
comenzó la lluvia de muerte arrojada por la primera oleada de 245 bombarderos
británicos Lancaster. Sólo algunas baterías antiaéreas aisladas intentaron
infructuosamente, desde las afueras de Dresden, contener el ataque. El único avión
derribado lo fue por la explosión de una de las bombas lanzadas por encima de él.
Un cuarto de hora después de iniciado el bombardeo, terminó lo que hubiera sido
suficiente para cualquier objetivo militar: miles de casas, hospitales, escuelas y estaciones
de tren convertidas en centros de refugiados, quedaron reducidos a escombros; las calles
destrozadas e inundadas por la rotura de las tuberías de suministro de agua; postes de
teléfonos y de alumbrado público tumbados; edificios desnudos devorados por el fuego;
humo, polvo, escombros, y de entre este horror surgía un mar de gritos, lamentos y
desolación. Según el testimonio de algunos pilotos, el humo y el fuego se veían desde
150 kilómetros de distancia.
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El segundo ataque
Pero la pesadilla no había hecho más que comenzar. A la una y media de la madrugada
del día 14, cuando nada lo hacía presagiar, surgió del cielo la segunda oleada de
bombarderos. La sorpresa de los sobrevivientes y socorristas que acudieron desde otras
poblaciones cercanas, se transformó en pocos minutos en miedo pavoroso. La falta de
electricidad impidió que sonaran las alarmas. Otros 550 aviones Lancaster, Liberators y B-
17, precedidos de los aviones iluminadores, señalaron la ruta para lanzar las bombas
incendiarias. Esta vez, el resplandor de la ciudad en llamas era visible desde más de 300
kilómetros de distancia. Y para más inri, los 18 aviones alemanes de caza nocturna en
alerta a pocos kilómetros, no llegaron a despegar por falta de combustible y problemas en
las comunicaciones, pues la aviación inglesa se encargó de interferir sus sistemas.
En los dos ataques aliados intervinieron 1.400 aviones, que lanzaron un total de 1.477
toneladas de bombas explosivas, incluyendo 529 bombas de 2 toneladas y una de 4
toneladas; en cuanto a las incendiarias, fueron 650.000 bombas, con un peso de 1.181
toneladas. Todo un derroche para una ciudad repleta de civiles.
Entre tanto, Dresden vivía el apocalipsis: los incendios devoraban las entrañas de la
ciudad, vomitando fuego al cielo como si quisiera devolverle la ofrenda de muerte recién
recibida. En el Imperial War Museum de Londres se guarda una película que muestra,
durante 10 minutos, cómo el avión con la cámara da vueltas por la ciudad sin recibir
ningún tipo de oposición: no hay reflectores, ni fuego antiaéreo, ni cazas interceptadores.
No se ve nada más que fuego y destrucción. La proterva ciudad de Dresden, de estirpe y
noble prosapia, estaba siendo reducida a cenizas; se había convertido en un infierno en el
que ardían decenas de miles de seres humanos.
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Noche interminable
Cuando la luz del día se abrió paso, el socorro aprestado se manifestó impotente para
atender a las víctimas de la tragedia. No había agua, ni alimentos, ni medicinas
suficientes. Pero el designio humano aún tenía por delante la última prueba. Pasados
doce minutos del mediodía, del miércoles 14 de febrero, una nueva oleada de 1.350
aviones norteamericanos, esta vez Liberators y B-17, estremeció de nuevo el cielo de
Dresden, dando paso a otra tormenta de bombas con la que castigar a la agónica ciudad.
El huracán de fuego que se desató y las ráfagas de viento a miles de grados de
temperatura, mató a más personas que las propias bombas. Los edificios que aún
permanecían en pie eran baluartes inertes sobresaliendo entre un océano de escombros y
ruinas. Y como los cazas aliados P-51 de protección no tenían oposición, aprovecharon la
ocasión para ametrallar a los sobrevivientes que escapaban de aquel infierno, corriendo
por las calles destrozadas, así como a las ambulancias, carros de bomberos, carretas,
automóviles y cualquier otra cosa que se moviera en tierra.
En este tercer ataque, los bombarderos aliados arrojaron 475 toneladas de explosivos de
alta potencia y 296 toneladas de incendiarias, en paquetes y racimos. Tampoco en esta
oportunidad los cazas alemanes pudieron hacer nada, puesto que el grupo próximo a
Dresden era de caza nocturna y durante el día no estuvo en servicio.
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Un país sin memoria
Desgraciadamente en Alemania no existen estadísticas ni archivos de todo lo que ocurrió
en aquellas largas horas. Sí se sabe que de la compañía de bomberos de Bad Schandau,
ciudad próxima a Dresden, no quedó un solo bombero vivo que pudiera contar lo ocurrido.
En los días siguientes, cuadrillas de socorro se encargaron de dar sepultura en fosas
comunes a los cuerpos mutilados y quemados, envueltos en papel periódico en el mejor
de los casos. El día 6 de marzo apenas se había logrado identificar a 40.000 cadáveres.
Durante semanas, ya entrada la primavera, el hedor de la ciudad acordonada se percibía
desde kilómetros de distancia. Algunos soldados manifestaron haber visto enormes ratas
que se alimentaban entre los escombros; incluso se dijo que animales de un circo, cuyas
jaulas fueron reventadas durante los bombardeos, vivían entre las ruinas alimentándose
de restos humanos.
Pero volviendo a la pregunta inicial, de por qué se eligió Dresden para bombardearla, se
sabe que durante los interrogatorios del mando aliado a las tripulaciones, éstas, al darse
cuenta de lo que acababan de hacer, se hacían las mismas preguntas: ¿Por qué tuvieron
que volar tan lejos para atacar un objetivo sin importancia? ¿Es que los rusos no podían
ellos mismos atacar la ciudad, si era tan vital para sus operaciones? Para calmar los
ánimos, los oficiales de Estado Mayor les respondieron con múltiples patrañas, como que
en Dresden se encontraba el Cuartel General del Ejército alemán, también el de la
Gestapo, que existían depósitos y fábricas de armas, que era un centro industrial de
instrumentos de precisión, o que había fábricas de municiones y hasta una planta de
fabricación de gas venenoso.
Como se puede comprobar, una vez más, las mentiras para justificar la guerra es una
constante en la Historia de la Humanidad. El caso de Dresden representa un hito más de
los muchos en los que se evidencia que los gobernantes, una vez decididos a hacer la
guerra, terminan sucumbiendo ante sus propios halcones, que no escatiman en esfuerzo
para llevar sus malas artes a la máxima expresión: victoria a cualquier precio.
Afortunadamente, hoy en día las sociedades democráticas tienen mayores y mejores
medios de control del uso de la fuerza. Pero los excesos en los escenarios en conflicto
continúan sucediéndose, aunque cada vez por menos tiempo.
El crimen contra la humanidad que se cometió en Dresden, en aquel mes de febrero de
1945, ha pasado inadvertido a la posteridad. Es hora de rescatarlo para nuestra memoria.
En necesario interiorizar este horrendo genocidio, pues nada justifica un uso de la fuerza
tan desproporcionado, aunque el enemigo sea del pelaje del nazismo. Los seres humanos
somos todos iguales, y vale tanto la vida de un civil de Gloucester como otro de Dresden.
Y el bombardeo de Dresden tuvo todos los ingredientes de un experimento radical. Sí; la
guerra terminó en Europa apenas tres meses después de aquel martes de carnaval.
También sabemos que ese fue el tiempo en que un totalitarismo tardó en ser sustituido
por otro, y que los democráticos aliados le hicieron el trabajo sucio a los nuevos señores.
Y lo peor es que ni siquiera hoy, cuando comienza a esclarecerse la verdad, alguien está
dispuesto a elevar una palabra de perdón, o una disculpa por aquel terrible crimen. Ni
siquiera las almas de las decenas de miles de muertos en aquel genocidio cuentan con el
consuelo de una oración, pues a los que sobrevivieron al horror les hicieron sordos para
siempre.
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Número incierto de muertos
* Un documento del Comité Internacional de la Cruz Roja, de 1946, decía que hubo
275.000 muertos. Este número no era el resultado de investigaciones propias, sino de
“informes” los cuales también contenían datos del ministerio de Joseph Goebbels que se
ha demostrado son falsos.
* El antiguo Jefe de Estado Mayor de Dresden, Eberhard Matthes, que entonces se
ocupaba de los trabajos de desescombro, desde 1992 pretende que hasta el 30 de abril
de 1945 habían sido completamente identificados 3.500 cuerpos, parcialmente
identificados 50.000, y no identificados 168.000. Y que en su presencia se le comunicó
esto a Adolfo Hitler en persona. Sobre nada de esto existe ningún documento escrito,
incluso se duda de que Hitler hubiera pedido tal información en el día de su suicidio.
* También enciclopedias de divulgación (Britannica, Bertelsmann, Brockhaus) y medios
impresos (Süddeutsche Zeitung, Die Welt, Frankfurter Allgemeine Zeitung) indicaron con
frecuencia cifras no verificadas, de entre 60.000 y 300.000 muertos.
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Racionalidad militar y crímenes de guerra
Frecuentemente se considera que los ataques aéreos sobre Dresden son un ejemplo
importante de conducta militar incorrecta de los Aliados, quienes a partir de 1945 se
habrían aplicado principalmente contra la población civil y ya no eran decisivos para el
final de la guerra. Como indicios de ello cabe citar los proyectos para dar un golpe de
aniquilación, y la elección de centros urbanos muy densamente poblados y que no tenían
grandes industrias. Se duda de que los ataques se dirigieran a las infraestructuras
militares principales de Dresden. Justamente lo contrario indicaba los lugares donde
cayeron marcadores de objetivos, la caída nocturna de bombas incendiarias en la Altstadt
y la circunstancia de que los aeropuertos, las fábricas y los cuarteles del norte de la
ciudad resultaron mucho menos dañados. Además se alega que Dresden carecía de
interés militar y de defensas.
El obispo anglicano George Bell declaró en la Cámara Alta en febrero de 1943, de manera
vehemente y repetida, que los bombardeos de ciudades por los británicos infringían las
leyes internacionales, amenazaban los fundamentos éticos de la civilización occidental y
destruían las posibilidades de una futura reconciliación con los alemanes. Con él sólo se
alinearon dos representantes laboristas en la Cámara de los Comunes, que se opusieron
a los bombardeos de área.
© www.cuentayrazon.org
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Continuación de la visita
Visto y leído todo esto, uno se pregunta que tras la gran debacle que supuso esta
masacre, inexplicablemente hubiese supervivientes. Creo que todos ellos fueron hijos de
azar, y yo siempre me he preguntado cómo el azar elige a sus salvados…
Ahora, cuando rodeamos la Frauenkirche de Dresden, no puedo dejar de mirar y pensar
en la historia labrada a tiros y bombas en estos muros, en estas fachadas, en lo mucho
que habría significado en la vida de algunas personas y que otras, como yo, ni siquiera
supiéramos de su existencia antes de llegar aquí. Es curiosa la vida, y cruel, por qué no
decirlo, lo que para unos puede significar todo, para los otros, simplemente, no existe.
Recordemos que, en medio de una
desbordada alegría, en octubre de
2005 y tras diez años de trabajos, la
Frauenkirche fue consagrada en el
mismo lugar céntrico donde habían
permanecido durante casi cincuenta
años, como monumento
conmemorativo, las ruinas de esta
iglesia barroca. El rescate, que
comenzó como iniciativa de un
pequeño grupo de entusiasmados
partidarios de la reconstrucción, llegó
a convertirse en un acontecimiento
mediático con resonancia mundial.
Esta obra maestra del barroco
europeo, fue meticulosamente
reconstruida, piedra a piedra, tras la
reunificación de las dos Alemanias en
1989. Usando los documentos que
sobrevivieron al bombardeo, la iglesia
se restauró idéntica a la original. La
única excepción fue el nuevo órgano
que se colocó donde estaba el
antiguo. Casi la mitad de las antiguas
piedras, ennegrecidas por el paso de
los siglos, se incorporaron al nuevo edificio para hacer un maravilloso contraste con las
piedras nuevas. Un hijo del soldado que dejó caer la bomba sobre la Frauenkirche, y que
es un prestigioso orfebre londinense, fue el encargado de diseñar la nueva cruz de la
cúspide.
Son casi las doce del mediodía y entramos por fin en la Frauenkirche. Nos impresiona su
interior de un blanco radiante. A estas horas, la misa ha terminado. Haya muchos
visitantes o no, grupos de chinos o de japoneses acelerados, todo parece moverse
lentamente dentro de sus muros. Es un lugar donde se pueden escuchar los silencios
porque quien entra aquí empieza viendo, y acaba interiorizando. No es una catedral al
uso, no es para disfrutar, no es para sólo ver, es lugar para sentarse y reflexionar
mientras tu imaginación escucha el dolor de la impotencia.
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Es una catedral para comprender y rendir homenaje a todos los inocentes que perdieron
su vida sin razón alguna. Sinrazón que debemos recordar siempre, independientemente
de las fechas o de las ideologías de cada uno.
Al salir de la iglesia, la mañana ha avanzado inexorablemente, ya son las 12:15h y las
terrazas de los garitos de feria permanecen semivacías. El olor a frescor matutino aún no
ha sido “contaminado” por las brasas incandescentes de las barbacoas renegridas por el
carbón vegetal. Los últimos noctámbulos, agotados por una noche movida, siguen
vagando camino de su último trago antes de que les abata el sol.
En la Theaterplatz se dan cita los primeros lugareños enfundados en su traje típico tirolés.
Estos curiosos personajes, son muy habituales en las mañanas de fiesta germana, ya los
hemos visto por varias ciudades en nuestros últimos viajes.
Poco a poco, en la plaza, se van congregando esos enormes grupos de colegas que tanto
se ven por estas tierras, con sus viejos padres, sus viejas madres, sus niños y las
bicicletas de los niños que tanto joden cuando tropiezas con ellas. Van llegando
intermitentes y van tomando un espacio que no dejarán al menos durante las doce
siguientes horas, bien en el centro de la plaza, bien a media distancia de las barras de los
bares. Piden jarras de cervezas de cinco en cinco, de quince en quince, de veinte en
veinte. Los barriles duran lo que dura la sed del grupo de amigos. Observo que a medida
que va creciendo el grupo se organiza un bote que imagino irá mermando y
restaurándose hasta que la tribu germánica se disgregue a lo largo del día.
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Tras dar un paseo por los jardines del bellísimo Zwinger Palace (no os lo perdáis por nada
del mundo), un aroma a carne a la brasa asoma al pasar por el pórtico de su fachada
tentando al paladar, incitando a abandonarse en el primer kiosco que deje un hueco en
las mesas o en la barra. Al llegar al meollo de la feria, el calor se ha instalado en la
mañana. Las terrazas están llenas, así que echamos un vistazo y examinamos varios
“chiringuitos” antes de decidir sentarnos en uno, que resulta ser el que más vacío y
tranquilo parece. Acodado en la barra, pido dos cervezas (esta vez sin alcohol, hay que
conducir), una Coca-Cola, tres bocatas de lomo de cerdo y miró un televisor que
retransmite un concurso de arrastre de camiones con la boca; los aquí presentes
aplauden al vencedor cuando pasa la línea de meta. Extraños deportes los de estos
alemanes.
Tras un sorbo de cerveza, devoro con gula el bocata como el que lleva sin comer una
semana. Qué bien sabe un sencillo bocadillo cuando se degusta tranquilo y feliz.
Pido otras dos cervezas de nuevo sin alcohol (me vuelven a mirar con cara extraña), esta
vez acompañadas de unas salchichas a la brasa que me transportan a una noche de
bares repletos en los que chocan las jarras, de cuerpos en empujones donde cuesta
entender las palabras y donde la algarabía de esta particular forma de celebrar las fiestas
de los alemanes puede descolocar a cualquiera que no haya visitado estas tierras. Me
recuerdan a noche de viernes del año 74 cuando mis padres y sus amigos se reunían en
Wetzlar para celebrar el fin de semana, bares que olían a fiesta española, a fiesta
emigrante; y a cerveza, y a Manolo Escobar: una borrachera de los sentidos que invita, de
cuando en cuando, a alejarse y refugiarse en otros placeres y otras instantáneas, aunque
sean en blanco y negro.
Al apurar el último sorbo de cerveza, intento encontrarle una explicación a lo vivido; pero
creo que es mejor seguir nuestra particular procesión hasta el siguiente bar donde nos
esperan unas fantásticas chuletas a la brasa: estoy seguro que siempre se me escaparía
algo.
Una última vuelta por las ya atestadas calles del centro y decidimos que la fiesta ha
terminado para nosotros.
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Atenazados por la ansiedad de visitar Praga con la previsible marabunta de turistas, que
como nosotros, asisten a un lugar mágico, abandonamos Dresden por la
Könneritzstrasse. Aquí, Dresden deja atrás su imagen de tarjeta postal. Ya no es la ciudad
de algarabía y fiesta, de los edificios emblemáticos, ni la que diariamente invaden miles
de extranjeros. Aquí Dresden es el albergue de numerosas fábricas, empresas de
transportes, talleres mecánicos, casas con jardín y hospitales. El rugir de los automóviles
y el traqueteo de los trenes hacia la Bahnhof es sólo un fastidio momentáneo; en minutos,
la avenida se convierte en un desierto y cruzarla no resulta un reto. Y qué decir si al
silencio del asfalto se le suma el de las casitas bajas cubiertas de verdes enredaderas: se
detiene el tiempo. Afortunadamente, aquí no ha llegado el descontrol inmobiliario que
tenemos en España, ese descontrol que es el causante de la aniquilación de gran parte
de la identidad y del patrimonio de nuestros pueblos y ciudades, y que no duda en
demoler reliquias arquitectónicas para dar paso a elevadas torres monocolor, a filas y filas
de chalets adosados y a construcciones imposibles y desmesuradas que amenazan con
devorarnos por momentos.
Pero vamos, que ya todo es recuerdo, imborrable, eso sí. Imborrable porque Dresden es,
posiblemente, una de las ciudades más fascinantes que hemos visto jamás. Nos vamos
impresionados con su belleza, con su ambiente, con su tranquilidad.
Ya de camino a la República Checa, y mientras devoro kilómetros, conjeturo sobre lo que
allí nos vamos a encontrar y cuál va a ser nuestra reacción ante las diferentes
experiencias que nos aguardan. ¿Nos gustará, nos decepcionará? Intuyo que será lo
primero.
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Por cierto, y antes de que se me olvide. Nada más pisar suelo checo hay que comprar la
Vigneta para poder circular por las autopistas del país. No hacerlo supone una multa de
padre y muy señor mío, y por aquí no se andan con pequeñeces. El aviso para comprar la
pegatina está perfectamente indicado con grandes carteles y no hay posibilidad de no
verlos, salvo que uno no los quiera ver, pero eso es otra historia, cada uno que valore
correr sus riesgos.
Nada más pasar la “frontera” apartaos a la derecha y veréis un enorme parking con
camiones, autocaravanas, autobuses, coches… También veréis una caseta donde está el
despacho de tickets/Vignetas. Allí, una amable señorita os dispensará la pegatina para
pegarla en el parabrisas de la autocaravana. Se puede pagar en Coronas Checas o en
Euros. Nosotros lo hacemos en Coronas para ir gastando las que traemos de España. El
precio de la Vigneta para 7 días es de 225 Kč, al cambio unos 9€, pero también las hay
para más tiempo. Antes de pegarla, hay que poner en un recuadro el número de la
matrícula de nuestro vehículo, por lo que hay que llevar un bolígrafo a mano. Una vez
hecho esto, ya podemos adherir la pegatina al cristal.
Hecho esto, seguimos la marcha por la autopista que nos llevará a Praga, pero cuál es
nuestra sorpresa que, a mitad de camino, la autopista se queda en un solo carril, y lo que
era una maravillosa, solitaria y aburrida vía que nos traía de Dresden, se convierte en una
transitada y entretenida carretera de tercera llena de curvas. Lo bueno es que no son más
de 30 kilómetros, pero se hacen muy pesados por el gran tránsito de camiones, por su
lentitud y porque prácticamente es imposible adelantar. Para que os hagáis una idea, en
recorrer los 30 kilómetros tardamos casi tres cuartos de hora. Confiad en que cuando
paséis vosotros por aquí, no tendréis la mala suerte que hemos tenido nosotros.
A las 16:00h en punto entramos al Camping Sokol-Troja de Praga, sin perdernos, sin
retrasos; el TomTom hace maravillas. Si hubiese que llegar a este recóndito lugar sin él,
otro gallo hubiese cantado.
Y la verdad es que nuestra intención no era alojarnos en este camping, si no en el que
hay a escasos cincuenta metros antes, en el Auto-Camp Trojská, del que traemos muy
buenas referencias. Para nuestra desgracia, está completo. Como también traemos las
coordenadas del Sokol, a él entramos y en él encontramos acomodo. Sólo les quedan dos
parcelas, por lo que hay poco donde elegir. Justo enfrente de la recepción, está una de
ellas, y para no andar perdiendo mucho tiempo, allí nos metemos. Hay poca sombra pero
no vamos a estar aquí durante el día.
Damos una vuelta rápida para ver los servicios del camping, nos enchufamos a la red
eléctrica, sacamos los billetes del tranvía en la propia recepción y junto a otra pareja de
españoles nos damos un paseíto de unos diez minutos hasta llegar a la estación de
tranvía Trojská. Y así comienza nuestra visita a Praga, subidos en el tranvía número 17
un sábado 15 de agosto de 2009, ¿nos acompañáis?
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Praga
- País: República Checa
- Región: Bohemia Central
- Habitantes: 1.200.000
- Altitud: 191 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 50º05’ 16’’ / E 14º 25’ 13’’
- Temperatura el día de la llegada: 28ºC (16:00h)
- Cambio de Coronas Checas a Euros a fecha 15/8/09: 1€=25 Kč aprox.
Praga
Praga debe ser uno de los destinos turísticos más anhelados del mundo.
Debe ser porque su imagen, su belleza arquitectónica, su historia y su
romanticismo lo hacen suspirar a uno como el que anhela algo deseado y
que no posee. Sólo pronunciar su nombre es imaginar un lugar mágico,
un lugar que algún día soñé visitar teniendo la certeza de que verla me
produciría un enorme deleite. Y así es, por suerte.
Praga es una de las ciudades del viaje de este año que más nos apetece conocer. Porque
esta ciudad tiene algo que te fija la mirada, que traspasa el papel de cualquier guía
transmitiendo una energía que se apodera por unos instantes de cuerpo y mente
trasladándote a una dimensión donde se entrecruzan los deseos, el placer y la curiosidad.
Es un destino imprescindible señalado en un sinfín de itinerarios, de rutas recomendadas.
Praga es una ciudad que inspira versos y prosas, musa de artistas, lugar que inunda de
emoción las bocas de los que describen el recuerdo de su visita. Praga, la bella Praga. La
ciudad que parece anclada en el tiempo, aislada de una contemporaneidad europea, pero
con siglos de historia muy presentes. Con estas premisas, se antojaba necesario un viaje
para comprobar con ojos vírgenes tales extremos. Y aquí estamos.
Antes de empezar la visita, situémonos. La ciudad se divide en dos zonas claramente
diferenciadas, es la separación natural que causa el Moldava (Vltava en checo), que
separa la zona del Castillo (Hradčany) y Malá Strana (Barrio de la Ciudad Pequeña) de la
zona de Staré Město (La Ciudad Vieja), Josefov (El Barrio Judío) y Nové Město (La
Ciudad Nueva).
Ya situados, bien vale decir que quien llega a Praga se siente, al menos por un día,
praguense hasta la médula, y nosotros ya estamos metidos en el papel. La estación de
Karlovy Lázně, la más cercana al Puente Carlos si se viaja en la línea 17 del tranvía, nos
da la bienvenida a esta ciudad de calles empedradas, de puentes centenarios, de castillos
fastuosos y de aroma a historia.
Cuando el tranvía 17 llega a la parada, Praga es algarabía estival. Praga es fiesta. Y la
fiesta está en el Puente Carlos, donde comenzamos nuestra visita.
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Karlův Most (Puente Carlos)
515 metros de largo, 10 metros de ancho, 16 arcos, dos torres en la orilla de Malá Strana,
barrio que da acceso al Castillo y una impresionante torre gótica que es la entrada al
barrio de Staré Město y que formaba parte de la antigua muralla que rodeaba Praga. Esas
son las frías cifras del puente más famoso de Praga y uno de los más bellos de Europa. Y
para añadir más números al asunto, sobre uno de los muros del puente, una cifra:
135797531. Este número capicúa es el resultante de unir las cifras del año en el que se
colocó la primera piedra, 1357; el día que se puso, 9; el mes, 7 y la hora, 5:31. Un vidente
de la época predijo que el puente debía ser construido a partir de esa fecha para que
trajese suerte. Ya se sabe que, por entonces, lo misterioso y lo real solían ir de la mano.
Cuando a comienzos de la Edad Media la Praga que nacía en el actual barrio de Staré
Město, y su Castillo empezaron a crecer independientemente, a los praguenses se les
presento un problema: el Moldava y su ancho cauce. La comunicación entre ambas orillas
era complicada, y se imponía por tanto la construcción de un puente que uniese ambos
barrios. De entonces nació el Puente Judith, pero casi cuatro siglos más tarde, en 1342,
una crecida del río se lo llevó por delante. Llegaba el momento de construir un nuevo
enlace pero tan sólido que resistiera la furia desatada del Moldava.
Para conseguir mayor solidez, cuenta una leyenda que los arquitectos encargados de la
obra pidieron a los praguenses que trajesen huevos para añadir la yema al mortero que
servía para unir los bloques de piedra; la finalidad no era otra que incrementar su
consistencia. De toda Bohemia llegaron toneladas de huevos para la obra, y también de
un pueblo que los mandó ¡¡¡duros!!! temiendo que durante su transporte hasta la capital
se rompiesen. Al parecer, hoy en día aun se comenta la anécdota entre los vecinos de
Praga.
Después de varias décadas, el puente pudo ser terminado gracias a su mecenas, el
Emperador Carlos IV, pero tanto se tardó en acabarlo que murió antes de ver finalizada su
obra. Llamado originalmente Kamenný Most (Puente de Piedra), varios siglos después, en
1870, para hacer justicia al empeño que puso su benefactor, la ciudad de Praga le puso
su nombre, pasando a llamarse desde entonces Karlův Most, o Puente de Carlos, como
es conocido por nosotros.
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Y a todo esto, hay que decir que se mantiene en pie a pesar de que durante siglos
soportó inundaciones, guerras y el incesante tráfico de vehículos sobre él. Como
curiosidad, baste decir que hasta hace pocos años circulaban coches y camiones, aunque
el bellísimo puente está prácticamente intacto gracias a la ingeniería medieval empleada
en su construcción.
Cuando lo pisamos por primera vez, y a estas alturas de tarde, el Puente Carlos es una
aventura de “Al filo de lo imposible”. Un enjambre de cuerpos ocupa cualquier rincón del
puente. Músicos sentados en el suelo, músicos tocando de pié, pintores al óleo sentados
en sillas del Decathlon, caricaturistas exagerando la papada de un orondo italiano que
sonríe ante la mirada de sus dos hijas, vendedores de cuadros falsificados, vendedores
de postales trucadas con el Photoshop (en verano no hay nieve en Praga, lo juro),
vendedores de sueños, de humo… También hay algún que otro mendigo (los menos)
tumbados en cualquier sitio donde no estorbar escondidos tras una cerveza Pilsner
Urquell, caza carteras apostados en cualquier rincón esperando poder birlarle la billetera
al fanfarrón que saca un billete de 500€ para comprar un “pongo” del Puente Carlos que
sólo vale 3€. Hay que tener cuidado de no pisar a nadie, de no tropezar con nadie, de que
no te roben la cartera, de que no te roben los sueños.
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La treintena de figuras religiosas que hay colocadas a ambos lados del puente, se
empezaron a montar en el siglo XVII, aunque no fue hasta el XVIII cuando se terminaron
de poner el resto. Las estatuas que aquí se pueden ver en la actualidad, y que los turistas
miramos embobados, son en realidad réplicas de las originales, las cuales están puestas
a buen recaudo en el Museo Nacional. Todas estas estatuas sirven para dotar al puente
de un aspecto un tanto místico, y hacen felices a todos aquellos que nos hacemos una
foto junto a ellas convencidos de hacerlo junto a una obra maestra de la escultura
bohemia. Javi e Inma desconocen esta parte de la historia y posan con vehemencia ante
la figura de San Juan de Nepomuceno, que dicho sea de paso, es la que se lleva la mayor
concentración de turistas, no en vano es el Santo Patrón de Bohemia y fue la primera que
se colocó en el puente. Cuenta una leyenda que si tocas su figura tendrás buena suerte
de por vida y volverás a visitar Praga. Y os preguntaréis, ¿qué hizo este buen hombre
para que levantasen una estatua en su honor? Sencillamente, callar… Os explico
brevemente lo que acaeció; deja volar tu imaginación por un instante.
Wenceslao IV, rey de Bohemia y marido de la Reina, quería que el Padre Juan de
Nepomuceno, confesor de ésta, le desvelara las intimidades de su esposa. Ante la
negativa del párroco, el Rey, visiblemente contrariado, mandó arrojarlo desde lo alto del
puente al río Moldava después de haberlo apaleado. Y Moldava abajo, enfundado en una
armadura metálica, el religioso murió ahogado. En 1719 se exhumó el cadáver del Santo
y se pudo comprobar que su lengua estaba intacta… Algo que yo no he podido comprobar
es que, desde entonces, en todos los puentes de la Europa central hay un San Juan de
Nepomuceno en honor al Santo que tuvo la boca cerrada, dato que habrá que comprobar
en futuras visitas.
Por cierto, la base de bronce de la escultura está descolorida debido al incesante
“toqueteo” a la que es sometida la pequeña figura de la placa. Es fácil encontrar la
pequeña figurita de San Juan en el grupo escultórico ya que se le ve cayendo al río desde
lo alto del puente. A la izquierda se ve a la Reina confesando sus pecados.
Religiosidades aparte, hoy en día esta estructura gótica proporciona a los paseantes una
de las más bellas estampas praguenses si no la que más. Las magníficas torres, una a
cada lado del puente, cada una guardiana de los secretos de sus orillas, nos flanquean al
salir de él. Las de Malá Strana, nos dan la bienvenida al barrio homónimo.
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Malá Strana (Pequeña Ciudad)
LA ISLA DE KAMPA
En la margen derecha del río Moldava, se encuentra la mal llamada Isla de Kampa, sobre
la que se apoyan cuatro pilares del Puente Carlos. Y digo mal llamada Isla porque en
realidad es un pedazo de tierra bañado por el Moldava y por el Canal Čertovka, al que se
le llama “Canal del Diablo”. Kampa, que en latín significa campo, era usado en la
antigüedad para los días festivos de los pudientes, los cuales venían a pasar sus jornadas
ociosas a este lado del río. Aquí retozaban en la hierba comiendo sabrosas viandas a la
fresca brisa del Moldava. Por entonces, el barrio de Kampa estaba habitado por
campesinos y lavanderas, siendo un lugar perfecto para el sano arte del paseo gracias a
su tranquilidad.
Como todos los rincones de Praga, este también tiene su propia leyenda, y esta pasa por
el pseudónimo que tiene el canal Čertovka, “Canal del Diablo”. Cuentan que, junto al
canal, vivía una mujer odiosa, fea, cotilla y malhablada. Una mañana amaneció su casa
pintada con los dibujos de seis diablos, y debajo la inscripción “Casa de los siete diablos”,
obviamente, el séptimo era ella.
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Unas pequeñas escaleras nos conducen hasta las primeras callejuelas empedradas de
este pequeño barrio. La plaza Na Kampé nos da la bienvenida. De pronto, se suceden las
casas estrechas de ventanas pequeñas pintadas de azul, de amarillo, de verde. Algunas
puertas permanecen cerradas y silenciosas, mientras que de otras salen sonidos infantiles
al caer la tarde. Una anciana se asoma a la ventana a recoger la ropa tendida, y enfrente
otra da de comer a las palomas pan duro. Conversan mientras el río comienza a ocultarse
entre los resquicios de un pequeño jardín.
En un banco de madera de este pequeño paraíso en medio del bullicioso discurrir de la
ciudad, dos enamorados se cogen de la mano y se dicen cosas sin mirarse a los ojos,
mientras un anciano cigarro en boca nos observa con una indiferencia estudiada y, de
reojo, a los demás. Kampa es una isla fascinante en una ciudad llena de contrastes.
No dejéis de visitar su vieja noria de madera, donde unos metros antes se puede
encontrar el muelle para dar un paseo en barca por el Čertovka. Si tenéis un plano de la
ciudad en vuestras manos, situaros en el puente Velkoprevorské námestí y partid de ahí
para hacer una corta visita a la isla, desde este puente tendréis unas bonitas vista del
molino, el canal y los arcos del Puente Carlos.
Acabada la visita a Kampa, volvemos al Puente Carlos para visitar una de sus torres.
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LAS TORRES DEL PUENTE CARLOS EN MALÁ STRANA
Las dos torres que flanquean el Puente Carlos en el barrio de Malá Strana se pueden
visitar si uno tiene ánimo para subir escalones ya que es el único modo de acceder a su
azotea, desde donde imaginamos, se obtendrán unas vistas increíbles de la ciudad.
Al pie de la Torre espera aburrida la dispensadora de tickets. La mujer, medio
somnolienta, se alegra al vernos dado que a esta hora de la tarde ya no se esperaba
recibir a demasiados turistas. El precio de la subida es de 70 Kč (2,80€) para los adultos y
de 50 Kč (2€) para los niños. El pago es obligatorio hacerlo en coronas checas, no
admiten el euro. Por más explicaciones que nos da la buena mujer no conseguimos
entender el porqué no lo admiten si en todos los comercios de la ciudad sí lo hacen, pero
llegamos a la conclusión de que al ser un Monumento del Estado, y no ser el euro su
moneda oficial, no permiten el pago en nuestra moneda. Todo esto son elucubraciones
nuestras, porque como ya os hemos dicho, no entendemos lo que nos dice.
Con una sonrisa como ánimo
subimos los empinadísimos y
estrechos escalones de madera
que nos separan de una
prometedora y extensa visión de
la ciudad. Cuanto más subimos,
el calor se hace más latente.
Pero no os asustéis, en pocos
segundos se llega a la primera
terraza, justo sobre el arco que
une el Puente Carlos con Malá
Strana. Aun siendo buenas
vistas, si se quieren tener aun
mejores hay que seguir el
ascenso. Tal deseo incentiva
aún más la subida hasta la cima
de la torre para comprobar la
excelencia de las vistas desde
allí arriba. Otra escalera angosta
de madera nos guía ahora
desde la primera planta hasta
los peldaños que culminan en la
terraza desde donde tenemos
las mejores imágenes posibles
del puente y sus aledaños. Una
alfombra de tejados y el
maravilloso Puente Carlos
queda a nuestros pies.
Desde aquí arriba, los detalles decorativos del Puente Carlos impresionan por su belleza.
Se aprecia la ligera curvatura que posee el puente y de la que uno no es consciente a pie
de campo. La secuencia infinita de figuras religiosas, los músicos, los pintores… Inma
dice que es un verdadero desafío para el vértigo. Juro que exagera. Como suspendido en
el firmamento, se ve cómo el Barrio del Castillo espera impaciente nuestra llegada. La
corta visita a la torre ha merecido la pena.
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Cuando concluimos la visita, subimos por la calle Nerudova (llamada así en honor al
poeta checo Jan Neruda) para acceder al barrio del Castillo. Por cierto, esta es una calle
que es mejor tomarla de bajada que de subida, es empinada como ella sola, pero no es
posible en nuestro caso.
En esta calle también encontramos la famosa casa de los tres violines, la encontraréis
fácilmente ya que donde debería estar el número de la calle, hay un rosetón con tres
violines. Antiguamente, y dado que en Praga había un alto índice de analfabetismo, las
casas no tenían número, si no símbolos que identificaban a sus moradores. De este
modo, el cartero identificaba a quién debía entregarle la correspondencia por el rosetón
que había en su portal. Cada casa tiene su escudo, y esto es algo que se repite a lo largo
de casi todo el casco antiguo de la ciudad.
A ambos lados de la empedrada calle Nerudova, se suceden, cafés, pequeñas tiendas de
marionetas y objetos curiosos, impresionantes tiendas de cristal de Bohemia, no menos
impresionantes palacios y reconfortantes librerías antiguas. De una de estas librerías,
quedo prendado.
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LA VIEJA LIBRERÍA DE PRAGA
Me gustan las “Librerías de Antes”, las viejas, especialmente aquellas que conservan
libros antiguos en los que empaparse de historia; libros de siglos pasados. Casualmente,
en Praga hay una, y al verla me retrotraigo casi treinta años y me acuerdo de la Librería
Garpaje de Aranjuez. Era uno de los lugares favoritos de mi niñez. Al entrar olía a papel
viejo, a tinta, a lapiceros Alpino y a polvo, al polvo de los centenares de libros que había
en sus estanterías y que poca gente reparaba en ellos. Aquella vieja librería de la calle
Stuart era mi santuario, mi refugio invernal.
Nicolás, el librero, permitía que me sentara a mis anchas en un rincón a leer cualquier
libro que deseara. Nicolás casi nunca me dejaba pagar los libros que ponía en mis manos,
pero cuando él no se daba cuenta yo le dejaba las monedas que había podido ahorrar
durante varios meses a costa de no salir al cine los domingos con mis amigos. No era
más que calderilla; céntimos y “perras gordas” que para mí eran una pequeña fortuna.
Cierto es que si hubiese tenido que comprar algún libro con aquella miseria monetaria,
seguramente el único que habría podido permitirme era uno de hojas para liar los cigarros
de mi tío Martín.
Cuando me iba, lo hacía arrastrando los pies y, por qué no decirlo, también el alma. Si de
mí hubiese dependido, me habría quedado a vivir allí. Por desgracia, cada vez quedan
menos, y aquella Librería Garpaje desapareció para siempre de mi vida a finales de los
80. Inexorablemente, la mayoría van desapareciendo del corazón de las ciudades,
muriendo a nuestra vista y dejando una sensación de vacío, de orfandad nostálgica a los
que, de niños, experimentamos el placer de revolver entre cientos de libros amontonados
o dispuestos en estanterías; libros de escritores olvidados que plasmaron, en hoy
amarillentas y quebradizas páginas, sus manuscritos, sus ilusiones, sus sueños. Lo que
en su día fue “mi” Librería Garpaje hoy son oficinas de Santalucía.
Y hoy, al ver la librería de la calle Nerudova y traspasar su maciza puerta de madera, noto
que hay algo que le confiere un aire misterioso, mágico, excitante; es como volver a esa
niñez recordada y creer que entre sus estantes uno fuese a encontrar un libro de “Los
Cinco” o las caligrafías de tercero de Rubio.
Al traspasar el umbral, percibo desde el primer momento la mirada del librero que con una
ojeada condescendiente me juzga, imaginando por mi forma de buscar o detenerme en
determinados ejemplares, si soy un cazador de gangas, si he entrado a curiosear, si amo
profundamente los libros o si merezco ser digno de recibir alguna pista que me desvele el
lugar donde hallar alguna reliquia para mi colección privada. Es obvio que sólo busco
curiosear, la mayoría de los libros aquí expuestos están escritos en checo, es decir,
ilegibles para mí, pero mientras me mancho los dedos acariciando y abriendo los libros, el
olor del polvo y papel viejo se introducen en mi cerebro predisponiéndolo a un viaje treinta
años atrás.
Por desgracia, muchas de las librerías antiguas están desapareciendo de nuestras calles
y ver los cierres echados me produce una profunda tristeza. Son, en definitiva, el último
refugio a pie de calle de nuestra memoria; un espacio donde la vida pasa descansada y
lenta, y las urgencias tienen reservado el derecho de admisión.
Y es que hay negocios que no deberían morir.
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Hradčany (Barrio del Castillo)
Si en alguna ciudad se basó la idea del Castillo de Drácula, esta fue Praga. Dejémonos de
Transilvania ni de niño muerto. Me imagino esta parte de la ciudad en una noche de luna
llena y la atmósfera debe ser vampiresca. Da mucho “yuyu”, palabra.
Situado en la parte más alta de Praga, es todo un símbolo de la ciudad. Lleva en pie
desde el siglo IX y es el castillo antiguo más grande del mundo. Las impresionantes
dimensiones del recinto son tales que en su interior se podrían albergar siete campos de
fútbol. Es tan grande que las entradas son válidas para tres días, y se necesitan dos para
ver lo más importante. Nosotros no vamos a estar tanto tiempo. Es una primera toma de
contacto y sólo veremos de pasada lo típico que ve una excursión de japoneses, es decir,
casi nada, pero prometemos hacer una visita más extensa en una futura ocasión.
Para ver las calles que vertebran el Barrio del Castillo, la entrada es gratuita, al menos a
estas horas. Desconozco si durante el resto del día también lo es, pero lo cierto es que
durante nuestra visita no nos cobran por entrar.
El Castillo es una pequeña ciudad en sí misma tras las murallas que lo rodean. Iglesia,
capilla, palacio, basílica, monasterio, catedral, casas señoriales, callejones con encanto,
torres, jardines… Todo lo que necesita una ciudad, está aquí.
Una vez dentro del recinto, bajando la colina desde el monasterio de San Jorge, se llega a
la calle más visitada de Praga, el Callejón del Oro, una verdadera judería medieval cuyas
casas parecen venirse abajo de un momento a otro. Deteneos sin prisa a contemplar este
auténtico rincón de cuento de hadas poblado de casitas de juguete levantadas en el siglo
XVI que, según cuenta la leyenda, habitaban los alquimistas que trajo a la corte Rodolfo II
de Habsburgo para producir oro para la Casa Real. Los reunió aquí para vigilarlos, no
fuera que alguno diese con la ansiada fórmula y se escapara con ella. Debía ser algo así
como la fórmula de la Coca-Cola. Este Callejón del Oro, el de los alquimistas, el de los
orfebres, se conserva hasta hoy en perfecto estado de revista. Las minúsculas
habitaciones que forman las casas, fueron la magia que llevaron a Frank Kafka a vivir en
ellas en 1916 y a escribir su novela El Castillo. Según he leído en una guía de Praga, él
mismo las describió como “…un revoltijo de casuchas miserables recostadas unas sobre
otras...” La pequeña casita donde vivió Kafka lleva el número 22 y ahora se ha convertido
en una librería donde se pueden comprar libros en español sobre leyendas judías, o libros
de recetas típicas de la cocina checa. Aunque la inmensa mayoría de los que tiene a la
venta son obras de este enrevesado y “Kafkiano” personaje. Me atrevería a decir que más
que una librería es un decorado para hacerse una foto, y nosotros no somos la excepción.
A la salida del callejón hay otra visita inexcusable y que se ha dado a conocer hace poco
tiempo, la Torre de Dalibor, a la que se accede traspasando la puerta del número 12 al
final del callejón. Esta Torre, también llamada Torre Negra, adquirió ese color por un
incendio sufrido en 1538. A estas horas de la tarde su acceso está cerrado.
Como hemos dicho antes, dentro del castillo hay hasta una catedral, la de San Vito, a la
cual entramos por una puerta lateral. A estas horas la entrada principal está cerrada y
esta puerta sólo se usa para salir, pero nosotros hacemos como que no nos damos
cuenta y pasamos sin que nadie nos pregunte dónde vamos. Como nadie nos sale al
paso hacemos la visita como si hubiésemos pagado en la mismísima taquilla.
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La Catedral de San Vito está construida en el siglo XIV sobre una antigua basílica
románica. Este impresionante templo no fue acabado hasta el siglo XX, y en su
maravilloso interior nos llaman la atención las vidrieras, las bóvedas ojivales y la tumba
del patrón de Bohemia, San Juan de Nepomuceno, realizada en plata. No nos da tiempo
ver más. Comienzan a avisar con gestos amables que hay que ir terminando la visita. Y
allá por donde mal entramos, salimos, con ganas de haber visto mucho más. Ya habrá
otra oportunidad.
Como la subida al castillo me han dejado extenuado, con una espalda y unos huesos
doloridos que ya no son míos, decidimos sentarnos en los bancos de madera de un
pequeño jardín y contemplar Praga en medio de una paz absoluta.
Desde el Castillo, Praga no parece real, si no una ciudad imaginaria montada con
diminutas piezas como las construcciones de Lego. En esta maqueta a escala mínima, el
Puente Carlos, esa lengua de más de medio kilómetro con ansias de deglutir a quien la
pisa, es apenas una raya empedrada de escasos centímetros bordeada de pequeñísimas
estatuas que culminan su recorrido en la calle Karlova en Staré Město. Desde esta
atalaya, los tejados rojos de los edificios se desvanecen como una pincelada fugaz en un
horizonte semiazulado.
Al fondo se ve la cúpula de la Ópera de Praga, imponente y tremendamente bella. Desde
aquí, los tejados de Praga confieren a la ciudad una magia indescriptible.
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Perdidas entre edificaciones, las dos torres góticas de la iglesia de Nuestra Señora de Týn
alzan su silueta como la punta afilada de un delgado lápiz grisáceo, mientras el agua
serena del río Moldava baña ambas orillas de la capital checa. Kilómetros y kilómetros de
piedra, cemento y arena se extienden ante nuestros ojos de gigante. Allá abajo, hombres,
mujeres y tranvías “pelean” estratégicamente por una porción de ciudad y se mueven
como fichas en un tablero, serpenteando tanta vastedad de belleza incalculable. Así es
como se ve lo diario, lo cotidiano, lo rutinario desde el majestuoso Castillo de Praga.
Desde aquí, desde lo alto de este incomparable mirador, y cuando nadie puede oírme,
extiendo mis brazos y grito para mis adentros para contrarrestar tanta belleza que me
aturde. Me empapo de emoción, de energía y de adrenalina: mi alma renovada y mis
fuerzas cargadas.
Al descender, el agotamiento del corazón y unas piernas y cuerpo entumecidos me
recuerdan que en la vida hay que poner freno al exceso. Estamos yendo demasiado
deprisa y lo importante es disfrutar del viaje no importando lo lento o lo rápido que sea el
trayecto sino que finalmente podamos llegar a nuestro destino.
Para contrarrestar el cansancio físico,
decidimos hacer una parada en la
Iglesia de San Nicolás, la católica,
porque en Staré Město se encuentra
la otra San Nicolás, la protestante. Al
entrar, las velas y el sol entrando por
la enorme cúpula de 50 metros de
altura van iluminando prácticamente
todo el templo. Hay misa y apenas
quedan unos pequeños pasillos cuya
anchura limita el espacio para dos
cuerpos, uno de entrada y otro de
salida; cuerpos que se rozan y en
ocasiones se restriegan, cada vez
más y más fieles se sientan a rezar y
comienzan a encender las típicas
pequeñas velas, que en la mayoría de
la iglesia son blancas y que sirven
para pedir salud. Recuerdo que hace
tiempo leí por algún sitio que en
algunos lugares las había de colores.
Las velas amarillas se ofrecen para el
trabajo, las verdes, como no podía ser
de otra manera, para la esperanza y
negras para joder a alguien…
Merodeamos alrededor de la iglesia y observamos un grupo de mujeres morenas, de pelo
negro trenzado que permanecen de pie rodeadas de carritos de niños, flores y bultos.
Junto a ellas, desparramados, varios hombres de raza gitana permanecen sentados de
forma relajada, en grupito o individualmente, pero ausentes unos de otros. Todos ellos
completan una estampa en la que intensos ocres y luz saturada sugieren una próxima
puesta de sol. De niño, recuerdo haber visto muchas veces esa foto en un libro. Siempre
me quedaba pasmado observándola. No era la típica foto que atraviesas con los ojos y la
olvidas.
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Bajando por la calle Mostecká, desembocamos de nuevo en el Puente Carlos. Con la
vista puesta en el horizonte, el sol, un sol lleno de incandescencias, va descendiendo, las
luces del otro lado del río le van ganando la batalla y poco a poco se va diluyendo. El
tiempo se está poniendo a este lado del Moldava.
En el Puente Carlos, los músicos distraen el silencio con sus violines y trompetas,
contribuyendo a que la escena adquiera ese ambiente bohemio que tiene esta ciudad al
anochecer. Es entonces cuando Praga aparece de nuevo, con su misterio de calles
sombrías y casas de un color terroso fascinante, tan fascinante como las luces que van
iluminando los impresionantes monumentos de una ciudad junto a un río al que llaman
Moldava. A esta hora, la mejor hora para pasear por el Puente Carlos, la hora en la que
cae la noche, casi todos los visitantes que lo abarrotaron durante el día se van retirando a
sus aposentos y una calma chicha comienza a apoderarse del lugar. Hasta el caudaloso
Moldava parece envuelto en una aureola de misterio y romanticismo, acentuado por el
reflejo de las luces que iluminan el puente sobre sus tranquilas aguas. Y ambas Pragas, la
de Malá Strana y la de Staré Město, esas que el Puente Carlos une desde hace más de
600 años, compiten con todas sus armas de seducción intentando atraer al agotado
visitante que lo tiene realmente difícil para enamorarse de tan solo una de ellas.
Y nosotros, que somos de corazón frágil, luchamos por ver cuál de las dos nos enamora
más, y llegamos a la conclusión que, en este caso, y sólo en este, un trío no estaría del
todo mal visto, al fin y al cabo, y como dijo el histriónico Raphael, “…que sabe nadie de
mis placeres y mis íntimos deseos…”
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Cuenta una leyenda que por la noche, cuando el Puente Carlos está vacío, las estatuas
descienden para, en distendida tertulia, hablar de cuestiones teológicas. Creo que esta
leyenda, al igual que otras muchas, no es cierta; es casi imposible creer que el puente
esté vacío en algún momento del día.
De camino a la parada del tranvía, pasamos por la discoteca más famosa de Praga, la
Karlovy Lazne, muy cerca del Puente Carlos y al lado del Moldava. Es inevitable hacer
una parada y observar con detenimiento las colas que hay a la entrada, son
impresionantes. En una de ellas, una situación un poco jocosa. Un grupo de jóvenes
vestidos con trajes negros y una pequeña espadita de plástico en la mano, juegan como si
tuviesen diez años. Unos persiguen a otros mientras el resto de la cola les vitorea. Eso
denota que en Praga te puedes encontrar con gente de lo más variopinta. El “frikismo”
también ha llegado aquí.
En la parada también
una larga cola de
personas aguarda con
calma la llegada del
tranvía. Aquí nadie mira
el reloj, ni vigila al de al
lado por si decide hacer
aquello de que los
últimos serán los
primeros. Tras un largo
rato, el tranvía asoma
por la Smetanovo
Nabrezi con sus
vagones rojos recién
pintados. La gente sube
sin nervios, sin prisas.
Mientras, la noche ha
caído
irremediablemente ante
nuestros ojos.
Al llegar al camping necesito descansar. Praga puede llegar a agotarte, no solo
físicamente, y de vez en cuando uno precisa de un espacio cómodo y limpio donde poder
reposar las experiencias y escribir las vivencias. Y aunque es más honroso caer en la
batalla que en la enfermería, yo prefiero descalzarme, tumbarme y plasmar durante un
rato mis experiencias en las hojas de una libreta que empiezan a ser cada vez menos
blancas. La ventana abierta me refresca el pensamiento a la vez que el cuerpo. Miro por
ella y veo el cielo de Praga.
Roberto Olveira, mi profesor de lengua, me dijo hace años que cuando la luna está llena y
de color anaranjado es porque las personas que persiguen un sueño lo han conseguido. A
mí se me ha cumplido un sueño, mi sueño: ver Praga.
Son las 23:00h de un sábado de agosto que será recordado de por vida. Estamos en
Praga, la Praga que siempre había soñado.
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Lugar de pernocta en Praga
Camping Sokol Troja de Praga
Trojská, 171A
PRAGA 7
Teléfono: 00420 283 850 486
Fax: 00420 233 542 908
web: www.camp-sokol-troja.cz
e-mail : info@camp-sokol-troja.cz
85 parcelas, alguna con sombra y todas con césped e iluminadas. La recepción
está abierta todo el día y se pueden adquirir los billetes para el tranvía a Praga.
Coordenadas GPS: N 50.11751 / E 14.42542 (N 50º 07’ 03’’ / E 14º 25’ 31’’)
675 Kč (27€)/Noche (2 adultos, 1 niño, parcela, electricidad y autocaravana)
Si
Si
Si. Muy antiguas
Si, incluida en el precio
Si
Si
Si. De pago. 35 Kč (1,40€)/día
A unos 7 kilómetros. La estación Trojská del tranvía 17 está a unos 600 metros.
Oficina de Información y Turismo de la República Checa en España
Calle Madre de Dios, 45
28016 MADRID
Teléfono: 91 345 71 12
Teléfono para pedir folletos: 807 300 565
Fax: 91 359 25 27
web: www.czechtourism.com/spa
e-mail: info-sp@czechtourism.com
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Gastos y resumen del 8º día
Kilómetros recorridos en la 8ª etapa: 159
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.933
Peajes:
- Vigneta para las autopistas de la República Checa: 225 Kč (9€)/7 días
Camping Sokol de Praga: 1350 Kč (54€)/2 noches
Tranvía a Praga: 18 Kč/adulto por trayecto (3 adultos ida y vuelta=108 Kč) o lo
que es lo mismo: 0.72€/adulto por trayecto (3 adultos ida y vuelta=4.32€)
Internet WIFI por 1 día completo: 35 Kč (1.40€)
Subida a la Torre del Puente Carlos:
- Adultos 70 Kč (2.80€)
- Niños 50 Kč (2€)
Total por 2 adultos y 1 niño: 190 Kč (7.60€)
Datos anotados el sábado 15/8/2009
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CAPÍTULO 9 / Domingo 16 de agosto
(Praga): 0 Km.
Praga
Hoy toca madrugar, lo que resulta bastante difícil teniendo en cuenta el palizón de ayer. Si
a esto le sumamos que el día va a ser completo en lo que a visitas se refiere, al mar agua.
Hoy, como es domingo, aprovechamos para hacer lo que normalmente hacemos en casa
los domingos: churros con chocolate. Pero no os asustéis, los churos los sustituimos por
bizcochos de soletilla del Mercadona, no es plan de perfumar todo el camping como si
esto fuese la Churrería de Veloso en Aranjuez.
Compramos los billetes del tranvía en la recepción del camping y nos ponemos en marcha
para ir bajando la ingesta hipercalórica matinal. Un día es un día.
A las nueve de la mañana, el tranvía 17 con destino al centro de la ciudad llega a la
diminuta estación de Trojská. Es domingo y a esa hora va, como nos habían anticipado en
la recepción del camping, semivacío. Tres parejas USA, que pasan los cincuenta,
graciosos y simpáticos con los que charlamos de todo un poco (ellos en inglés y yo en el
mismo idioma que hablaban los indios en las películas del Oeste que tanto le gusta poner
a la hora de la siesta a Telemadrid) y dos matrimonios italianos rostros pálidos que, a
juzgar por su escaso interés en relacionarse con el resto de pasajeros, la desgana con la
que reciben mi ofrecimiento de cederles mi asiento para que vayan juntos y la
incompatibilidad de sus ojos cuando se cruzan, auguran un divorcio próximo, yo diría que
inminente.
En cualquier caso, he de decir que me enriquece mucho la compañía de los americanos,
pues además de ser encantadores en el trato, condición que se aprecia mucho en la
vida, cuentan cosas interesantes, me dan pistas sobre mis próximos destinos, perdonan
los destrozos que hago de su idioma, se esfuerzan por entenderme y escuchan sin
interrumpir cuando alguien habla, cualidad que no suele darse entre los españoles a los
que nos gusta hablar pero rara vez escuchar cuando conversamos en grupo. El caso es
que “charlando”, si a esto se le puede llamar charlar, puntuales llegamos a la parada de
Staroměstská, la más cercana a Staré Město si se viaja en esta línea.
Una cosita antes de empezar. Para desplazarse de un lado a otro por toda la ciudad, no
hay nada mejor que los propios pies de uno mismo, eso sí, teniendo mucha suerte de que
os haga una temperatura perfecta de 22 grados como la que nos hace hoy. Ignoro si con
treinta y tantos grados será igual de agradable y cómoda. Es sólo un dato trivial antes de
comenzar a desgastar un par de zapatos cómodos y empezar a toparse con cientos de
rincones.
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Staré Město (Ciudad Vieja)
Staré Město bien podría ser denominado el barrio hechicero de Praga; no hay viajero,
turista o peregrino que lo haya visitado y no se haya quedado prendado para siempre de
la elegancia y el misterio de este barrio elegante y vistoso. Prendado por el repicar de las
campanas de las incontables iglesias, prendado con el bullicio abovedado de las antiguas
cervecerías y atestadas tabernas, prendado por las tiendas de lujo de cristal de Bohemia
y prendado de los entresijos misteriosos de este trozo de Praga sin explicaciones. Y
nosotros, con la ansiedad de quedar también prendados, iniciamos la visita a las 9:20h de
un domingo de agosto que se antoja apasionante.
Para visitar Staré Město hay varias opciones, nosotros hemos optado por seguir el camino
hacia la Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí) bajando por la calle Kaprova, en
poco menos de diez minutos llegamos al corazón del barrio: su plaza.
Lo primero que llama la atención es la gran cantidad de gente que se agolpa junto al viejo
Ayuntamiento. Aquí se encuentra el famoso reloj Astronómico de Praga, pero de él
hablaremos más tarde. Junto al Ayuntamiento está la Casa U Minuty, una de las muchas
casas que tuvo Frank Kafka en la ciudad. La Casa U Minuty, en pleno centro de la Ciudad
Vieja, acogió a los Kafka durante siete años, entre 1889 y 1896. Fue el lugar donde
nacieron sus hermanas Valli, Ottla y Elli. La también conocida como El Minuto tiene unas
bellísimas pinturas en su fachada realizadas en el siglo XVII y cuenta con la figura en
piedra de un león, símbolo de un anterior establecimiento al de la familia Kafka, una
farmacia llamada el León Blanco.
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Alrededor de la plaza hay un sin fin de terrazas y restaurantes donde poder parar a comer
o simplemente tomar un aperitivo, aunque os podemos asegurar que la zona no es nada
barata. Sin embargo, si os atrevéis a patearos las callecitas que nacen de la zona del
Reloj Astronómico, hay varias cafeterías y restaurantes con precios bastante más
económicos. También tenéis la opción de comeros un perrito caliente en un puesto
ambulante acompañado de una cerveza bien fría, sale más barato pero hay que
tomárselo de pie.
Sin salir de la Staroměstské náměstí
vemos también la Iglesia de San
Nicolás, la protestante, recordad que
la católica la visitamos ayer en el
barrio de Malá Strana. Presidiendo la
plaza está el monumento dedicado a
Jan Hus, levantado en el mismo
lugar donde fue quemado en el siglo
XV por defender el protestantismo en
una época en la que Praga era
obligatoriamente católica. Alrededor
del monumento, sentadas en los
bancos que circundan la estatua del
calcinado político, un grupo de
jóvenes rubias se tuestan al sol
matutino de Praga. Bronceadas y
con facciones tan finas como las de
una muñeca de cristal de Bohemia,
convierten la plaza en una pasarela
improvisada.
Un edificio que nos llena de
asombro, es la magnífica Iglesia de
Nuestra Señora de Tyn. Escondida
detrás de una serie de casas
bellísimas aparece este santuario gótico de 1360. Su altura es impresionante y sobrepasa
a cualquier edificio de la plaza. Sus torres góticas son las que capturan toda la atención al
elevarse puntiagudas hacia el cielo por encima de los pintorescos tejados de Praga. Se
accede a ella por un estrecho callejón lleno de encanto. De su interior no os podemos
contar nada ya que nos encontramos con las puertas cerradas. Se dice que,
posiblemente, es la iglesia más bella y enigmática de toda Praga. Aquí está la sepultura
de Tycho Brahe, el astrónomo y alquimista que estuvo a las órdenes de Rodolfo II y que,
según cuenta una leyenda, perdió la nariz en una pelea y se fabricó una de plata y oro
con la que iba a todas partes de la ciudad… curioso personaje.
Saliendo de la plaza por la calle Celetná, se llega a la tienda más grande que tiene
Svarowsky en Praga. La atestada calle está llena de tiendas de lujo y de restaurantes no
baratos, precisamente. 200 metros más arriba está la Torre de la Pólvora, una de las
torres que quedan en pie de las que formaban parte de la vieja muralla que protegía la
ciudad. A su lado, el nuevo Ayuntamiento separa Staré Město del resto de la ciudad.
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EL RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA
Si hay un lugar en Praga que concentra más gente que el Puente Carlos, este es el
célebre carillón de la Ciudad Vieja, permanentemente admirado con excitación por
nacionales y extranjeros, quienes ven aparecer, hora tras hora, en lo alto de la torre
municipal: ricachones, signos zodiacales, gallos, los apóstoles y hasta la mismísima
muerte, siempre triunfal y sonriente.
Construido en 1410, el padre de todos los relojes del mundo se puede ver en un lateral
del viejo Ayuntamiento de Staré Město. Según cuenta la leyenda, el mecanismo original
fue construido en 1490 por el maestro relojero Hanuš. A su finalización, los nobles de la
época le dejaron ciego para que no pudiera hacer nada semejante en ningún otro lugar
del mundo. Hanuš, para vengarse, subió a la torre y paró su mecanismo introduciendo
uno de sus brazos. Pero la realidad es otra, ya que un grupo de historiadores checos
demostraron que el Reloj Astronómico de Praga había sido construido por Nicolás de
Kadan en 1410.
Durante su larga historia, el reloj ha pasado por muchas vicisitudes en forma de averías o
modificaciones, pero la más grave ocurrió en 1945 cuando un incendio provocado por un
bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial a punto estuvo de destrozar casi toda la
construcción. El maestro relojero de la época, rescató de los escombros y cenizas las
piezas del reloj que resultaron retorcidas y en parte fundidas por el fuego.
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En la esfera superior a cada hora en punto entre las 9:00h y las 21:00h el reloj se pone en
marcha y se abre el telón del espectáculo. Cuando marca la hora, aparece la figura de La
Muerte representada por un esqueleto. Tira, con la mano derecha, de la cuerda de una
campana indicando que ha llegado la hora, y con la izquierda levanta e invierte un reloj de
arena. A la vez, comienza el movimiento de más figuras animadas: El Turco, que
simboliza el miedo y la lujuria y que sacude la cabeza de lado a lado; La Vanidad, que se
mira en un espejo y La Avaricia, representada por un Mercader de Venecia agitando una
saca de monedas. Mientras los cuatro personajes hacen su representación, se abren las
dos ventanas superiores y aparecen las figuras de los doce apóstoles encabezadas por
San Pedro con una llave en la mano, y al final San Pablo con una espada y un libro. Un
gallo canta y el reloj da la hora. Esta esfera, además de dar tres tipos de horas diferentes:
la europea, en números romanos; la bohemia, indicada en la parte exterior del reloj y la
babilónica, representada en cifras arábigas en la parte interior; indica el día, el mes y la
posición del Sol, la Luna y Venus. Todo un ingenio medieval.
En la esfera inferior, donde están los
signos zodiacales y doce escenas
pintadas que simbolizan las
actividades agrícolas de cada mes
del año, se pueden ver a ambos
lados cuatro figuras: a la derecha, el
Cronista y el Astrónomo, y a la
izquierda, el Ángel y el Filósofo. Esta
esfera fue construida en 1866 y en el
centro, dibujado, aparece el Escudo
de Armas de Staré Město.
Por esto, y por muchísimo más,
Praga es la hechicera, la ciudad de
ilusiones y quimeras, la que eterniza
el éxtasis, la admiración, la sorpresa
de aquellos viajeros que, como
nosotros, nos sumimos en un silencio
impasible, con una curiosidad serena
y natural, y contemplamos
maravillados un antiguo y lubricado
reloj que, puntual a su cita horaria, da
la campanada exacta, haciendo que
el rico haga sonar sus monedas, que
la muerte mueva la cabeza y tirite, y
que al final cante un gallo.
Retornamos la Plaza de la Ciudad Vieja y cada uno de nuestros parpadeos desvela una
imagen merecedora de ser captada en una fotografía que plasme lo que se presenta ante
nosotros. La majestuosidad invade cada uno de los rincones, desde sus monumentales
edificaciones hasta los más ínfimos detalles. La Plaza en particular y Staré Město en
general no es apta para vagos, los eternos paseos que alternan inabarcables avenidas
con estrechas callejuelas, se hacen más amenos gracias a los constantes regalos
visuales que nos relajan por dentro y nos deleitan por fuera.
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Josefov (Barrio Judío)
Tras sugerirnos nuestro cuerpo un poco de calma, enfilamos la Pařížská (Calle París) y
llegamos al viejo Barrio Judío, en el que hoy sólo quedan en pié, en una especie de
conjunto medieval, el antiquísimo Cementerio, el Ayuntamiento Judío y seis Sinagogas,
cada una con su historia y su encanto particular.
Praga es vida, celebración y fiesta, pero también es muerte, cadáveres, velatorios y
tristeza. Y esa tristeza se siente más que en ninguna otra parte de Praga en el Barrio
Judío de Josefov. La visita a este barrio se hace imprescindible para encontrar explicación
a lo inexplicable.
Comenzamos la visita en la Sinagoga Pinkas. Además de ser uno de los puntos donde se
venden las entradas para el Zidovské Muzeum (Museo Judío) es la sinagoga que da paso
al Viejo Cementerio Judío. La entrada combinada que se adquiere en esta sinagoga por
290 Kč (11,60€) por persona da derecho a visitar los siguientes lugares: La Sinagoga
Pinkas, el Viejo Cementerio Judío, la Casa de los Muertos, la Sinagoga Española, la
Sinagoga de Maisel, y la Sinagoga Klaus. Lo único que no se incluye es el acceso a la
Sinagoga Vieja-Nueva, cuya entrada se paga aparte.
Todas las sinagogas son hoy en día más un museo que un lugar de culto, pero la visita es
obligada. Y recordad, antes de entrar en cualquiera de ellas hay que llevar la cabeza
cubierta, pero no os preocupéis si no lleváis nada a mano porque en la entrada os darán
la famosa Quipa judía, o lo que es lo mismo, un gorro para poder cubrirse.
Como hemos dicho antes, comenzamos la visita por la Sinagoga Pinkas, un lugar
sobrecogedor por la memoria histórica que encierra. La sinagoga tiene dos partes
diferenciadas. En una, todas las paredes son blancas y están cubiertas con los nombres
de judíos que murieron durante el holocausto nazi. Uno se pierde leyendo los nombres de
los 77.297 judíos checoslovacos asesinados por los nazis porque parecen no acabar
nunca. Estremecedor. En otra están expuestos los dibujos que hicieron los niños en el
campo de exterminio de Terezin antes de morir. En este campo situado en territorio
checo, llegaron a estar recluidos unos 10.000 niños, de los cuales sólo sobrevivieron 240.
También hay objetos que pertenecieron a familias muertas en los campos de
concentración. Al final de la sala hay siempre sentada una anciana que nos recuerda que
hay que guardar silencio. Sin salir del propio recinto de la sinagoga accedemos al Viejo
Cementerio.
El antiguo Cementerio Judío, es dentro del barrio de Josefov, la principal atracción, es de
suponer que por lo que representa y por lo espectacular de sus lapidas amontonadas
En el mismo centro de Praga, la muerte, tranquila y solitaria, compite con la vida bulliciosa
y comunitaria. En su cementerio, montones y montones de lápidas de tiempos atávicos se
apilan y superponen unas a otras, capa a capa. Las más antiguas ni siquiera pueden
verse ya que han quedado sepultadas por otras más recientes. Debido a las estrecheces
del ghetto se iba echando tierra nueva sobre las tumbas más viejas y en algunos puntos
hay hasta doce capas de sepulcros, unos sobre otros. De la tierra emerge un denso
bosque de más de 11.000 lápidas inclinadas; lápidas cubiertas de letras hebreas y de
imágenes simbolizando nombres y profesiones de los cuerpos sacudidos que descansan
bajo las piedras.
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Hoy en día ya no se entierra a nadie en este cementerio, entre otras cosas porque no hay
espacio material. En él se pueden ver algunas de las tumbas de personajes clave de la
vida hebrea, como la del Rabino Löw, al que se atribuye la creación del Golem, un gigante
de arcilla que estaba bajo sus órdenes cobrando vida por las noches cuando su amo le
ponía un pergamino en la boca. Una noche, el Rabino se olvidó de quitarle el pergamino
de la boca, y según la leyenda, se escapó sembrando el pánico. Todavía hoy no se le ha
podido encontrar, y por lo tanto, es posible que aún recorra las calles del Barrio Judío por
las noches. La tumba del Rabino es fácilmente reconocible por el gran tamaño que tiene.
Está adornada con una piña y en la lápida se encuentra el dibujo de un león. No es
extraña por lo tanto, la paradoja de la muerte cohabitando con la vida en pleno centro de
la capital.
Saliendo del Cementerio y de la Sinagoga Pinkas, por una escalera exterior que hay a la
izquierda, accedemos a la Casa de los Muertos. La Sala Ceremonial de la Sociedad
Funeraria del barrio Judío de Praga, fue construida en 1911 y actualmente se usa como
lugar de exposición. Tanto la planta baja como el primer piso están dedicados a temas
relacionados con la medicina en el Ghetto, con la muerte y con los cementerios de las
comunidades judías de Bohemia y Moravia. En esta sinagoga se preparaba a los muertos
embalsamándolos para que pudieran ser enterrados.
A la derecha del cementerio, se encuentra la Sinagoga Klaus. Construida en 1694,
alberga en su interior una gran colección de textos hebreos y una explicación de la
importancia de la sinagoga en la comunidad y las diferentes fiestas de los judíos.
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En otra sala, se muestran objetos de la vida cotidiana de los judíos y sus costumbres
relativas al nacimiento, el matrimonio, el hogar. Al igual que en la sinagoga Pinkas,
también hay dibujos del campo de concentración de Terezin hechos por los niños que
estuvieron allí. Este edificio de levantó a finales del siglo XVII en el mismo lugar donde
estaba la escuela del rabino Löw.
Otro de los lugares de visita imprescindible es la Sinagoga Española. Cuando entramos
en ella nos damos cuenta de por qué tiene este nombre, ya que recuerda a los Reales
Alcázares de Sevilla y a la Alhambra de Granada en toda su decoración. Fue construida
en 1868 para los descendientes de los judíos españoles. En la actualidad es un museo
sobre el Holocausto y sobre la vida de los judíos en las últimas décadas.
El Ayuntamiento Judío está plantado en pleno corazón de lo que queda de esta zona
fantasmal. Es curioso porque en su torre conviven dos dimensiones del tiempo, dos
relojes, uno con letras hebreas y agujas que giran de derecha a izquierda y otro con
números romanos y agujas que giran en sentido contrario. Junto a este edificio, se
encuentra la Sinagoga Alta, a la cual no entramos por estar cerrada.
Optamos por no hacer la visita a la Sinagoga de Maisel, ya estamos saturados. Nos
quedaría por ver también la Sinagoga Vieja-Nueva, pero repito, hay comprar una entrada
a parte porque no está incluida en el precio de este circuito. Nosotros aplazamos la visita
para otra ocasión, ya vamos surtidos.
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Si deseáis llevaros un recuerdo de Josefov, en las calles de todo el barrio hay puestos y
tiendas donde poder comprar el famoso Golem judío. Si tenéis intención de llevaros este
icono hebreo, comprarlo aquí porque es la única zona de Praga donde se pueden
encontrar. Por cierto, al igual que en toda la ciudad, aquí también se regatea en el precio
como si de un zoco árabe de tratara. Los precios están en coronas checas y en euros,
aunque ellos prefieren nuestra moneda a la suya.
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Nové Město (Ciudad Nueva)
Camino del Barrio de la Ciudad Nueva surgen a nuestro paso calles preciosas llenas de
tiendecitas. Las de souvenir y las de marionetas se llevan la palma. Las de títeres
exponen en sus escaparates marionetas con caras de duendes, brujas, hadas y bufones.
Inma se queda enamorada de ellas, la fascinan. No se puede resistir y entramos a una en
la calle Karlova. A ver sus precios se desenamora de inmediato.
Comenzamos la corta visita al Barrio de Nové Město en la convulsa y animada Plaza de
San Wenceslao. Este boulevard de 750 metros de largo por 60 de ancho, que sólo parece
una plaza si se encuadra desde la parte más alta de la misma, fue un antiguo mercado de
ganado y es el centro neurálgico de la Ciudad Nueva en cualquier época del año. Se alza
por una leve pendiente hasta la estatua ecuestre del santo patrón del país, San
Wenceslao, a cuyas espaldas se encuentra el Museo Nacional. Es, además, el punto de
encuentro de la gente joven por la gran cantidad de comercios y centros de ocio que se
suceden a lo largo de la misma.
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Pero con todo esto, la plaza más querida por los praguenses es el lugar que guarda la
historia más reciente del país. En 1968 hubo manifestaciones por la llegada de los
tanques del Pacto de Varsovia durante la Primavera de Praga. En enero de 1969, el
estudiante Jan Palach se quemó vivo en protesta por la ocupación rusa al pie de la
estatua de San Wenceslao. En noviembre de 1989, unos días después de la caída del
Muro de Berlín, los estudiantes quisieron celebrar el cincuenta aniversario de los tristes
acontecimientos ocurridos el 17 de noviembre de 1939. Aquel día, los nazis habían
invadido la ciudad universitaria y asesinado a muchos estudiantes, acto seguido enviaron
a los supervivientes a los campos de concentración. El 17 de noviembre de 1989 la policía
del régimen comunista dio su autorización para la manifestación, pero se les fue de las
manos. Cuando los estudiantes comenzaron a pedir Democracia y Libertad, la
manifestación fue reprimida con gran violencia. La televisión trasmitía los acontecimientos
y, la vista de los rostros ensangrentados y los golpes dados por la policía, así como el
rumor de que los estudiantes asesinados habían sido transportados en camionetas a una
morgue, produjo la indignación y la sublevación de la población de Praga que se lanzó a
la calle pidiendo el fin del comunismo. A este hecho se le llamó la Revolución de
Terciopelo, y supuso la desvinculación completa de Checoslovaquia del régimen
comunista y del dominio soviético.
Ante todos estos acontecimientos, es curioso comprobar cómo en esta plaza se encuentra
el Museo del Comunismo paradójicamente instalado entre un McDonald’s y un Casino de
juego. ¡¡¡Si Marx levantara la cabeza!!!
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Nos despedimos de la plaza saliendo por la calle Vodičkova (¡cuidado con el tranvía!), y
tras un corto paseo llegamos a una de las cervecerías más famosas de Praga, la Pivovar
U Flekû. Si no queréis venir andando, a escasos cincuenta metros de su puerta hay una
parada de tranvía, la Myslíkova de la línea 21. También cae muy cerca la parada del
tranvía 17 de Národní Divadlo. Para que os situéis, lo mejor es visualizar un plano del
tranvía, pero está detrás del Teatro Nacional.
Esta cervecería fue inaugurada en el año 1499 y tiene el cartel de ser la Pivovar (Fábrica
de Cerveza) más famosa de toda Praga y posiblemente de Centro Europa. Juro que hasta
un mes antes de llegar aquí, desconocía de su existencia, por lo tanto, no os sintáis
culpables si es también vuestro caso.
Si abrís cualquier guía turística de Praga, da igual la que sea, la recomiendan como un
lugar de obligada visita, de culto, se podría decir, pero nosotros supimos de su existencia
por un compañero de trabajo que había estado aquí hace unos años. Sabiendo que
vendríamos este año a la capital checa, lo anotamos como una de las visitas
imprescindibles.
Está situada en la calle Křemencova, muy cerca del Teatro Nacional, y es fácilmente
identificable por el enorme reloj que hay sobre su puerta. La curiosidad de éste viene
dada porque los números que marcan las horas han sido sustituidos por las letras de
Pivovar U Flekû. Un oso dorado corona el reloj.
Solamente venimos para ver el ambiente y comprar la famosa cerveza que fabrican aquí
mismo. Al salir, los sentidos nos agradecen la presencia en el lugar, ya que, pasar por
aquí, y no haber entrado, hubiese sido un gran pecado, sinceramente, es una preciosidad
ambientada con gusto medieval. Ya en la calle, al ver sendas botellas de cerveza negra
en mis manos, un señor de poblada barba y un hedor a alcohol que echa para atrás, nos
espeta alzando su pulgar hacia arriba: “¡¡¡Súper!!!” Como súper es la torrija que lleva él.
A las 20:30h, después de dar un nuevo paseo por el Puente Carlos, decidimos que ya es
hora de cerrar nuestra visita. A estas horas, el atardecer tiñe las nubes de un color rosado
y se va apoderando del día en mitad de un calor sofocante. No quedan ganas para
demasiadas cosas. Tomamos de nuevo el tranvía en la estación de Národní Divadlo y a
las 21:15h entramos al camping.
Tras la cena, tumbado en la cama busco una imagen entre las muchas fotos que he
hecho para que coincida con el texto adecuado. Es un dejarme llevar, una sensación
placentera que provoca constantes sonrisas a medida que veo y escribo.
En este momento del día, ese instante en el que la noche lo silencia todo, vencido por el
sueño y el cansancio, me quedo dormido. En ese momento sueño de nuevo con mi viaje.
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Gastos y resumen del 9º día
Kilómetros recorridos en la 9ª etapa: 0
Kilómetros acumulados durante el viaje: 2.933
Tranvía a Praga: 18 Kč/adulto por trayecto (3 adultos ida y vuelta=108 Kč) o lo
que es lo mismo: 0.72€/adulto por trayecto (3 adultos ida y vuelta=4.32€)
Entrada al Museo Judío:
- Adultos 290 Kč (11,60€)
Total por 3 adultos: 870 Kč (34,80€)
Datos anotados el domingo 16/8/2009
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CAPÍTULO 10 / Lunes 17 de agosto
(Praga – Regensburg): 271 Km.
Mapa de Ruta
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Hay amaneceres y amaneceres en Praga, sin duda, y hoy es un amanecer de esos que
llegan a ser parte inseparable de mi alma. Es uno de esos amaneceres de cielo gris, de
los que te sobrecogen cuando estás desprevenido por su belleza y su tristeza. De esos
que cuando esté en Aranjuez me harán recordar el olor y el color de Praga. Ese olor que
nos atrapó cuando llegamos a esta ciudad, y que ya no nos dejará, hagamos lo que
hagamos, y vayamos donde vayamos.
Quien no haya estado nunca en Praga no se espera lo que va a encontrar aquí. Pienso
que hay tantas Pragas como visitantes se encuentren en ella, y se empiece a descubrir la
ciudad por donde se empiece será igual de impresionante y enigmática. A nosotros nos
ha marcado de por vida a pesar de nuestra corta experiencia en ella. Será difícil hacer
entender a alguien lo que es esta ciudad simplemente con palabras. Mejor será
recomendarle hacer una visita con tranquilidad, midiendo los pasos y empapándose de
cada rincón de este lugar inolvidable.
A las 9:30h, cuando el cielo se empieza a abrir y el sol pica como si fuese a llover,
dejamos el Camping Sokol de Praga soñando volver: esta ciudad es un “para siempre”.
Hago un inciso en el relato para contaros brevemente una lamentable experiencia que nos
ocurre a la salida de Praga.
Atravesando el distrito Praga 5 para coger la D5 que nos lleva a Alemania, en la
intersección de la Kartouzská con Pizenská, un praguense subido en su Renault Laguna
intenta adelantarnos ¡¡¡por la acera!!! La desgracia es que, para no empotrarse contra un
semáforo, da un volantazo y nos embiste por la parte trasera derecha metiéndose debajo
de nuestro paso de rueda.
Al mirar por el retrovisor y ver cómo habíamos quedado ambos, pienso por un instante
que se nos han acabado las vacaciones. Ya me veía repatriando la autocaravana en una
grúa y nosotros subidos en un avión camino de España.
Una vez separados los vehículos, los daños del Renault Laguna son más que
considerables y los nuestros inapreciables. Como más de la mitad de la autocaravana es
de fibra y plástico, retorna todo a su sitio por arte de magia. Un tornillo más largo que el
que trae de fábrica, y el paso de rueda queda como nuevo.
Después de ¡¡¡dos horas y media!!! metidos en un furgón policial el energúmeno del
Laguna, dos policías locales de Praga, una intérprete español-checo y yo, consigo salir
indemne sin que me metan en la cárcel, porque sólo hubiese faltado eso. Rellenar el
atestado es una auténtica odisea ya que hay que traducir continuamente lo que decimos
los unos y los otros.
A todo esto, la autocaravana con Inma y Javi en su interior, está subida en plena acera
para no interferir en la normal circulación de tranvías. El Laguna subido en una isleta es
todo un espectáculo.
Corro un tupidísimo velo para olvidar el incidente y evito contaros lo que ocurre a la vuelta
a España porque no merece la pena emplear más tiempo. Sólo una cosa para daros una
pista. Los seguros de automóvil, al menos el mío, son un mal necesario para ir de legal
por el mundo, pero nada más que por eso. Si buscáis en el diccionario de la RAE la
definición de la palabra “abandono” veréis el logotipo del seguro de mi vehículo... Lo
dicho, una vergüenza.
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Regensburg (Ratisbona)
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alto Palatinado
- Distrito: Regensburg
- Habitantes: 141.000
- Altitud: 342 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 49º00’ 59’’ / E 12º 06’ 03’’
- Temperatura el día de la llegada: 29ºC (16:00h)
Regensburg Baviera
A veces, una ciudad te hace un guiño. Te invita a descubrirla, a
recorrerla, a apreciarla en toda su belleza, a conocerla de verdad. Sólo
hay que estar abierto, sensible. Sólo hay que dejarse enamorar. Y estar
receptivo a ello. Por todo eso, en una tarde de agosto, nos dejamos
enamorar por una ciudad que nos ha sorprendido por su belleza, por su
encanto tan particular. Por ella. Por Regensburg.
Con la tranquilad de que al final nosotros no hemos sufrido daños en el accidente, a las
16:00h, y después del mal trago de la salida de Praga, llegamos a Regensburg. El parking
donde dejamos la autocaravana no es un cinco estrellas pero está limpio, bien situado y
es gratuito. Además, las vistas del impactante Danubio a su paso por la ciudad son una
gozada.
Visitar y disfrutar de la ciudad que vio nacer a Juan de Austria, el ganador de la batalla de
Lepanto para España, era una de las metas de nuestro viaje. No por Don Juan en sí, que
también, sino más bien porque Regensburg tiene historia y es historia.
Prolija, limpia, florida, íntima, cálida, mística, cultural e histórica. Así es Regensburg,
también conocida por Ratisbona en nuestro idioma castellano, una maravilla donde no
abundan los lujos, pero donde se respira un ambiente que la hace un lugar muy especial.
El pasado glorioso de Regensburg se percibe nada más pisar sus calles. Es una de las
ciudades medievales más bonitas de Baviera y tiene además, como ya os hemos dicho,
una historia impresionante a sus espaldas. Visitar Regensburg es, para resumirlo
brevemente, viajar al pasado sin máquina del tiempo, a una metrópoli de la Edad Media
que fue la primera capital del estado de Baviera.
Lo ideal para entrar a la ciudad es hacerlo a través del Steinernebrücke, una obra maestra
de ingeniería medieval que mide 330 metros de longitud y que data del siglo XII. Se trata
además del puente de piedra más antiguo de Alemania, y se dice que sus dieciséis arcos
sirvieron como modelo para la construcción del Puente Carlos de Praga. Habrá que
creérselo porque intuyo que ninguno de los que estamos por aquí estamos en disposición
de decir lo contrario. Lo que sí es cierto es que este puente que cruza el Danubio es uno
de los referentes para que Regensburg fuese declarada Patrimonio de la Humanidad en el
2006.
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Una recomendación si me lo permitís. Antes de cruzar el Steinernebrücke, daros un paseo
por la isla que forma el Danubio con sus dos brazos y veréis que la vista que ofrece esta
orilla a media tarde no tiene precio. Veréis cómo Regensburg bulle bajo los pies de la
magnífica catedral, del propio Steinernebrücke o de la torre sur del puente mientras las
terrazas del muelle se llenan de turistas deseosos de merendar en alguno de sus
restaurantes o de realizar una excursión por el río en un barco turístico. Y es que la
ciudad merece una visita más allá de los lugares históricos y artísticos. Pasear por
cualquiera de las orillas del Danubio bajo este tibio sol proporciona una panorámica
impresionante.
Hecha esta salvedad, y una vez cruzado el puente, giramos a la izquierda y llegamos a la
Historische Wurstküche, un famosísimo restaurante especializado en salchichas a la
brasa acompañadas de col desde hace más de 800 años. Para nuestra desgracia, está
repleto de gente y no hay mesa. Dado que queremos ver la cuidad, optamos por volver
cuando acabemos la visita.
Regensburg es una ciudad con sabor a tradición antigua. Es de esas ciudades agradables
para pasear. Para encontrar sus encantos, hay que caminar, ya que tiene el esplendor de
su historia forjado en su fisonomía urbana. Como dijimos antes, cuando recorres sus
callejuelas, sientes que, a cada paso, retrocedes siglos en el tiempo. Las antiguas
mansiones; el palacio de los príncipes de Thurn und Taxis; las torres medievales; los
edificios de tejados muy inclinados; las fachadas coloristas dispersas por toda la ciudad,
típicas en muchos pueblos italianos aunque nos encontremos en Alemania, denotan lo
que alguna vez fue y sigue siendo.
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No sé si es vuestro caso, pero la imaginación de mi infancia la poblaban lugares como
éste. Regensburg es esa ciudad prototipo de la Europa fría que siempre hemos tenido in
mente, de chimeneas encendidas en salones antiguos, de pasos lentos sobre calles
empedradas; pero con el resuello cálido de nuestro mar Mediterráneo. Una ciudad cuyo
temperamento alegre ha llegado desde el otro lado de los Alpes para dar color a un lugar
de cuentos legendarios; no en vano a Regensburg se le conoce por ello como la ciudad
más sureña al norte de los Alpes.
Afortunadamente quedó intacta tras la Segunda Guerra Mundial ya que no era una ciudad
industrial ni un punto estratégico, eso lo que permitió fue conservar en perfecto estado su
gran patrimonio cultural y artístico.
Y otra cosa, si os gusta la historia, en la plaza del antiguo ayuntamiento, y bajo una
ventana que podría pasar por una ventana más de uno de los edificios del centro de la
ciudad, se encuentra una placa que cuenta la historia de Don Juan de Austria, hijo
bastardo del Rey Carlos I de España y V de Alemania y de la burguesa local Bárbara
Blomberg. Tras participar en la Batalla de Lepanto contra los turcos, la ciudad de
Regensburg le dedicó esta placa y una estatua en una plazuela de una de las estrechas
callejuelas próximas a la plaza principal. A mí me encanta la historia, y vivir en un Real
Sitio como Aranjuez tiene estos vicios.
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De camino por la ciudad, nos detenemos en una heladería de la Neupfarrplatz que quiero
recordar se llama Gelimin, o algo así. Su escaparate haría las delicias de cualquier goloso
que se precie. Me convenzo de que las heladerías son otra forma de conocer una ciudad
y no tardamos mucho en pedirnos tres dobles de chocolate y nata que se han convertido
en el gran descubrimiento gastronómico de la tarde.
Lamiendo hasta el extremo tan reciente y dulce recuerdo, llegamos hasta la Catedral de
San Pedro, con sus sublimes ventanas de cristal colorido, su portal románico y su torre de
más de cien metros de altura.
Una curiosidad que se me olvidaba. En la Neupfarrplatz, muy cerca de la heladería donde
hemos comprado los maravillosos cucuruchos de chocolate y nata, hay una tienda de
Zara. Si a alguno/a le sobran unos eurillos, ya sabe donde reponer su fondo de armario.
Desde su interior, unos gritos de ¡Aúpa Atleti! llaman nuestra atención. Una pareja de
españoles saludan a Javi que lleva la camiseta de Diego Forlán. Hay Atletistas hasta en el
fin del mundo.
Una última visita recomendable
antes de volver a la orilla del
Danubio es la Porta Praetoria, que
junto a la Porta Nigra de Trier es
considerado el monumento Romano
más importante de Alemania, de
hecho fue construida cerca del año
179 durante el imperio de Marco
Aurelio. Ya ha llovido desde
entonces, sobre todo aquí.
Visto el monumento, volvemos al
muelle del río. A estas horas ya sólo
los barcos turísticos y los barcos-
museo atracan en él. El Historische
Wurstküche está cerrando sus
puertas por hoy y nos ha dejado
con el mal sabor de boca de no
probar sus especialidades. Sólo
sirven a los que hay sentados en
sus mesas.
Mientras observamos las coloridas
fachadas de las casas de la ribera,
y cansados de tanto andar,
hacemos una parada en un
pequeño parque arbolado en la
Thundorferstrasse. El lugar, sin ser portentoso, es todo un remanso de paz donde solo se
escuchan los sonidos del agua chocando contras el muelle del Danubio. Aquí todo parece
discurrir a un ritmo pausado, sin preocuparse en demasía de lo que sucede en el resto del
mundo. Y aunque no nos suenan a nuevo estos colores, ni los sonidos, ni la paz, porque
ya los vimos antes en muchos otros rincones de Alemania, no podemos evitar
asombrarnos por este conjunto que parece un arco iris impoluto en el que los tejados
inclinados y sus buhardillas se pelean por caer al Danubio, si es que alguna no lo ha
hecho ya.
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Tras un tiempo disfrutando en calma, emprendemos el retorno hacia nuestra
autocaravana con el pesar de hacer nuestras las palabras que un día pronunció el poeta
letón Werner Bergengruen sobre Regensburg en las que decía: "He añadido alguno y otro
día a esa ciudad inagotable, desearía poder añadir un año, una década o bien una vida".
Lentamente, con parsimonia, abandonamos esta ciudad cautivadora como pocas por el
Eisernebrücke con el pesar de no poder añadir más días a nuestra estancia. Y es que hay
vivencias que sólo se sienten y no pueden reproducirse ni con fotos ni con videos ni con
palabras, y estar en Regensburg es una de ellas.
En la cena, para despedir el día, nada mejor que unas chuletas de Sajonia con patatas
fritas y unas cervezas de Praga para darle al cuerpo su ración diaria de colesterol. Una
copita de manzana sin alcohol es el colofón culinario.
A las 23:30h nos vamos a dormir a pierna suelta, mañana nos espera un buen tute.
Buenos sueños, compañeros.
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Lugar de pernocta en Regensburg
Parking en Regensburg (Debajo del Nibelungenbruke)
Se accede por la Wöhrdstrasse
93049 REGENSBURG
Abierto todo el año
Muchas plazas para todo tipo de vehículos, todas asfaltadas y algunas con
sombra de los árboles. Hay iluminación en algunas partes del parking por la
noche. También hay plazas específicas para caravanas y autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 49.02043 / E 12.11205 (N 49º 01’ 13’’ / E 12º 06’ 43’’)
Gratuito
No
No
No
No
No
No
No
A unos 800 metros
Oficina de Información y Turismo de Regensburg
Altes Rathaus
Rathausplatz, 1
93047 REGENSBURG
Teléfonos: 49 941 507 4410 / 49 941 507 4411 / 49 941 507 4412
Fax: 49 941 507 4418
web: www.regensburg.de
e-mail: tourismus@regensburg.de
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Regensburg
Parking en Regensburg
Frankenstrasse
REGENSBURG
- Parking situado a unos 900 metros del centro de la ciudad. A menos de un
cuarto de hora a pie.
- Parking compartido por autobuses, autocaravanas y coches.
- Suelo asfaltado y llano.
Coordenadas GPS: N 49.02780 / E 12.10150 (N 49º 01’ 40’’ / E 12º 06’ 05’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 10º día
Kilómetros recorridos en la 10ª etapa: 271
Kilómetros acumulados durante el viaje: 3.204
Datos anotados el lunes 17/8/2009
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CAPÍTULO 11 / Martes 18 de agosto
(Regensburg – Passau – Ettal): 422 Km.
Mapa de Ruta
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Son las 7:35h. El día amanece fresco pero soleado y con pocas nubes, razón de más
para darse una buena ducha y, procurando no hacer mucho ruido ya que Javi aun
duerme, cerrar la puerta de la autocaravana y dirigirme al pequeño embarcadero que hay
junto al Danubio para ver cómo se despierta Regensburg. Mientras, Inma se sigue
desperezando.
Voy con la intención de leer un rato a orillas del río. A esta hora reina una tranquilidad
absoluta y como todavía no aprieta el calor, se está de maravilla. Cuando voy de viaje es
cuando más aprovecho para leer; en estos momentos tengo entre manos “Ángeles y
demonios”, de Dan Brown, al que estoy totalmente enganchado. De vez en cuando y sin
perder el punto, cierro el libro para contemplar la majestuosidad del Danubio cuyas aguas
se desplazan en corriente cadenciosa y uniforme. El Sol por no desentonar se oculta al
compás y yo, por no llevar la contraria, participo de su juego.
Ayer nos gustó tanto la ciudad que sentíamos envidia del que llega a Regensburg con
mucho tiempo para poder disfrutarla de verdad. Hojear un periódico en una cafetería,
saborear a medio día una cerveza bajo la sombra de unos árboles o dedicarse a una
ocupación especialmente hermosa: simplemente lo que yo estoy haciendo ahora, no
hacer nada.
Cuando veo que hay más movimiento y el calor hace acto de presencia, me vuelvo a la
autocaravana en buscar del desayuno perdido. La pareja de dormilones ya ha despertado,
duchado y desayunado. Éstos no esperan a nadie…
Como tenemos previsto llegar a Passau a media mañana y, si los planes no fallan, ver la
abadía de Ettal y pernoctar allí, nos ponemos en marcha sin perder tiempo. A las afueras
de la ciudad repostamos gasoil y tomamos rumbo este para recorrer los 123 kilómetros
que nos separan de Passau.
El recorrido lo hacemos sin más incidencia que el atasco de más de media hora con
desvío incluido por carreteras de segunda antes de llegar a Passau.
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Passau
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Baja Baviera
- Distrito: Passau
- Habitantes: 50.000
- Altitud: 305 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 48º34’ 24’’ / E 13º 27’ 50’’
- Temperatura el día de la llegada: 29ºC (12:10h)
Passau Baviera
Dedicar una parte de mi tiempo libre, que no es mucho, a escribir los
relatos de mis viajes no me supone demasiado sacrificio, es algo que
me compensa con creces por el hecho de revivirlos y recordar
situaciones y lugares que durante el año se van olvidando. Con la
perspectiva del tiempo, muchas cosas se recuerdan diferentes a cómo
sucedieron en realidad pero tenemos la sabia habilidad de ir diluyendo
los malos recuerdos y magnificando los buenos que, afortunadamente,
son la gran mayoría. Digo todo esto porque a medida que me viene a la
mente la visita a esta ciudad, voy recordando la belleza de la misma,
más si cabe de la que pudimos percibir allí mismo.
Como ya os hemos dicho antes, tras un tramo de autopista repleto de atascos y de
desvíos por carreteras de segunda, a las 12:10h del medio día desembarcamos en el P+R
de la Kapuzinerstrasse. Lo de desembarcar, obviamente, es una metáfora, pero bien
podría ser verdad ya que esta ciudad está bañada por tres ríos; está rodeada de agua, no
es una isla, pero casi. En esta auténtica ciudad de postal, llamada pomposamente “La
Venecia bávara”, se duplica el caudal del Danubio gracias a las aportaciones que hacen el
Inn y el Ilz al desembocar.
Imaginaos una ciudad que se alza como la proa de un gran barco con rumbo al Este en la
confluencia de los ríos Danubio, Inn e Ilz. En su cubierta, se levanta la impresionante
Catedral barroca de San Esteban. Y a babor y estribor se engarzan como perlas en un
collar infinidad de callejuelas estrechas y rincones encantadores. Este barco de ensueño
se llama Passau. ¿Queréis hacer el crucero con nosotros?
Passau es un lugar que te absorbe en su armonía y su bienestar. Se puede disfrutar
paseando por las callejuelas con arcadas de estilo veneciano, admirar los palacios
barrocos y los edificios pintados en delicados tonos pastel, o incluso deambular por sus
empinadas calles que desembocan en los paseos a orillas del Danubio o del Inn donde el
ángulo recto parece desconocerse. Su aire de ciudad italiana viene dado por orden del
obispado que regía la ciudad en el siglo XVII. Éstos encargaron a artistas y arquitectos
italianos reconstruir la ciudad en el estilo de la época ya que había quedado devastada
por un terrible incendio.
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Para hacerse a la idea de lo italianizada que quedó la ciudad tras la reconstrucción, sólo
hay que dar un paseo por alguna de sus calles peatonales. La Steinweg y sus soportales,
la Rindermarkt con la St.Paulskirche… Es como estar en un pueblo transalpino.
Tras un corto recorrido muy gratificante y provechoso en lo que a cultura se refiere, el
cuerpo empieza a reclamar un buen refrigerio. Hace calor y hay que hidratarlo
convenientemente. Y qué mejor que degustar la cocina típica alemana en alguna de las
terrazas de los restaurantes que se extienden a lo largo de la ribera del Danubio; mientras
decidimos en cual, a través de una pequeña callejuela llenamos también los ojos con una
preciosa vista de las torres de la Catedral.
Saciada la sed y el hambre, nos ponemos de nuevo en marcha. Lentamente, y sin darnos
cuenta, llegamos a Dreiflüsseeck, la confluencia de los tres ríos. Nos sentamos en su
pequeño parque y admiramos el paisaje a la vez que descansamos. Mientras, los barcos
repletos de turistas van río arriba, río abajo. Llegan a la confluencia de los tres y vuelven
para remontar el Danubio. Los hay que se paran un buen rato y siguen río abajo
buscando aguas austriacas, pero son los menos.
Botellas de agua en mano, salimos del parque por la Innpromenade. A nuestra derecha
aparecen pequeños pasadizos y escaleras y decidimos meternos por una de ellas. Sin
buscarlo, aparecemos en uno de los laterales de la Catedral de San Esteban, la cual se
eleva lujosamente en el punto más alto del casco antiguo. La Catedral de San esteban
quedó prácticamente destruida tras el devastador incendio de 1662 y volvió a resurgir de
las cenizas de la mano del arquitecto italiano Lurago.
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Como va siendo hora de ver el Veste Oberhaus, nos dirigimos a la Rathausplatz para
coger el minibús que nos subirá al Castillo/Fortaleza.
El precio del Minibús para 2 adultos y 1 niño es de 7€. En este precio está incluida la
entrada a una parte muy pequeña del Castillo. Para ver la totalidad del mismo, hay que
sacar una entrada especial que incluye la visita a un pequeño museo. Existe también la
posibilidad de ver sólo la torre, para lo cual hay que sacar un ticket aparte. La frecuencia
de salida de los minibuses es cada media hora y sólo hay una parada, como ya os hemos
dicho, está en la Rathausplatz. La subida se hace en poco más de cinco minutos; todo
depende de cómo esté el tráfico en ese momento. También se puede hacer a pie, pero no
es muy recomendable por la pronunciada y matadora pendiente que hay hasta llegar a la
cima. Elegid vosotros.
La Veste Oberhaus, antigua fortaleza de los Príncipes Obispos de Passau, es un regio
edificio de 1219 que se construyó para controlar el comercio sobre los tres ríos que bañan
la ciudad y que Napoleón utilizó como bastión en sus luchas contra los austriacos.
Actualmente se ha instalado el museo histórico-cultural y la Nueva Galería de Passau.
¿Merece la pena subir? Pues hombre, aunque sólo sea para disfrutar del extraordinario
panorama sobre la ciudad y sus límites, sí, pero poco más. Una vez arriba, el precio para
subir a la Torre del Castillo es de 2,50€ por los tres, pero este precio no incluye la entrada
para ver la totalidad del mismo. Si se desea ver todo, quiero recordar que cuesta 5€ por
persona, dato éste del que no estoy muy seguro porque no hacemos la visita.
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Lo cierto es que desde aquí, las vistas son las mejores de la ciudad, faltaría más, es el
punto más elevado. Si además se desea ver el punto donde confluyen los tres ríos, se
puede bajar hasta el Battalion Linde, un mirador desde el que se aprecia este caso único.
Después de mucho preguntar, llegamos a la conclusión de que para ir al mirador hay que
pagar los 5€ de la entrada total, aunque también cabe la posibilidad de que nosotros lo
entendiésemos mal y el acceso fuese gratuito, el caso es que nos quedamos sin verlo.
Media hora después de subir, decidimos bajar. Hace demasiado calor y aquí no hay
mucho que ver. Igual que subimos, bajamos, sudando como pollos porque el minibús
carece de aire acondicionado. Es, por tanto, muy recomendable echar mano de un
abanico aunque sea de cartón. Se suda la gota gorda.
Con los deberes hechos nos vamos a comer a un concurrido restaurante de la
Rathausplatz. El menú, compuesto por las famosas Weisswurst, unas salchichas blancas
de ternera que vienen acompañadas con mostaza dulce y el típico bretzel salado, nos
sabe a gloria. Ya puestos a engrasar la maquinaria, también degustamos otro plato típico
de la tierra como es el Schweinsbraten, que no deja de ser cerdo asado con bolitas de
patata y col roja. Javi, por llevar la contraria, “oxida” su cuerpo con una ensalada y una
especie de entrecot a la plancha. Creo que tiene más conocimiento que nosotros,
definitivamente. Por menos de 40€ comemos los tres hasta decir basta. Cervezas, Coca-
Colas, helados y cafés incluidos. El camarero, cuando le damos la propina, nos reverencia
como si toda su vida hubiese sido muelle. Gracioso el jodío. Cogemos nuestras cámaras y
nuestras guías y entre palabras y gestos de agradecimiento, nos desea un feliz viaje en
un español ininteligible. Y eso es lo que estamos teniendo: un feliz viaje.
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Resumiendo, que Passau me gusta. No sólo por las formidables casas y por las iglesias
barrocas que hay en la ciudad vieja; por los restaurantes donde el olor a barbacoa
impregna a los parroquianos que charlan o pasean por las pequeñas callejuelas que
bordean el Danubio; por las mansiones de dueños adinerados con bellísimas pinturas en
sus fachadas y con no menos bellos coches en la puerta; no sólo me gusta por el bullicio
de su animada Rathausplatz, donde restaurantes de comida típica alemana, compiten
entre sí por llevarse turistas a sus mesas; no sólo me gusta por la majestuosa Catedral de
San Esteban cuyo interior de enormes dimensiones alberga el mayor órgano del mundo
con más de 17.000 tubos y 233 registros musicales y donde al oírlo sonar, el templo gana
en majestuosidad; me gusta Passau no sólo por el histórico Castillo/Fortaleza de
Oberhaus que corona la ciudad en la colina Ilzstadt y que tuvo a Napoleón como dueño
en 1809; no sólo me gusta porque perderse en sus callejones y sus calles empinadas,
más que un contratiempo, es una bendición que te permite descubrir muchos rincones
que no vienen en las guías de viajes pero que resultan muy atractivos. Rincones donde se
respira un ambiente nostálgico. Passau me gusta por eso y por mucho más, pero sobre
todo por su gente. Por su amabilidad, porque revuelven una pequeña tienda de
ultramarinos para conseguirnos una botella de agua sin gas, porque este tipo de gente
son una fuente inagotable de inspiración para contar historias y reflexionar sobre ellas: y
es que, en mi caso, uno no sólo viaja por ver cosas y sentirlas, también para reflexionar,
para captar instantes sobre los que meditar y aprender.
Porque he llegado a la
conclusión de que en
realidad la mejor ciudad, el
mejor pueblo, el mejor
lugar es el que tiene
mejores personas. Se trata
de que te hagan sentirte
bien cuando estás de viaje,
de vacaciones, se trata de
que te traten como a una
persona, como un invitado
y no como a un número de
turista para las frías
estadísticas. En definitiva,
y para que más
explicaciones, que Passau
me/nos ha encantado. No
sé si os habéis dado
cuenta.
Con un bochorno demoledor, abandonamos la ciudad pasadas las 16:00h. A medio
camino, más o menos a la altura de Landshut, nos cae una tromba de agua de las que
dan miedo. Al pasar por Munich tenemos que parar un par de veces porque no se ve más
allá de diez metros. En los carriles que van dirección Regensburg, una balsa de agua
provoca un atasco kilométrico, por fortuna, el drenaje de nuestro carril ha evacuado bien
todo el agua.
A pesar de la lluvia, el camino nos regala paisajes montañosos en los que las rocas
desnudas parecen precipitarse, y bosques de pinos se desperdigan por las laderas,
alguno de ellos inclinándose en dirección a los lagos y a los ríos, como si avanzaran para
sumergirse sus aguas.
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Lugar de aparcamiento en Passau
Parking P+R en Passau
Kapuzinerstrasse, 30 (frente al Supermercado EDEKA AKTIV MARKT)
94032 PASSAU
Parking sin asfaltar para todo tipo de vehículos. Hay unas 15 plazas. No dispone
de servicios para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 48.57108 / E 13.47627 (N 48º 34’ 16’’ / E 13º 28’ 34’’)
1€/hora.
A 1.5 km. A la entrada hay una parada de autobús urbano que va al centro de la
ciudad.
Oficina de Información y Turismo de Passau
Rathausplatz, 3 (Neues Rathaus)
94032 PASSAU
Teléfono: 49 851 955980 y Fax: 49 851 35107
web: www.passau.de y e-mail: tourist-info@passau.de
Abierto: de 8:30h a 18:00h de lunes a viernes. De 9:00h a 16:00h los sábados y
domingos.
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Ettal
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alta Baviera
- Distrito: Garmisch-Partenkirchen
- Habitantes: 850
- Altitud: 870 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º34’ 06’’ / E 11º 05’ 38’’
- Temperatura el día de la llegada: 20ºC (19:30h)
Ettal Baviera
Poco antes de llegar a Ettal, para de llover. Aparcamos casi en la puerta del Monasterio y
en este momento no hay más que relajarse, disfrutar de la naturaleza y contemplar los
paisajes. Una gozada, tú.
Un poco más relajados y cambiados de ropa, decidimos dar un paseo por el diminuto
pueblo de Ettal. A estas horas, las 20:00h de la tarde, las calles permanecen solitarias y
sólo cuando llegamos a las puertas de la Abadía, vemos algo de movimiento en el jardín
de la entrada. Un niño juega con su pequeño perro mientras sus padres le ríen las
correrías.
La Abadía, de silencios casi nocturnos, está impregnada de esa solemnidad que tienen
los templos vacíos que invitan a buscar un punto de encuentro entre Dios y los hombres
en el caso de que uno sea religioso, o de conexión con el Yo más profundo en el caso de
que no se sea. En este espiritual rincón de Baviera, se disfruta de una tranquilidad y una
calma a todas luces envidiable.
También los alrededores de este pueblecito son absolutamente bucólicos e ideales para
dar una vuelta si no fuese tan tarde. Rodeado por espectaculares montañas, no puedo
sustraerme a la idea de que este lugar representa la típica imagen alpina que nos ha sido
inculcada desde que éramos pequeños. Para que no falte de nada, hay hasta un buen
número de vacas pastando tranquilamente a lo lejos, sin absolutamente nadie que las
agobie. Este, si lugar a dudas, es un lugar idílico y encantador.
Cansados y con un cielo grisáceo y amenazador, volvemos a la autocaravana a preparar
un cenita más ligera que de costumbre. El atracón de Passau nos va a durar un par de
días.
Antes de irnos a la cama, nos echamos unas risas viendo una película española un pelín
absurda que traemos en un DVD, y es que como decía Elbert Hubbard:”No se tome la
vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella”. Y qué razón tenía.
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Lugar de pernocta en Ettal
Parking en Ettal (A escasos metros de la Abadía)
Klosterstrasse – B23 Ammergauerstrasse
82488 ETTAL
Abierto todo el año.
Parking para todo tipo de vehículos y situado frente a la entrada de la Abadía.
Todas las plazas están asfaltadas pero no hay específicas para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 47.56933 / E 11.09197 (N 47º 34’ 09’’ / E 11º 05’ 31’’)
Gratuito
No
No
No
No
No
No
No
A unos 100 metros
Oficina de Información y Turismo de Ettal
Ammergauerstrasse, 8
82488 ETTAL
Teléfono: 49 088 22 35 34
Fax: 49 088 22 63 99
web: www.ammergauer-alpen.de/de/ettal
e-mail: info@ettal.de
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Gastos y resumen del 11º día
Kilómetros recorridos en la 11ª etapa: 422
Kilómetros acumulados durante el viaje: 3.626
Gas-oil en Regensburg: 83,60€ (75,38 litros a 1,109€/L)
Parking de Passau: 3€ por 3 horas
Minibús al Castillo/Fortaleza de Passau para 2 adultos y 1 niño: 7€ (En este
precio está incluida la entrada a una parte muy pequeña del Castillo. Para ver la
totalidad del mismo, hay que sacar una entrada especial que incluye la visita a un
pequeño museo)
El minibús para subir al Castillo/Fortaleza de Passau tiene la parada en la
Rathausplatz y la frecuencia de salida es cada media hora.
Subida a la Torre del Castillo de Passau: 2,50€ (El precio de la subida a la torre
no incluye la entrada para ver la totalidad del Castillo/Fortaleza)
ABADÍA DE ETTAL:
Kaiser-Ludwig-Platz, 1
82488 ETTAL
Teléfono: 49 8822 740
Fax: 49 8822 74228
web: www.kloster-ettal.de
e-mail: verwaltung@kloster-ettal.de
La entrada a la Abadía de Ettal es gratuita.
El horario de visita es de 8:00h a 18.00h
Datos anotados el martes 18/8/2009
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CAPÍTULO 12 / Miércoles 19 de agosto
(Ettal – Linderhof – Oberammergau): 25 Km.
Mapa de Ruta
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Ettal
Me despierto a las seis de la mañana. Sorpresa. Subo el oscurecedor de la ventana y
observo una ligera neblina meona que empapa las calles y que impide ver las verdes
montañas que rodean este pequeño pueblo y su abadía. Dada la hora tan temprana, me
vuelvo a arropar con el edredón y pongo el despertador a las 7:30h; es una hora más
cristiana, ¿no?
Despertar en Ettal es un placer más que recomendable, salvo que antes de que suene el
despertador, Inma nos arengue para que nos levantemos. Como es mejor tenerla a favor
que en contra, y hoy nos espera un buen día de visitas, ponemos todo de nuestra parte y
alzamos el culo de la cama. Después de una reparadora ducha, nos pegamos un
desayuno potente para cargar baterías y nos disponemos a disfrutar del día que nos
espera. Por cierto, la niebla de esta mañana ha dejado paso a un espléndido sol. Aun así,
la mañana está fresca, 15 grados marca el termómetro. Al salir de la autocaravana, una
rebeca es más que aconsejable.
La Abadía barroca de Ettal fue fundada en 1330 por el Emperador Romano-alemán de la
casa de Wittelsbacher Luis IV de Baviera, que trajo a Alemania la estatua de una
Madonna en su expedición a Italia en el año 1328. La Virgen, hecha de mármol, es sobre
lo que gira la vida del Monasterio. De hecho, gracias a esta Virgen se considera a la
abadía de Ettal como un verdadero centro de peregrinación. No llega a tener el fervor y
los seguidores que tiene La Macarena o la Virgen del Rocío, pero sí es cierto que desde
el siglo XVII acuden a visitarla pelegrinos desde los lugares más dispares de Europa.
Hacia 1700 el Monasterio tuvo su siglo de oro, pero un incendio devastó en 1744 la mayor
parte de la abadía y de la iglesia que, por entonces, se encontraba en fase de
modificación. La reconstrucción la dirigió el maestro de obras y estucador Joseph
Schmuzer, que acabó las obras de Henrico Zuccali, quien había planeado todo el
Monasterio tal y como está en la actualidad.
En el año 1803 el monasterio dejó de tener moradores. Los monjes fueron expulsados y
una gran parte se fue destruyendo por el abandono al que fue sometido todo el conjunto.
Sólo la iglesia y una pequeña parte del antiguo edificio monástico se pudieron seguir
usando. Una parte como parroquia y otra como palacio eclesiástico. Todos los bienes que
poseía el Monasterio pasaron a poder del Estado. En 1900 se devolvió a los monjes la
totalidad del Monasterio y finalmente en 1976 los últimos daños fueron reparados de
acuerdo a sus antiguos planos.
Dicho esto, y antes de cumplirse las nueve, el olor a las flores del jardín nos da la
bienvenida. La Abadía a estas horas está en su plenitud de belleza. Su cúpula le roba el
brillo al sol y su figura se impone sobre el pueblo atrapando la atención de los pocos que
ya estamos deambulando por aquí.
De punta a punta, la fachada parece estar en constante movimiento. Viendo las enormes
estatuas de santos aferradas a la pared, me cuesta creer que jamás fueron reales…
exagerando un poco, se podría decir que aquí mora, si no todo, casi todo el panteón
celestial: San Antonio de Padua, San Sebastián, San Luis, San Marcos, San Lucas,
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Santiago, Santa Rosa de Lima, la Virgen del Carmen, Santa Marta, San Miguel Arcángel,
San Judas Tadeo, los Pablos, San Pedro el de las Llaves… Todos, no falta ni San Ignacio
el de las cacerolas. Inma dice que me he pasado un poco y que no está ni la mitad de los
que digo, pero yo creo que hay incluso más.
Pero si el exterior es bello, lo que hipnotiza y genera admiración es el hermosísimo
interior, sobresaliendo el impresionante fresco de Johann Jakob Zeiller en la cúpula
central que corona la edificación, con una escena en la que se representan el cielo
benedictino con sus principales santos y la Santísima Trinidad. ¡Es tanta su belleza que
cuesta quitarle los ojos de encima! Del resto, lo mejor es que veáis las fotografías. Para
qué más explicaciones.
En otro orden de cosas, este Monasterio tiene un apartado que funciona como hotel,
intuyo que bastante caro, y también hay un colegio católico en el que imparten clase los
monjes. Visto de otra forma, todo un negocio.
Pero si hay devotos de la Virgen, no son menos los que acuden a la llamada del sabor de
la extraordinaria cerveza que elaboran los 55 monjes benedictinos que residen en la
Abadía. Nada menos que siete millones de litros anuales son los que se comercializan
con la marca Ettaler Kloster Biere en botellas de medio litro. Para no hacer un feo,
compramos unas pocas para regalar a los amigos, como de costumbre. Temo que si nos
para la policía, nos multen por contrabando de alcohol. Una barbaridad.
Cargados con dos cajas de cerveza de seis unidades cada una, volvemos a la
autocaravana para poner rumbo al Palacio de Linderhof. Sólo 11 kilómetros nos separan
de él.
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Linderhof
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alta Baviera
- Distrito: Garmisch-Partenkirchen
- Altitud: 941 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º34’ 09’’ / E 10º 57’ 16’’
- Temperatura el día de la llegada: 23ºC (11:30h)
Linderhof Baviera
En poco menos de veinte minutos, llegamos al parking del Palacio de Linderhof. Con unas
550 plazas, es un aparcamiento para todo tipo de vehículos. Está distribuido en varias
zonas y los operarios van colocando a los vehículos entrantes en función de la ocupación.
Se paga en la puerta de entrada. Un operario te dispensa el ticket previo pago de 3,50€
para todo el día. Precio único para autocaravanas. Antes de que lo preguntéis: no. No
dispone de ningún tipo de servicios para autocaravanas. Una pena.
Ante el desconocimiento de si habrá mucha o poca cola para sacar las entradas, lo
primero que hacemos es irnos directamente a las taquillas del recinto. Sorpresa: está
semivacía. Esto no es Neuschwanstein ni por aquí apareció Walt Disney para copiar el
castillo de la Bella Durmiente.
El precio de la entrada es de 7€ los adultos y gratis para los “niños” menores de 18 años.
Es curioso porque se puede dar el caso de que con 21 años el “niño” pase gratis porque
la criatura se parezca a Joselito, o todo lo contrario, que tengas que mostrar el DNI
porque el chaval con 14 años de la sensación de que le quedan quince días para ir de
reemplazo a Afganistán. Si alguno de vuestros hijos o acompañantes está en cualquiera
de estos dos casos, pensar bien cómo lo hacéis. Todo sea por ahorrar.
Después de desvariar un rato, sigamos con el relato. En el precio de la entrada está
incluida la visita guiada en español al Palacio y el acceso a la Gruta de Venus, ésta última
explicada en alemán, italiano (ignoro si habrá una excursión de italianos pero las
explicaciones las dan también en ese idioma) e inglés. Si sólo se desea ver el Palacio por
fuera y visitar los jardines, la entrada es gratuita.
Para ver el interior del Palacio, prestad atención a los horarios de las visitas guiadas ya
que cada idioma tiene su hora. En nuestro caso, el horario de la visita en español es a las
12:15h, ¡y son puntuales! De todas formas, en la taquilla os podéis informar de todos los
horarios. Para los aficionados a la fotografía hay un pequeño inconveniente: no se pueden
hacer fotos en el interior del Palacio, lo que no significa que no se hagan…
Y ahora vamos a la visita.
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Este coqueto palacio, conocido pomposamente como “El pequeño Versalles” era la
residencia preferida de Luis II de Baviera. También fue la única construcción que se
terminó en vida del Rey. Él falleció en el Lago Starnberg en 1886 y Linderhof se acabó
ocho años antes.
Situado en el valle de Graswang, el Palacio de Linderhof se alza suntuoso y afrancesado.
Luis II, amante de la arquitectura y el lujo, había visitado varias veces el palacio de
Versalles y sentía especial predilección por él y por la grandeza de Luis XIV, el Rey Sol.
Varios de los castillos que Luis II construyó, tuvieron como inspiración el Palacio de
Versalles, principalmente Linderhof y Herrenchiemsee.
Luis II encarga el diseño de Linderhof
a su arquitecto Georg Dollmann, que
comienza a construirlo en 1870 y lo
acaba en 1878. El lujo y la
ostentación es tal, que supera incluso
al Palacio francés. Neuschwanstein y
Herrenchiemsee también son obra de
Dollmann. Llama mucho la atención
porque nada más verlo, uno se da
cuenta que es pequeño en
comparación con los otros que
levantó en Baviera. Si tenéis la idea
de ver algo descomunal, os va a
desilusionar. Mide alrededor de 30
metros de largo por 28 metros de alto.
La fachada principal es puro lujo
barroco. Delante de ésta, se alza una
gran fuente que, coincidiendo con las
horas pares, se pone en
funcionamiento elevando el chorro de
agua a más de 20 metros de altura. Si
queréis verla en funcionamiento,
estad atentos porque dura la risa de
un loco, es un visto y no visto.
Vista la fuente, nos ponemos en la cola correspondiente y a las 12:15h accedemos al hall
de entrada del Palacio donde nos da la bienvenida desde el centro una estatua ecuestre
del Rey Sol. En un descuido del guía, hago un par de fotos pero me llaman la atención. El
ruido del obturador electrónico de la Canon me ha delatado.
El interior es de una exuberancia en lujo y riqueza que impresiona: pinturas, telas, tapices,
salones deslumbrantes, lámparas de media tonelada, candelabros de oro, fastuosos
espejos, porcelanas chinas, ornamentos dorados… Sin palabras te deja la visita. Ver el
interior de Linderhof es como pasear por la época de esplendor del Rey Sol.
No se visita la totalidad del Palacio, pero sí las habitaciones más importantes. Para no
alargarnos mucho, os diremos que:
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La habitación Tapiz Oeste, es una estancia extremadamente recargada llena de
color. Como el Rey Luis II sentía predilección por el estilo francés del Rey Sol, hizo una
réplica de una estancia del Rey Luis XIV en Versalles. Una especie de piano con una
decoración muy llamativa y un faisán tallado en oro son piezas destacadas en esta
habitación de la música.
La Sala de Audiencia, originalmente diseñada para ser Salón del Trono, es una estancia
rica en adornos. El dorado está por todas partes: relojes, chimeneas y muchos objetos en
oro. Mesas de malaquita, cortinas de seda, lámparas de cristal, tapices, jarrones. Todo
hace de esta sala una verdadera joya.
La Alcoba, que fue diseñada en 1871 por Ángelo Quaglia, se amplió en 1886 por deseo
de Luis II. Es la estancia más grande del Palacio. Una impresionante cama dorada vestida
con telas de un azul intenso, preside la habitación. Una balaustrada dorada rodea la cama
dando la impresión de estar aupada en un altar. En esta habitación hay una lámpara de
araña con luces de cristal con 108 velas que pesa 500 kg. Las esculturas de mármol, los
estucos y los murales con escenas mitológicas son testimonio del gusto por la
pomposidad y la mitología del Rey. La ubicación de esta habitación es la mejor del
Palacio, ya que está en la parte central con vistas a la Cascada Norte.
El Comedor, es una habitación ovalada decorada en tonos rojos. La abundancia de
dorados sigue siendo protagonista en esta sala. En el centro hay un curioso invento: una
mesa con un mecanismo que hacía que pudiera subir y bajar a la cocina para evitar que el
servicio estuviese en contacto con el Rey. He leído por ahí que incluso la excentricidad
del Rey llegaba al extremo de ordenar a los sirvientes servir la mesa para cuatro
comensales, ya que a Luis II le gustaba hablar con gente imaginaria como Luis XIV,
Madame Pompadur o María Antonieta. En otras dependencias del Palacio se pueden
admirar retratos de estos tres ilustres personajes.
La habitación Tapiz Este, es una sala decorada con escenas de la mitología
grecorromana. En esta habitación está el cuadro de las “Tres Gracias” de Bechler. Toda la
estancia sigue la misma tónica que las otras salas que hemos visitado hasta ahora:
exuberancia en la decoración, lámparas, dorados e infinidad de objetos decorativos. A
estas alturas de la visita, me dan un segundo aviso para que no siga haciendo fotos en el
interior. De hecho, hasta se llegan a mosquear porque tomo notas en mi pequeña libreta.
El Salón de los Espejos, es la estancia más grande de Linderhof. La alcoba del Rey está
en la zona norte, y el Salón de los Espejos en la zona sur del Palacio. Es una sala que
impresiona por su fastuosidad, como casi todas. Fue diseñada por Juan de Paz en 1874 y
está totalmente recubierta de espejos incrustados en las paredes. La colocación de éstos
imita ilusiones ópticas. Las impresionantes lámparas de araña y los espejos dan una
sensación de luz y profundidad majestuosa a la habitación. Sentado en un banco que hay
en un saliente del salón, Luis II admiraba los efectos ópticos que producía el montaje. Era
una de sus salas favoritas cuando estaba en Linderhof.
Pero si el interior es espectacular, los jardines que rodean Linderhof no lo son menos; su
visita es obligada por su maravilloso paisajismo. Como el Palacio está edificado sobre un
valle muy empinado, las zonas ajardinadas están construidas en terrazas. Veréis zonas
inspiradas en jardines ingleses, otras en jardines franceses como Versalles, influencias de
la mitología grecorromana y zonas con influencia marroquí ya que el Rey tenía especial
admiración por este país.
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Detrás del Palacio, en la parte norte, y en una marcada pendiente, hay una maravillosa
cascada con 30 escalones de mármol con una fuente del Dios Neptuno a sus pies. Dice
mi hijo que es una lástima que no hayamos traído la bandera del Atleti para celebrar aquí
algo ya que no lo celebramos en Madrid, aunque sólo sea el haber llegado hasta
Linderhof… algo es algo.
Pero si hay un lugar que impacta en la visita a los jardines del Palacio de Linderhof, es el
llamado “Pabellón Morisco”. Originalmente diseñado por Carl Von Diebitsch como
pabellón oficial de Prusia para la Exposición Universal de París del 1867, fue adquirida
por el Rey en 1876 no sin pocas dificultades y trasladada al recinto del Parque del Palacio
de Linderhof no sin pocas modificaciones. Como el interior del kiosco le parecía
demasiado simple, lo decoró con una fuente de mármol, un lujosísimo trono y una
iluminación digna del mejor concierto de los Rollins Stones de la época. Imagino que este
hombre sería el Florentino Pérez de su época. Pabellón Morisco que se me antoja,
Pabellón Morisco que me compro. Y para él, esta preciosidad de sabor oriental debía ser
el Cristiano Ronaldo de la Expo de París. El Rey era muy dado a vestirse con trajes
orientales y, sentado en su imponente trono azul, presenciaba desde aquí los llamativos
espectáculos nocturnos a los que era muy aficionado.
Otra de las joyas del parque es la “Casa Marroquí”, comprada también en otra
Exposición Universal de París, esta en 1878. Pocos meses después de la finalización de
la Expo, llegó a Linderhof desmontada, unos días después ya estaban todas las piezas
ensambladas. Acuciado por las deudas, y después de fallecer Luis II en 1886, el estado
bávaro vendió la Casa Marroquí y fue llevada a Oberammergau, donde quedó en estado
ruinoso. En 1980 fue comprada de nuevo y, tras una concienzuda restauración, retornó a
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los jardines del Palacio. Su interior
está decorado de forma oriental,
tendencia que estaba muy de
moda en aquella época.
Uno de los mayores atractivos del
Palacio de Linderhof es la “Gruta
de Venus”, una gruta artificial de
hierro y cemento construida en
1877. Como el Rey tenía auténtica
devoción por Richard Wagner, la
hizo construir a imagen y
semejanza de una de sus famosas
óperas, Tannhäuser, de hecho,
hacía representar esta obra una y
otra vez para su uso y disfrute.
Para proteger las escenas y
paisajes pintadas en sus paredes, se recubrieron de cera y se le dio un tratamiento anti-
humedad. Para que os hagáis a la idea de la magnificencia de la caverna y del coste que
suponía para las arcas reales,
basta decir que hacían falta siete
hornos para calentarla, incluso en
verano, ya que su interior es muy
frío. Hizo construir una cascada
artificial, una máquina de olas y
otra para proyectar el arco iris, de
esa forma se creaba la ilusión
óptica de ir por el mar cuando el
caprichoso monarca era
transportado en la preciosa
barcaza en forma de concha que
preside el lago. El súmmum del
lujo y del derroche viene dado
porque hizo construir una central
eléctrica con 24 motores para
iluminar toda la gruta. Fue en su
día la primera central eléctrica de
Baviera y pasó por infinidad de problemas ya que al Rey no le gustaba el tono azul que la
empresa Siemens, encargada del proyecto, le daba a su cueva; él quería que fuese más y
más azul. Y lo consiguió. Resumiendo: toda una incontinencia monetaria y todo un
exceso. La visita guiada a esta gruta se hace en alemán, inglés e italiano, y para acceder
a ella es necesario presentar la entrada que hemos sacado para entrar al Palacio.
Visto todo esto, abandonamos, no sé si el palacio más bello del mundo, pero si quizás
uno de los que encierran más lujo y suntuosidad de todos los que hemos visitado.
Antes de dejar Linderhof, hacemos las últimas compras y nos tomamos un tentempié en
la cafetería de la recepción. Al fondo, sobre la Casita Real transformada en Palacio que
en su día construyera Luis II de Baviera, las nubes anuncian agua. Es hora de marchar.
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En la bajada hacía Oberammergau, el cielo se amorata de pronto y comienza a llover de
otoño, de mirar melancólico por el cristal de la ventana. A medida que se intensifica la
lluvia lo hace también el silencio. En unos minutos dejan de escucharse nuestras
palabras, sólo se oye el sonido del motor y el del agua golpeando contra el cristal y la
chapa de la autocaravana.
Circulamos por una sinuosa carretera de subes y bajas, con múltiples pendientes que
atraviesan valles de un color verde oscurecido por el agua. Un paisaje en el que en la
lejanía se ven vacas pastando y, en la cercanía, ciclistas empapados de agua saludando
a nuestro paso y dejando sus sonrisas en nuestras almas. Afortunadamente todo es una
nube de verano.
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Lugar de aparcamiento en Linderhof
Parking del Palacio de Linderhof
ST2060 Salida Schloss Linderhof
82488 ETTAL-LINDERHOF
Parking para todo tipo de vehículos. Tiene unas 550 plazas. Hay varias zonas y
los operarios del parking van colocando a los vehículos entrantes en función de la
ocupación. No dispone de ningún tipo de servicios para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 47.56933 / E 10.95382 (N 47º 34’ 09’’ / E 10º 57’ 13’’)
3,50€ el día completo
A 300 metros de las taquillas del Palacio
Oficina de Información y Turismo del Palacio de Linderhof
Schloss und Gartenverwaltung Linderhof
Linderhof, 12
82488 ETTAL-LINDERHOF
Teléfono: 49 88 22 92030 y Fax: 49 88 22 920311
web: www.schlosslinderhof.de y e-mail: sgvlinderhof@bsv.bayern.de
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Oberammergau
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alta Baviera
- Distrito: Garmisch-Partenkirchen
- Habitantes: 6.000
- Altitud: 837 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º35’ 45’’ / E 11º 03’ 56’’
- Temperatura el día de la llegada: 22ºC (14:30h)
Oberammergau Baviera
La finísima lluvia que nos ha refrescado a primera hora de la mañana y la pequeña
tormenta de verano de hace un rato, han ayudado a quitarnos el peso del calor de días
atrás como quien alivia al viajero del peso de sus maletas. Aun así, al llegar a
Oberammergau el termómetro nos marca 22º, buena temperatura si se compara con los
40º de nuestra tierra por estas fechas.
El parking elegido está situado a la entrada del pueblo, muy cerca del Camping Municipal.
El suelo es de gravilla y hay sitio para unas 12 ó 14 autocaravanas. A nuestra llegada,
seis unidades aun dejan espacio para unas cuantas más. Junto a la Ettalerstrasse, que es
la calle en la que está el parking, hay una gran explanada en obras pero desconocemos si
es para ampliar el mismo o para otros menesteres. Se paga en un diabólica maquinita tipo
parquímetro que necesita 7€ para dispensar el ticket que es válido para 24 horas. Tras
diez afanosos minutos dándonos guerra, nos imprime el ansiado ticket el cual ponemos
en un lugar preferente en el parabrisas. Si no os dispensara el ticket ya que la máquina
suele fallar mucho, acudís a la Oficina de Turismo, contáis el problema y os dispensarán
un justificante. Nuestro vecino italiano nos proporciona esta valiosa información.
Mientras Inma prepara la comida, echo un vistazo a la información que traemos y, tras
comernos una ensalada de pasta y unas albóndigas en salsa que traemos congeladas de
casa, cogemos guías y cámaras y nos vamos a disfrutar del pueblo.
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A los pies de los imponentes Alpes, y rodeado de bosques y montañas, Oberammergau,
el pequeño y encantador pueblo muy conocido en Baviera y en Alemania, es un lugar que
trasciende en una maqueta urbana de diseño arquitectónico típico alemán. La
homogeneidad y la belleza de sus edificaciones enseguida llaman la atención. Casi todas
comparten el mismo diseño de fondo, pero cada cual tiene un rasgo particular; eso sí, hay
uno que las une: las pinturas al fresco que decoran sus fachadas, un tipo de pintura muy
característico en la región. La mayoría de las imágenes suelen ser representaciones de
oficios populares, escenas religiosas y cuentos infantiles de los Hermanos Grimm.
Entrando al pueblo por la Ettalerstrasse, en el número 41 se puede ver lo más parecido a
la casa de Hansel y Gretel y en el número 48 una preciosa vivienda con escenas de
Caperucita Roja, todo un encanto.
Uno de los rasgos característicos de estas pinturas en las fachadas de Oberammergau es
el trampantojo o Lüftmalerei, como lo llaman por aquí, una técnica pictórica que pretende
engañarnos jugando con perspectivas falsas y distintos efectos ópticos. En esta ciudad se
expandió con fuerza en el siglo XVII esta habilidad artística y la fachada de la Pilatushaus
es un claro ejemplo de ello. Entrando por sus jardines, las columnas y las escaleras
pintadas en su fachada parecen reales, tridimensionales; sólo al aproximarnos a ellas
podemos ver la trampa.
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Comenzamos la visita al pueblo precisamente en la Pilatushaus, una casa/museo con
galerías de arte y talleres artesanos. Entre troncos de olivo, platos de cerámica, muñecos
de madera y juguetes típicos infantiles, discurre nuestro paseo por las distintas estancias
de la casa. Los artesanos confeccionan sus obras con una maestría que nunca habíamos
visto. Ante nosotros, y en cuestión de minutos, uno de ellos dibuja una escena religiosa en
un plato de cerámica. Otro está tallando un burro en un tronco de madera; todo un arte
hipnótico que con la habilidad que lo hacen hasta parece fácil. Y es que no hay que
olvidar que la talla en madera es un aspecto importante en Oberammergau desde hace
más de 500 años; son pues, auténticos maestros. Pero no sólo en la Pilatushaus se
pueden comprar figuritas de madera recién fabricadas o ver cómo las elaboran. Todo el
pueblo está lleno de tiendas y talleres donde se compran santos, platos, tenedores o
trenes de madera.
Con todo esto, la fama turística de Oberammergau no sólo se debe a sus bellísimas casas
o a su arte en el tratamiento de la madera, más bien se lo debe a una tradición que dura
ya más de 375 años: La Representación de la Pasión de Cristo.
El origen de la representación se remonta a 1633 cuando la virgen libró al pueblo de una
epidemia de cólera que estaba haciendo estragos en toda la región. En agradecimiento,
sus habitantes prometieron que cada diez años escenificarían la Pasión de Cristo. En esta
representación, la más famosa del mundo, se recrea desde el año 1634 la vida, muerte y
resurrección de Jesucristo en un evento único que atrae a miles de visitantes.
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No hay actores profesionales ni conocidas figuras de la interpretación, son simple y
llanamente los habitantes de Oberammergau los que dan vida a todos los personajes
bíblicos del Nuevo Testamento durante casi cinco meses y en funciones que duran casi
todo el día. Más de la mitad de los vecinos del pueblo preparan con mimo durante diez
años los trajes, las barbas, las pelucas, el escenario y el texto de la obra. Unos 1100 son
los que la interpretan.
La famosa Passionsspiele de Oberammergau, se representa en una de las joyas de la
ciudad, en el Teatro de la Pasión (Oberammergauer Passionstheater) cuya capacidad
para 5.000 personas se queda pequeña para acoger a todos los visitantes que cada diez
años acuden al pueblo a presenciar esta joya teatral religiosa. La solemne construcción
impresiona por su tamaño, aunque suponemos que más impresionará verla atiborrada de
gente y con los actores en el escenario.
Para los interesados en ver Oberammergau y
asistir a la representación, os informamos que la
próxima se celebrará entre el 15 de mayo y el 3
de octubre de 2010, lo que ponemos en vuestro
conocimiento por si deseáis haceros una ruta
incluyendo esta visita.
Según va avanzando la tarde, Oberammergau
adquiere su mejor color. La Dorfplatz es uno de
los puntos de encuentro. La gente se reúne a
tomar sus cervezas en la terraza del Hotel Alte
Post. Frente a éste, una tienda de artículos
religiosos hace su agosto con una excursión de
portugueses. No os perdáis la fachada de este
comercio, es una auténtica obra de arte.
El fresco del atardecer alivia el calor del día, y
con la marcha del sol, las calles van cambiando
de color como si de un arco iris se tratara. Como
caleidoscopios, las luces de las tiendas, de las
casas, de los restaurantes y de los automóviles distorsionan sus colores luminosos en la
superficie de asfalto; los bancos de las calles empiezan a poblarse de caras sonrientes,
de grupos de amigos, de gente sin edad para la diversión.
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Los restaurantes, los biergarten, las heladerías y las pequeñas terrazas de los pequeños
hoteles atraen y pretenden entretener a la pequeña masa humana que pasea ajena a lo
que ocurre en el resto del mundo. Bajo las farolas de la Dorfstrasse, Oberammergau se
prepara para no dormir hasta pasadas las once de la noche, y eso por aquí es una
excepción…
Las jarras de cerveza corren por todos los rincones de las cervecerías, donde entonamos
un brindis por estar aquí y en cualquier parte, en un punto de muchas miras, sumergidos
en un paseo por el mundo, nuestro mundo, el que nos gusta, el que nos apasiona.
En fin, que la conclusión de Oberammergau es que nos ha cautivado, porque tiene ese
sabor propio que es difícil de describir, ese que sólo se siente cuando lo ves. Nos ha
atrapado por su autenticidad. No dejéis pasar la oportunidad de recorrer y de vivir este
encantador pueblo de la Baviera alemana.
Volvemos al parking por la Ettalerstrasse en medio de una terrible nube de mosquitos. La
“blanca familia” siendo atacada por un ejército de trompeteros es todo un espectáculo.
Al llegar a la autocaravana, valoramos los daños y no son excesivos, sólo Javi presenta
varias erosiones en forma de granitos enrojecidos. Nada que la Talquistina no calme.
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La cena, de tortilla de patata, picoteo de queso y jamón y algo de fruta, es más larga que
de costumbre. El Panathinaikos-Atleti de la previa de la Champions tiene la culpa. Vía
SMS, mi buen amigo Jesús nos va informando de los pormenores del partido. Cuando
lleguemos a España habrá que pagarle la factura de este mes.
Nos vamos a la cama sabiendo que hemos ganado 3-2. El “Kun” Agüero ha vuelto a hacer
de las suyas.
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Lugar de pernocta en Oberammergau
Parking en Oberammergau
Ettalerstrasse, 56
82487 OBERAMMERGAU
Abierto todo el año. Parking para autocaravanas situado muy cerca del Camping
de Oberammergau. Hay sitio para unas 12-14 autocaravanas. Suelo de gravilla.
Junto a esta calle en la que está el parking, hay una gran explanada en obras
pero desconocemos si es para ampliar el mismo o para otros menesteres. Una
vez en España, creo recordar que leí en algún foro que este parking pertenecía
al Camping y que se podía hacer uso de parte de sus instalaciones. A fecha de
19 de agosto de 2009 era un dato que desconocíamos.
Coordenadas GPS: N 47.58938 / E 11.07262 (N 47º 35’ 21’’ / E 11º 04’ 21’’)
7€/24 horas
Si
No
No
No
No
No
No
A poco más de 1 km. 15-20 minutos de agradable paseo.
Oficina de Información y Turismo de Oberammergau
Eugen-Papststrasse, 9a
82487 OBERAMMERGAU
Teléfono: 49 8822 922740
Fax: 49 8822 922745
web: www.ammergauer-alpen.de/de/oberammergau/index.html
e-mail: info@oberammergau.de
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Gastos y resumen del 12º día
Kilómetros recorridos en la 12ª etapa: 25
Kilómetros acumulados durante el viaje: 3.651
Parking del Palacio de Linderhof: 3,50€/1 día
Parking Oberammergau: 7€/24 horas
PALACIO DE LINDERHOF:
Entradas al Palacio de Linderhof: 14€ (Adultos 7€, niños hasta 18 años gratis)
Horarios: Del 1/4 al 15/10 (de 9:00h a 18:00h)
Del 16/10 al 31/3 (de 10:00h a 16:00h)
Cerrado los días 1 de enero, martes de carnaval y 24, 25 y 31 de
diciembre
El precio de la entrada incluye la visita guiada en español al Palacio de Linderhof
así como la entrada a la Gruta de Venus, ésta última explicada en alemán,
italiano e inglés. Para el Palacio prestad atención a los horarios de las visitas
guiadas ya que cada idioma tiene su hora. En la taquilla de tickets os podéis
informar. Para los aficionados a la fotografía hay un pequeño inconveniente… no
se pueden hacer fotos en el interior del Palacio, lo que no significa que no se
hagan... Ah, una última cosa, la visita de los jardines y del parque es gratuita.
Para ampliar la información (en alemán e inglés): www.schlosslinderhof.de
Datos anotados el miércoles 19/8/2009
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CAPÍTULO 13 / Jueves 20 de agosto
(Oberammergau – Wies – Mittenwald –Mühlhausen): 266 Km.
Mapa de Ruta
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Javi y yo nos despertamos con la canción “We've Only Just Begun” de los Carpenters.
Inma se ha despertado antes que nosotros y ha puesto música en el DVD de la
autocaravana. La primera vez que escuché esta canción a finales de los 70, tenía
bastante más pelo, bastante menos barriga y los sueños… bueno, los sueños no eran
muy distintos: quizá menos urgentes; ni mejores ni peores que los de ahora. Ya digo,
menos urgentes.
He de confesar que me gusta esta canción, y sé que me gusta porque después de tanto
tiempo y de escucharla tantas veces me sigue gustando y no me “arrepiento” de ella. Ni
de esta ni del resto de canciones de este dueto. Es más que probable que sea música de
viejos, como dice mi hijo, pero a mí me encanta, me produce nostalgia y alegría a la vez.
Me trae buenos recuerdos ¿Me estaré volviendo viejo con 42 años…?
Los cielos grises entristecen las mañanas, provocan que la pereza envenene las
neuronas y aletargue los músculos del cuerpo. Oberammergau ha amanecido así: de día
aburrido, sosón y finísima lluvia molesta. Dado el inoportuno despertar de la mañana, ir al
centro del pueblo a comprar el pan no nos seduce. Dudamos si esperar a que el tiempo
mejore un poco o acercarnos a ver la extraordinaria iglesia de Wies, a poco más de 20
kilómetros de aquí. Tras un corto proceso de consultas, decidimos ir a Wies. Si el tiempo
mejora, también veremos Mittenwald. Si no, ya veremos.
Al salir de Oberammergau el sol se abre camino entre las nubes y, a paso lento, éstas van
desapareciendo. Me da la sensación que nos va a hacer buen día.
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Wies
- Estado: Baviera (Alemania)
- Municipio: Steingaden
- Región: Alta Baviera
- Distrito: Weilheim-Schongau
- Altitud: 861 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º40’ 58’’ / E 10º 54’ 02’’
- Temperatura el día de la llegada: 19ºC (9:30h)
Wies Baviera
Hay experiencias que son más únicas que otras. Y este es un buen
caso. La magnificencia de este pequeño lugar emerge de la
religiosidad y fascinación que proyecta la Wieskirche. Aquí no son
necesarios el trazado de calles ni de grandes plazas o edificios; la
naturaleza por un lado, y la mano del hombre por otro, se han
encargado de darle el encanto de sus amplios llanos y la frescura de
la vegetación que la rodean; y en su interior, la impresionante belleza
que crearon los hermanos Zimmermann, convirtiéndola así en un
lugar digno de ser visitado.
Desde tiempos remotos, el hombre ha creado templos para que se pudieran cobijar allí
sus dioses. Hogares divinos o escenarios donde otros hombres tuvieron el privilegio de
poder contactar con el Ser Supremo, o al menos creer que contactaban. La mayoría de
estos lugares siguen manteniendo el carácter sagrado que le dieran nuestros
antepasados. La iglesia de Wies se levantó para ese cometido, y con el paso del tiempo
se ha podido comprobar que lo que en su día se pensó, se está cumpliendo a rajatabla.
Dueña de un encanto único, la Wieskirche, que en alemán significa “Iglesia en la pradera”,
se alza sobre una pequeña colina y se encuentra en plena naturaleza. Bosques
multicolores y prados escandalosamente verdes rodean este santuario de peregrinación
que fue declarado en 1983 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con todo lo
dicho, y aun estando en un marco de ensueño, nada hace adivinar, tras ver el modesto
exterior del templo, la impresionante decoración rococó de su interior.
Visitar un lugar por primera vez, es como presentar un lienzo en blanco sobre el cual
pintar la belleza del lugar, por eso ¿cómo haceros entender la belleza de este lugar con
palabras? Creo que es imposible, no estoy capacitado. Sí os diré que al entrar a la iglesia,
el corazón pega un salto y se queda al borde del éxtasis. Las células inquietas suben
desde las entrañas, hacen escala y se estremecen en el estómago y se van directas a la
cabeza. La boca abierta como un túnel deja entrar una ráfaga de aire y después queda
ahí, congelada, paralizada.
Pienso que una fotografía desde su mudez dice más que las miles de palabras que yo
pudiese escribir. Creo que ver las fotografías de esta indescriptible iglesia es más que
suficiente para que entendáis lo que significa esta visita, ¿para qué explicaros más?
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La Iglesia de Wies también tiene su propia leyenda. Cuentan que en 1738 una campesina
de la zona, vio como brotaban lágrimas de una imagen tallada en madera de Cristo
encadenado. Según caían, se iban transformando en perlas preciosas. A partir de
aquellos hechos empezaron a llegar peregrinos de todo el país para ver la imagen.
Imagino que esto debería ser como Lourdes ó Fátima pero en pequeño, dicho esto con
todos los respetos, entiéndaseme. Dos años después se construyó una pequeña capilla
para albergar la imagen del Cristo pero en poco tiempo resultó insuficiente.
Entre 1745 y 1754, los hermanos Zimmermann diseñaron y construyeron la iglesia actual,
gestionada por el cercano monasterio de Steingaden. La Wieskirche se salvó de la
demolición en 1802 y 1803 gracias a la oposición de los campesinos locales. Durante el
proceso de laicismo de los bienes de la iglesia por el estado de Baviera, y aunque éste
decidió derribarla sin miramientos, la presión local lo impidió, permitiendo de ese modo
que continuaran las peregrinaciones.
La designación de la iglesia
como Patrimonio de la
Humanidad en 1983, permitió
comenzar un largo proceso de
restauración que terminaría en
1991 pudiendo de nuevo
mostrar toda su belleza
interior.
Ya no hay excusas, entonces,
para privaros de visitar la
Wieskirche y de contemplar
las maravillas artísticas que
ofrece. No poner los pies en
esta iglesia sería un sacrilegio
por vuestra parte. Advertidos
quedáis.
Abandonamos la iglesia y paseamos por sus alrededores. Los caballos que pastan en sus
aledaños nos sirven de improvisados actores para fotografiar la belleza del entorno. Y es
que este es uno de esos lugares donde las imágenes expresan mucho más de lo que os
puedo escribir aquí. Es una cuestión de sensaciones lo que realmente genera vivir esta
experiencia inolvidable.
Salimos del parking de la Wieskirche y en algo más de una hora y media llegamos a
Mittenwald. Al pasar por Garmisch-Partenkirchen, un atasco de más de 30 minutos nos
permite ver desde una posición privilegiada uno de los centros turísticos más importantes
del sur de Baviera. La autocaravana se convierte en una especie de improvisado bús
turístico.
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Lugar de aparcamiento en Wies
Parking de la Iglesia de Wies
Wiesenthalerstrasse
86989 STEINGADEN
Parking para todo tipo de vehículos. No dispone de servicios para autocaravanas.
Coordenadas GPS: N 47.68220 / E 10.90005 (N 47º 40’ 55’’ / E 10º 54’ 00’’)
1€/1 hora. Máquina tipo parquímetro
A 200 metros de la Iglesia de Wies
Oficina de Información y Turismo de Steingaden
Krakenhausstrasse, 1
86989 STEINGADEN
Teléfono: 49 8862 200 y Fax: 49 8862 6470
Horario de atención: de 8:00h a 12:00h y de 14:00h a 17:00h de lunes a viernes
de 10:00h a 12:00h los sábados
web: www.steingaden.de y e-mail: tourist-info@steingaden.de
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Mittenwald
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alta Baviera
- Distrito: Garmisch-Partenkirchen
- Habitantes: 8.000
- Altitud: 915 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º26’ 36’’ / E 11º 15’ 49’’
- Temperatura el día de la llegada: 30ºC (13:00h)
Mittenwald Baviera
Mittenwald, o lo que es lo mismo, “pueblo en medio del bosque”, que es
lo que significa su nombre traducido literalmente, es una de esas
localidades alemanas que pueden pasar desapercibidas si uno se ciñe a
los circuitos más turísticos. No es tan mítica como pudiera ser Berlín, ni
tan romántica como Rothenburg ob der Tauber, ni tan monumental como
Dresden; no es una de esas ciudades en los que abundan los “puntos de
interés” que salen en cualquier guía más otros que no salen en ninguna;
Mittenwald es otra cosa, es un lugar que hay que descubrir por uno
mismo, es, sin lugar a dudas, un lugar que merece una parada y fonda.
A las 13:00h llegamos al área de autocaravanas que está situada junto a la estación de
tren de Mittenwald. Gratuita durante el día y de pago por la noche, tiene suelo de gravilla y
muchas plazas para aparcar cómodamente, algunos incluso se permiten el lujo de
extender el toldo para comer fuera. Los 30 grados que hay a estas horas desaconsejan
tamaña osadía.
Abrasados por un calor fuera de lo normal, nos disponemos a almorzar como buenamente
podemos. La rápida y ligera comida consiste en darle matarile a un pollo con curry que
hemos comprado en el Lidl de Oberau. Un melón de postre y un cafetito con hielo hacen
el resto del menú. Media hora de siesta y nos ponemos en marcha.
Mittenwald es uno de esos lugares que es difícil creer que existan en la realidad si no
tienes oportunidad de verlos con tus propios ojos. Este pueblo de montaña, tradicional y
turístico, rodeado de bosques frondosos y de figuras montañosas irregulares e
imponentes, rivaliza en la belleza de sus paisajes con los de sus vecinos de Garmisch-
Partenkirchen, Oberammergau o Ettal, por poner un ejemplo. Y no les tiene que envidiar
nada, ya lo comprobaréis.
En medio de un entorno idílico, vive este pueblo a la orden del día. Sus acogedoras calles
envuelven costumbres típicas alemanas, sus casas bajas y la belleza de sus fachadas
denotan su tradicionalismo. Tiene mucho de Oberammergau si se me permite la
comparación. No recuerdo donde leí a alguien decir que Mittenwald era un pueblo mágico,
y la verdad es que tiene sus motivos.
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Pero éstos hay que descubrirlos, porque este pueblo invita a recorrerlo, a deambular por
sus calles, a perderse en sus rincones, a contemplar sus distintos paisajes, a absorber su
naturaleza, a mezclarse con su gente, a observar sus costumbres, simplemente, a
disfrutar.
El encanto de Mittenwald se desparrama en todo el centro histórico perfectamente
conservado. El punto de encuentro es la Obermarkt. Aquí se concentra el andar cotidiano.
En este punto confluyen la iglesia de San Pedro y San Pablo, la plazuela de la Iglesia con
la estatua de Mathias Klotz (precursor en la construcción de violines en el pueblo), los
niños, los ancianos, las canalizaciones de agua, las tiendecitas de recuerdos, las fuentes
de agua potable, las cafeterías con sus terrazas repletas de turistas, los árboles, las
flores. En la Obermarkt, en esta floreada y coqueta calle, los bancos de madera nos
sirven para relajarnos por un momento y contemplar, deleitando a la vista, la enorme
belleza que nos envuelve.
El pueblo en sí es muy fácil de visitar, todo está muy concentrado, tanto que acabamos
encontrando más o menos a los mismos allá por donde vamos. Lo mejor es olvidarte de
las guías y de las recomendaciones que la oficina de turismo proporciona en un folleto
inglés. Si nos permitís un consejo, sumergíos en sus calles y callejones, algunos tan
pintorescos como el Ballenhausgasse, situado detrás de la iglesia. En él se encuentra el
Museo de los instrumentos de cuerda. Disfrutad de lo más bello de esta callejuela: las
fachadas de las casas las cuales lucen esplendorosas pinturas policromadas con escenas
religiosas y de la vida local. Por momentos, con el tañido de las campanas de la iglesia,
las escenas pintadas parecen adquirir movimiento, vida propia. Una maravilla. Lo dicho,
patead la ciudad a vuestro aire, es como mejor se disfruta.
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Y no olvidéis hacer una parada en la Schreyöggplatz, una pequeña plaza muy cerca de la
iglesia. Sentaos en uno de los bancos que hay junto al pequeño estanque de agua y
disfrutad del paisaje, es una delicia.
Sumergidos en un sofocante calor, abandonamos el área de la estación encantados por
las sensaciones vividas en este pueblo.
El camino al Lech Camping de Mühlhausen-Affing no tiene historia. Sólo un atasco en la
A8 a la salida de Munich tal y como nos pasa todos los años que desfilamos por este
camino de cabras. Tres años pasando por aquí y tres años de continuos desvíos. Es la
autovía de las sempiternas obras.
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Lugar de aparcamiento en Mittenwald
Parking en Mittenwald
Albert-Shottstrasse (Bahnhofsplatz P1)
82481 MITTENWALD
Parking con suelo de gravilla y capacidad para unas 30 autocaravanas. Dispone
de enganche de luz (de pago, según consumo, a 0,70€/kWh), grifo para carga de
agua (1€/100 litros). El vaciado del químico y de las aguas grises es gratuito
Coordenadas GPS: N 47.43777 / E 11.26417 (N 47º 26’ 15’’ / E 11º 15’ 51’’)
Gratuito durante el día y 12,60€ por pernoctar
A poco más de 1 km.
Oficina de Información y Turismo de Mittenwald
Dammkarstrasse, 3
82481 MITTENWALD
Teléfono: 49 8823 33981 y Fax: 49 8823 2701
web: www.mittenwald.de y e-mail: touristinfo@markt-mittenwald.de
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Mittenwald
Parking en Mittenwald
Weidenweg
MITTENWALD
- Parking situado a 1 km del centro de la ciudad. A un cuarto de hora a pie.
- Situado junto al río Isar
- Suelo de tierra
Coordenadas GPS: N 47.43791 / E 11.26894 (N 47º 26’ 16’’ / E 11º 16’ 08’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Mühlhausen-Affing
(Lech Camping GmbH)
- Estado al que pertenece la Ciudad: Baviera (Alemania)
- Región a la que pertenece la Ciudad: Suabia
- Distrito al que pertenece la Ciudad: Aichach-Friedberg
- Habitantes de la Ciudad: 5.400
- Altitud del Camping: 457 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 48º26’ 15’’ / E 10º 55’ 45’’
- Temperatura el día de la llegada: 25ºC (20:30h)
Mühlhausen-Affing Baviera
A las 20:30h llegamos al Camping Lech de Mühlhausen-Affing, nuestro ya habitual lugar
de pernocta cuando pasamos por aquí. Entramos a la recepción y la dueña nos atiende
con su habitual amabilidad y diligencia. Pasarán por aquí miles de personas al año pero
se acuerda de nosotros, ya es el tercer año que nos tiene como clientes. O tiene memoria
de elefante o mi cara es difícil de olvidar… No hablan español pero se hacen entender, y
como dice el refrán: “A buen entendedor con pocas palabras basta”. Os lo
recomendamos.
Frente al bloque de sanitarios, y muy próximos a dos autocaravanas españolas, nos
posicionamos con sigilo y cuidado, la rama de un árbol amenaza con rayar el techo de la
autocaravana. Javi grita con su voz grave: “¡Falsa alarma! la rama está a tres metros,
papa”. Cuando llegue a España me cambio de gafas y a mi hijo le ponemos unas. Entre la
autocaravana y la rama no hay más de 50 cm. Cada vez vemos menos, unos por defecto
y otros por exceso.
Salgo de la autocaravana para estirar un poco unas entumecidas piernas que ya ni siento.
Es entonces cuando, tras un acalorado debate sobre si debemos ir a ducharnos antes o
después de cenar, decidimos hacer caso a Inma y nos vamos toda la familia en tropel a
darnos una reconfortante ducha antes de la cena. Lo de acalorado es por el bochorno
climatológico, no por la tensión del momento.
Tras ingerir unas deliciosas costillas con salsa barbacoa y un poco de fruta, nos
tumbamos a la “bartola” y repasamos las vivencias de lo que llevamos de viaje. Anoto
cuatro cosas en la libreta de apuntes pero en diez minutos el sueño me vence.
Ajenos al resto del mundo cerramos los ojos y dormimos plácidamente.
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Lugar de pernocta en Mühlhausen-Affing
Lech Camping GmbH (*****)
Seeweg, 6
86444 Mühlhausen-Affing
Teléfono: 49 8207 2200
Fax: 49 8207 2202
web: www.lech-camping.de
e-mail : info@lech-camping.de
80 parcelas, la mayoría con sombra y césped. Muy buen camping.
Horario de recepción: de 7:00h a 21:00h en verano.
Camping abierto del 1/4 al 11/10. Resto del año cerrado. No hablan castellano
pero se hacen entender y el trato es excelente.
Coordenadas GPS: N 48.43781 / E 10.92962 (N 48º 26’ 16’’ / E 10º 55’ 46’’)
29€/Noche (2 adultos, 1 niño, parcela, electricidad y autocaravana)
Adultos: 6,50€
Niños: 3,50€
Parcela: 9,90€
Electricidad 16A: 2,60€
Si
Si
si
Si
Si
Si
Si, de pago (3€ por una hora)
A 1 km de Mühlhausen-Affing y a 6 km de la ciudad de Augsburg. Frente al
camping hay una parada de autobús para desplazarse a Augsburg.
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Gastos y resumen del 13º día
Kilómetros recorridos en la 13ª etapa: 266
Kilómetros acumulados durante el viaje: 3.917
Parking de la Iglesia de Wies: 1€/1 hora
Camping Lech de Mühlhausen-Affing: 29€ + 3€ WIFI
IGLESIA DE WIES:
Wieskirche. Kath. Kuratiekirchenstiftung " St. Josef" Wies
Wies, 12
86989 STEINGADEN
Teléfono: 49 8862 932930 y Fax: 49 8862 9329310
La entrada a la Iglesia de Wies es gratuita y está abierta todos los días del año.
Horarios: Verano (de 8:00h a 19:00h) e Invierno (de 8:00h a 17:00h)
web: www.wieskirche.de y e-mail: wieskirche2@web.de
Datos anotados el jueves 20/8/2009
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CAPÍTULO 14 / Viernes 21 de agosto
(Affing Mühlhausen – Bamberg): 201 Km.
Mapa de Ruta
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La pereza es muy mala compañera de viaje. Nos levantamos a duras penas a las 8 de la
mañana. Yo, particularmente, me acurruco bajo el edredón como si intentará evitar lo
inevitable. Próximo destino, Bamberg. Hay momentos en los que me gustaría seguir
durmiendo, saboreando ese regusto que dejan los sueños bellos, esos instantes en los
que por una vez me hubiesen gustado que fueran verdad, lo malo es que con el tiempo no
serán ni recuerdos. El dolor del cuerpo no puede con la claridad de la cabeza y finalmente
me levanto. Inma y Javi ya lo han hecho antes.
Recién aseados, toca el ágape matutino. Con legañas, el café no sabe igual. El desayuno
consiste en fiambres surtidos y otros manjares que hacen agua la boca con sólo
imaginarlos. Mientras bebo a sorbos el café descafeinado, me pregunto también cómo irá
el día, si tendré que replanificar de nuevo el viaje como ya lo he hecho muchas veces, o,
si por el contrario, seguiremos la ruta prevista y mañana ya estaremos en
Francia. Negocio con Inma y con Javi el viaje del año que viene aunque más bien son
ellos los que negocian conmigo. Tiempo al tiempo.
Compramos el pan en la tiendecita del camping (hay que encargarlo en día anterior,
recordadlo) y a las 9:10h salimos por la puerta saludando a los compañeros españoles
que también salen temprano.
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Bamberg
- Estado: Baviera (Alemania)
- Región: Alta Franconia
- Distrito: Bamberg
- Habitantes: 71.000
- Altitud: 242 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 49º53’ 39’’ / E 10º 53’ 07’’
- Temperatura el día de la llegada: 19ºC (11:45h)
Bamberg Baviera
Cada día, sobre su enjambre laberíntico de calles, Bamberg soporta las
pisadas de sus miles de visitantes, aunque pocos de ellos, entre tanto
ajetreo, reparan en los tesoros escondidos que esconde esta bellísima
ciudad del centro de Alemania. Con cada pestañeo de sus caminantes,
Bamberg atrapa luces, sombras, formas, sabores, olores, sentimientos
y sonidos en tonos sepia, grises y en un sinfín de maravillosos
colores. Son momentos convertidos en perpetuidad, donde la ciudad
proyecta su huella, su existencia, su pasado, su presente y su futuro.
Cuando llegamos al parking de Bamberg, llueve como si lo fuesen a prohibir. Dado el
panorama que se nos presenta, decidimos hacer un poco de hora y ver si se calma la
tormenta. Nuestros vecinos de al lado, en su Flair de veinte kilos, con cara de
circunstancias, hacen lo mismo. Un pequeñajo de corta edad, asoma su dulce sonrisa por
la ventana. ¡Quiero salir!, parece decir.
Con una oscuridad impropia de la hora, los rayos iluminan la docena de autocaravas que
llenamos el parking. Javi e Inma permanecen mudos hasta ver si amaina el temporal:
tienen más miedo que Curro Romero en la Maestranza; eso de que a las 12:00h sea casi
de noche, les acongoja un poco.
Más tarde, la calma, y cuando estamos dispuestos a salir, vuelve a llover con insistencia.
La cosa se vuelve a complicar y la fría lluvia hace que no apetezca demasiado salir a la
calle. Una buena excusa para quedarse en la autocaravana y comer tranquilamente
mientras para de diluviar. Es una de esas tardes de huida de la calle, de ocultarse entre
las cuatro paredes de la autocaravana, de besos dados a mi hijo con la mirada, de cafetito
caliente. Volviendo de esta súbita abstracción, escucho de nuevo el agua aporrear el
techo, miro el frío paisaje, recuerdo las sonrisas, y me dan ganas de acompañar con
lágrimas esta tarde de lluvia. Con la edad me estoy volviendo sensiblero.
Por arte de magia, que para eso estamos en Alemania y aquí está todo muy normalizado,
a eso de las tres y media para de llover. Todos contentos como castañuelas. Desbandada
general como cuando dan el chupinazo en los encierros de San Fermín. De las
autocaravanas vecinas comienzan a salir paisanos y más paisanos hasta juntarnos no
menos de veinte. Todos a la parada de autobuses en tropel, como en la estación de metro
de la Puerta del Sol.
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La carita de nuestro joven vecino alemán es aun de más felicidad, su perro mueve el rabo
y corretea a su alrededor como poseído por el espíritu de Lassie. Javi se descojona. El
niño también.
En la puerta del parking está la parada de autobuses urbanos que van a la estación
central ZOB en el centro de Bamberg. El autobús que hay que coger es el número 50 y
los billetes se sacan en una máquina que hay en la marquesina de la parada. El precio es
de 2,50€ ida y vuelta para 2 adultos y 1 niño (billete familiar). Las instrucciones están en
alemán, y como casi todos los que están en el parking con nosotros son alemanes, van a
una velocidad de vértigo sacando billetes. Al ver nuestra dificultad para entender la
mecánica del invento, el conductor del bús se presta a ayudarnos y nos saca los billetes él
mismo. Un detallazo. Dicho esto, en cinco minutos estamos en el centro de la ciudad.
Bamberg, la majestuosa Bamberg, la ciudad que se levantó sobre el mayor casco antiguo
de Europa, se sigue conservando en perfecto estado y fijaros si han pasado siglos. Culpa
de ello lo tiene también que apenas fue tocado durante la Segunda Guerra Mundial, por lo
que casi todo es original y sin apenas retoques, lo cual es muy extraño en un país
devastado por las guerras como Alemania.
La “Roma de Franconia”, así se conoce a esta preciosa e histórica ciudad del norte de
Baviera. Este sobrenombre viene dado porque está construida sobre siete colinas, igual
que Roma y tal vez, por qué no decirlo también, por su pasado episcopal; la iglesia lo
copaba todo por entonces, amigos. Y ahora también. Y es que, como decía el humorista
Josele, “…esto es un negocio, y eso que se empezó sin luz, con una mula y un
pesebre…”
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Esta encantadora y tranquila ciudad Bávara que se encuentra ubicada a orillas del río
Regnitz, nos invita a recorrerla sin prisa, disfrutando de todos los atractivos que alberga
su casco histórico. Nos recibe engalanada de los pies a la cabeza ya que durante estos
días se celebra la Sandkerwa, un famoso festival de música folk que dura cinco días y que
se organiza en torno a la “Pequeña Venecia” de la que más tarde hablaremos.
Con sus casas tradicionales,
las calles adoquinadas y la
majestuosidad de la catedral
situada sobre una colina
dominando la ciudad, bien se
podría decir que parece una
villa anclada en la Edad
Media.
A cada paso nos asombramos
del maravilloso ambiente de la
ciudad. Como pocos sitios en
Alemania, Bamberg ha logrado
mantener viva la memoria de
aquellos que la hicieron, de
aquellos que, con esfuerzo y
tesón, forjaron una auténtica
deidad para que las futuras
generaciones la gozaran.
Como muchas ciudades es fiestas, Bamberg contesta en un sinfín de imágenes la magia
y la alegría del festivo verano. Testimonio de la memoria ciudadana, esta ciudad de postal
se viste con los colores y con los símbolos del estío, de la típica fiesta alemana; Bamberg
es un hervidero de gente en busca de la libertad estival y festiva perdida durante el resto
del año, es una réplica en color de aquellos pueblos de recuerdo infantil que empezaban a
hacer historia cuando el sepia era la única tonalidad en la que se les fotografiaba. Tonos
cálidos para sus fachadas, y flores en las ventanas, son la cara visible de este paraje que
no tiene parangón en Alemania.
Andando sin brújula, llegamos a una de sus joyas: el Altes Rathaus. También llamado
Antiguo Ayuntamiento, fue construido en el año 1386 y es uno de los edificios más
hermosos de la ciudad y por ende de Alemania. Está construido sobre una isla artificial en
medio del Regnitz porque, según la historia, en la Edad Media el príncipe-obispo de
Bamberg se negó a conceder un mínimo espacio para la sede gubernamental de los
burgueses. Al no ponerse de acuerdo ambas partes, se decidió que el río fuese la
frontera. Así los vecinos burgueses crearon la pequeña isla en medio de la corriente del
río y pudieron edificar su Ayuntamiento.
Aunque la fachada tiene unas impresionantes pinturas barrocas, lo que realmente llama la
atención es la ampliación de entramado de madera de 1688 llamada Rottmeisterhaus,
una pequeña casita que parece flotar como la proa de un barco sobre el río. Observad
detenidamente en el lateral del lado este, el ingenio del artista al pintar un querubín y
hacer que la pierna de éste salga del fresco para colgar fuera de la casa. Sobre ésta, y en
la parte más alta de la fachada, otra figura sobresale de cuerpo entero ocultando sólo su
brazo derecho. Curiosísimo.
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Atravesamos el Altes
Rathaus, cuyo colorido
es espectacular, y
subiendo por las
empedradas y
engalanadas calles del
centro llegamos a la
Domplatz, una plaza
abombada donde se
encuentra la Catedral,
la Antigua Residencia
(Alte Hofhaltung) y la
Nueva (Neue
Residenz).
Elevada sobre una de
las siete colinas de la
ciudad, la inconfundible
silueta de la Dom
engalana el cielo de
Bamberg desde hace
más de mil años. De esta catedral, consagrada a San Pedro y San Jorge, la historia
cuenta que allá por 1004, el emperador Enrique II, fundador de esta obra colosal, entendió
como nadie la grandiosidad que este edificio religioso debía mostrar e ideó una catedral
de dimensiones monumentales, que sobresaliera, imponente, en una ciudad en la que
predominaban las construcciones bajas. Ocho años después de su inicio se pudo finalizar,
pero tras pasar por incendios y demás avatares, en el siglo XIII se pudo acabar
definitivamente para dejarla tal y como se puede ver en la actualidad.
Por suerte tenemos la fortuna de recorrerla antes de que cierren, y os puedo asegurar que
es una joya tallada a la perfección, tanto de cara al cielo como en su interior. Alzar la vista
hasta la cúspide de sus cuatro torres cuadradas es una invitación a escaparse
momentáneamente de lo contemporáneo para entrar en el pasado. No os perdáis la
sublime belleza del Pórtico de los Príncipes que abre a la Domplatz y que contiene las
estatuas de los profetas llevando a sus espaldas a los Apóstoles. Simplemente sublime.
Resulta irresistible, entonces, negarse a la aventura de pisar su interior y poder deleitarse
con la estatua ecuestre del Caballero de Bamberg, con la mirada irónica de Santa Isabel
en el grupo de la Visitación, con las tumbas de Clemente II y Enrique II y con el bellísimo
retablo de madera de la Natividad de Cristo, sin duda, una de las cosas más imponentes
de la catedral.
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A media tarde el cansancio me puede y propongo a Inma y a Javi descansar un rato antes
de seguir el recorrido por la ciudad. Cuando nos damos cuenta, las verbenas de todos los
barrios están a punto de empezar y las podemos ver in situ desde la abombada plaza de
la Dom; mejor sitio imposible. Desde aquí arriba, tengo la impresión de estar en un lugar
conocido, familiar, un lugar que me recuerda a otras ciudades alemanas que hemos
visitado en fiestas. Y lo bueno es que la sensación es real, lo estoy viviendo y disfrutando,
no es una experiencia fruto de mi imaginación. Bajamos de la colina con la música de
fondo. Los pies se van tras su ritmo.
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Como preveíamos, este viaje se está convirtiendo en una extensa cata de cervezas
alemanas. Y es que Bamberg no es sólo uno de los cascos antiguos más grandes y
completamente preservados de Europa desde hace mil años, también es un paraíso para
los aficionados a la cerveza. Tiene nueve cerveceras privadas fabricando más de
cincuenta tipos diferentes. Si visitáis esta ciudad, comprobaréis como rebosa de
cervecerías antiguas y curiosas.
Dada nuestra afición por probar las cervezas locales allá por donde vamos, hoy le toca el
turno a la ahumada de Bamberg. Os recomendamos la Alt-Bamberg Dunkel, con un ligero
aroma a humo, nada que ver con el sabor a chorizaco ahumado de la Glops de Llúpols i
Llevants que una vez compramos en un Hipercor de Madrid, por poner un ejemplo. A los
amantes de esta bebida, os llamará la atención la gran variedad de cervezas que hay en
Alemania, cada ciudad tiene media docena de marcas con tres o cuatro variedades cada
una. Ahumadas, con alcohol, sin él, con alta graduación, con baja, con sabor a limón… y
como ya os hemos dicho antes, Bamberg posee más de cincuenta.
Por cierto, data la curiosidad que nos entra por saber cómo se hace la variedad ahumada,
le preguntamos a un barcelonés que trabaja en un biergarten de la Karolinenstrasse y nos
cuenta que el ahumado de las cervezas de Bamberg consiste en el uso de humo directo
para el secado de la malta y parar así la germinación de la cebada, lo que le da ese
aroma tan característico. Este sistema era el más utilizado antiguamente, en el caso de la
Alt-Bamberg Dunkel data de 1718, pero en la actualidad casi todas las cerveceras
alemanas lo han sustituido por otros medios más “limpios”. Aun así, aquí se sigue
utilizando el sistema tradicional.
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Atravesando las pobladas callejuelas del casco histórico, llegamos a la pomposamente
llamada "Pequeña Venecia", un antiguo barrio de pescadores en el que se han restaurado
minuciosamente todas y cada una de las antiguas casas de entramado que datan de la
edad media. La decoración de las diminutas casas, junto a sus balcones y sus cuidados
jardines donde pueden verse los amarres para las embarcaciones, forman un romántico y
espectacular conjunto.
Con la “Pequeña Venecia” como fondo, durante el festival Sandkerwa se organiza todos
los meses de agosto el súmmum de las fiestas de Bamberg. Sobre el Regnitz se
escenifica el tradicional “Fischerstechen”, un espectáculo medieval consistente en que
dos lugareños vestidos como los pescadores de la Edad Media tienen que competir en
dos pequeñas barcas de madera con remos. El juego consiste en, mientras uno dirige
como puede la barca, el otro se afana, con la ayuda de un palo, en tirar al agua al
pescador de la barca competidora. Varazo va, varazo viene. El primero en caer al agua,
pierde. Jolgorio general.
Otro de los momentos cumbre de las fiestas es la que por aquí llaman “La noche italiana”,
en la que los botes y las dos góndolas de la ciudad surcan el río adornadas con farolillos
por delante de las iluminadas casas del antiguo barrio de pescadores.
El Sandkerwa finaliza la noche del lunes 24 a las 22:00h con un espectáculo de fuegos
artificiales desde una de las colinas de la ciudad.
Una vez cargados de cerveza ahumada (para nuestro consumo en España, se entiende),
nos dirigimos a la “Pequeña Venecia”, para disfrutar de las fiestas y porque mi hijo es una
máquina de comer. Está en edad de ello. Cada tres horas suena la alarma del estómago
de Javi. Su reloj biológico es tan preciso que cada 180 minutos, casi sin excepciones,
necesita saciar el hambre que cíclicamente lo asalta. Yo, que no ando muy lejos de su
necesidad, sólo necesito un pequeño empujón para zambullirme de lleno en el noble arte
del yantar. Como Bamberg reúne todas las características apropiadas para saciar el
apetito, allí acudimos, a orillas del Regnitz, frente a las pequeñas casitas de pescadores,
a esos puestos de feria donde sirven unas deliciosas Currywurst con patatas y unas
cervezas de medio litro que hacen de aquello lo más parecido a la famosa fiesta de Blas.
En uno de esos puestos, pedimos el menú típico de las fiestas. Un larguirucho y escuálido
anciano nos atiende con mimo. Se quiere hacer entender al ver que nos explicamos más
con los gestos que con las palabras. Sobre su gran bigote blanco lleva el cansancio de la
vida. Va escanciando cada jarra de forma parsimoniosa, recreándose en cada vertido,
como si intuyese que ya le queda poco y en realidad, lo que escancia es su propio
agotamiento, el de su vida, o al menos eso es lo que parece decirme cuando al servirme
las jarras de cerveza, cruzamos las miradas.
La mayoría de los aquí presentes beben cerveza, y otros, los menos, Coca-Cola y otros
refrescos. De cuando en cuando eructan porque así se expulsan por estos lares los malos
espíritus, los pecados y sobre todo los gases. Dialogan en voz alta, valientes, sin importar
si son escuchados por el resto de que aquí estamos, porque en ese momento hablan
directamente de tu a tu, con absoluta convicción, a sus colegas de tertulia. Mientras, otros
a su lado beben, saltan, bailan, se toman el pelo, brindan y continúan bebiendo como si
fuese gratis: juerga, juerga y más juerga. Y nosotros terminamos uniéndonos a sus coros
y a su alegría.
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Con dos cervezas y una Coca-Cola brindamos por un verano más. Por más amaneceres
de autocaravana. Por los amigos incondicionales. Por la charla del año pasado con Paco
en Friburgo. Por el cascarrabias de Alfonso y su inolvidable acento gallego. Por el verano
del 2006 que fue nuestro estreno. Por el olor a asado de barbacoa del camping Mont
Saint Michel. Por la sonrisa perenne de Mari Pili. Por la carita de Javi cuando miraba los
fuegos artificiales de Amboise. Por los vaciles de “Cuchi”. Por un año menos duro. Por los
paseos por el Jardín del Príncipe. Por el fin de los miedos a conocer nuevos lugares y
nuevas culturas. Por los muchos amigos que conocimos y los muchos que vendrán. Por
las papas con mojo picón de Pedro y Mari Luz. Por los consejos de María. Por ese arroz
prometido en el camping de Cuenca. Por esa incalificable fusión de lenguas cada vez que
reservamos un camping. Por estos cuatro años de autocaravana. Por estos cuatro años
de enorme felicidad. Por nosotros. Por ti.
Por momentos deseo que no se apaguen las bombillas de feria, que no falten las
deliciosas Currywurst de los puestos de la ribera del río, o las albóndigas en salsa del
Untere Brücke. Ni la cerveza. Ni la música. Ni las jóvenes ataviadas con el traje típico de
Bamberg. Ni las sonrisas. Ni las palabras. Y mucho menos los buenos recuerdos...
Camino de la ZOB, y para desengrasarnos de las salchichas, de las albóndigas y de la
cerveza, hacemos un alto en el camino para tomar un café. Paramos en un delicioso
biergarten, que por aquí los llaman Keller, y que está a punto de cerrar. Una tira de
pequeñas luces ilumina seis sillas angostas de estilo feria de pueblo. Tres de ellas nos
invitan a descansar en su regazo.
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Sobre la mesa, modesto, un servilletero de plástico blanco anuncia, con letra típicamente
germana, la famosa cerveza ahumada de fabricación local que llevamos en nuestra
mochila.
Este biergarten de estilo rancio, que se asemeja a los muchos que ya hemos visto por
estas tierras, se conserva, tal y como fue concebido, intacto hasta hoy. Las fotografías,
diseminadas por puertas, ventanas y columnas, certifican las historias que dan rienda
suelta a la memoria. Una en sepia de 1956 atestigua que sólo desapareció un gran cartel
publicitario que cubría la parte superior de la fachada. Respetuosa, la modernidad no tuvo
el descaro de modificar su interior.
Magnífico, estilizado y de una hermosura inigualable, un grifo cuello de ganso es la pieza
más fascinante de la barra. Impoluto y brillante, el mutilado animal de bronce dejará fluir la
cerveza tantas veces como sea necesario. Pero lejos de beber más cerveza, nos
tomamos un delicioso café que nos sabe a gloria.
El frescor casi otoñal, mostrado en las rebecas y chaquetas de los transeúntes, nos indica
que es hora de regresar a la autocaravana. La dulce música del local acaricia nuestros
oídos a través de unos diminutos altavoces Bose. La música nos da el calor necesario
para hundirnos aún más en la menuda silla que nos cobija y, así, hacernos los remolones,
por que como habréis podido notar, no nos queremos ir, queremos seguir soñando.
Bajo la mirada, y veo la taza blanca de café. El dulce aroma que trajo en su origen, se
disipó hace tiempo. En la lejanía, un badajo repiquetea con viveza las campanas de una
iglesia local. Ya es hora de sumarme a las rebecas y chaquetas, y a los pasos rápidos
que caminan las calles de esta preciosa ciudad. Dejo en la mesa un billete y unas
monedas que me anuncian el adiós y ojeo por última vez un viejo espejo que ahora
devuelve mi oronda figura. Seducidos, dejamos atrás este Keller de Bamberg jurando
volver; volver no solo al biergarten, sino a esta antigua ciudad imperial que tiene una vida
eterna, una vida maravillosa.
Con el mismo billete y en el mismo autobús que vinimos a primera hora de la tarde,
retornamos al parking cuando ya es de noche.
Cuando llegamos a la autocaravana son ya las 22:00 y la temperatura no pasad de 18º.
Cenamos poco y dormimos como si fuese invierno, arropados hasta las cejas.
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Lugar de pernocta en Bamberg
P+R Parkplatz en Bamberg
Rhein-Main-Donau-Damm
96047 BAMBERG
Abierto todo el año. Parking para todo tipo de vehículos situado junto al
Heinrichbrüke. Hay sitio reservado para unas 10-12 autocaravanas. Suelo de
asfalto. En la puerta del parking está la parada del autobús urbano que va a la
estación de autobuses ZOB (en el centro de Bamberg) en sólo 5 minutos. El
autobús que hay que coger es el número 50 y los billetes se sacan en una
máquina que hay en la misma parada. El precio es de 2,50€ ida y vuelta para 2
adultos y 1 niño (billete familiar). Las instrucciones están en alemán… A nosotros
nos sacó los billetes muy amablemente el propio conductor del autobús. Buen
detalle.
Coordenadas GPS: N 49.88616 / E 10.90292 (N 49º 53’ 10’’ / E 10º 54’ 10’’)
1€/24 horas
Si
No
No
No
No
No
No
A 2 km.
Oficina de Información y Turismo de Bamberg
Geyerswörthstrasse, 3
96047 BAMBERG
Teléfono: 49 0951 2976 200
Fax: 49 0951 2976 222
web: www.bamberg.info / e-mail: www.bamberg.info/kontakt/
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Otros lugares de pernocta o aparcamiento en Bamberg
P+R en Bamberg
An der Breitenau
96047 BAMBERG
- Parking de pago (1€/24 horas) situado a 3 km del centro de la ciudad.
- Transporte a la ciudad junto al parking.
- Suelo de asfalto
Coordenadas GPS: N 49.91242 / E 10.91020 (N 49º 54’ 44’’ / E 10º 54’ 36’’)
El apartado “Otros lugares de pernocta o aparcamiento” son datos e
informaciones recogidas de webs campistas y de compañeros que han
pernoctado o aparcado en estas áreas o parkings. Si vais a hacer uso
de esta información, comprobad antes, mediante Google Earth o
páginas de áreas de autocaravanas europeas, que las coordenadas e
informaciones aquí expuestas son correctas.
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Gastos y resumen del 14º día
Kilómetros recorridos en la 14ª etapa: 201
Kilómetros acumulados durante el viaje: 4.118
Gas-oil en Röttenbach: 98€ (86,80 litros a 1,13€/L)
Parking P+R de Bamberg : 1€
Autobús al centro de Bamberg: 2,50€ ida y vuelta para 2 adultos y 1 niño (billete
familiar).
La parada del autobús está en la puerta del parking. Hay que coger el Nº50 y los
billetes se sacan en una máquina que hay en la misma parada. Las instrucciones
están en alemán.
Datos anotados el viernes 21/8/2009
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CAPÍTULO 15 / Sábado 22 de agosto
(Bamberg – Beaune): 724 Km.
Mapa de Ruta
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Amanece lloviendo. Hoy es uno de esos días al que le sobra frío y le falta un jersey en el
que esconderse mientras te llenas de olores alemanes: un día de Aranjuez en otoño; un
día del norte.
Miro al cielo y las nubes y nubarrones en el horizonte hacen presagiar que va a ser un día
pasado por agua. Y no me voy a equivocar un ápice.
Después de un corto desayuno, salimos del parking y casi damos por finalizadas nuestras
vacaciones. Ya sólo quedan días de kilómetros. En un instante de nostalgia me conformo
con bajar la ventanilla. Instantáneamente vienen a mí los olores de Alemania, esos
inolvidables aromas de sus encantadores pueblos.
Después de comprar pan a la salida de Bamberg, iniciamos la travesía de Alemania. Más
de 300 kilómetros los pasamos con la lluvia como compañera. Ya decía yo que esto tenía
mala pinta. Transitando paralelos al curso del Rhin, a las 14:00h estamos ya en territorio
francés. Aprovechamos un área de servicios cercana a Mulhouse para comer y descansar
un rato.
Tras la pequeña siesta, ponemos rumbo a Beaune por la A36, ya “sólo” nos quedan 240
kilómetros.
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Beaune
- Región: Borgoña (Francia)
- Departamento: Côte-d’Or
- Distrito: Beaune
- Habitantes: 24.000
- Altitud: 223 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS: N 47º 01’ 26’’ / E 4º 50’ 17’’
- Temperatura el día de la llegada: 27ºC (19:30h)
Beaune
A las 19:00h llegamos a Beaune. Como venimos escasos de gasoil, paramos en un
E.Leclerc que hay a la entrada de la ciudad y llenamos el depósito. Aprovechamos
también para abastecernos de queso y de paté, productos que después devoraremos en
casa a lo largo del invierno.
Al otro lado de la ciudad encontramos el parking cuyas coordenadas llevamos en el
TomTom. Es un aparcamiento para todo tipo de vehículos situado muy cerca del centro
histórico. Oficialmente hay sitio reservado para 6 u 8 autocaravanas pero cuando nosotros
llegamos hay unas 30. El suelo es de asfalto y tanto el estacionamiento como la pernocta
son gratuitos, no así los servicios de los que dispone (luz y vaciado y llenado de aguas).
No es mal sitio y está magníficamente situado si se desea ver la ciudad.
A eso de las 20:00h damos un pequeño paseo los alrededores pero el calor nos echa
para atrás. Hay 27º y un bochorno sofocante. Bajo la sombra de un edificio medio en
ruinas, una cancha de baloncesto donde no hay “Dream Teams”, sirve a unos niños y
adolescentes para jugar de forma muy simple al baloncesto errando continuamente pases
y tiros a una canasta medio herrumbrosa. La aparente inseguridad del barrio no da mucha
confianza para seguir tentando a la suerte. Decidimos volver a la autocaravana.
Cansados como perros, cenamos un poco de pasta y unas pechugas de pollo más por
obligación que por ganas. La manzana de postre se queda para otro día.
Antes de dormir, anoto los datos del día, pongo a cargar las baterías de la cámara y quito
la alarma del móvil. Mañana no toca madrugar.
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Lugar de pernocta en Beaune
Parking en Beaune
Avenue Charles De Gaulle
21200 BEAUNE
Abierto todo el año. Parking para todo tipo de vehículos situado muy cerca del
centro histórico de la ciudad. Oficialmente hay sitio reservado para 6
autocaravanas pero en el momento de nuestra visita hay unas 30. Suelo de
asfalto. El estacionamiento y la pernocta son gratuitos pero no así los servicios
de los que dispone.
Coordenadas GPS: N 47.01795 / E 4.83717 (N 47º 01’ 04’’ / E 4º 50’ 13’’)
Gratuito
No
Si, de pago
No
Si, de pago
Si, gratuito
Si, de pago
No
A unos 500 metros a pie.
Oficina de Información y Turismo de Beaune
Porte Marie de Bourgogne
Boulevard Perpreuil, 6 BP87
21203 BEAUNE
Teléfono: 33 0380 262 130
Fax: 33 0380 262 139
web: www.beaune-tourism.com
e-mail: contacts@beaune-tourisme.fr
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Gastos y resumen del 15º día
Kilómetros recorridos en la 15ª etapa: 724
Kilómetros acumulados durante el viaje: 4.842
Peajes:
- Fontaine: 4,10€
- St.Maurice-Beaune Nord: 21,40€
Gas-oil en Beaune Centro Comercial E. Leclerc: 93€ (91,27 litros a 1,02€/L)
Datos anotados el sábado 22/8/2009
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CAPÍTULO 16 / Domingo 23 de agosto
(Beaune – Duna de Pilat): 811 Km.
Mapa de Ruta
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Duna de Pilat
- Región: Aquitania (Francia)
- Municipio al que pertenece la Duna de Pilat: La Teste-de-Buch
- Departamento al que pertenece la Duna de Pilat: Gironda
- Distrito al que pertenece la Duna de Pilat: Arcachón
- Habitantes de La Teste-de-Buch: 25.000
- Altitud de La Teste-de-Buch: 11 metros sobre el nivel del mar
- Coordenadas GPS de La Teste-de-Buch: N 44º 37’ 07’’ / W 1º 09’ 28’’
- Coordenadas GPS de la Duna de Pilat: N 44º 35’ 50’’ / W 1º 12’ 25’’
- Temperatura el día de la llegada: 28ºC (20:00h)
Duna de Pilat
A las 8:00h ya estamos en pie. No hubiese hecho falta ni el despertador que anoche
apagué, de ello ya se han encargado los escandalosos italianos que tenemos de vecinos.
Un rápido desayuno y nos ponemos en marcha antes de que nos den las 9:00h. Nuestro
objetivo de hoy es cruzar la meseta central francesa y llegar a la Duna de Pilat antes de
que anochezca. Es una panzada de kilómetros pero necesitamos estar en casa el martes.
Sin más novedad que los ¡80 eurazos! que nos dejamos en las autopistas francesas, a las
20:00h llegamos a nuestro archiconocido parking de la Duna de Pilat.
Damos un corto paseo para estirar las piernas, comprar unos regalos para la familia y oler
un poco el Atlántico. A eso de las 21:00h hacemos que cenamos. A mí me duele todo el
cuerpo y a Inma la cabeza. Nos vamos pronto a la cama sabiendo que mañana nos
espera otra dura jornada kilométrica. Tenemos la intención de llegar a casa. Ya veremos
si somos capaces de ello.
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Lugar de pernocta en la Duna de Pilat
Parking de la duna de Pilat en la Avenue Biscarrose. Situado a las faldas de la
Duna de Pilat. Es de fácil acceso, con muchas plazas y casi todas arboladas. La
calle para acceder a las plazas de aparcamiento está en un estado denigrante,
toda llena de baches y desniveles. Tened cuidado e id despacio.
Coordenadas GPS: N 44.59820 / W 1.19728 (N 44º 35’ 54’’ / W 1º 11’ 50’’)
4,60€/Día (De 9:00h a 21:00h) y 9,20€/Noche (De 21:00h a 9:00h).
Si se pernocta y se sale del parking antes de las 8:30h no se paga.
Sí, pero no son muy recomendables, la limpieza no es lo más destacable. Para
una urgencia… y poco más.
No, aunque se puede llenar desde el WC con una manguera.
No
No
No
No
No
A unos 6 Km de La Teste-de-Buch. A la entrada del pueblo hay Hipermercados
(Hyper U y Lidl), gasolinera en el Hyper U (cierra los domingos) y restaurantes.
Oficinas de Información y Turismo de la Duna de Pilat
Rond point du Figuier. 33115 Pyla sur Mer
Tel.: 05 56 54 02 22
Aire d’accueil de la Dune. 33115 Pyla sur Mer
Tel.: 05 56 22 12 85
Oficina de Información y Turismo de La Teste-de-Buch
Place Jean Hameau. 33260 La Teste-de-Buch
Tel.: 05 56 54 63 14
Web: www.tourisme-latestedebuch.fr
E-mail: info@tourisme-latestedebuch.fr
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Gastos y resumen del 16º día
Kilómetros recorridos en la 16ª etapa: 811
Kilómetros acumulados durante el viaje: 5.653
Peajes:
- Beaune Sud-Villefranche: 16.80€
- Veauchette-Les Martres d’Artiére: 15,90€
- Clermont Barriere-St. Germain les Vergnes: 24,00€
- Thenon: 10,30€
- Mussidan-Arveyres: 13,80€
Gas-oil en el Área de descanso de Palombiers: 20€ (17,24 litros a 1,16€/L)
Datos anotados el domingo 23/8/2009
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CAPÍTULO 17 / Lunes 24 de agosto
(Duna de Pilat – Aranjuez): 762 Km.
Mapa de Ruta
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De nada sirve que el parte meteorológico de la TF1 pronostique sol o escasas nubes para
los últimos días de agosto; tampoco que seamos fervientes católicos o abracemos con
pasión el agnosticismo. A estas alturas de viaje, en lo único que creo y en lo que estoy
seguro es que nuestras vacaciones se acaban.
Al igual que nos ocurrió al inicio de este viaje, salimos del parking a las 8:15h y aun no ha
llegado el cobrador de la caseta. La barrera está izada. Otros 9,20€ para la buchaca.
Sin más incidencias que el sofocante calor que hace al llegar a casa, damos por
concluidas las vacaciones por este año. Los 37 grados con los que nos recibe Aranjuez
dan para pensar en pocas cosas. A las 20:00h conectamos la autocaravana a la red
eléctrica de casa y mañana será otro día.
Una vez leí que los viajes son como los libros, los comienzas con indecisión y los terminas
con nostalgia... Y así deberían ser al menos los buenos viajes, esos que se nos quedan
grabados a fuego y que nos acompañan durante todo el camino, completando nuestras
vivencias, lo que somos, o lo que nos gustaría ser. Y este, sin lugar a dudas, quedará
grabado en nosotros de por vida.
Gastos y resumen del 17º día
Kilómetros recorridos en la 17ª etapa: 762
Kilómetros acumulados durante el viaje: 6.415
Gas-oil en Saugnac et Muret: 30€ (25,86 litros a 1,16€/L)
Gas-oil en Vitoria: 71€ (73,27 litros a 0,969€/L)
Peajes:
- Bénesse: 5€
- La Négresse: 3,30€
- Biriatou: 2,30€
- Irún: 1,55€
- Zarautz-Foronda: 9,77€
- Armiñón-Castañares: 9,80€
Datos anotados el lunes 24/8/2009
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Epílogo
Al atravesar la puerta de casa, siento la irrefrenable necesidad de retrasar las agujas del
reloj y volver el tiempo a los instantes en que, ensimismados en los paisajes y ciudades
que hemos visto, hemos disfrutado como en pocas veces lo hemos hecho.
Desde que emprendimos la ruta hacia el destino elegido, todos los lugares visitados han
sido increíbles. Empezamos por la encajonada Monschau. Luego siguieron Hameln y
Hildesheim hasta que llegamos a Wolfenbüttel donde las inolvidables casas de entramado
y sus calles engalanadas comenzaron a capturar nuestra vista panorámica. Después
vinieron Quedlinburg, Praga, Regensburg, Passau, Oberammergau, Ettal… para
finalmente llegar a Bamberg, donde la sensación ha sido maravillosa. Esta ciudad partida
en dos por el río Regnitz, y que parece estar suspendida en el aire con un fondo de
paisaje brutal, es arte toda ella. Es un lugar que genera algo dentro.
Los pueblos y ciudades que hemos visitado han sido de una vista única y excepcional.
Palacios, catedrales, bosques, ríos, lagos, puentes, horizontes, montes y todo lo que la
naturaleza y el arte nos brindan sin planear. Todo ha sido sorprendente y así ha sido todo
el camino que uno piensa que será directo a la meta y sin embargo te sorprende a cada
metro, a casa paso. Ha sido un paisaje de gran diversidad, impactante para el ojo con que
se perciba.
Hoy, que termina nuestro viaje, comienza el primer día del viaje del próximo año y
empieza la nostalgia del que acabamos de terminar. Ahora que mi verano se agota y que
mi riñón me vuelve a dar guerra. Ahora que estoy aquí sentado frente a un ordenador
huérfano de historias, un par de block de notas mal ordenadas y un viajero indeciso.
Ahora que recuerdo los momentos vividos durante mi último paseo por el paraíso, creo
que las cuatro paredes que me rodean se me van a caer por momentos ante tanta
melancolía.
Miro por la ventana y una nube oculta el sol. El escenario y nuestros disfraces de viajeros
se desvanecen. Suenan los imaginarios aplausos: la función ha terminado por este año.
Muchas gracias por llegar con nosotros hasta aquí.
Inma, Javi y José.
Este relato se comenzó a escribir el 15 de agosto de 2009 en Dresden
(Alemania) y se terminó el 15 de junio de 2010 en Aranjuez (España).
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Gastos y consumos del viaje
Total Kilómetros recorridos 6.415
Media de Kilómetros recorridos por día 377,352 Km/día
Gasoil consumido en los 17 días 680,23 Litros
Consumo medio aproximado 10,60 Litros/100
Gastos de Gasoil 732,05€
Gastos de Autopistas 262,77€
Gastos en camping, entradas, alimentación y
1005,18€
otros
TOTAL GASTOS 2.000€
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Lugares de pernocta y aparcamiento
ETAPA LUGAR TIPO COORDENADAS GPS
1
Duna de Pilat Parking N 44.59820 / W 1.19728
8/08/09
2
Amboise Camping N 47.41702 / E 0.98821
9/08/09
3
Monschau Parking N 50.55410 / E 6.23205
10/08/09
Münster Parking N 51.96498 / E 7.61730
4
11/08/09 ******************************
Hameln Área N 52.09629 / E 9.35843
Hildesheim Parking N 52.14959 / E 9.94049
5
12/08/09 ******************************
Wolfenbüttel Parking N 52.16126 / E 10.52683
Goslar Parking N 51.91006 / E 10.41790
6
13/08/09 ******************************
Quedlinburg Parking N 51.78720 / E 11.13450
7
Dresden Parking N 51.06280 / E 13.72978
14/08/09
8
Praga Camping N 50.11751 / E 14.42542
15/08/09
9
Praga Camping N 50.11751 / E 14.42542
16/08/09
10
Regensburg Parking N 49.02043 / E 12.11205
17/08/09
Passau Parking N 48.57108 / E 13.47627
11
18/08/09 ******************************
Ettal Parking N 47.56933 / E 11.09197
Linderhof Parking N 47.56933 / E 10.95382
12
19/08/09 ******************************
Oberammergau Parking N 47.58938 / E 11.07262
Wies Parking N 47.68220 / E 10.90005
******************************
13
Mittenwald Área N 47.43777 / E 11.26417
20/08/09
******************************
Mühlhausen Affing Camping N 48.43781 / E 10.92962
14
Bamberg Parking N 49.88616 / E 10.90292
21/08/09
15
Beaune Parking N 47.01795 / E 4.83717
22/08/09
16
Duna de Pilat Parking N 44.59820 / W 1.19728
23/08/09
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ETAPA 1: (Aranjuez – Duna de Pilat)
ETAPA 2: (Duna de Pilat – Amboise)
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ETAPA 3: (Amboise – Monschau)
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ETAPA 4: (Monschau – Münster – Hameln)
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ETAPA 5: (Hameln – Hildesheim – Wolfenbüttel)
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ETAPA 6: (Wolfenbüttel – Goslar – Quedlinburg)
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ETAPA 7: (Quedlinburg – Dresden)
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ETAPA 8: (Dresden – Praga)
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ETAPA 10: (Praga – Regensburg)
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ETAPA 11: (Regensburg – Passau – Ettal)
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ETAPA 12: (Ettal – Linderhof – Oberammergau)
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ETAPA 13: (Oberammergau – Wies – Mittenwald – Mühlhausen)
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ETAPA 14: (Mühlhausen – Bamberg)
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ETAPA 15: (Bamberg – Beaune)
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ETAPA 16: (Beaune – Duna de Pilat)
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Álbum fotográfico
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José Antonio Guerrero
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