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Marruecos insolito

por abueletes
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El Marruecos que nadie ve; lugares insolitos

Muchos viajeros dicen que conocen muy bien Marruecos porque han ido dos, tres o varias
veces, y no es asi, conocen lo usual de las rutas, pero no lugares mágicos y magnificos que
escapan de las rutas habituales

En este relato tratare de trasladar lugares que no son usuales para el turismo.

KASAR MAADID, ERFOUD

Al Norte de Erfoud, en la ruta de Errachidía, se encuentra la Kasba Maadid, aunque en realidad
se trata de un ksour o conjunto de kasbahs habitadas, dicen, desde hace más de seiscientos
años.

Maadid, de planta rectangular, es el mayor conjunto arquitectónico de toda la región del
Tafilalt, con cuatro barrios separados por murallas.

En 1968, Maadid fue objeto de un plan de mejora de las condiciones de vida de sus habitantes
que financió la FAO y, por ello hoy día continúa habitado.

Con tres accesos a la carretera principal, Maadid es un lugar que impone al viajero. Es de esos
sitios donde un extranjero se sigue encontrando extraño porque son pocos quienes lo visitan.
Y es que el ksour se encuentra fuera de los circuitos turísticos de la zona, lo que hace que el

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visitante se pregunte si se trata de un lugar con encanto, como en realidad es, o un laberinto
en el que perderse y encontrarse sometido a determinadospeligros.La parte exterior del ksour
parece un barrio marginal de esos que existen en todas las ciudades del mundo ¡Nada más
lejos de la realidad! Por la noche es un lugar oscuro, pero por el día un lugar animado lleno de
niños y mujeres.

La fortificación se corresponde con la misma estructura arquitectónica que podemos encontrar
en otros ksours del Tafilalet, como el Khorbat (lugar próximo cuando se viaja hacia la gargantas
del Toghra) debido a las luchas tribales que, durante siglos, caracterizaron la Historia de esta
zona del desierto, los pueblos se amurallaban, protegiendo a la población en el interior frente
a los asaltos. De ahí la ausencia de ventanas

Además, debido a la climatología del desierto, sus calles se encuentran cubiertas y las casas se
ubican en la parte superior, dejando pozos de luz de cuando en cuando. Esta disposición
permite una cierta protección frente a las tormentas de arena y proporciona fresco en verano
y calor en invierno. Además, la parte inferior era usada para albergar los corrales de los
animales domésticos

A diferencia de El Khorbat, recientemente restaurando, Maadid es más auténtico, pues
conserva en sus pasadizos la realidad de una gran aglomeración de habitantes. Sus calles
huelen al hedor que los corrales en uso suelen dejar en un lugar; y sus calles, poseen los
baches y charcos normales que un piso de barro puede tener por el paso diario de cientos de
personas.

En el interior no hay tiendecitas ni nada que invite a una visita turística: sólo corredores, casas,
corrales de adobe, puertas y vigas en madera de palmeras, una mezquita.

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La visita se inicia en la puerta principal accediendo al interior del ksour y, en poco tiempo, un
reguero de niños se va uniendo. No hablan, no piden nada, no arman mucho jaleo, sólo te
persiguen, se ríen y hablan entre ellos. Es normal, pues ver a unos extranjeros en las puertas
de sus casas haciendo fotografías, les parece de lo más gracioso.

Así que, si visitáis Erfoud y no tenéis mucho que hacer, podéis adentraros en los muros de
Maadid y soprenderos con sus gentes y su curiosa arquitectura.

Los Siete Santos de Marrakech, Sabatou Rijal

En la puerta de Bab Moussoufa que da acceso a la Medina de Marrakech cerca de la Estación
de Autobuses de Bab Doukala, existe una Plaza, llamada la Plaza de los Siete Santos, con siete
torres en fila que representan la importancia de “Los Santos de Marrakech” y que pasa
desapercibida para el visitante de la Ciudad Roja.

Pero ¿Quién fueron estos “Siete Santos”?

Los Santos en Marruecos tienen una interpretación similar a la que poseen en Occidente. Son
personas que en vida se dedicaron a hacer el bien, y que recibieron las bendiciones de Allah.

Marrakech es el lugar en el que más de 200 hombres de importancia religiosa y espiritual
hallaron el descanso eterno, pero siete, sólo siete, han sido especialmente venerados.

Se cree que fueron bendecidos por Allah por su sabiduría y la fuerza de su alma. Y por este
motivo, la ciudad es conocida entre sus habitantes como Sabatou Rijal: Siete Hombres, Siete
Santos.

Aunque las peregrinaciones a Marrakech ya no son tan populares como en el pasado, se cree
que fue Moulay Ismail (el sanguinario gobernante que estableció la capital en Mekinés y
descansa en un mausoleo de la ciudad), el que estableció, en el siglo XVII, la costumbre de
peregrinar a Marrakech con la finalidad de otorgarle un significado religioso.

La principal intención del gobernante era competir con los famosos y más populares santuarios
de Essaouira, en donde se encuentran los Siete Santos de Regrara: siete cristianos que, tras
visitar La Meca, se convirtieron al Islam y consagraron su vida a extender la religión por

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Marruecos.

Durante siglos, muchos musulmanes se han visto atraídos por la idea de visitar las tumbas de
los siete santos marrakechíes en la idea de que su peregrinación podría contribuir a curar sus
enfermedades, ayudarles a cumplir sus deseos o sanar sus almas.

Las zaouias (enterramientos) de los Siete Santos se encuentran en diversos lugares por la
ciudad de Marrakech, pero no dejan entrar a los no creyentes.

Tradicionalmente, los peregrinos visitan los santuarios en un orden determinado y según el día
de la semana. El peregrinaje debe comenzar un martes con la visita al santuario de Sidi Youssef
Ben Alí; le sigue, el miércoles, el mausoleo de Qadi Ayyad; Sidi Bel Abbes, el jueves. Los viernes
se visita a Sidi Suleiman Al Jazuli; y el sábado, hay que visitar la tumba de Sidi Abdel Aziz. El
domingo, los peregrinos presentan sus plegarias ante Sidi Abdullah Ghazouani y concluyen el
viaje el lunes en la zaouia del Imám Abderrahim Souhaili.

Sidi Youseff Ben Alí

Místico sufí y aquejado en vida por la enfermedad de la lepra fue expulsado de su hogar y
alejado de Marrakech. Sidi Youseff Ben Alí tuvo una vida larga y comenzó a ser respetado por
su poder para resistir el hambre y las enfermedades. Así, la gente comenzó a visitarlo para
recibir orientación y resolver sus problemas.

Se encuentra enterrado cerca de Bab Aghmat.

Qadi Ayyad

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Fue un líder religioso del siglo XII. Una de las Universidades de Marrakech lleva su nombre.

Su zaouia se encuentra en Bab Aïlen.

Sidi Bel Abbes

Se trata del santo más popular y venerado en la ciudad. Es el más importante de los Siete
Santos y se le considera el Santo Patrón de Marrakech.

Fue mecenas de los pobres y ciegos y, por ello, son muchos los peregrinos con problemas de
visión que visitan su santuario .Siempre he pensado pedir a su Majestad Mohamed VI para que
me conceda la gracia de poder visitarlo

Su zaouia sigue desempeñando un papel destacado en la vida de Marrakech a pesar del paso
de los siglos. Cada último sábado del mes, más de 2.000 indigentes y discapacitados reciben un
subsidio que oscila entre 50 y 200 dirhams. Los beneficiarios poseen una tarjeta bianual
renovable. La zaouia, cuya actividad caritativa se lleva a cabo gracias a la generosidad de
donantes, asegura la imparcialidad de las donaciones a través de un gerente (moqaddem) y
una comisión de cuatro miembros.

El gremio de los ciegos también está asociado a la zaouia. Cantan el Corán con motivo de
eventos especiales y gozan en el interior del recinto de un status específico.

La Zaouia de Sidi Bel Abbes donde se encuentra enterrado en Sidi Marouk, cerca de Bab
Taghzout.

Se dice que es de Ceuta

Sidi Suleiman Al Jazuli

Líder sufí marroquí en el siglo XV, es conocido por reunir el Dala´il al-Khayrat, un libro muy
popular de oraciones dividido en 7 secciones para cada día de la semana.

Aunque su cuerpo fue enterrado cerca de Essaouira, 77 años después de su muerte, fue
exhumado para ser trasladado a Marrakech.

En la actualidad descansa en la zaouia Jazoulia, cerca de la Medina, cerca de Dar el Glaoui.

Sidi Abdel Aziz

Oriundo de Marrakech y analfabeto durante toda su juventud, terminó por covertirse en
sucesor espiritual del Imam el Jazouli en la Medersa el Attarine de Fez.

Es el santo de la fertilidad. Las mujeres acuden a él ofreciéndoles plegarias para quedar
embarazadas o tener un buen parto.

Su mausoleo se encuentra cerca de la Calle Baroudiyine, cerca de la Mezquita de Ben Youssef.

Sidi Abdullah Ghazouani

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También conocido como Moul El Ksour, estudió en Fez y Granada antes de seguir los pasos de
Sidi Abdelaziz en Marrakech. Fue encarcelado debido a los recelos de Sidi Mohamed Cheik
sobre su buena reputación con la gente y el miedo a que terminara convirtiéndose en el
cabecilla de una revuelta popular.

Se encuentra enterrado cerca de la Mezquita Mouassine.

Imám Abderrahim Souhaili

Ciego de nacimiento, es malagueño. Su familia era pobre, pero su padre le enseñó árabe y le
ayudó a memorizar el Corán. Estudió ciencias en diferentes ciudades de Andalucía hasta que
Yacoub Al Mansour lo llevó a Marrakech.

Es conocido por su poesía sufí y escribió dos obras universales: una sobre el nombre de los
Profetas citados en el Corán y otra sobre la biografía de Sidna Mohammed.

Se le considera patrón de los estudiantes y son muchos los que acuden a él con ofrendas y
oraciones en épocas de exámenes.

Su zaouia se encuentra en Bab er Rob, una de las puertas al sur de la Medina, cerca de Bab
Agnaou.

Bab en árabe significa puerta

Petroglifos del Sur de Marruecos

Hubo un tiempo, hace miles de años, en el que el Sur de Marruecos no era un desierto, sino
una tierra fértil plagada de flora y fauna. En aquel tiempo, las llanuras daban alimento y cobijo
a los cazadores y recolectores del Neolítico y los caudalosos ríos se encontraban llenos de
especies acuáticas. Fue entonces, cuando el ser humano que habitaba en el Norte de África,
como en otros muchos lugares del mundo, transformó en arte lo que para él formaba parte de
su vida cotidiana.

Dejamos Nkob en busca de los petroglifos del Sur de Marruecos. Después de haber visto los
grabados rupestres, nos hacía mucha ilusión comprobar cómo serían estos, pues sabíamos
que eran muy diferentes en su ubicación, su técnica y sus representaciones.

Pasamos de largo por Tazzarine, un pueblo grande que bordea el valle del Draa. Su palmeral es
uno de los últimos antes de la hammada y, por su ubicación, en el pasado, fue paso obligado
para las caravanas “azalai” que iban y venían de Norte a Sur transportando principalmente sal,
pero también oro, esclavos, azúcar y cuero al Tafilalt y Marrakech. Por esto, y aunque hoy
Tazzarine es una población sin mucho interés, ha conservado esta diversidad en su población,
principalmente bereber, con los que conviven descendientes de los almorávides, chorfas, y
gnawas. Incluso hubo un tiempo que en su gran mellah, albergó a los judíos sefardíes de la
diáspora. Y por eso también, el nombre de Tazzarine proviene de Tizzri, que significa
“reunión”

Acceder a los petroglifos no es tarea fácil, más si se anda arriba y abajo por pistas sin señalizar,
y sin señal GPS. Pero llegar, llegamos y verlos los vimos, pero alquilando un coche

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Se hallan ubicados encima de un promontorio que domina una llanura con las montañas al
fondo y, a cargo de su cuidado, hay un amable guarda que habita permanentemente en una
especie de garita. La visita es gratuita, y el guarda te acompaña, explicando en un lenguaje que
aúna el castellano, el francés y el tamazight, lo que en su escaso nivel cultural y su gran nivel
de familiaridad con los grabados. A diferencia de los grabados del Sáhara hechos sobre
grandes planchas de roca incrustadas en el suelo, estos petroglifos están realizados sobre
piedras acumuladas en pequeñas montañas y han sido “acordonadas” con unos palos y un
pequeño alambre en la búsqueda, quizá, de su balizamiento o de su protección frente a actos
de expolio y vandalismo, pues sobre algunas de ellas hay burdos grabados recientes realizados
quién sabe si por pastores, habitantes de la zona o simplemente gamberros.

Las rocas tampoco son iguales. Si los primeros grabados que vimos se realizaron sobre cuarcita
negra, las piedras aquí eran de arenisca y parecía más fácil haber realizado las incisiones sobre
ellas. Mientras las primeras mostraban dibujos punteados en la roca, en éstas, los dibujos
parecían haberse hecho mediante la fricción contra la roca de un objeto romo.

¿Y cómo puede ser que el hombre habitara una vez este lugar ahora tan inhóspito y en sus
representaciones aparezcan grandes mamíferos más propios de la selva que del desierto?

El Sáhara, durante un período de unos 5.000 años –se estima que entre el 11.500 y el 5.000
a.c- fue una zona húmeda y rica en recursos naturales. Numerosos estudios científicos
acreditan la existencia de lluvias abundantes que alimentaban ríos, lagos y acuíferos. Y aparte
de los petroglifos y los grabados extendidos por todo el desierto del Sáhara, la presencia de
fósiles en la zona ha permanecido como huella imborrable del pasado del desierto.la

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Palabra petroglifo deriva del griego: “petros” significa piedra y “glyphein”, tallar. El petroglifo
es, en realidad, un dibujo tallado sobre una roca sobre cuya finalidad parece que nadie está de
acuerdo.

Dentro de los petroglifos, también hay “estilos artísticos” y estos se encuadran dentro del
estilo tazina, en el que se incardinan los animales de perfil deformado y de longitud exagerada
en cuello, cuernos y extremidades. Entre los animales, pueden distinguirse elegantes,
rinocerontes, antílopes, gacelas, avestruces, monos, jirafas, etc. Junto a las representaciones
de animales, se han hallado otro tipo de representaciones geométricas y abstractas,
catalogadas algunas de ellas como juegos. Y es que, al parecer, existen estilos de diferentes
épocas en este mismo contexto espacial. Y, en la zona también hay un menhir.

La visión de todos aquellos dibujos que tanto nos acercaban a la Historia de un Sáhara húmedo
y poblado, finalizó con un té en la caseta del guarda, al que le dimos una propina.

Por el camino de vuelta, salieron al paso multitud de niños. Pequeños, descalzos, despeinados
y cogidos de la mano, nos íbamos encontrando grupitos a lo largo del camino. Siempre que
vamos a Marruecos llenamos el arcón, de ropa, juguetes y caramelos. La pobreza en este país
es inacabable, así que no perdí oportunidad para sacar una sonrisa a todos, creo que a todos
ellos. Lo que nos supuso el debatirnos si habíamos divertido más viendo los petroglifos o
disfrutando de tanta sonrisa infantil junta.

Paramos por el camino a tomar una coca-cola en un pequeño cafetín del camino, cuando se
produjo la anécdota más hilarante de todo el viaje. Había un señor mayor que chapurreaba el
castellano a duras penas. La verdad es que, en Marruecos, a casi todo el mundo le encanta
mantener una conversación con el extranjero: en los lugares grandes, para venderte algo, en

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los pequeños, por el placer de conversar y tener un nuevo tema del que hablar con los vecinos.
La conversación comenzó con él “de dónde sois”, “donde vais”, “de donde venís”,… Lo típico.

A Enrique se le ocurrió decirle al hombre que veníamos de ver “las pinturas rupestres”, a lo
que el hombre contestó “¿Qué son rupestres? ¡Yo no sé qué son rupestres!” Y a mí, ya
comenzó a darme la risa. Así que Enrique le dijo: “las pinturas de los antiguos”. A lo que el
hombre contesta: “¿Antiguos? ¿Antiguos cuánto? ¿Cien, cincuenta años?” Yo ya me estaba
casi tronchando. Enrique le dice “No, no. Antiguos prehistóricos” y el pobre hombre, le
contesta “Yo no conozco a los prehistóricos esos, lo siento”. En medio de aquella conversación
tan absurda, había otro señor hablando por el móvil, pero que quería estar “en el plato y la
tajá”, pues la llamada lo pilló al llegar nosotros y no debió de venirle muy bien para enterarse
de lo que hablábamos. Supongo que estaba pillando algo de nuestra conversación sobre
“pinturas rupestres”, así que colgó rápidamente el teléfono, se dirigió a Enrique y muy serio le
dijo “¿Tú qué quieres? ¿Estás buscando pintura? ¿Para pintar la casa?” Y yo ya ahí comencé a
llorar de la risa.

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Crómlech De Mzora

También conocido como “Círculo de Larache”, está situado a 25 km al este de Larache y a 15 al
sureste de Asilah.En la Kabila de Sidi el Yamani. Se trata del único monumento megalítico de
Marruecos, aunque no es el único vestigio que podemos encontrar en el país de la prehistoria,
pues, además de los grabados y pinturas rupestres, en el interior de Marruecos se encuentran
decenas de túmulos neolíticos. Mzora, en bereber, se traduce como “la visitada”.

Un cromlech es un monumento megalítico formado por menhires introducidos en el suelo
para formar, en su conjunto, una forma circular.

La palabra cromlech deriva del inglés y significa “piedra plana colocada en curva” y, aunque la
palabra, en inglés, se usa para dólmenes, en francés y castellano, su uso es el de “círculo de
piedras”.

 Debido a la ausencia de fuentes escritas sobre estos monumentos prehistóricos, los
investigadores han interpretado que, originariamente, se trataba de monumentos funerarios
que rodeaban a los dólmenes y túmulos, más tarde sin embargo, pudieron convertirse en
monumentos sagrados y, en algunos casos, sirvieron como templos.

Los cromlech son menos frecuentes que otro tipo de monumentos megalíticos y la mayoría,
están datados en la edad de bronce. Existen círculos de piedra en casi todo el mundo, pero en
el África Occidental, sólo pueden encontrarse en Senegal y Gambia y aquí, en Marruecos, en
Mzora.

El cromlech de Mzora

Fue César Luis Montalván quién llevó a cabo las excavaciones que, en Mzora, entre 1935 y
1936, sacaron a la luz el cromlech. En los trabajos se encontraron restos mortales incinerados,

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una espada de hierro, un arma de acero con inscripciones y conchas de tortugas, puntas de
lanza y algunos objetos de alfarería. Pero la labor del investigador español fue interrumpida
por la Guerra Civil y su arresto por el General Francisco Franco.

 Las labores de excavación e investigación en la zona fueron retomadas posteriormente y, en
1980, una cooperación auspiciada por el gobierno de Marruecos entre científicos marroquíes
y una Misión Prehistórica Francesa terminó de dar forma a las conclusiones a las que había
llegado Montalván cincuenta años atrás.

 El centro del conjunto de Mzora es un túmulo en cuyo interior parece que hubo una cámara
funeraria. El montículo, de forma elíptica, mide 58 metros de diámetro de este a oeste, y
cuatro metros menos de norte a sur. Su punto más alto tiene 6 metros y se encuentra rodeado
por 167 monolitos de diversos tamaños, aunque el más alto, “el Uted” (el mástil), mide 5,34
metros.

Los investigadores datan la construcción del círculo de piedra en la Edad de Hierro –entre el III
y IV milenio a.C.- y, según la leyenda, aquí es donde se encontraría la tumba del gigante Anteo
después que Hércules le diera muerte; no obstante, se cree que el centro del cromlech fue
reutilizado en el siglo III a.C. como panteón megalítico de algún rey indígena.

 Dicen que el Crómlech de Mzora, por sus características y las herramientas usadas en su
construcción, podría pertenecer a la misma cultura que construyó los sitios megalíticos de
Francia, Gran Bretaña o Irlanda porque los cálculos numéricos empleados en Mzora (el
triángulo rectángulo de Pitágoras con la relación de 12, 35, 37) son los mismos que los
empleados en las construcciones británicas.

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Hubo un tiempo en que Mzora estuvo abandonada a su suerte y muchos habitantes de la
zona utilizaron los megalitos para fines domésticos, hoy día, gracias a Dios, la zona se
encuentra acotada y con un guarda a su cargo

No es difícil llegar hasta la zona del Crómlech de Mzora desde que se asfaltó la carretera de
acceso. Por el camino, ya comienzan a verse las primeras piedras del mismo tipo que las
utilizadas en los menhires de Mzora.

Al llegar al círculo de piedras, un pequeño muro con una verja de hierro acota la zona.
Tocamos el claxon. Parece que no hay nadie. Bordeamos el muro y, al poco, nos sale al paso un
señor muy mayor con Parkinson que nos abre la cancela para posibilitarnos el acceso. Con su
gorro de paja y su bastón, no se despega de nosotros durante nuestra visita, pero no nos dice
nada. No habla español. Nos deja curiosear, hacer fotos, tomarnos todo el tiempo del mundo
y, finalizada la visita, nos pide 50 Dh por persona, que por supuesto no pagamos porque, hasta
en estas cosas, hay que regatear en Marruecos; y es una pena porque el precio del acceso a
estos lugares debería estar tasado. Por suerte, Mzoura ha dejado de ser un lugar abandonado,
para terminar convirtiéndose en un lugar, que sin ser para nada turístico, ha captado la
atención de las autoridades

Las khetaras del Tafilalet

Las extremas condiciones climáticas de la zona del Tafilalet, hacen prácticamente inexistentes
los recursos hídricos, y los únicos recursos hidráulicos disponibles proceden de las aguas
subterráneas provenientes de las escorrentías de las montañas del Atlas, a las que se accede a
través de pozos y khetaras.

Una khetara es un sistema de irrigación subterráneo, una larga galería horizontal paralela al
suelo de la superficie excavada manualmente y con muy pequeña pendiente que alcanza la
capa freática: el agua del subsuelo. Gracias a la pendiente, el agua que fluye termina llegando,
por la fuerza de la gravedad, hasta una salida donde se sitúan las albercas o depósitos para
almacenarla.

Este precario, pero eficaz sistema de captación y canalización de aguas subterráneas es
accesible y se puede visitar en el desierto del Sáhara marroquí, en las afueras de Erfoud, en la
carretera que va hasta Tinejdad. Las construcciones dan la idea del profundo conocimiento y el
manifiesto control técnico de los habitantes del desierto sobre el medio hostil en el que se
desarrolla sus vidas.

Las khetaras poseen unas chimeneas cuya funcionalidad es ventilar las galerías, sacar los
materiales de excavación y los productos de limpieza posteriores, e introducir los materiales
para el mantenimiento. Pero su principal función es la seguridad: en caso de derrumbe, actúan

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como salidas de emergencia. Y como el material extraído se vierte junto a la boca, las
chimeneas quedan en una posición elevada.

Las khetaras, se hallan ligadas a los oasis en todos los lugares del mundo en el que estas redes
existen, pero además, dicen, que se trata del sistema de captación de aguas subterráneas más
sostenible que hay, pues no llegan casi nunca a aniquilar los recursos hídricos ¿Por qué? Pues
la verdad que no lo sé y tampoco sé si esto será realmente cierto. Creo, sin embargo, que esta
cuestión está más relacionada con la cultura del agua en lugares de escasez que con el
producto de un ingenio arquitectónico.

La construcción de estas galerías es el resultado del esfuerzo colectivo de toda una comunidad
que termina beneficiándose del agua que proporciona.

Los sistemas de captación de aguas subterráneas poseen una historia milenaria y se cree que
las más antiguas proceden de Persia y Mesopotamia con una antigüedad de más de 2.500
años. Según su lugar de procedencia reciben diferentes nombres: qanat o kanat en Irán,
foggaras en Argelia, kriz, fqara, falaj,…

Los sistemas de captación subterránea de aguas en el Norte de África son posteriores al siglo
VII porque la técnica fue introducida por los conquistadores árabes a través de las rutas
comerciales por el desierto. Aunque muchos historiadores se plantearon la introducción de la
técnica en Marruecos a través de los expatriados de la islamización de España en el siglo XV.

Se han contabilizado más de 80 galerías subterráneas en el Norte del Tafilalet y quienes las han
estudiado las datan a finales del siglo XVIII o principios del XIX hasta 1950, aunque parece que
ya habían comenzado a construirse a finales del siglo XIV ó XV.

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Las khetaras del Tafilalet están siendo paulatinamente abandonadas, fundamentalmente por
las dramáticas sequías de las últimas décadas que están provocando una fuerte disminución de
los acuíferos; por el éxodo de la población de estas zonas a las ciudades, y por la desaparición
de las castas sociales destinadas a la construcción y mantenimiento de las khetaras; lo que
supone una reducción de los recursos humanos necesarios para el mantenimiento de las
infraestructuras. Se estima que de las 80 khetaras contabilizadas en el pasado, ya han
desaparecido más de 60.

En las afueras de Erfoud hay varias infraestructuras de khetaras, muchas de ellas visibles desde
la carretera e, incluso por satélite, pero las visitables, las adaptadas al turismo porque se les
han añadido escaleras de acceso a los interiores de las galerías, se encuentran en la carretera
que une Erfoud con Tinejdad.

Varios habitantes del desierto, tras la caída en desuso del sistema de recogida de agua, han
conservado las estructuras de las khetaras como atracción turística. Los visitantes, paran sus
vehículos y el encargado de la construcción sale de su jaima para mostrar y dar las
explicaciones pertinentes, en un más que reconocible castellano, sobre las khetaras, su
estructura, los trabajos para su excavación y el sistema de captación y canalización de las
corrientes subterráneas. Tras la visita y el inexcusable té, se corresponde la hospitalidad con
una propina en la que no hay que escatimar, pues imaginad en temporada baja, cuántos
turistas pueden allí parar y los recursos económicos con lo que subsisten estas personas
durante el resto del año. Suelen, además, pedir algo de ropa, sobre todo de hombre y niños. ,
da a veces tanta pena…La gestión del agua en los oasis y estas poblaciones del desierto se
llevan a cabo de manera peculiar y solidaria. Una buena gestión del agua y las infraestructuras
de

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el riego son las que han permitido la adaptación de las poblaciones a ese medio tan hostil. En
Marruecos, prevalece la costumbre denominada “Derechos del Agua” que consiste en la
prioridad del derecho sobre el agua en proporción a la cantidad de trabajo que se haya
aportado en la construcción de la khetara y la red de riego. Los derechos de agua que detente
un individuo condicionarán su status social dentro de la comunidad.

Pero, en realidad, los propietarios no trabajan en las canalizaciones de agua, el campo o los
riegos; sino que las familias suelen donar trabajadores para que realicen estas labores.

Hasta hace poco más de una generación, las labores de mantenimiento agrícola eran tarea del
haritin, una clase social considerada como un bien mueble. No olvidemos que, hasta hace bien
poco, y aún hoy, en las zonas más aisladas y remotas del país, la sociedad se organizaba como
la sociedad medieval feudal.

Una parte de esta “casta de los harratines”, los llamados “khettater” fueron los encargados
de la construcción y el mantenimiento de las khetaras. Y mientras en Irán, la clase social de
“mughanni”, los constructores de los qanat, que eran de una clase baja en la escala social,
fueron vistos con admiración y respeto; los harratines y los khettater fueron subestimados en
Marruecos. Pero hoy en día, este sistema de castas que encargaba a los harratines de la tierra
y las khetaras ha desaparecido en el Tafilalet y ya pueden poseer tierras y no están obligados al
mantenimiento de las galerías.

El método para la distribución del agua más común es “por partes”. La unidad de agua se
denomina nouba o fardía, que es el agua suministrada por la khetara durante doce horas. Ésta
se entrega a un propietario o varios en función de su volumen de “derechos”. Como no todas
las khetaras aportan el mismo volumen de agua en una fardía, la superficie de riego es distinta
de una khetara a otra y es común que varios propietarios decidan asociarse para la explotación
común de sus derechos del agua.

Este proceso se supervisa por el Cheikh y el Mezreg, cargos elegidos por la Jmaa o Consejo de
la localidad, que además supervisan el mantenimiento de la red y median en los conflictos.

Las Esculturas del Land Art

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El Land Art, Earth Art o Earthwork es una corriente de arte contemporáneo que nace en el
desierto estadounidense durante la década de los sesenta, en la que se unen obra y paisaje. La
naturaleza es la materia prima para la elaboración de la obra que interviene en la naturaleza
misma, es decir, se trata de una mezcla de arquitectura paisajística y escultura en la que ambas
llegan a mezclarse en un todo único. Las obras se mantienen en exteriores, expuestas a los
cambios y la erosión del entorno natural, por lo que muchas de ellas han ido desapareciendo;
pero en el Tafilalet, muy cerca de la localidad de Erfoud, se ha mantenido a través de los años
la obra del alemán Hannsjönrg Voth como una rara maravilla que emerge en el horizonte

Teníamos pensado visitar las esculturas del Land Art por la mañana, pero ¡Nos perdimos! Pese
a que llevábamos GPS, se nos estropeó, y el navegador del móvil no tiene cobertura en este
concreto lugar del desierto. Así que tras dar unas cuantas vueltas, decidimos volver a la
carretera. Lo cierto que andar de un lado a otro en medio del desierto sin GPS y sin ninguna
referencia es una gran imprudencia; así que empleamos la mañana en visitar las Khetaras.

Después de comer, decidimos imprudentemente adentrarnos en el desierto para ver las
esculturas. Hay dos formas de llegar hasta ellas:

1.- La primera, es a través de una pista de 30 kilómetros que sale tras el Hotel Xaluca; claro que
allí pistas hay muchas., El Xaluca se encuentra a la derecha antes de entrar a Erfoud muy cerca
del camping Carla

2.- La segunda, por la carretera de Erfoud a Tinejdad, tras 25 km pasado el pueblo de Ksar Jdid,
a la derecha. De allí sale una pista de unos 5 km que desemboca en una de las esculturas, la
espiral áurea. El problema de este acceso es que hay que atravesar un río con un terreno
bastante inestable y, aunque el caudal del río no es abundante, el barro puede hacer que el
vehículo se quede atascado. . Por ello lo razonable es dejar la Ac en un lugar seguro e ir con un
taxi

Hannsjönrg Voth es un artista alemán, nacido en 1940, que en la década de los 80 pasa seis
meses en el desierto marroquí del Sahara, dicen, que estudiando los mitos locales y sus signos
culturales. Y es allí donde escoge la llanura de Marha para construir, en lo que él considera el
“paisaje cero”, la primera de sus obras en barro ayudado por obreros locales: La escalera
celeste.

Pero seis años más tarde, Voth vuelve a Erfoud para completar su obra y emprende dos
nuevos proyectos que completarán su personal visión del cosmos. Surgen entonces la Espiral
Áurea primero, y la Ciudad Orión después, finalizada en 2003.

La Escalera Celeste es una construcción, una escalera, de 30 metros de altura en medio de la
nada a la que impresiona contemplar. Sus 52 escalones, que se van estrechando en el
ascenso, dan acceso a la parte alta en la que se encuentra una abertura vertical. Desde arriba,
se desciende por una escalera “de mano” a través de diferentes habitaciones encaladas y
vacías, con el suelo y el techo de madera

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.

El siguiente trabajo, la Espiral Áurea, es un muro de 260 metros que se va elevando desde el
suelo, en forma de espiral, hasta alcanzar en el centro una altura de seis metros. El terreno
asciende conjuntamente con la estructura del muro y termina convertido en el techo de la
espiral que alberga en su parte inferior una serie de habitaciones. La estructura realiza un
continuo movimiento en espiral hacia arriba y abajo. Una escalera de caracol finaliza en un
pozo que se encuentra en el centro y, desde éste, a través de una serie de escalones, se accede
a una barca sobre el agua, cuando hay agua

Es difícil explicar con palabras la estructura de esta construcción, máxime si se trata de la obra
de un artista que no sigue convencionalismos y que lo que trata de expresar es su propia
visión del cosmos, su exterior es algo parecido a la concha de un nautilus.

Por último, la Ciudad de Orión es un conjunto arquitectónico compuesto por siete torres de
barro que se elevan desde la arena y se confunden con el paisaje del desierto representando,
en tres dimensiones, la constelación de Orión, las más conocidos del cielo y reconocida desde
ambos hemisferios

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Las tres esculturas forman parte de un conjunto arquitectónico y se encuentran separadas
unas de otras por uno o dos kilómetros, así que desde cada una de ellas se pueden ver las
otras. Entrando desde la pista del Hotel Xaluca, la primera que se contempla es la Escalera
Celeste; mientras que si el acceso es por el río, se llega primero a la Espiral Áurea.

La visita a las tres es gratuita y cada una de ellas se encuentra vigilada por un guarda que, por
una propina, puede hacer las veces de guía.

Por lo general, la visita se hace en una soledad absoluta, lo que incrementa el halo de magia
que envuelve a las tres esculturas. En la nuestra, únicamente nos cruzamos con un grupo de
tres motoristas que venían de contemplarlas en su ruta por las pistas del desierto...

Por el camino, paramos en la pobre jaima de una joven, absolutamente desgastada por el sol y
la arena, que salió a recibirnos con dos pequeños: un bebé a la espalda y otro, que rondaría los
dos años, de la mano ¿Cómo puede vivir alguien todavía en semejantes condiciones? ¿Y en
ese lugar? ¿Qué comen? ¿Dónde encuentran el agua? ¡Madre mía!

Siempre llevamos algo para regalar a los niños: juguetillos, algunos caramelos…

Y la señora, allí, en medio de la nada, nos lo agradeció como sólo quienes no tienen
absolutamente nada saben agradecer el más mínimo detalle. No hablaba, por supuesto,
ningún idioma conocido, pero se hizo entender para invitarnos a un té. Declinamos la
invitación haciéndole saber que quedaban pocas horas hasta la puesta de sol y que, de
entretenernos, no habría posibilidad de encontrar el camino de vuelta.

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.

Grabados Rupestres del Desierto del Sáhara

Mucho se ha hablado de los grabados prehistóricos de Tassili, en el Sáhara Argelino o de los
existentes en Fezán, en Libia, pero en un lugar remoto del Sur del Desierto del Sáhara
marroquí, podemos encontrar yacimientos prehistóricos de riqueza desconocida, túmulos,
posiblemente funerarios, junto a grabados rupestres que demostrarían la tradición ganadera
de los pobladores neolíticos de la zona.

. Iríamos en busca de los vestigios de la arquitectura y el arte prehistóricos que se esconden en
el desierto del Sáhara. En un 4x4 que habíamos alquilado, allí, una autocaravanas ni pensarlo

Se hallan diseminados por una vasta llanura que alberga más de un yacimiento, así que
contratamos los servicios de un guía. Mientras nos indicaba la ruta, contaba cómo, cuando era
sólo un niño, se dedicaba al pastoreo. Hace años, aún crecía algo verde para las cabras en
mitad del desierto. Viajaba errante de un lugar a otro y, por ello, aprendió a leer las señales del
desierto y encontró los ricos tesoros que ofrece esta tierra baldía y que no se contabilizan en
dinero.

Los marroquíes dicen que los europeos no sabemos mirar, ni ver, en el Sahara

En primer lugar, fuimos a ver la necrópolis prehistórica de túmulos funerarios.

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Los túmulos, más de una decena hace apenas unos años, han ido deteriorándose con el
tiempo, las acciones vandálicas y el desconocimiento de algunos pobladores de la zona.
Construidos con lajas de piedra negra, perfectamente cortadas y dispuestas unas sobre otras,
se trata de construcciones que albergan dos estancias contrapuestas y recuerdan en gran
medida a los túmulos del País de la Loira y la Bretaña francesa.

Los pobladores actuales de la zona no aciertan a explicar con exactitud su utilidad en el
pasado, aunque bien podrían haber sido lugares en relación con la cultura funeraria
prehistórica. Algunos han quedado reducidos a montañas de piedras, pero es posible entrar a
las estancias, invadidas por la arena y el abandono, de los que aún quedan en pie.

El túmulo más importante se halla situado en una posición dominante sobre una colina y su
planta es circular. Las paredes están construidas de la misma forma que los castros celtas de
Asturias y Galicia, con la puerta hacia el Este, y la parte superior amontona piedras formando
un cono no muy elevado. Hay otros, sin embargo, que se asemejan más a un amontonamiento
de piedras sin estancias ni puertas.

Pese a haber sido terreno abonado para el saqueo, fueron excavados en la primera mitad del
siglo XX y los estudios no arrojaron ningún vestigio de esqueletos, joyas o mobiliario por lo que
se descartó que fueran empleados en enterramientos, aunque posiblemente se utilizaron en
rituales funerarios 5.000 años antes de la era cristiana.

Junto a los túmulos principales y sobre la ladera inclinada de una colina, pueden observarse un
conjunto de grabados sobre piedra. Aunque existe poca información sobre los mismos,
algunos estudios científicos han demostrado su autenticidad y su origen prehistórico,
datándolos del 2.500 al 3.000 antes de Cristo, lo que supone un retraso frente a los grabados

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encontrados en la provincia argelina de Tassili, de entre 1.000 y 1.500 años antes ¿Quizá
porque la civilización que previamente habitó Tassili emigró hacia el noroeste de África en
busca de zonas más fértiles?

Sobre la ladera, cubierta con gigantes y pesadas losas de cuarcita inclinada, se pueden
encontrar imágenes principalmente de bovinos que indicarían que los pobladores del Sáhara
Occidental tenían costumbres nómadas y ganaderas más que agricultoras o cazadoras.

A principios del 7.000 a.C. las abundancias de lluvias permitieron que los valles del Sáhara se
cubrieran de bosques, pero hacia el 5.000 a.C., la disminución de las lluvias dio lugar a amplias
praderas y a la aparición de rebaños de bóvidos y ovinos. Son estas representaciones las
recogidas en estos grabados.

Los grabados están punteados, posiblemente con rudimentarios punzones o piedras afiladas; y
las líneas de su trazado combinan punteados suaves, con otros más gruesos y más separados,
o más juntos, para sugerir diferencias de color o grosor en el pelaje de los animales.

Un poco más alejado, se encuentra otro yacimiento en el que, curiosamente, se hallan las
primeras representaciones de carros tirados por bestias, lo que puede llevar a pensar que,
antes de que el Sáhara se desertizara por completo, la zona era paso obligado en una
importante ruta comercial con el resto de África.

Algunos arqueólogos denominan a estas figuras con el nombre de “tanques” porque en
realidad, se asemejan a ellos en su trazado y sus estudios sugieren que no fueron realizados
por habitantes de la zona, sino que se trataba de una suerte de baliza de los comerciantes que

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atravesaban el desierto, ya que se han encontrado grabados de similares características en las
ancestrales rutas comerciales del desierto.

Por último, encontramos otra zona cuyos grabados representan animales salvajes, recuerdo de
que el Sáhara, una vez, hace muchos, muchos miles de años fue rica selva. Con la llegada
abrupta de las lluvias monzónicas en el 8.500 a.C. el desierto fue reemplazado por sabanas y
entornos similares y rápidamente habitado por flora y fauna prehistórica. Aunque durante este
periodo de humedad óptima, las zonas eran peligrosas para la ocupación humana, después del
7.000 a.C. los asentamientos humanos se extendieron por todo el Sáhara.

Es difícil la datación de los grabados rupestres, no sólo aquí, sino en cualquiera de los lugares
del mundo en los que pudieran encontrarse. A diferencia de las pinturas, en las que hay
posibilidad de extraer sustancias orgánicas para analizar, en los grabados, la única posibilidad
que existe es estudiar la geología y los sustratos posteriores que la erosión y los cambios
medioambientales han podido ir depositando en las superficies de las piedras. Por ello, la
datación de los grabados del Sáhara es únicamente aproximada, aunque da una idea exacta de
la vida de los habitantes de esta zona del mundo antes de nuestra era.

Finalizamos nuestra excursión en una mina de orthoceras, que más que una mina, en el
sentido de excavación subterránea, se trataba de un yacimiento: Una zona en mitad del
desierto en la que se hallaba un banco de lo que fueron antiguos moluscos cefalópodos del
género orthoceratites. Nos pareció verdaderamente increíble, pues siempre habíamos visto
excavaciones para la extracción de fósiles en diferentes yacimientos de las afueras de Erfoud,
era la primera vez que veíamos cientos de fósiles esparcidos sobre la arena del desierto.

Después de aquello, dimos por terminada la ruta y pusimos rumbo a las dunas de Merzouga.

La Mezquita Tinmel, el origen de los almohades

IbnTumart fue un clérigo bereber nacido al sur de Marruecos que, en época de los
almorávides, y tras haber pasado por Al-Ándalus, Irak, Siria y La Meca, regresó a Marruecos
donde desarrolló una teología propia (kalam) basada en la unidad de Allah y en el retorno a
los preceptos coránicos perdidos, según él, por la laxitud de la dinastía reinante..

IbnTumart hizo de la ortodoxia su bandera y fue expulsado, por ello de no pocos lugares.
También le ocurrió en Marruecos, donde tuvo que huir a las montañas del Atlas para evitar la
ejecución por revolucionario.

Y fue allí, en un lugar próximo a donde se erige la Mezquita Tinmel donde comenzó a predicar
y en poco tiempo se hizo con un ejército de seguidores de su doctrina de entre las tribus
bereberes de las montañas, recelosos del poder de los almorávides, que comenzaron a ser
conocidos como los Al-Muwahhidun, los almohades.

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Tinmel, “La mezquita blanca”

IbnTumart, había levantado una mezquita en Tinmel en la que impartía sus enseñanzas. El
templo se hallaba en un lugar privilegiado rodeado de murallas en la que vivía una importante
comunidad de la que ya no queda más rastro que las pequeñas casas de montaña actuales.

Con la toma de Marrakech, Tinmel se convierte en lugar de peregrinación esencial y centro
cultural del Imperio, y Abd al-Mumin emprende un proyecto de restauración de la mezquita
original, ordenando construir, en 1153, una nueva sobre la de IbnTumart que la convierte en
arquetipo de la arquitectura almohade que se difundirá por el Magreb y Al-Ándalus en los
siglos sucesivos.

Símbolo de un poder nuevo, el rigor espiritual y el carácter militar se unen en la geometría de
Tinmel, que servirá como modelo a la Koutubia, la Torre Hassan y la Giralda de Sevilla. Y
aunque por fuera, la mezquita parece más una fortificación que un centro de culto, es en su
interior donde despliega toda su belleza tanto en su distribución y decoración ornamental,
como en el tono rojizo de las construcciones de los países árabes que tanta emoción me
provocan.

El edificio conforma un cuadrado casi perfecto en sus dimensiones (48 x 43,60), casi unos 1800
m2. El patio y la sala de oración se distribuyen en nueve naves longitudinales y
perpendiculares a la qibla (muro orientado a la Meca). La nave central y la de la qibla son más
anchas formando un diseño en “T”: Es, en realidad, un cálculo matemático cuya finalidad es
que la atención se fije en el mirab

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En el centro del muro de la quibla, en Tin Mal, se ubica el minarete, lo cual es bastante inusual,
pues lo habitual es encontrarlo en una de sus esquinas.

Hecho en piedra, hoy sólo conserva tres de los seis pisos que debió tener y, en su interior,
conserva el mirab ricamente ornamenta que señala a la Meca-.

Sin techo, desaparecido durante el abandono centenario que sufrió tras la decadencia de la
dinastía almohade, la mezquita y sus naves están hoy abiertas. En medio del patio se
encuentran los restos de una fuente de abluciones.

Muchos de los pilares no se han tocado y aún conservan vestigios de la arquitectura floral
original y la decoración geométrica

Los almohades introdujeron novedades de importancia que luego se tomaría como modelo
para las mezquitas en el Magreb. Fueron los iniciadores de los arcos lobulados y el empleo de
pilares. La ornamentación austera en un principio, se vuelve más intensa a medida que nos
acercamos a la zona del mihrab. De esta manera, los arcos de herradura muy elevados, se
convierten en arcos con muqarnas, ornamentación floral, como palmeras y el empleo de la
geometría. Todo ello realizado en estuco.

La madera utilizada es original de cedro, así como las cúpulas que aún se conservan a ambos
lados del mihrab.Varios sultanes de la dinastía almohade, incluyendo a IbnToumart, fueron
enterrados en un cementerio contiguo a la mezquita, del cual no encontramos rastro. La
mezquita también habría albergado una biblioteca rica; y una bodega en el sótano, según
algunos historiadores que trabajaron en el siglo XVII en las estructuras sociales y tribales del
Alto Atlas, y que evocaron en su trabajo de manera subsidiaria la mezquita de Tinmel.

Nosotros conocimos la mezquita hace unos 40 años cuando mis hijos eran muy pequeños y
teníamos un Land Rover 6 cilindros, que aun recuerdo que subiendo hacia la mezquita,

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llevamos a varios caminantes agarrados hasta en los espejos, y todo estaba en ruinas.

El interés por recuperar la mezquita de Tinmel no surge hasta las primeras décadas del siglo
XX. Diversas campañas de restauración llevadas a cabo sin el necesario rigor científico y las
lluvias torrenciales caídas en la región a finales de los años ochenta condujeron a una situación
crítica, en la que el edificio amenazaba con desplomarse.

A partir de entonces, han surgido algunos otros proyectos de interés que pretenden una
recuperación integral del edificio. A lo que ha contribuído su adhesión a la Lista indicativa del
Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría cultural, en 1995.

Aunque la visita a la Mezquita Tinmel se puede realizar en una excursión de un día desde
Marrakech, no son muchos los viajeros que se aventuran en este camino, quizá por el
desconocimiento sobre su existencia o quizás porque les atraen más todos los lugares curiosos
y cercanos que se pueden ver en otras excursiones. Supongo que habrá quien piense que se
trata de un largo camino sólo para ver una mezquita. Aunque a mí me mereció muchísimo la
pena y no podré jamás transmitir con palabras la emoción y la fascinación que me supuso
visitar este lugar

Aunque la mezquita se puede observar ya desde la carretera, el acceso se halla bien señalizado
por un caminito de tierra que atraviesa un río caudaloso y limpio proveniente de las aguas del
deshielo.

EL KHORBAT

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El Khorbat es un ksar, un pueblo amurallado, construido en barro, que data del siglo XIX y
todavía se encuentra habitado.

Ubicado muy cerca de la localidad de Tinejad y a 50 kilómetros de Tinghir, está considerado
como el lugar más interesante del Oasis de Ferkla, en el Valle bajo de Todra, al Sur de
Marruecos.

El nombre El Khorbat, significa en árabe “las ruinas” y se cree que este ksar fue fundado por la
tribu árabe de los Beni Maaquil, que se establecieron en la zona allá por el siglo XIV ó XV.

Los pobladores de El Khorbat

Los Beni Maaquil (Banu Maqtil, Banu Maquil, Maqil o Maquil) eran miembros de una tribu
árabe de origen yemení que emigraron a África del Norte en el siglo XIII y, puede ser que
trajeran el conocimiento de la construcción de los altos edificios de barro tan característicos de
algunas ciudades de Yemen En el Khorbat, también vive una parte de la población compuesta
de agricultores de piel oscura, conocidos como ikabliin.

A lo largo de los siglos, los oasis han sido cultivados por grupos de habitantes de piel más
oscura como los harratines

, los khettater, los gnawas o los ilkabliin; en definitiva, “los negros”, descendientes de los
esclavos que provenían del África Negra cuyos antepasados fueron traídos como esclavos
desde el África Subsahariana en las caravanas que llegaban al sureste marroquí.

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Estas etnias trabajaron como aparceros de diversas tribus conquistadoras que vinculaban su
honor a su identidad como guerreros y no a ser trabajadores de la tierra, pastores o
extractores de agua para el oasis.

Sólo después de la independencia marroquí esta situación de “semiesclavitud” comenzó a
cambiar y, tras su emancipación, “los negros” subsistieron como nómadas hasta que
comenzaron a asentarse, en los años 50 y 60, en pueblos como el de Khamilia, junto a las
arenas de Merzouga.

A principios del siglo XIX, el antiguo Khorbat fue ocupado por la tribu bereber de los Ait Atta,
cuya capital se encontraba en el Oasis de Nkob, que expulsaron a los árabes y aceptaron vivir
junto con los ikabliin para perpetuar su esclavitud en las labores agrícolas.

La identidad histórica de Ait Atta está vinculada a un personaje llamado Dadda, o Atta,
considerado el antepasado común y padre espiritual, debido a su relación con el santo Moulay
Abdellah Ben Hssain, fundador de la zouia Amagharyne y Santo Patrón de la ciudad de Salé.(
en cuya prisión Daniel Defoe estuvo preso y escribió allí Robinson Crusoe)

Los Ait Atta, extendieron el pueblo y construyeron un nuevo muro.

En 1860, otra tribu bereber, Ait Merghad, venida del valle del Dadès, expulsó a los Ait Atta de
El Khorbat y construyó un segundo ksar justo a él al que llamaron Oujdid, que se convirtió en
su capital política. El jefe de la tribu tenía su residencia aquí y fue reconocido por el Sultán de
Marruecos.

Los Ait Merghad eran nómadas trashumantes que, desde el Daès se fueron extendiendo hacia
el Este y el Sur oucpando los valles irrigados del Gheris y el Ferkla.

La importancia de El Khorbat se mantuvo hasta el Protectorado, en 1934. Pero, tras esa fecha,
los franceses establecieron su “Oficina de Asuntos Indígenas” en Tinejad y transfirieron a ella la
administración del Oasis.

El ksar El Khorbat se construyó sobre una planta rectangular. Su trazado está atravesado por
una calle central y las puertas de las casas se distribuyen en ocho callejones sin salida
perpendiculares a la arteria principal, siendo la única excepción la Casa de Caid, que tiene

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salida directa a la calle principal y a la entrada principal del ksar, con acceso al exterior.

Las nuevas entradas a las casas que perforan los muros exteriores son más recientes y sobre la
mezquita se ha construido un minarete restaurado en su fachada con adobe para no dañar la
estética de la construcción.

Debido a los continuos conflictos tribales que han caracterizado la Historia del Sur de
Marruecos, los ksars están rodeados de murallas o muros altos para alojar en su interior a la
población en caso de ataques y hacerla inexpugnable frente a los asaltos y el pillaje. Asímismo,
y debido a las condiciones climatológicas de la zona, se trata de un pueblo con la estructura de
sus calles cubiertas con pozos de luz en los cruces. Las casas se sitúan sobre las calles mismas,
proporcionando sombra y paliando los efectos de las molestas tormentas de arena que azotan
el desierto. Este tipo de construcción facilita el mantenimiento del calor en invierno, evita el
sol ardiente de los días de verano, permite mantener el ganado refugiado y controlado y,
además, impide el asalto y los robos. De ahí también la ausencia de ventanas exteriores en los
primeros niveles.

Al principio, sólo había una entrada en el Ksar que daba acceso a la calle principal, a la casa del
Caid y servía de centro de reunión y celebraciones para los habitantes del pueblo. Y es en este
lugar donde se ubica el acceso a la mezquita del pueblo.

También hay un total de nueve torres de vigilancia que refuerzan la estructura defensiva del
ksar: dos se ubican a ambos lados de la entrada, cuatro en las esquinas, una en el lateral y dos
en la parte trasera.

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Las casas se alzan entre tres y cuatro niveles, entre 10 y 14 metros de altura, y su planta varía
entre los 30 y 200 metros cuadrados.

El material de base empleado para el ksar es la tierra. El nivel del suelo, el primer piso y, en
ocasiones, el segundo están construidos a base de tierra apisonada; mientras que el tercer piso
está hecho con ladrillos de arcilla, de aproximadamente 30 centímetros, secados al sol. El
muro exterior alcanza el metro de ancho hasta los cuatro metros de altura, decreciendo en
espesor a medida que va creciendo la construcción en verticalidad para evitar un peso
excesivo sobre la base.

El uso de la tierra en la construcción de los ksars del Sur de Marruecos es el ejemplo idóneo de
un ancestral sistema económico integrado de agricultura y generación de barro.

Las puertas, las vigas y las estructuras de las ventanas están hechas con madera de palmera, y
algunas ventanas poseen rejas de hierro forjado. La decoración exterior está reservada a las
partes altas de los edificios y consisten en figuras geométricas hechas con ladrillos y
pictogramas del alfabeto tifinagh.

Junto al ksar El Khorbat Oujdid se alza otro llamado El Khorbat Akedim, que dicen, data delsiglo
XV y posee una estructura mucho más complicada, como corresponde a su antigüedad. Sin
embargo, se halla muy deteriorado.

Proyecto de Turismo Responsable para la recuperación de El Khorbat

Fundado en 2002 por tres socios: Ahmed Ben Amar, Joan Castellana y Roger Mimó; y en
estrecha colaboración con la Asociación El Khorbat para el Patrimonio y el Desarrollo
Sostenible, se puso en marcha un proyecto con el fin de mejorar las condiciones de vida de los
habitantes y organizar un desarrollo sostenible para el oasis.

El objetivo principal que se trazó en el proyecto fue la utilización del ecoturismo como medio
de proteger el Patrimonio Histórico Arquitectónico de las kasbahs. Porque se estima que a
primeros del siglo XX, en los valles presaharianos de los Ríos Draâ y Ziz, existían más de 1.000
ksars de los que han desaparecido o están en ruinas más de la mitad.

La Asociación ha establecido locales en el interior del ksar para llevar a cabo diferentes
actividades que dinamicen la vida económica y cultural de sus habitantes como la artesanía
femenina, la escolarización infantil, la alfabetización de mujeres, etc. Además, está llevando a
cabo numerosos proyectos dirigidos al mantenimiento y la conservación del ksar entre los que
se encuentran el dragado de la acequia, la construcción de una red de saneamiento, el
adoquinado de las calles interiores o el mantenimiento y la restructuración de la muralla
exterior.

El Ksar El Khorbat ha sido restaurado gracias a la ayuda financiera de la Escuela de Arquitectos
Técnicos de Barcelona. El Proyecto ganó el Trofeo marroquí de Turismo Responsable 2010,
valores, tradición y cultura, categoría nacional.

Llegamos casi a la hora de comer y aparcamos el coche casi en la puerta.

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Aquel día no había nadie. Sólo un joven que con un inteligible inglés nos invitó a pasar por la
estrecha puerta delantera que se abre en un lateral del minarete.

La visita es gratuita y se trata de una de las dos únicas mezquitas abiertas a los no musulmanes
en Marruecos. La otra es la Gran Mezquita de Hassan II en Casablanca.

“El cuidador” de la mezquita, pese a su juventud, se ha documentado sobre la Historia de la
construcción y la trayectoria de los almohades en Marruecos, y puede resolver cualquier duda
que se le plantee. Por ello, lo mejor es contribuir con una propina a un trabajo que realiza de
manera altruista. -

Como viajera, entiendo a veces las prisas del viajero o las preferencias por lugares exitosos
para Instagram. este en cambio, es un lugar para visitar con calma. Pero seguro que, los que
amáis el arte y la Historia, sentiréis la fascinación por este lugar del que aseguro me enamoré.

La tumba del Extranjero

Cuando el 7 de septiembre de 1091 los almorávides tomaron Sevilla, Ibn Tasufin ordenó que el
rey depuesto fuera conducido a Marruecos y desterrado en el aduar de Agmat. Un aduar era
una pequeña población de beduinos formada por tiendas de campaña, chozas y cabañas. Así
que Al Mu´tamid pasó de la opulencia de sus palacios sevillanos a habitar en estas casas de
nómadas. Y allí, transcurrieron los útimos cuatro años de su vida.

Al Mu´tamid fue contemporaneo de “El Cid”. Mejor poeta que rey, de él se dice que era una
persona muy culta pese a ser hijo de una anónima concubina de Beja. Su valido fue Ibn Ammar

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-Ben Ammar-, el Abenámar al que Sánchez Albornoz dedicó una novela. Se cuenta, que entre
ellos hubo algo más que una buena amistad, y tan es así que Al Mu´tamid le perdonó muchos
de sus errores políticos. Se dice que, cuando Alfonso II iba a atacar Sevilla, Ben Ammar se jugó
el ataque al ajedrez y tras su victoria, Alfonso II desistió de su asalto a la capital andaluza. La
vida de Ben Amar finalizó en manos del rey Al Mu´tamid cansado de sus decisiones y caprichos
peligrosos para el reino.

Prisionero cargado de cadenas a los pies del Antiatlas, Al Mu´tamid terminó casándose con una
de sus esclavas, RumaynKylla, a la que el rey llama Itimad, su favorita; componiéndole bellos
versos de amor y junto a la que terminará enterrado para el resto de la eternidad en este lugar
remoto del corazón de Marruecos.

Agmat es un pequeño pueblecito agrícola a los piés del Antiatlas, entre Marrakech y el Ourika,
en el que bastan unas cuantas casitas y una plaza. La tumba de Al Mu´tamid se encuentra en
una pequeña construcción parecida a un morabito, de bastante sobriedad, pero muy bien
conservada. Cuentan que antes no era así, sino que la tumba del extranjero se hallaba en
medio de un cementerio del que no queda rastro. No hace mucho que fue restaurada, con la
ayuda económica de la Junta de Andalucía visita de Manuel Chaves incluida.

Se accede por un pequeño patio andaluz con una pequeña fuente que, en el momento de la
visita lijaba con fruición un operario. Aunque hay un guarda, a veces, cuando la tumba se
encuentra cerrada, se pueden pedir las llaves en la tiendecita de enfrente.

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El lugar del enterramiento es una no muy grande estancia en la que reposan Al Mu´tamid junto
su amada Itimad, en dirección a la Meca bajo dos lápidas realizadas en baldosas de motivos
geométricos. Tan sólo un epitafio encastrado reza. “Tumba del extranjero. Tú que te apropias
de los restos resecos de Ibn Abbad ¡Que las nubes que pasen nunca te rieguen”.

El guarda es un anciano amable y pesado que no deja disfrutar del intimismo que rezuma el
lugar. Hablaba sin parar y no dejaba de agarrarnos ,para salir en todas y cada una de las fotos
que encuadrábamos. Por supuesto, cuando salimos de allí, le pareció poco el estipendio que le
dimos pese a ser un asalariado del gobierno marroquí y dejó de ser tan simpático con
nosotros.

La tumba del extranjero, tal y como se la conoce en el lugar, es un lugar más romántico que
“visual”. Un rey sevillano, Al Mu´tamid, del que pocos en el lugar conocen la historia, reposa
como extranjero eterno en el lugar en el que hace muchos siglos se convirtió en su patria en el
exilio.

La leyenda cuenta que Al Mu ´tamid iba con su amigo Abenamar recitando poesías a la orilla
del Guadalquivir, uno decía un verso y el otro le contestaba, llegó un momento que guardó
silencio pensando que verso correspondería decirle. Más detrás de un cañaveral se oyó una
voz femenina que respondió con el verso adecuado

Miraron quien era, una jovencita llanada RumaynKylla, esclava de un anciano que
transportaba encargos con su borriquillo

Las crónicas dicen que Al Mu’tamid quedó prendado y se la llevó a su harén convirtiéndola en
su favorita

Cuando fue expulsado de España y enviado a la falda del Anti Atlas, a una Kabila olvidada se
llevó a su amada, a la que había puesto un nuevo nombre Itimad, a la que llamaba Luz del
Amanecer, y ella, está enterada junto a su amado, cuando los almendros florecen a los pies del
Atlas

Es mi lugar favorito de Marruecos

Los Fondouks de Marrakech

Durante cerca de diez siglos, viajeros, peregrinos, predicadores, comerciantes y guerreros
encontraron reposo, alimento y cobijo al calor de los cientos de caravasares que se
encontraban en las principales rutas del Norte de África, Oriente Próximo y Asia Central.

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Los fondouks eran lugares de intercambio en el que no sólo se comerciaba con diferentes
tipos de mercancías y se cerraban acuerdos económicos, sino que jugaron un importante papel
en el intercambio cultural de los viajeros que allí se daban encuentro.

Marrakech posee unos 98 fondouks (algunos hablan de 140), la mayor parte de ellos en el
interior de la Medina y, pese a las peculiaridades específicas de este tipo de construcciones, no
son muchos los turistas que se interesan por estos lugares. Quizás, al estar ocupados por
cooperativas de artesanos en un entorno eminentemente dedicado al comercio para turistas,
el hecho de tener que acceder al interior de un patio disuade a los visitantes cansados de tanto
agobio por parte de los vendedores del zoco.

La palabra Fondouks o Funduq parece que procede del árabe hispano “fondac”, y éste del
árabe marroquí “fendec”, o del francés antiguo “fonde”, a su vez del árabe clásico “funduq”.

Sea como fuere, el término es sinónimo de Caravasar, término que deriva del
turco kervansaray, y, antes, del persa karavan (viajeros) y sara (hostal, refugio). Denominados
también Khanes, en persa posada, eran edificios diseñados como albergue para viajeros y sus
mercaderías.

Se dice que los Fondouks nacieron de forma simultánea a la expansión del islam y al
crecimiento del intercambio comercial entre Oriente y Occidente y Norte y Sur, y su declive se
inició con la apertura de nuevas rutas comerciales marítimas.

Concretamente en el Norte de África, parece ser que la Ruta Comercial Transahariana tuvo su
apogeo entre los siglos VIII y XVI, aunque los caravasares estuvieron en funcionamiento hasta

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finales del siglo XIX.

Las economías mediterráneas tenían escasez de oro, pero podían ofrecer sal; mientras que en
África Occidental, existían importantes reservas de oro pero carecían de sal. El comercio de
esclavos negros también fue muy importante ya que eran utilizados como sirvientes, esclavos
o concubinas. Se estima que, entre los siglos X y XIX se transportaron entre 6.000 y 7.000
esclavos desde el África Negra hasta el Norte de África cada año, haciendo un total de unos 9
millones.

La ruta comercial más importante en Marruecos terminaba en Sijilmasa (la actual Risani) para
llegar a Ifriqiya (Túnez) pasando por Marrakech que, por aquel entonces era un lugar muy poco
recomendable, pues era considerado un lugar de ladrones y bandidos para los caravaneros. De
hecho, parece que el nombre de Marrakech deriva de una compleja etimología (Mashmuda
Marrakush) que viene a significar “Pasa rápido o Sal corriendo”. Sin embargo y
paradójicamente, de la deformación de la pronunciación del nombre de la ciudad, surgió el
nombre de Marruecos que hoy posee el país.

Los Fondouks y Caravasares

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Existe una cierta uniformidad entre los caravasares a lo largo y ancho del mundo (árabe)
aunque, cada uno, posee especificidades que le son propias según su ubicación geográfica y la
época en la que fueron construidos.

Por lo general, se trata de edificios rectangulares con una única gran entrada que permitía el
acceso de animales y grandes cargamentos. Rodeando el patio central, casi siempre abierto, se
encontraban establos, almacenes y habitaciones para sirvientes, mientras que el piso superior
era utilizado para albergar a los viajeros. Se tratada de una especie de híbrido entre establo y
hotel. Lo que hoy sería “un hotel con aparcamiento”.

Los Foundouks fueron equipados con fuentes de agua potable que satisfacían la sed de
personas y bestias y posibilitaba las abluciones antes del rezo; y además, disponían de balanzas
para pesar los productos que allí se comercializaban.

Algunos de ellos, aunque no todos, se especializaron en el tipo de clientes y comerciantes que
albergaban: judíos, cristianos, árabes o subsaharianos.

Los Fondouks de Marrakech

En Marrakech, muchos de ellos se concentran al Norte del distrito de El Baroudiyine, en la
parte que va desde el Norte de la Plaza de la Jemaa hasta la Medersa Ben Youssef, ya que ésta
era una zona fácilmente accesible y bien ubicada con respecto al zoco del interior de la
Medina.

Los fondouks de Marrakech se estima que cubren un área de 42.000 m2, incluyendo los 45
dedicados a diferentes actividades artesanales.

Tras el declive de las Caravanas del desierto, muchos de ellos fueron abandonados y
sucumbieron entre ruinas. Poco a poco se fueron convirtiendo en lugares llenos de basura
donde se hacinaba gente sin hogar y de “mala reputación”. Dicen que muchos de ellos se
usaron como prostíbulos hasta el gran proyecto de recuperación emprendido por Mohamed
VI, en 2007 y en el que se invirtieron 40 millones de Dh como parte de la Iniciativa Nacional
para el Desarrollo Humano (INDH).

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Las obras se centraron en la reparación de los muros, la reconstrucción de los techos en ruinas,
el reforzamiento de las galerías de las terrazas y el acondicionamiento de pavimentos y
fachadas.

 La gran ventaja comercial de los fondouks de la Medina es que, al tratarse en su mayoría de
cooperativas, se eliminan los intermediarios y se trata directamente con el artesano, por lo
que, en teoría, los precios son (o deben ser) más bajos que en las tiendas.

Independientemente de ello, ya sea por cuestiones históricas, comerciales o arquitectónicas,
estos lugares bien merecen una visita en cualquier paseo por el interior de la Medina.

FUENTES DE OUM ER-RABIA

El camino desde Azrou a Oum Er-Rabia (58 km -1 h-) es espectacular. Transcurre entre
montañas, valles y bosques de cedros poblados por monos. Además, se encuentra poblado por
nómadas dedicados al pastoreo que viven en condiciones extremas de la falta más absoluta de
todo: no de todo lo necesario, no. De todo lo más íntimamente imprescindible. Y ésta es la
parte del camino que te parte el alma al ver a pastorcitos de no más de 7 u 8 años con
chancletas a un par de grados bajo cero.

El camino se fue aderezando, además, con pequeños copos de nieve sobre el parabrisas,
cuando se descubrió ante nuestros ojos la bella estampa de los bosques nevados ¡Qué
preciosidad! Ya habíamos visitado la zona con anterioridad, pero jamás con una naturaleza que
desplegaba tanta belleza ante nuestros ojos.

Y por fin llegamos a las Fuentes de Oum Er-Rbia.

El río Oum Er-Rabia es el segundo más largo de Marruecos y su nacimiento tiene lugar en el
Atlas Medio a 1240 metros de altitud. La cuenca de este río, se considera reserva hidráulica de
una parte del país y es de gran importancia para el riego; de ahí la proliferación de sus ocho

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presas construidas por el gobierno marroquí a lo largo de su curso.

Al nacimiento de este río se le denomina “fuentes” en plural porque su nacimiento surge de 40
fuentes diferentes de las que brota el agua. Se trata de una pequeña muy pequeña población
que vive mas bien malvive de la expectación turística que suscita el nacimiento del río y de
una pequeña estación balnearia construida de manera rudimentaria con casetas de caña a las
que acude la población local cuando hace buen tiempo.

Pasado el puente y la piscifactoría, se llega a una explanada a modo de parking, en la que
comienzan a rondarte algunos “guías”. Lo cierto es que no sería necesario dejarse acompañar
de ninguno de ellos más que para evitar la molestia del resto de incordios que pululan por la
zona.

Llovía mientras subíamos la cuesta que atraviesa los chamizos y de vez en cuando teníamos
que pisar sobre un pequeño lodazal. A la izquierda, el río, a la derecha, las fuentes con el agua
que baja de las montañas.

Una de las particularidades del lugar reside en que en este lugar se mezclan aguas salinas
salinidad causada por los minerales que han de atravesar las aguas del subsuelo

, con el agua dulce procedente del deshielo de las montañas. Además, hay fuentes de agua fría
y de agua caliente ¡Todo un curioso fenómeno de la naturaleza!

Espero que visiteis estos lugares

 Cuando consiga que mi hija me siga ayudando, habrá más lugares que merecen una visita, lo
haremos en un próximo relato.

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Piky Sierra Abueletes