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VIAJE A LISBOA Y ALREDEDORES
Esta es la historia de un viaje de tres días por la capital del
país vecino y sus alrededores.Salimos de "pucela" a las 5 de la
tarde, dirección Evora.
Paramos en Bejar a tomar un cafelito en el primer bar que
encontramos y después de un cuartito de hora retomamos el
camino.
Hacia las diez y media encontramos un pueblo llamado
Cañaveral (Caceres) y nos pareció bien para pernoctar, frente a su
gasolinera, pues había otra auto de güiris y eso nos animó, de
hecho, cuando nos levantamos había unos cuantos camiones.
Llegamos a Evora alrededor de las doce de la mañana, aparcamos
la auto en un parking gratuito junto al acueducto y como era
viernes de carnaval al atravesar la muralla para entrar en la ciudad,
nos fuimos encontrando grupos de niños disfrazados y con una
ciudad llena de serpentinas y música, sobre todo en una plaza, en
la que había muchos niños. Compramos unas castañas asadas en
esa misma plaza a una castañera ambulante (9 castañas 1.5€)
porque nos llamaron la atención que eran diferentes a las que aquí
conocemos, las asaban en una especie de paellero tapado y la
castaña quedaba blanca, no tostada como aquí.
Visitamos la catedral en la que se encuentra la Capilla de los
Huesos, digna de ver por lo original, pues tiene mas de cinco mil
cráneos incrustados en sus paredes. La entrada 1.5 adultos y niños
hasta 14 gratis.
Justo al lado estaba el mercado municipal, en el que
entramos, pues nos encanta ir a los mercados de diferentes
ciudades. Hicimos acopio y compramos un par de quesos muy
buenos y recomendados por la quesera.
Nada mas salir, y dado que en Portugal es una hora menos y
se come pronto, entramos en una pequeña taberna, al lado del
mercado y la catedral,(O da boa fé)en la que vimos bastantes
portugueses comiendo y pensamos "si ellos comen aquí es porque
tiene que ser bueno", y efectivamente pedimos tres medios platos
de cocido, pues el día pedía algo calentito. Para nuestra sorpresa el
cocido no lleva ni garbanzos ni sopa, solamente carne, chorizo,
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morcilla y bastantes verduras. Estuvo bastante bien y junto con un
postre, café, vino y pan pagamos 28 €, ¡ah¡, no hemos dicho que
somos dos adultos, un niño de 13 y otro de 3, pero bueno, el
pequeño no cuenta.
Como hacía muy mal día (lluvia, aire) fuimos a por nuestra
auto y partimos hacia Lisboa, pues creímos que en Evora ya estaba
todo visto. Nuestra opinión sobre Evora es que esperábamos algo
mas, y la verdad es que salimos un poco decepcionados.
Llegamos a Lisboa alrededor de las seis de la tarde y nos
dirigimos a la Torre de Belem, que no vimos por dentro, pero si por
fuera y nos gustó mucho. Un poco mas adelante y en la misma
avenida está el monumento a los descubridores, al que tampoco
pudimos subir, pues estaba ya cerrado (todos monumentos,
museos, etc cierran a las 6). Como habíamos visto unas cuantas
autos aparcadas entre los dos monumentos decidimos pernoctar
allí, pues nos pareció un lugar tranquilo y seguro, además de unas
maravillosas vistas a las aguas del Tajo.
Nos hablaron de un barco que te cruza hacia Cacilhas, un
pueblecito en la otra orilla en el cual leímos que se cenaba bastante
mejor que en Lisboa, y nos decidimos a montar, para alucine de mi
hijo pequeño, y desde el cual se ven unas vistas preciosas de la
Torre de Belem y el Monumento a los descubridores. El precio
irrisorio, 0.74 € por persona y trayecto, y menores de 4 no pagan.
Después de pasear un poco e ir mirando varios sitios para cenar,
paramos en uno en el que la dueña salió a recibirnos hasta la
puerta e intentando convencernos para entrar, y mira por donde
que sí entramos.
El restaurante lo regenta un matrimonio y él es igualito al
actor Dani de Vito. El restaurante se llama Cova-fonda, en Rua
cándido dos reis, 103. El menú estuvo compuesto por: Choco a la
brasa con su tinta (muy recomendable) y arroz de tamboril para
dos personas, del cual salieron seis buenos platos, postre, pan, vino
y el famoso "couvert" portugués (mantequilla, queso, patés, etc),
todo ello para tres por 45 €. Volvimos a la auto y dormimos como
lirones.
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Por la mañana un buen desayuno con bizcocho casero y café
viendo la desembocadura del tajo era un marco incomparable.
Este día lo dedicamos a ver Lisboa. Justamente enfrente del
Monumento a los descubridores, pero al otro lado de la avenida,
está el Monasterio de los Jerónimos, el cual nos saltamos, pues lo
que nos apetecia era callejear y ver cosas en Alfama, Chiado,
Baixa, Barrio alto, etc. Allí mismo, en el monasterio, se coge el
tranvía 15, que te lleva a la Plaza del Comercio, y desde allí te
empiezas a mover. Nosotros subimos a Alfama en el famoso tranvía
28, muy bonito, muy antiguo y muy bien, pero mucho mejor si no
se hubiera empeñado el conductor en meter tropecientas personas
en vez de las permitidas. Menos mal que no era verano, si no a
alguno le da una lipotimia de tan apretujados como íbamos,
nosotros con la sillita de niño incluida, de la que creo que metí la
rueda en la boca de alguien. En fin, una vez llegados a Alfama, a
callejear, y ¿qué os puedo decir?. A nosotros nos decepcionó un
poco, porque una cosa es que sea un casco antiguo, y como tal
tiene encanto, pero todo muy sucio, en obras, edificios caídos, todo
muy mal señalizado, etc.
Por ejemplo: Subimos al elevador "Gloria" porque vimos un
montón de gente arremolinada en una calle, no por que estuviera
señalizado ni nada de eso, he de decir que la subida mereció la
pena, pues hay unas vistas de Lisboa magníficas.
En Lisboa también comimos el famoso bacalao portugués y
nos gustó bastante.
Como vimos que Lisboa no nos daba mas de sí (para nuestro
gusto), decidimos ir a la auto y arrancar para dormir en Sintra, de
la que todo el mundo nos había hablado muy bien.
Cuando llegamos ya era de noche, pero aún así mientras
buscábamos sitio para aparcar y hacer noche íbamos viendo sus
calles, edificios y monumentos perfectamente iluminados. La
primera impresión fue muy positiva.
Pernoctamos en un paseo al lado de la cámara municipal
(Ayuntamiento), y como nadie nos dijo nada, como lirones otra vez.
Buscamos sitio para cenar y encontramos un restaurante bastante
agradable en el que comimos un "prato do día", famosos en
Portugal, que es igual que aquí un menú del día, solo que con un
solo plato, pero buena relación calidad precio unos 8 €.
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Por la mañana madrugamos, no porque queramos, sino
porque el pequeño toca diana, y así, después de otro buen
desayuno, estábamos a las 10 en el Palacio da Pena para visitarle.
Nosotros subimos con la auto perfectamente, aunque habíamos
leído que las carreteras eran muy empinadas y muy estrechas. La
subida era como si estuvieras en un libro de Harry Potter, árboles
entrelazados, hechos nudos, impresionante. A nosotros la verdad,
es que no nos pareció para tanto, aunque también imagino que en
verano tiene que ser una odisea subir allí.
Una vez arriba compras la entrada (7 € adultos y 5 € niños), y
hay un trenecito que te acerca aún mas a la puerta del castillo (1.5
€ persona).
Preguntamos al segurata de la puerta si se podía subir
andando y nos dijo que era menos de lo que parecía (8 minutos
andando), así que como nos apetecía andar, pues pa`rriba.
El palacio merece la pena verlo y admirar sus espléndidas
vistas. Ya de bajada decidimos ver Cascais y Estoril, y como tocaba
comer en la auto, de camino a Cabo do Roca, en la carretera
encontramos un mercadillo en el que compramos pan, y una
percebeira nos ofreció unos percebes, y a base de regatear nos
compramos dos kilos a muy buen precio. Llegamos a Cabo do Roca
y en lo que admiraríamos el Atlántico, los bichitos se cocieron con
toda calma. Aprovechamos que el churumbel se durmió y en la
playa de Guincho, con una brisa muy agradable, nos dimos un
homenaje.
Ya por la tarde fuimos a Cascais y Estoril, y bueno..., para
nosotros son los típicos pueblos costeros masificados, nada mas.
Volvimos a Lisboa a dormir en la Torre de Belem, y como era
nuestra ultima noche, queríamos cenar bien en algún restaurante
de Calcihas, pero nuestro gozo en un pozo, el ultimo barco que
salia de calcihas a Belem era a las 10 de la noche, (suponemos que
porque era domingo), por lo que no pudimos ir.
Al lado del monumento de los descubridores hay dos
restaurantes, uno chino y un portugués llamado Portugalia, y
entramos en este ultimo al verlo bastante lleno de gente y .......,
bueno solo os voy a decir que en pocos sitios me he sentido tan
estafada y he salido de tan mala leche como de ese sitio, carisimo
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para lo que nos pusieron, sin estar a la altura de los demás sitios
que hemos descubierto en Portugal, aun siendo mas cutres, pero
con encanto.
Nos fuimos a dormir y como ya hemos dicho antes Belem es
bastante recomendable para pernoctar y estacionar la auto.
En general la gente es amable y se esfuerzan en hablar español, y
aunque nosotros personalmente esperábamos otra cosa de Lisboa,
hemos hecho un buen viaje y conocido un poco mas del país
vecino. Ah¡, y nos quedamos con Sintra.