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Alcossebre y Provenza francesa

por yeyo
Portada — Alcossebre y Provenza francesa
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Alcossebre en Castellón

  Provenza Francesa

   Agosto de 2010

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11/08/2010 MIERCOLES
Móstoles – Alcossebre (Camping Ribamar)

       Salimos de Móstoles con dirección a Castellón, para
llegar a Alcossebre, al camping Ribamar, donde habíamos
decidido pasar unos días. La llegada al camping no tuvo
dificultad, ya que las indicaciones eran precisas a pesar de
tener que dejar el asfalto y circular por un camino
polvoriento dentro del paraje natural de la Sierra de Irta.

       El camping     esta nuevo prácticamente en su totalidad
y     la   atención   que
ofrece el personal es
fantástica, nos dieron
un     plano de la zona
de parcelas y de las
libres podíamos elegir
la que quisiéramos, así
que con las mismas
nos dimos una vuelta
y la agraciada fue la
J2.

       Pasamos coche, carro y volvimos a hacer el cursillo de
montar la tienda, porque después de un año sin usarla
debíamos volver a pasar examen. El camping es tranquilo
hasta más no poder, tanto en la zona de tiendas, como en los

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bungalows de madera. Los suelos de las parcelas son de
gravilla, lo que ayuda a evitar polvo y sobre todo me acorde
mi amigo Tomás, al no tener que usar martillo para poner la
tienda, (antes de la reforma en la recepción alquilaban
martillos para clavar las piquetas).

     Acabado el montaje dimos una vuelta por los caminos
que desde el camping y en un par de minutos te llevan a la
playa, por lo menos para ver el mar. Estuvimos en el
camping desde el miércoles día de nuestra llegada hasta el
lunes, que decidimos salir, muy a nuestro pesar porque la
tranquilidad de camping, el hecho de tener una pequeña
playa de conchas molidas a cinco minutos andando y casi
privada, quien ella estábamos éramos todos del camping,
aunque yo solo me mojara y haciendo un gran esfuerzo los
pies, nos hacia plantearnos el dejar el viaje a Francia y
quedarnos allí a pasar el resto de las bien merecidas
vacaciones.

                                       De quien no he hablado
                                       del camping y debo de
                                       hacerlo por el buen hacer
                                       de   sus   guisos,   es   del
                                       personal que atiende la
                                       Tabla de Irta, nombre
                                       que recibe el restaurante
                                       del camping, y de sus dos
                                       camareras, sobre todo de

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Dana que solía hacer el     turno de tarde y las cenas, hija de
una de las cocineras, con un empeño particular en hacerse
amiga de Chester y Chester con un empeño particular en
hacerse amigo de todo el mundo menos de ella.

El tiempo de permanencia en Ribamar, lo dedicamos a dar
paseos por los diferentes senderos que recorren la Sierra de
Irta, ir a Alcossebre a pasear y hacer algunas compras y
sobre todo a descansar y porque no decirlo como realmente
se llama a vaguear.

Entre esos ratos de paseo,
playa   y   vagueo    decidimos
buscar un camping por la
Provenza     Francesa,      como
etapa antes de llegar a los
Alpes. Surfeando en Internet
encontramos una web de campings franceses, que contaban
con el sello de calidad. Son camping que aunque no tienen la
máxima categoría, si tienen unas condiciones particulares
que los hacen especiales.

De entre los seleccionados de la zona, elegimos uno, el
camping Saint Gabriel, a medio camino entre Tarascon y
Fontvieille. Poniendo un poco en marcha mis olvidados
conocimientos de la lengua francesa, y no digo del francés,
por aquello de los mal pensados, que haberlos haylos, hicimos
la reserva. La suerte estaba echada, nos íbamos a Francia.

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16/08/2010 LUNES
Alcossebre– Tarascon (Camping Saint Gabriel)

     Después de recoger la tienda, nos acercamos a la
recepción para pagar, devolver las tarjetas y el conector
eléctrico y despedirnos del personal. Así que una vez
realizados todos los trámites salimos a la AP7 dirección
noreste. Todavía debíamos de salir de la Comunidad
Valenciana y pasar por tres de las provincias catalanas
(Tarragona, Barcelona y Gerona), para llegar a la frontera
con Francia. Paramos en el primer área de servicio disponible
para hacer una cambio de conductor, la tarde anterior cogí
frio en las duchas y me pase la noche con serios problemas
para respirar debido al atasco de las fosas nasales o más
comúnmente con un atasco de narices.

     Los kilómetros fueron unos detrás de otros y con alguna
parada para comer y tomar un cafetín. Por la tarde
estábamos ya en la Jonquera para cruzar por la frontera e
iniciar kilómetros de las autovías francesas que no sé por qué
diablos se me hacen tan pesadas.

La página web del camping disponía de las coordenadas, una
vez introducidas en el gps, nos llevamos la sorpresa, el
camping estaba situado en medio de la nada.

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A pesar de todo pusimos rumbo siguiendo las instrucciones
que nos facilitaba. De camino, alguna que otra parada para
estirar las piernas, no digo a fumar por qué en esas fechas
llevo ya nueve meses sin darle al vicio del tabaco.

Pocos kilómetros antes de llegar a Montpelier agarramos el
atasco de los lunes por la tarde y no lo dejamos hasta salir de
la ciudad, a pesar de circular por una autovía de peaje.

Si hay que decir en descargo de las autovías de peaje
francesas, que aunque se hace muy pesado el circular por
ellas, el importe no es tan caro como las españolas, o bien yo
tengo esa sensación.

El gps nos llevo perfectamente hasta la misma puerta del
camping, está a medio camino entre Tarascon y Fontvieille,
cerca de uno de los muchos canales que recorren la zona, al
principio nos pareció bien, más tarde descubriríamos la
realidad de los canales.

Después de hacer los trámites necesarios en la recepción, solo
hubo una cosa que no me gusto y fue el tener que dejar mi
DNI en recepción hasta el día de la partida, pero la verdad
después de tantos kilómetros no tenía ganas de discutir y
menos en francés, con lo que me rendí a la primera de
cambio.

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El camping lo lleva una pareja y ella es una persona afable y
accesible, que nos acompaña hasta nuestra parcela, muy
grande y cerca de la zona de duchas y servicios.

La parcela está rodeada de seto, con un paso grande para
poder maniobrar con el carro y el coche, y empezamos el
nuevo curso de montaje, sol por la mañana o por la tarde,
orientada al Este o al Oeste y como la noche andaba cerca al
final se quedo tal y como la habíamos dejado en un principio,
ya habría tiempo de cambiarla mañana. Al encender las luces
de las calles del camping vimos colgada de una farola en uno
de los laterales de nuestra parcela una lámpara de esas para
los     mosquitos.   Miedo,   quién   dijo   miedo,   allí   estaban
sobrevolando la zona buscando sus víctimas a pesar de la luz
azul.

Esa noche decidimos cenar en el comedor del camping, pues
es una zona al aire libre. La carta no es extensa, pero
suficiente, además Pierre el cocinero, le pone muy buena
voluntad al entrecot nocturno.

Paseo con Chester para terminar la noche y a la cama.
Mañana habría que estudiar la zona y ver las posibilidades
que nos ofrece una zona de Francia que aún no conocíamos.

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17/08/2010 MARTES
CIUDAD DE TARASCON Y AUX LES BAINS

Por la mañana fuimos a Tarascon, había que tomar
conciencia de las poblaciones cercanas al camping. De
entrada el pueblo era grande, me llamo la atención la
cantidad de población islámica que allí había, y lo sé no
porque yo sea adivino de los rasgos de la gente o tenga un
                                          don   especial      para
                                          adivinar         ciertas
                                          cosas, sino por las
                                          vestiduras,      mucha
                                          de la población se
                                          ataviaba      con     la
                                          túnica     típica    del
                                          Magreb, y con los
                                          pañuelos que cubren
                                          las cabezas de las
mujeres.

Bien es cierto que miraban, no sé si a nosotros en general o al
hecho de llevar un perro negro como el carbón, que aunque
fuera atado y siempre a mi lado, parecía infundirles algo de
respeto pero nunca hicieron ademan extraño alguno.

Caminando por unas callejuelas llegamos al centro urbano de
la población y la perspectiva cambia por completo, el casco

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antiguo es una chulada, limpio, cuidado y con el mercadillo
recorriendo sus calles en ese día. Los puestos configuran un
abanico multicolor, tanto por los objetos expuestos, como por
aquellos que los regentan.

Dentro del mercadillo, al igual que el que nos encontramos
varios años atrás en Bretaña, en Tregastel concretamente
aunque sin llegar al nivel de este, los puestos de comida, me
llamaban la atención, se podía comer desde un pollo de
corral asado, hasta una paella, pasando por cuscús y alguna
que otra variedad gastronómica mas.

Mucho       me    llamo    también   la   atención   los   productos
naturales, desde huevos, repollos, a puestos que contaban con
un       sinfín      de
especies.

Seguía            viendo
mucha       diferencia
entre              estos
mercadillos y los de
mi población o las
poblaciones
cercanas a la mía.

Aprovechando          la
coyuntura y viendo
los pollos de corral

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que daban vueltas en el asador, junto con las patatas
francesas y alguna que otra zanahoria, elegimos la comida
para ese día en el camping.

Antes de regresar al camping, y callejeando fuimos a dar con
las murallas del castillo. Decidimos pasar a echarle un vistazo.
El castillo tiene una zona de visita gratuita y otra de pago.
                                    Alberto y yo pasamos a
                                    hacer       la    de     pago,
                                    mientras Auri se quedaba
                                    con Chester custodiando
                                    al pollo de corral. Una vez
                                    dentro la visita esta muy
                                    bien organizada, al igual
                                    que la restauración del
                                    castillo.

                                    Si a alguien le interesa
                                    ahondar          sobre      los
                                    personajes       que   hicieron
                                    historia, pueden consultar
la extensa documentación existente en internet entre otros
sitios.

La visita se organiza recorriendo las salas y subiendo y
bajando por las tres torres que aún quedan en pie hasta
llegar a la terraza, con unas inigualables vistas sobre el
Ródano (Le Rhône), y la ciudad de Tarascon. Curioso es ver

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las pinturas y esculturas que hacen referencia al monstruo
                                       del Ródano.

                                       Antes de volver al
                                       camping y de llegar
                                       al coche pasamos por
                                       el     supermercado.
                                       Teníamos            que
                                       rellenar la despensa
                                       del carro y coger algo
                                       para   la   cena.   La
ganadora de las opciones fue una tabla de quesos ya
preparada, solo era necesario emplatar y darle al juego de
cuchillo y unte al pan.

Después de preparar el pollo y acabar con él entre todos,
Chester por supuesto también tuvo su parte de pechuga,
tocaba lo que todo buen español hace, incluso estando fuera
de su tierra, dormir la siesta.

Auri que no debe ser buena española, seguía dando vueltas a
ver si cambiamos la tienda de posición, para que por la tarde
nos diera la sombra.

Después de muchos que sí, que no, pues ale vamos, se quedo
como estaba, con la salvedad de echarle el toldo que
habíamos comprado en Decathlon para que diera un poco
más de sombra por el techo.

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Cierto es que el calor que estábamos pasando, no contábamos
con él, pero incluso yo, el más protestón con el tema de la
temperatura, conseguí que no me molestara demasiado. Si
tenía mucho pues a la ducha o la piscina según tocara.

Leyendo la documentación que habíamos recabado sobre la
zona, nos llamo la atención un pueblo llamado Aux Les Bains,
dicen los catálogos de turismo que recibe tantas visitas como
Le      Mont        Saint      Michel,       en       Bretaña.

Como estaba relativamente muy cerca, esa tarde ya
sabíamos que nos tocaba visitar. El hecho de acercarse ya
constituye una aventura, no por ser de difícil acceso, sino por
las ingentes riadas de gentes y coches que se acercan hasta el.
Poco antes de llegar hay una especie de gruta, donde se

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realiza un espectáculo de luz y sonido, que no merece la
pena, pero si dispone de un parking gratuito, con bastantes
plazas libres, y desde allí hasta el pueblo son unos 10 minutos
andando, con lo cual si había plaza libre ya sabíamos donde
tocaba aparcar.

La suerte nos sonrío y conseguimos meter el coche en un
hueco de un paisano que se iba. Andando por la carretera
con un poco de cuidado, por aquello de los coches que
intentan llegar al mismo centro urbano, o bien que no les
queda más      remedio que seguir adelante por estar el
parking lleno en pocos minutos llegamos al inicio de la cuesta
que lleva al centro de   Aux les Bains.

Las casas han sido reconvertidas en tiendas, todo el pueblo
son tiendas, donde te venden desde camisas de hilo, a toallas
de puro algodón natural, pasando por minerales, piedras y
fósiles y como no, terrazas para apaciguar la sed de la tarde
o heladerías con un surtido de sabores que no te puedes
llegar a imaginar que existieran.

Subiendo por las estrechas callejuelas, llenas de gente y
haciendo igual que los demás, paradita aquí y paradita allí,
foto que te hago, foto que me haces, llegamos a la parte alta
donde se encontraban los restos del castillo. Vimos los precios
en taquillas, y nos echaron un poco atrás, 13,00 € por
adulto, y con el buen sabor de boca que nos dejo el castillo de
Tarascon, decidimos gastarnos el precio de la entrada en

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unos sabrosos helados y en comprar un pan espectacular
para la tabla de quesos de la noche.

Para regresar en vez de desandar el tramo de carretera que
habíamos    hecho   al   inicio,   decidimos   seguir   carretera
adelante.

El hecho de seguir la carretera no era otro que pasar por la
población de FontVieille, aunque solo fuera en coche, para
echarle un vistazo, porque como ya os comente antes el
camping se encontraba a mitad de camino entre ella y
Tarascon.

El pueblo era coqueto, con mucha vida en su calle principal,
lleno de lugares de restauración, con lo que si hubiéramos
tenido que elegir uno, hubiera sido difícil hacerlo. Decidimos
que había que regresar para verlo más detenidamente.

Al llegar al camping un poco de relajación para poco antes

de llegar la noche dar cumplida cuenta de la tabla de quesos

junto con el pan y las bebidas y rematar con un cafetín en la

terraza del restaurante, junto a otros comensales y los

mosquitos que batían las alas alegres de ver nuevas víctimas

con las que alimentarse. Hace unos años en un viaje a la

Laponia finlandesa vi una camiseta que decía HELLO

VISITOR, WELCOME DINNER (Hola turista, bienvenida cena)

y se veía la imagen de un mosquito armado con cuchillo,

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tenedor y babero, pues aquí tenia la misma sensación, y

entre picadura y manotazo planificamos la siguiente ruta

para el miércoles.

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18/08/2010 MIERCOLES
            AVIGNON - FONTVIEILLE

Salimos con dirección a Avignon, vamos pasando por algunas
poblaciones más o menos grandes cada una de ellas con su
particular encanto. Con lo que iba viendo y con lo que había
leído sobre Avignon, la boca se me estaba haciendo agua
sobre todo por ver una ciudad, un casco antiguo y muchos
siglos de historia. Recordaba también los comentarios del
padre de Auri, sobre lo mucho que le había gustado.

Al llegar entramos por una ciudad moderna, con edificios
altos   y   zonas   residenciales,   polideportivos   y   campus
universitarios. Fuimos avanzando hasta llegar a la estación de
tren. Cuando no encuentro hueco para aparcar en la calle y
ya no queda más remedio que ir a un parking suelo buscar los
de las estaciones de tren, que por estas zonas suelen estar
muy próximos al centro de la ciudad.

El parking era estrecho donde los hubiera, y las plazas más
estrechas aún, pero bueno era lo que tocaba ese día y al
entrar pudimos ver las murallas de la antigua ciudad.

Al salir a la calle y tomar conciencia de la ubicación, mejor
no lo podíamos haber hecho, estábamos enfrente de la
puerta principal de la muralla.

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En el interior de la muralla,
la calle principal era un
hervidero de paseantes y
mirones, incluido yo mismo.
La calle está repleta de
tiendas    con    las     más
modernas                marcas
comerciales e incluso algunas que desconocía que se dirigieran
a ese sector de mercado.

Caminando, en esa misma calle y al lado de unos jardines se
encuentra la Oficina de Información y Turismo, donde
hicimos la parada obligatoria para recoger información sobre
la zona.

Un poco más adelante la calle se hace peatonal y se puede
vislumbrar el Palacio de los Papas, algún teatro, varios
museos, pero lo que realmente me llamo la atención fue el
Palacio, cuantos castillos de varias geografías hubieran
querido tener ese aspecto defensivo.

Las colas para sacar la entrada y hacer la visita interior eran
de un tamaño importante, calculando sobre el número de
personas que entraban en cada tanda, calculamos que
teníamos para unas 4 horas de espera, y la verdad que no
estaba por la labor.

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Cerca había unos jardines a los cuales no puedes pasar con
perro, con lo que subieron Auri y Alberto, yo me quede con
Chester.

Desde la parte superior se podía ver el otro lado de la ciudad,
otro palacio a lo lejos y por supuesto Le Rhône, que divide a
la ciudad. También se puede observar el puente que unía toda
la zona amurallada con el otro lado del rio, y que hoy solo es
posible llegar hasta la mitad, pues la otra parte se encuentra
derruida.

Mientras Alberto y                                             Auri
subían a los jardines                                    y       yo
esperaba     en    un                                        murete
sentado a la sombra                               me          puede
fijar en la suciedad de              toda   la   zona,       aquello
parecía ser zona de botellón por la cantidad de cristales
rotos por el suelo, vasos de plástico, papeles y un largo etc.

Después de ver como se encuentra el centro de Tarascon o lo
poco que vimos de Fontvieille, aquella sensación que llevaba se
quedo chafada por completo, me esperaba mucho mas de la
zona, y sobre todo siendo el centro turístico de Avignon.

Como se dice por aquí entre berza y berza tuvimos una col,
un paisano español y de Zaragoza se sentó junto a mí con sus
dos perros, pues su mujer y su hija estaban haciendo lo
mismo. Estuvimos charlando un rato, de la zona, del calor,

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yo he ido a visitar esto y te lo recomiendo, pues yo aquello y
no te lo recomiendo, hasta la llegada de su familia que
marcharon a seguir con la visita a Avignon.

Alberto se quedo con Chester y yo subí un momento a tomar
perspectiva de la zona desde lo alto, pero sin muchas ganas,
Avignon no era lo que yo me esperaba, alguna foto de rigor y
                                   bajada.

                                   Las viejas calles del centro
                                   si merecían mucho más la
                                   pena,                  callejuelas
                                   estrechas,        llenas         de
                                   tiendas de todos los tipos,
                                   tamaños           y       colores,
                                   peluquerías       modernas        y
                                   antiguas, ropa que no me
                                   siento capaz de definir,
                                   tiendas      de       relojes,    y
                                   alguna que me llamo la
                                   atención por la cantidad
de comic que tenían de hecho era su dedicación. Toda aquella
zona solo que ampliada me recordaba a la calle Fuencarral de
Madrid, por sus tiendas y por la idiosincrasia de la gente que
las recorre, tanto turistas como habituales.

La ciudad nueva de Avignon, no la visitamos, decidimos
regresar   al   camping   para    planificar     nuevas       rutas,

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regresamos al parking de la estación de la SNCF y con mucho
cuidado, por las estrecheces sacamos el coche de su plaza y
tomamos rumbo de vuelta.

Al llegar todos teníamos tareas pendientes y nos pusimos a
hacerlas. De comida preparamos unos tallarines con salsa
boloñesa para chuparse los dedos. Como es natural después
del manjar, con poco nos conformamos, el postre y el rato
preferido, después de comer en vacaciones, la siesta.

Después de una siesta corta y agobiante por el calor, bajamos
a Tarascon, para comprar algo el Super U, lo que otros días
había sido llegar y aparcar hoy se convirtió en un problema
debido a que la próxima fiesta medieval tenia las calles del
centros cortadas, pero al final y dando un par de vueltas,
Tarascon       es    más        grande   de   lo   que   cabía   imaginar
conseguimos aparcar al lado del castillo y ya desde allí era un
paseíto andando.

Como por Tarascon era difícil caminar y ya habíamos
recorrido sus callejuelas principales decidimos ir a Fontvieille,
estaba      cerca          y     en
principio    lo      poco       que
habíamos visto desde el
coche    nos        dejo       buen
sabor de boca.

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Se le ve un pueblecito tranquilo, con mucha restauración, en
la zona antigua había calles y casas apretadas, algunas con
rincones llenas de flores, como queriendo evitar que se
escapara el sabor que desprendían.

La zona nueva, está muy integrada, no se ven edificaciones
mastodónticas que rompan la estructura. Todos los edificios
emblemáticos, contaban con una placa en diferentes idiomas
donde se explicaba que había sido y que era en la actualidad
o a que le tenía reservado su nuevo destino. Por cierto uno de
esos idiomas era el castellano. Con algún pequeño problema
de traducción, pero en castellano. Hasta ahora no lo había
visto en ninguna de nuestras visitas en la zona.

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19/08/2010 MIERCOLES
     PARC NATURELLE DU LUBERON

Una vez estudiada la ruta para el día de hoy, nos toca
conocer el Parque Natural Regional de Luberon. El calor ya
de por la mañana temprano en el camping es agobiante, de
hecho unos voluntarios nos indican que con las temperaturas
que se van a registrar hoy, la zona de bosque adyacente a
Tarascon y Fontvieille, permanecerá cerrada por riesgo de
incendio forestal. Curiosa filosofía que creo deberíamos
aprender aquí.

Esperando que por la zona donde nos vamos a mover no
haga tanto calor, emprendemos la marcha, para dirigirnos
primero a Cavaillon y desde allí a APT (Suena raro pero es el
nombre de un pueblo o pequeña ciudad porque de pueblo
ambos dos no tienen nada), disponen de una gran zona
industrial y ambos se encuentran en obras, me recordaban a
algo, pero no se decir a que ……

En Apt, es una de las puertas de entrada al parque, nos
pasamos por la oficina de turismo, como siempre para
recoger información.

Aquí nos indican que las excursiones a pie están cerradas por
las altas temperaturas, igual que en Tarascon.

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En vista del éxito damos una vuelta por Apt, pueblecito que
salvo por las callejas de la parte vieja, y el parque que
circunvala el rio no tiene mucho que ofrecer al visitante,
vuelvo a repetir que todas estas anotaciones son bajo mi
punto     de       vista,     seguramente   cualquier   otra   persona
encuentre sus apreciaciones
personales         cuando      menos
diferente a las mías.

Tras parar a comprar agua
fresca    para       llevar    en    el
coche, y el insecticida que
Pierre y Paulette nos habían
recomendado             la      noche
anterior       cenando         en    el
camping,           (Pierre     es    el
cocinero       y    Paulette        una
encantadora                 camarera
ambos con sus años y con la
experiencia del día a día en
el trato al publico), observando el mapa que nos facilito la
oficina de información decidimos ir a una zona con sombra y
rio, cerca de Manosque otro de los pueblos del entorno del
parque.

De camino la señal de una abadía y de un fuerte nos ha
hecho romper la ruta predefinida y entre abadía y fuerte
hemos optado por el fuerte.

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La carretera de llegada al parking del fuerte es angosta pero
agradable de conducir, a escasos dos kilómetros del Fuerte de
Buoux se encuentra el parking gratuito y de pocas plazas,
pero los tábanos, voraces ellos como nunca los había sentido,
los mosquitos, el calor y la sequedad de la zona, a pesar de
contar con una extensa vegetación sirven para que no te
quedes más tiempo del debido.

Por un camino asfaltado primero y de tierra después se
inicia la subida al fuerte. Antes de llegar, a la sombra de una
enorme piedra saliente hacemos un alto para degustar la
comida adquirida en Apt. Al llegar a la entrada del fuerte
vemos que cuesta el acceso son tres euros por barba, a quien
no lleve barba, también los paga por solidaridad con el resto,
pero decidimos regresar al aparcamiento.

                                              El        fuerte     se
                                              encuentra           en
                                               estado ruinoso,
                                                   es    más     una
                                                               ciudad
                                                        amurallada
                                                    que           un
                                         fuerte,        pero     está
                        totalmente a la solana y como que a
las cuatro de la tarde puede ser peligroso.

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Ya en el coche, yo siguiendo mi costumbre ancestral del
veraneo, debo de dar una cabezada, aunque sea escasa, pero
es necesario, vital diría yo.

Al despertar tenemos como recuerdo, alguna picadura más,
sobre todo por los sitios donde el Cinq sur Cinq, nuestro
Autan, o el OnOff de los finlandeses, no ha llegado a calar.

Nos hacemos un nuevo planteamiento de donde pasar la
tarde, pero el calor sofocante y el cansancio optamos por
regresar al camping, carreteando un poco y si en el camino
encontramos algo que nos merezca la pena parar a visitarlo.

Regresando a la carretera principal, tomamos dirección a
Lourmarin, pasamos bordeándolo por su castillo, que tiene
muy buena pinta, pero los 38 grados del exterior frente a los
22 del interior del coche, hace que solo paremos para la foto
de rigor y sigamos camino.

Desde allí a Puyvert y Lauris para regresar a Cavaillon y
desde aquí al camping, darnos un refrescon, cambiarnos de
indumentaria y pasar lo que queda de tarde tranquilamente,
cada uno como mejor puede: Auri, con la Mano de Fátima
que se le ha atragantado como libro, Alberto calentado los
pulgares con la PSP, Chester mordisqueando su cojín y yo
delante de una taza de café, haciendo las anotaciones
pertinentes para poder completar estas líneas.

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Sentados en el restaurante, y tomando un rico café después
de una cena, no voy a decir generosa, pero si gustosa, y a
elección de cada uno, aunque Pierre el cocinero cuando nos
veía llegar tenía claro el menú personal, planeamos la ruta a
seguir el día siguiente.

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20/08/2010 Jueves
      Saint Gabriel-Carpentras-Venasque-
Gordes-Rousillon-Cavaillon-Saint Gabriel

La ruta de hoy discurría muy cerca del Parque Nacional de
Louberon, hoy la idea era visitar ciudades y pueblos.

De camino a                                           Carpentras
pasamos       por                                la ciudad de
Avignon                                              nuevamente,
esta    vez   no                                 entramos      en
su         casco                                 antiguo,     sino
que     pasamos                                  por la ciudad
nueva,                                           moderna, con
zonas     verdes                                 y     como    no
con      centros                                     comerciales,
pero tampoco                                             paramos
mucho         en                                 ella,    porque
ver     ciudades                                 modernas no
era nuestra intención. Siguiendo carretera llegamos a
Carpentras, para aparcar no tuvimos problemas, y eso que
había mercadillo. Como es lógico, nos fuimos a ver el
mercadillo que lo realizan en las callejuelas del casco antiguo,
que salvo una torre y no en muy buenas condiciones solo
queda el sabor de las calles, apretadas, recogidas, no
queriendo dejar que los tiempos pasados se escurran de ellas.

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Los mercadillos de Francia me siguen fascinando, y no ya por
comparación de los españoles, sino por la cantidad de
productos que en ellos puedes encontrar, desde las telas de
infinidad de colores, al puesto de especias de colores y olores
variopintos, al asador de pollos de corral, al agricultor que
vende sus verduras casi recién recogidas un rato antes de
                                      montar el tenderete.
                                      Siguiendo                   camino

                                      llegamos         a     Venasque

                                      que no tiene nada que

                                      ver    con       el    Benasque

                                      español. Es un pueblo

                                      curioso construido en

                                      un alto desde donde se

                                      domina           vistas      sobre

                                      todo        el         valle     y

                                      curiosamente                    la

                                      principal             producción

                                      frutícola              es       la

                                      producción de cerezas.

Cuenta Venasque con una oferta de restauración, sino amplía

si bien aprovechada, ya que los sitios para comer son todos

ellos de estilo y calidad, aunque también de precio. El pueblo

me gusto por su sabor, el buen hacer de sus gentes, amables y

hospitalarias.

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De camino a Gordes, otro de los pueblos clasificados con

encanto especial (o algo parecido), según el turismo francés,

había un sitio por el que no debíamos dejar de pasar la

abadía de Senanque, un monasterio rodeado de campos de

color lila cuando el tomillo esta en flor, ahora solo estaba las

plantas, pero por el mero hecho de ver la abadía merece la

pena y mucho. También la industria aromática que origina la

abadía, con productos como ambientadores, velas, inciensos

                                               o aceites para

                                               masajes.         A

                                               quien vaya por

                                               la zona es algo

                                               que     no     debe

                                               dejar    de     ver

                                               bajo         ningún

                                               concepto o dar

una vuelta por los muchos caminos que la rodean.

El pueblo de Gordes, es otro de esos pueblos de los más

bonitos de Francia, y cierto que lo es, pero también es cierto

que el nivel de vida que en él se respira no tiene nada que ver

con el resto de los pueblos por los que habíamos pasado.

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El     jaleo    de

tráfico

reinante       bien

podría

compararse al

de      cualquier

gran      ciudad.

Después de la

relajación que

habíamos tenido en Senanque, esto se nos hacia estresante y

no era la idea que teníamos, parking de pago en todo el área

exterior del pueblo, porque intentar entrar al interior con el

coche era misión imposible. Ya casi lo fue encontrar un

pequeño hueco donde meternos para hacer la foto de rigor y

por lo menos poder decir que habíamos pasado por allí. La

situación me recordó mucho a la costa de Amalfi en Italia,

llena de pueblos preciosos, pero casi imposibles de poder ver

por lo menos en un momento como turistas ocasionales.

Siguiendo camino pasando por campos de vid llegamos al

siguiente punto de nuestra hoja de ruta Rousillon. Un pueblo

de tonos rojizos, debido al color de la arcilla y de la arena

con la que hacen las casas. Me pareció simplemente

encantador, recogido, coqueto, con un nivel de vida alto,

pero sin llegar al extremo de Gordes, aunque conocedores

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también de que el turismo es una baza importante dentro de

su economía, rezumando tranquilidad a pesar de la gente

que lo visitaba que éramos muchos.

Después de visitar Rousillon, y como ya era por la tarde

decidimos regresar al camping.

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21/08/2010 Viernes
              Saint Gabriel- Móstoles

Decidimos el regreso a casa por motivos ajenos a nuestra
voluntad, así que con mucho dolor, dejamos la zona de los
Alpes para otra ocasión. Recogimos todo el material y
salimos del camping por la mañana con dirección a España
por las autovías, la A9 en concreto. Pero al llegar a
Perpignan,   decidimos   cambiar    un   poco    el   rumbo   de
carretera ya que las autovías francesas, lo vuelo a repetir una
vez se me hacen muy tediosas y optamos por coger la
carretera N116, que entra en España por Bourg Madame y
recorre parte de la ruta del tren amarillo, un tren turístico
francés   recuperado     del    olvido   y      del   abandono.

Desde aquí dirección Lérida a coger la A2 y llegar a casa muy
cansados y a muy altas horas de la madrugada.

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PD:
Todos   los   comentarios   aquí   recogidos   son   opiniones
personales propias, no pretende ser una guía turística ni
nada por el estilo, simplemente dar a conocer mi experiencia
en el viaje realizado en el mes de agosto de 2010.