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Suiza 22-28/10/2012
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Este pretende ser un resumen de nuestro viaje a Suiza. Es un viaje que
teníamos pendiente desde hacia mucho tiempo, pero que por una razón u
otra siempre habíamos tenido que dejar de lado.
Así que en esta ocasión, aunque no teníamos demasiado tiempo y lo
avanzado del otoño con la posibilidad de mal tiempo desaconsejaban el
viaje, decidimos tirarnos a la piscina .... Y ... ¡¡¡Salió bien!!!
Ante todo quiero agradecer a todos los que nos habeis informado e
inspirado, colgando vuestros relatos en este y otros foros. En particular a
Mireim, a quien tuve la cara de molestar con mis dudas, a Xanquete 22, a
quien deberíamos poner un monumento por su grandioso trabajo en sus
proyectos de viaje y a Eva V por dar vida en su relato a las indicaciones de
Xanquete.
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Todo nuestro viaje estaba condicionado por la excursión “estrella” :
Jungfraüjoch.
Teníamos miedo de no encontrar un día con una mínima visibilidad, así que
decidimos hacer el viaje de ida directamente a Unterseen, junto a
Interlaken, donde montaríamos nuestra casita con ruedas y sería el origen y
final de todas las jornadas, esperando al Día D. Y dispuestos a prescindir, si
era necesario, de las visitas a Ginebra y Annecy, previstas para el último dia
antes de la vuelta a casa.
Además estaba el inconveniente de la oferta que nos hace Jungfraübahn a
los españoles hasta junio de 2013, dejándonos el billete a mitad de precio
por haber ganado la Eurocopa, con la única condición de comprar los billetes
por internet y sin posibilidad de devolverlos. Lo que nos obligaba a viajar con
el portátil... y la impresora...
Teníamos previsto salir al día 21 sobre las 20h, para hacer todo el viaje de
noche y ahorrarnos toda la cantinela del niño. Pero justo antes de salir
miramos la previsión meteorológica para el día 22, y daba un buen día. Sin
pensarlo dos veces compramos los billetes, la impresora se quedó en casa y
se acabaron los condicionantes antes de salir.
Salimos mas tarde y con la obligación de hacer 1200km del tirón, si o si.
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Después de una noche de intensa lluvia, empezó a despejarse al amanecer
del dia 22, ya pasado Grenoble y finalmente llegamos a nuestro destino, el
camping Alpenblick, en Unterseen, sobre las 10´45h.
La elección de este camping fue debida a que era el único de los de la zona,
que acepta ACSI, que estaba abierto.
Y ahí la primera sorpresa .Ofrecen tres precios, según la proximidad a los
servicios, siendo el de 16€ de la guía, el de las parcelas mas lejanas.
Además hay que sumarle la tasa turística y un suplemento de electricidad
por ser invierno. Total unos 24€.
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Pero sorpresas económicas
aparte, la atención en el
camping fue muy buena. Eso
si en inglés, pues de español
ni media palabra.
Una curiosidad fue encontrar
esas bayetas en los lavabos
y en las pilas de lavar los
platos, destinadas a
limpiarlos cuando se acabe
de usarlos.... Y el resultado
está a la vista.
Todas las instalaciones del
camping estaban siempre
impecables.
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Sin perder un minuto,
desenganchamos, cogimos ropa
de abrigo y algo de comer y
salimos corriendo hacia la estación
de Interlaken Ost.
La excursión a Jungfraüjoch es
mucho mas que ir a ver un glaciar.
Todo el recorrido es espectacular,
pero era ya muy tarde y decidimos
subir directamente hasta arriba,
prescindiendo de los paseos que
teníamos previstos en las paradas
intermedias.
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Después de cambiar de tren en Lauterbrunner y en Kleine Sheidegg y tras
dos paradas en los miradores de Eigerwand y Eismeer, llegamos a
Jungfraüjoch.
Las vistas sobre el glaciar de Aletsch y los picos Eiger, Monch y Jungfrau
rodeándolo, nos hacen olvidar del cansancio y el sueño acumulados ... Y
hasta justifican el abusivo precio que hay que pagar para contemplarlo.
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Tras recorrer todas las instalaciones, con la exposición de figuras de hielo
incluida y un impresionante paseo por el glaciar, llega la hora de coger el
tren de vuelta. Esta vez por Grindelwald, pero con el inconveniente de que va
oscureciendo y nos perdemos buena parte de las vistas.
Aun queda llegar al camping y montarlo todo....
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El día 23 fue el único en que prescindimos del despertador.
Tras un reparador descanso iniciamos el día en que teníamos previsto
conocer las ciudades de Berna y Lucerna.... Y en el que nos daríamos de
bruces con los horarios suizos.
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Llegamos a Berna en lo que
sería media mañana para
nosotros, pero para ellos era
la hora de comer.
Nos sorprendió la cantidad
de gente que comía en la
calle y al contrario de lo que
habíamos leído, lo animadas
que estas estaban.
Pero lo que mas nos gustó,
mas que Marktgasse con sus
fuentes y sus porches o el
famoso Zytglogge, fue la
sensación de orden, de
limpieza, de que todo
funcionaba como un reloj...
suizo
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Una vez recorrido el centro de la ciudad, la catedral, la fosa de los osos
(homenaje de esta ciudad al animal al que le debe el nombre), ..., decidimos
cambiar de aires e irnos a Lucerna, cuando para nosotros sería primera hora
de la tarde... Pero para ellos era justo la hora de salir de trabajar.
El coincidir con su hora punta, hizo que recorrer la setentena de kilómetros
que separan ambas ciudades fuese bastante lento
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Empezamos la visita a Lucerna algo alejados del centro histórico, ya que así
nos lo indicó el Tomtom (muy majo el). Así que después de un agradable
paseo por una zona residencial, al tiempo que oscurecía y veíamos como se
bajaban las persianas de las tiendas, llegamos al famoso Kapellbrücke un
poco pasadas las seis de la tarde.
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Nos internamos en la ciudad antigua, donde el nombre de las calles indica la
actividad que en ellas se realizaba, aunque hoy en día debe ser un bonito y
bullicioso centro comercial.
Y lo supongo, pues cuando nosotros estuvimos, antes de las 7 de la tarde,
estaba todo cerrado y por las calles no había ni un alma.
Seguimos andando hasta el Spreuerbrücke, no tan conocido como el
Kapellbrücke, pero del mismo estilo.
De vuelta al coche pasamos por el único lugar en el que había vida, la
estación.
Volvimos al camping bordeando el Lago de los Cuatro Cantones, disfrutando
del reflejo de las luces de los pueblos sobre sus aguas... De día debe ser
precioso...
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El 24 de octubre, a las 7 de la mañana, como sería ya para el resto de la
semana, sonó el despertador.Empezaba uno de los días que mas
disfrutaríamos.
Salimos del camping dirección Brienz, Meiringen e Innertkirchen para
empezar el ascenso al Grimselpass.
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Cuanto mas se sube, mas impresionante es el paisaje y al llegar arriba la
vista del lago rodeado de cumbres quita el hipo.
Tanto nos gustó que a medida que bajábamos el puerto y empezábamos a
ver la subida al Furka delante nuestro, nos planteamos cambiar los planes
del día.
Tras darle vueltas decidimos hacer las cosas como estaban previstas.
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Así que seguimos a través de un tranquilo
y precioso valle dirección a Visp, donde
nos desviaríamos hacia Tasch, para
aparcar el coche en un inmenso parking,
junto a la estación, para seguir en tren
(solo se puede ir en tren) hasta Zermatt
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En Zermatt tuvimos una extraña sensación, encontramos todo lo que habíamos
leído, un lugar encantador, sin tráfico, rodeado de montañas y con el imponente
Materhorn presidiéndolo todo... Pero las expectativas eran tan altas que nos faltó
algo, aun no sabemos que, pero algo...
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Un poco la sensación que nos quedó fue la de estar en un centro comercial, en una
pequeña Andorra, pero con artículos de lujo.
Eso si, Zermatt es un excelente punto de partida para excursiones, ya sean las
mas conocidas (y caras) al Klein Matterhorn o el Gornergat Bahn, o bien a pie con
la mochila a la espalda
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Pero, dado que nuestro
presupuesto era bastante
limitado y nuestro tiempo
aún mas, simplemente
dimos un paseo por las
afueras para poder ver el
Matterhorn.
Y así dimos por finalizada la
visita a Zermatt, tren de
vuelta a Tasch y camino al
camping.
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Salimos de Tasch dirección Goppenstein, donde se coge el tren a
Kandersteg, muy cerca de Interlaken.
La curiosidad de este tren, es que es un tren portacoches y viajas
dentro de tu propio vehículo.
Es un servicio muy eficaz, con mucha frecuencia de paso y que hace el
recorrido en poco mas de quince minutos, y encima es barato, mas
que el gasoil que se gastaría haciendo el trayecto por carretera.
Como llegamos antes de lo previsto y para nuestras costumbres aun
era pronto decidimos acercarnos a Thun.
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Por la experiencia del día anterior sabíamos
que a esas horas encontraríamos una
ciudad desierta... Y así fue exceptuando esta
zona de bares donde había alguna gente,
sobretodo militares vestidos de bonito,
tomando copas.
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Thun nos sorprendió.
Es una ciudad pequeña y muy acogedora, con infinidad de
bonitos rincones y un imponente castillo en lo mas alto.
Es de esos lugares de los que cuesta irse.
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Empezamos el día 25 visitando el pueblo que le da
nombre a la famosa variedad de queso: Gruyères.
Sin querer desmerecer su belleza, que la tiene, nos
pareció un lugar excesivamente turístico. No hay otra vida
que el turismo, ni negocio que no esté dedicado a el.
Tanto que llega a parecer un decorado.
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Recorrimos el pequeño pueblo, nos acercamos al castillo, lo rodeamos y
finalmente curioseamos el bar y el museo dedicados a la película Alien.
Después continuamos hasta Lausanne.
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Lausanne nos pareció la
mas semejante a
cualquiera de nuestras
ciudades. La mas bulliciosa
y ruidosa de las que
habíamos visitado, y la
única en la que todas las
bicicletas estaban atadas
con candado
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Aparcamos en el parking del complejo Flon, y cruzando el
centro nos dirigimos hacia la catedral, en lo mas alto de la
ciudad. Bajamos por el lado opuesto al que habíamos subido y
cogimos el coche para bajar hasta el Lago Leman
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Dimos un agradable paseo junto a la orilla del Lago donde hay
unos jardines inmensos, hasta llegar al Museo Olímpico. Y ahí
dimos con una de las tradiciones de todos los viajes, siempre
hay algo en obras. Esta vez no podía ser menos, y el acceso al
museo estaba cerrado y sustituido temporalmente por una
exposición en un barco amarrado frente a el.
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Continuamos, con el Lago Leman a un lado y al otro las empinada terrazas
de viñedos de Lavaux, durante todo el trayecto hasta Vevey.
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No es de extrañar que Charles Chaplin decidiese pasar en
Vevey los últimos años de su vida, pues es un lugar
encantador, sin edificios espectaculares, ni grandes
monumentos, pero donde en cualquier rincón se respira
calidad de vida.
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Cruzamos Montreux, mas tarde la visitaríamos, y nos dirigimos al Castillo
de Chillon, donde con puntualidad suiza, a las seis en punto nos dieron
con la puerta en las narices.
Nos conformamos con ver el exterior que bien merece la pena.
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Volvimos a Montreux y tras pasear por sus desiertas calles comerciales
(seguíamos sin acostumbrarnos a que a las seis se acaba la vida), nos
acercamos al casino y a rendir tributo a la estatua de Freddy Mercury, célebre
vecino de esta población.
Nos sorprendió mucho el edificio del mercado iluminado. Espectacular.
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Y llegamos al día 26, el último que pasaríamos en la zona de Interlaken....
Que aun no habíamos pisado. Así que tocaba no hacer muchos kilómetros y
echarle un vistazo.
Empezamos el día dirigiéndonos hacia Lauterbunnen, buscando
Trümmelbachfälle
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Trümmelbachfälle, son una
serie de cascadas, la
mayoría de ellas interiores,
que se alimentan del agua
de deshielo de los glaciares
de la zona.
Es realmente espectacular,
y no hay foto que pueda
describir el ruido
ensordecedor y la fuerza del
agua cayendo dentro de las
grutas.
Visita imprescindible y
económica
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Al salir, antes de dirigirnos hacia Aareschlucht, nos internamos en el valle de
Lauterbrunnen todo lo que nos permitió la carretera. Miráramos hacia donde
miráramos todo lo que nos rodeaba era la típica postal que esperábamos de
Suiza.
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En Aareschlucht se hace un recorrido a pie, la mayor parte sobre pasarelas
colgadas sobre el río. Habíamos leído que se iba andando y se volvía en tren.
Pero en temporada baja una de las salidas (en la que se coge el tren de
vuelta) está cerrada y solo se pueden recorrer tres cuartas partes del camino,
con lo que la ida y la vuelta son a pie.
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Las gargantas del rio Aare son otro ejemplo de la fuerza de la
naturaleza... Y de la habilidad de los suizos para sacarle provecho...
Económico.
Tanto Trümelbachfälle como Aareschlucht, que ya nos han encantado
a final de octubre, en la época del deshielo tienen que ser
impresionantes.
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Camino de Interlaken paramos a dar un paseo por Brienz, que nos sirvió
para completar el día de postales idílicas suizas.
Es un lugar encantador con unas placenteras vistas al lago. Solo alrededor
de la carretera parece haber vida, el resto es un remanso de paz, mucha
paz.
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Y para acabar el día llegamos a
Interlaken.
El lugar mas señorial de los que
habíamos visitado y ante todo el mas
turístico.
Es el paraíso de aquellos a los que les
gusten los relojes, pues en la calle
principal se suceden una tienda tras otra
de las marcas mas importantes... Llenas
de árabes, chinos y rusos comprándolos
como quien compra golosinas.
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El paseo fue agradable y entretenido, pero se acercaba la hora de volver al
camping y empezar a recoger.
Y entonces, como no podía faltar, apareció la segunda tradición de todos los
viajes. Después de una semana entera sin caer una gota, empezó a llover y
como siempre tuvimos que guardarlo todo mojado y sucio.
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Día 27... Y de golpe llegó el invierno. Amaneció lloviendo y la temperatura
que en toda la semana no había bajado de 8 grados y había llegado hasta
los 24, estaba en 4.
Empezábamos la vuelta a casa. Recorrimos casi 200km hasta el camping
“La Columbière”, ya en territorio francés pero a tan solo 8km de Ginebra y
muy cerca de un gran centro comercial con precios franceses.
Comimos muy pronto y empezamos las visitas del día.
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Queríamos empezar visitando Ginebra, pero nos liamos al coger la autopista
y como ya íbamos encarados hacia Annecy, seguimos adelante.
El día empeoraba a medida que avanzaba, y al llegar la lluvia era muy
intensa y el termómetro había caído hasta 1 grado.
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Annecy es una pequeña y preciosa Venecia en medio de los Alpes. A pesar
del mal tiempo, nos atrapa, y seguimos recorriendo sus callejuelas hasta que
me doy cuenta que los zapatos que me habían vendido como impermeables
en realidad no lo son. Vuelta al coche y promesa de volver en una agradable
tarde de verano.
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Llegamos a Ginebra y el tiempo iba a peor. Con ese panorama nos limitamos
a dar una vuelta en coche e ir al lago a ver de cerca el símbolo de esta
ciudad, el Jet d’eau.
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Y así acabaron nuestras vacaciones... Nevando.
Nevando con ganas y nosotros con miedo, pues estaba cogiendo
rápidamente y teníamos que volver a casa. El dia 29 trabajábamos.
Nos planteamos el salir al momento y tirar hasta salir del temporal.
En la recepción del camping nos aconsejaron quedarnos pues la previsión
para el día siguiente era mejor, y nos recomendaron ir por Lyon.
Y cruzando los dedos les hicimos caso.
Mientras cenábamos la nevada aflojó, al tiempo que empezó a soplar un
fuerte viento que lo heló todo y nos zarandeó toda la noche.
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Vuelta a casa. El día 28 amaneció blanco y ventoso. Teníamos 1000km por
delante, en los que la nieve nos iba a acompañar durante 200 y el viento
hasta llegar a casa.
Con tensión, en alerta, muy despacio y casi sin parar, llegamos en poco mas
de 13 horas. Casi a las 8 de la tarde. Quedaban 8 horas para ir a trabajar.
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Si entendemos la palabra vacaciones como el periodo de tiempo destinado a
descansar, a olvidarse de las prisas, del reloj y a permitirse un “ya lo haré”,
desde luego no hemos hecho vacaciones.
Ahora bien si la entendemos como el periodo de tiempo en que se cambia de
aires, se olvida la rutina y se disfruta haciendo cosas distintas, hemos tenido
unas vacaciones perfectas.
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Desde el primer momento, cuando tuvimos que renunciar a visitar
Lauterbrunnen y Kleine Sheidegg, me vino a la cabeza una pregunta que
hace Xanquete 22 en sus programas de viaje: “pero volvereis, ¿no?”.
Y es que este país es pequeño en dimensiones y gigante en rincones que
visitar.Un continuo regalo para la vista, imposible de abarcar en una
semana...ni en un mes.
En el poco tiempo que disponíamos quisimos ver mucho, y lo disfrutamos,
pero conocimos poco. Así que habrá que volver para conocer.
Lo que si nos llamó mucho la atención es lo educados y respetuosos que son
los suizos. Tanto en el trato personal como en su forma de actuar... ¿quién de
nosotros al bajar del autobús iría a la máquina a comprar el billete?
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No nos gusta demasiado guardarnos todos los datos,
sobretodo los económicos, de las vacaciones... Pues si
llegamos a ser muy conscientes del dineral que cuestan,
igual nos quedamos en casa...
A groso modo hemos gastado unos 1300 €, de los cuales
buena parte han sido en gasoil y peajes (hemos recorrido
unos 3500km). Con lo que alargar el viaje unos días mas no
incrementaría demasiado el presupuesto.
Llevamos 300 € en francos suizos, de los que nos sobraron
prácticamente la mitad, pues acabamos pagando casi todo
con tarjeta.
Hay que tener en cuenta que el nivel de vida en Suiza es muy
alto, por lo tanto sus precios también.
Por ejemplo: Un sobre de jamón york, dos baguettes y seis
botellas de agua... 15.6 CHF... Traducido... 12.9 €. Fue la
primera compra y nos impactó... Suerte que no fueron
demasiadas.
Así que mejor es llevarse la despensa bien llena.
También hay que tener en cuenta que en Suiza, igual que en
Francia, es mucho mas económico llenar el depósito fuera
de la autopista.