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Invitación a Toledo

por ilis
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INVITACION A TOLEDO

                                 Es una ciudad densa e irreductible. Y para
                                    colmo, empinada y con un clima tan
                                    extremo como su propia existencia.

                                 BASTA YA

                                       Más de dos siglos de historia han
                                  configurado en plena España mesetaria y
                                  áspera un conglomerado cultural, lleno
                                  de evocaciones árabes y judías, pese a
                                  su innegable impronta cristiana. Marcada
                                  por siglos gloriosos, en los que la ciudad
                                  fue capital del reino visigodo, esplendor
                                  en época musulmana, sede Primada y
                                  centro del Imperio en tiempos cristianos.
Sinagoga Santa María la Blanca

                                        Sea ha abundado hasta la saciedad
                                  en     su  espíritu   de   tolerancia y
                                  multiculturalidad, que hoy está tan
                                  perseguido. No en vano, moros judios y
                                  cristianos convivieron durante la época
                                  de Al-Andalus, que perduró durante los
                                  primeros tiempos de la conquista
                                  cristiana y culminó con el reinado de
                                  Alfonso X, en la celebre Escuela de
                                  Traductores, donde confluían sabios y
                                  eruditos venidos desde todo el mundo
Detalle de la Catedral            entonces conocido.

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Entonces y en épocas posteriores ,
                                se fraguó la monumentalidad que hoy
                                admiramos en la ciudad.

Festividad religiosa

                                      Toledo   se   resiste     a   dejarse
                                encasillar. No es castellana, no es
                                occidental,    tampoco       oriental.   Es
                                simplemente una ciudad tipicamente
                                mediaval, encerrada en sí misma. Una
                                ciudad encerrada en un meandro del Tajo
                                que por falta de espacio ha crecido hacia
                                lo alto, superponiendo civilizaciones.

Mezquita del Cristo de la Luz
                                      El color de Toledo es el ocre de sus
                                montes, su piel de ladrillo visto y
                                mampostería. Su sonido, el del adoquin y
                                el piar de vencejos que la sobrevuelan a
                                las tardes bochornosas de verano. Su
                                vida, tranquila y discreta.

Murallas                             Para disfrutar de la ciudad imperial,
                                hay que abstraerse a su rostro más
                                comercial. Resulta inexcusable la visita
                                de edificios tan señeros como las
                                sinagogas del Tránsito y Santa María la
                                Blanca, la Catedral o el templo mudejar
                                de Santiago del Arrabal, pero también
                                hay que dedicarse a descubrir otros
                                Toledos bajo la costra de la historia,
                                manumentales y literarios, no tan obvios,
                                solo es cuestión de armarse de
                                curiosidad y tiempo.
Puerta de Bisagra

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Así, se puede empezar por la ruta
                                del legado musulmán, el judío y el
                                mudéjar, en un recorrido siempre
                                sorprendente, que nos llevará a traves
                                de    arcos     polilobulados,  ventanas
                                geminadas y de yeserías decoradas con
                                caracteres árabes, entrelazados de forma
                                perfecta en la mezquita del Cristo de la
                                Luz o en la torre de Santo Tomé.
Puente de San Martin                 También se puede vistar Toledo
                                desde la perpectiva gótica, magnificada
                                en la iglesia de San Juan de los Reyes o
                                la Catedral, construida sobre una
                                mezquita que, a su vez, fue construida
                                sobre un templo visigótico.

                                     Queda     también     un    Toledo
                                Renacentista en el Ayuntamiento y en los
                                Hospitales de Travera y Santa Cruz.
                                También un Toledo que se mira a sí
                                mismo como demuestran las casas
Catedral                        neomudéjares o neogóticas del siglo
                                pasado pero con ejemplos interesantes
                                como la Escuela de Artes Aplicadas o la
                                Escuela de Restauración.

                                     Y, porque no, admirar Toledo desde
                                sus jardines, miradores y plazas,
                                auténticos oasis de frescor y vida vecinal
                                con nombres como el Jardín del Tránsito,
                                el Mirador de la Cuesta de Santa Ana.
                                Desde allí todo desciende hacia los
                                puentes históricos, como el de Alcántara
Mezquita del Cristo de la Luz
                                o el de San Martín, y las puertas que
                                cerraban el paso a los intrusos como la
                                del Sol, la Nueva Bisagra y la de
                                Cambrón y en lo alto ese azul que
                                cautivava al Greco.

                                     Por la vida, Ilis