Cocodrilo feliz
hablador
Mis tiempos de reflexiones son cortos porque mi expectativa de vida es corta. No soy tonto… la estadística vital fija la vida media en 83 años y tengo 85. Si tuviese 50 años dedicaría a reflexionar dos meses o tres, o un año, o varios, como hice alguna vez; pero mi tiempo es la prolongación del partido que el árbitro añade… y como la expectativa de vida es limitada, he de ser pragmático y no malgastar el tiempo… aunque al no tener nada que hacer parezca que me sobra, cuando lo cierto es que se me escurre por entre los dedos, como cuando quieres atrapar el mar con las manos.
He cruzado unos cuantos correos privados, y varios “nicks” que siempre atribuí a usuarios, resultaron ser de usuarias. Todos me han venido a decir lo que “Ocatina” en el foro: “No ofende el que quiere…” y siendo un refrán harto conocido, es cierto que es lapidario. Con algunos he intercambiado criterios y casi con todos observo un denominador común: Consideran que impongo mis criterios y que pretendo tener siempre razón. Y también los hay que no han entendido el motivo de mi disgusto, que no es un enfado.
He dedicado este tiempo de reflexión a repasar mis intervenciones, y no encuentro motivo para que nadie se haya podido molestar por la manera de expresar mis criterios. No encuentro ninguno en el que imponga mi criterio a nadie, ni haya insultado, ni discriminado, ni ofendido, ni injuriado. Ni mucho menos amenazado con una “ensalada de ostias”. De mí han escrito de todo.
En este foro hay dos tipos de post: los informativos y los discrepantes. Los informativos responden habitualmente a alguien que pide consejo y las respuestas son casi siempre constructivas, y en algunos casos excesivamente paternalistas; los discrepantes abren polémicas y controversias, y pocas veces alguno de los intervinientes da el brazo a torcer. O ninguna.
La mayoría de mis post son informativos. Tienen un problema: La información, si es de hechos, no admite interpretaciones. Los hechos son como son, aunque cada uno de nosotros los percibimos, a veces, como nos conviene que sean, o como nos gustaría que hubiesen sido. Por ejemplo: un atentado es un hecho que produce la muerte de inocentes. Pero para los que lo perpetran es un motivo de heroicidad y lo hacen, inmolándose, convencidos de que van al paraíso, o son héroes y patriotas. Algunas de mis informaciones sobre hechos no han sido bien recibidas y he pagado el conocido tributo de “matar al mensajero”. Naturalmente, me duele, aunque siempre trato de disimularlo. En todo caso cuido las formas y el lenguaje para no herir a nadie. Parece que esa autocensura que me impongo es la que molesta a algún sector.
En lo que respeta a controversias también hay unos cuantos post en los que discrepo. Discrepar en un foro es elemental. Sin discrepancia no hay debate y sin debate imperarían las consignas sobre las argumentaciones. Imponer consignas es lo que hacen los políticos y los politólogos todos los días en las tertulias de radio y TV. Las consignas se imponen desde el totalitarismo, que es algo innato en algunas personas que, llegada la ocasión, acaban en sectarismo.
Lo que no encuentro en la revisión de mis intervenciones es esto que me achacan de pretender tener siempre la razón. Si alguien, desde el ejercicio del derecho constitucional de opinión dice que una cosa es blanca, desde ese mismo derecho constitucional de opinión, yo puedo decir que es negra. Pero por discrepar no impongo mi criterio a nadie. Para terceros que asisten a la controversia, puede que vean que la cosa es realmente negra, y entonces, el otro cambia las argumentaciones por descalificaciones, por insultos, por desprecios… o se queja de que el oponente no siempre ha de tener la razón.
Vamos a los hechos:
“Pelotas” se refiere a algo bueno, excelente, formidable…empleando la frase hecha que deja en iniciales: “de P. M.”
Y yo le digo:
Ya sé que eso de P. M. es una expresión machista muy extendida, y más extendida, si nosotros la usamos sin necesidad. Ninguna madre es una ****. Y todos, inevitablemente, vinimos de una madre. ¿Tan difícil es respetarlas?
He leído estas líneas un montón de veces y no encuentro motivo alguno para que nadie me acuse ni de pasarme un pueblo ni de imponer mi criterio ni de querer tener la razón siempre. Admito, en la frase, de entrada, que es una frase hecha, y planteo si tal frase es o no ofensiva para las madres y si hay necesidad de usarla. Al final expongo una pregunta. Eso es todo, y quizás la dificultad de asumir que un vino puede ser excelente, extraordinario, formidable… o cualquiera de las otras muchas expresiones que ofrece el lenguaje castellano, es lo que, realmente, provoca que algunos se tiren a la yugular o “salgan” de detrás de la mata a flagelarme. Y lo que más me ha disgustado es la intervención del “webmáster”. No se trata de poner en solfa sus virtudes y su gran capacidad, que no encuentro motivos para pensar que sean mejores o peores que las del resto de usuarios del foro… se trata de que la vara sea la misma para todos. Y ya que alguno tiene aficiones necrófagas, con este ejemplo debería de bastar para que el “webmáster” sea más equitativo, pues esto, sobre mi persona, está escrito en el foro:
“Este elemento sobra en el foro y en la sociedad en general. Nos tiene a todos hasta los mismos cojones, y si no fuera porque nos contestamos a través de una pantalla y un teclado, a este ya le había caído más de una ensalada de ostias. Que no vuelva a aparecer.”
Cuando se consiente esto, y se amonesta por defender el buen uso del lenguaje, motivos de disgusto y queja, están ampliamente justificados.
Gracias por aguantar el ladrillazo.
He cruzado unos cuantos correos privados, y varios “nicks” que siempre atribuí a usuarios, resultaron ser de usuarias. Todos me han venido a decir lo que “Ocatina” en el foro: “No ofende el que quiere…” y siendo un refrán harto conocido, es cierto que es lapidario. Con algunos he intercambiado criterios y casi con todos observo un denominador común: Consideran que impongo mis criterios y que pretendo tener siempre razón. Y también los hay que no han entendido el motivo de mi disgusto, que no es un enfado.
He dedicado este tiempo de reflexión a repasar mis intervenciones, y no encuentro motivo para que nadie se haya podido molestar por la manera de expresar mis criterios. No encuentro ninguno en el que imponga mi criterio a nadie, ni haya insultado, ni discriminado, ni ofendido, ni injuriado. Ni mucho menos amenazado con una “ensalada de ostias”. De mí han escrito de todo.
En este foro hay dos tipos de post: los informativos y los discrepantes. Los informativos responden habitualmente a alguien que pide consejo y las respuestas son casi siempre constructivas, y en algunos casos excesivamente paternalistas; los discrepantes abren polémicas y controversias, y pocas veces alguno de los intervinientes da el brazo a torcer. O ninguna.
La mayoría de mis post son informativos. Tienen un problema: La información, si es de hechos, no admite interpretaciones. Los hechos son como son, aunque cada uno de nosotros los percibimos, a veces, como nos conviene que sean, o como nos gustaría que hubiesen sido. Por ejemplo: un atentado es un hecho que produce la muerte de inocentes. Pero para los que lo perpetran es un motivo de heroicidad y lo hacen, inmolándose, convencidos de que van al paraíso, o son héroes y patriotas. Algunas de mis informaciones sobre hechos no han sido bien recibidas y he pagado el conocido tributo de “matar al mensajero”. Naturalmente, me duele, aunque siempre trato de disimularlo. En todo caso cuido las formas y el lenguaje para no herir a nadie. Parece que esa autocensura que me impongo es la que molesta a algún sector.
En lo que respeta a controversias también hay unos cuantos post en los que discrepo. Discrepar en un foro es elemental. Sin discrepancia no hay debate y sin debate imperarían las consignas sobre las argumentaciones. Imponer consignas es lo que hacen los políticos y los politólogos todos los días en las tertulias de radio y TV. Las consignas se imponen desde el totalitarismo, que es algo innato en algunas personas que, llegada la ocasión, acaban en sectarismo.
Lo que no encuentro en la revisión de mis intervenciones es esto que me achacan de pretender tener siempre la razón. Si alguien, desde el ejercicio del derecho constitucional de opinión dice que una cosa es blanca, desde ese mismo derecho constitucional de opinión, yo puedo decir que es negra. Pero por discrepar no impongo mi criterio a nadie. Para terceros que asisten a la controversia, puede que vean que la cosa es realmente negra, y entonces, el otro cambia las argumentaciones por descalificaciones, por insultos, por desprecios… o se queja de que el oponente no siempre ha de tener la razón.
Vamos a los hechos:
“Pelotas” se refiere a algo bueno, excelente, formidable…empleando la frase hecha que deja en iniciales: “de P. M.”
Y yo le digo:
Ya sé que eso de P. M. es una expresión machista muy extendida, y más extendida, si nosotros la usamos sin necesidad. Ninguna madre es una ****. Y todos, inevitablemente, vinimos de una madre. ¿Tan difícil es respetarlas?
He leído estas líneas un montón de veces y no encuentro motivo alguno para que nadie me acuse ni de pasarme un pueblo ni de imponer mi criterio ni de querer tener la razón siempre. Admito, en la frase, de entrada, que es una frase hecha, y planteo si tal frase es o no ofensiva para las madres y si hay necesidad de usarla. Al final expongo una pregunta. Eso es todo, y quizás la dificultad de asumir que un vino puede ser excelente, extraordinario, formidable… o cualquiera de las otras muchas expresiones que ofrece el lenguaje castellano, es lo que, realmente, provoca que algunos se tiren a la yugular o “salgan” de detrás de la mata a flagelarme. Y lo que más me ha disgustado es la intervención del “webmáster”. No se trata de poner en solfa sus virtudes y su gran capacidad, que no encuentro motivos para pensar que sean mejores o peores que las del resto de usuarios del foro… se trata de que la vara sea la misma para todos. Y ya que alguno tiene aficiones necrófagas, con este ejemplo debería de bastar para que el “webmáster” sea más equitativo, pues esto, sobre mi persona, está escrito en el foro:
“Este elemento sobra en el foro y en la sociedad en general. Nos tiene a todos hasta los mismos cojones, y si no fuera porque nos contestamos a través de una pantalla y un teclado, a este ya le había caído más de una ensalada de ostias. Que no vuelva a aparecer.”
Cuando se consiente esto, y se amonesta por defender el buen uso del lenguaje, motivos de disgusto y queja, están ampliamente justificados.
Gracias por aguantar el ladrillazo.
