Tras la primera visita fuimos
al museo de los champiñones, que
nos gustó mucho y donde pudimos
ver las diversas fases del cultivo no
sólo de los champiñones sino de otras
setas como el siki take. Salimos muy
contentos de la visita.
Antes de ir a comer nos
dirigimos al castillo, muy bonito por
fuera y con unas vistas espectaculares, la entrada cuesta 3 € pero no merece en absoluto
la pena ya que no se ve nada (está en reconstrucción y la misma durará muchos años) y
las fotos más bonitas se sacan fuera.
Por la tarde nos dirigimos al poblado troglodita de Rochemeiner del que se
conservan tres granjas subterráneas. En algunas de las habitaciones hay mobiliario
antiguo y recuerdos de cuando estaban habitadas. A la entrada te dan un folleto en
castellano con la ruta a seguir y cada uno va visitándola a su gusto.