Bibilot
Testiga del secuestro
Bueno, bueno, que también tenía su parte dura ¿eh?, que lo que se dice un crucero no era... A veces pasaban tres semanas y no habías visto tierra... Si a caso una ballena, una isla desde lejos, otro barco... Pero la mayoría del tiempo, agua y más agua. No os voy a decir que me cansara, estaba tan mentalizado que disfrutaba mucho con ello, como dice Lali, los atardeceres y amaneceres, los poquitos ratos con los amigos, que allí te los haces para toda la vida, aún me veo a menudo con al menos tres... Todo eso bien valían doce horas de trabajo diarias, mas estar dos noches sin dormir de cada cuatro, pasar revista tres veces al día teniéndo siempre impecable acpecto, tirar de las estachas para arriar las velas a cualquier hora, no tener agua dulce a veces para ducharte durante días, compartir tres inodoros y tres duchas para 138 marineros en la media hora establecida para estar en tu puesto de trabajo, dormir a la interperie cuando se desinsectizaba, saborear el miedo sabiendo que tenías que doblar guardias por la presencia de piratas en la noche, hacer el mantenimiento de madrugada, el aguantar los temporales, las cucarachas, a los mandos menos agradables...
Podría seguir durante horas. Me marcó mucho la experiencia. Muchos de mis amigos preferían pedir destinos en cuarteles cutres, con tal de estar más cerca de casa y poder tener permisos... Yo no tuve más que seis días seguidos en todo el periodo obligatorio, pero viví otras cosas.
Seguro que todos esos momentos te servian para saborear mejor los buenos.