El 27 de marzo de 1892 es bendecida la nueva escultura procesional de Simón de Cirene, perteneciente a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Jaén
Desde el siglo XVIII, y durante los desfiles procesionales de Nuestro Padre Jesús Nazareno, fue frecuente disponer tras la imagen una horquilla vertical de hierro revestida de plata labrada. Su función era sostener el tramo final de la larga cruz y garantizar la seguridad del paso durante el recorrido. Sin embargo, al ser esta horquilla muy antiestética, la hermandad se vio en la necesidad de encontrar una solución que armonizase el conjunto y al mismo tiempo proporcionara la debida sujeción. Finalmente, en el siglo XIX, se afianzó en la Cofradía la idea de completar la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno con una escultura acorde de Simón de Cirene y que cumpliera la misma función de la anterior horquilla. Tras numerosas polémicas a la hora de encargar la obra, fue la recién creada Congregación de Soldados Romanos, quien en 1892 se ofreció a hacer frente a los gastos y hacer realidad el proyecto.
La talla fue obra del escultor valenciano Luis Montesinos, quien se inspiro en el rostro exacto del entonces capitán y fundador jiennense de dicha Congregación de Soldados Romanos, D. Tomás Cobo Renedo (1829-1915). Tras finalizar y vestir la obra, el 27 de marzo de 1892 se presentó y bendijo la escultura en una ceremoniosa fiesta en la iglesia parroquial de la Merced.
El Viernes Santo del 15 de abril de 1892 salió por primera vez en desfile procesional Nuestro Padre Jesús Nazareno acompañado por el nuevo Simón de Cirene. Con ello el paso ganó en dinamismo, dramatismo y efecto teatral. Sin embargo, la talla sufrió daños durante la Guerra Civil Española y fue restaurada en 1943 por el pintor Luis Espinar. Asimismo, en 1979 fue nuevamente restaurada por el escultor Constantino Unguetti y en 1992 en Madrid por el Instituto de Restauración y Conservación de Obras de Arte.
Los Evangelios coinciden en narrar la participación de Simón de Cirene durante la Pasión de Cristo pero es el Evangelio de San Marcos quien nos lo detalla mejor. Según este texto: "Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y Rufo, que venía de campo, a que llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: lugar de la Calavera"
Según los Evangelios: Simón era un campesino originario de Cirene (Libia) que estaba presente en Jerusalén durante la Pascua Judía para labrar unas tierras que estaban a su cargo y que sin esperarlo, se vio inmerso en el drama de Cristo. La guardia romana que custodiaba el tránsito de los condenados hacia el Calvario, viendo a Jesús demasiado agotado para sostener el madero, hizo uso del derecho de requisa y ordenó a Simón el Cirineo que se encargara de llevar la cruz durante el resto del recorrido. Se desconoce si Simón de Cirene habría acudido a Jerusalén movido por la noticia de la condena del Nazareno o sencillamente porque regresaba a su hogar. Lo que sí estaría claro es que debió presenciar el cortejo hacia el Gólgota con sus propios ojos. Es de suponer que este arbitrario encargo sobre su persona pudo provocarle en un principio cierto disgusto o temor de recibir acusaciones de la ciudadanía por haber socorrido a un reo de muerte. Tras esta anécdota Simón de Cirene desaparece, sin conocerse nada más de su perfil, carácter o destino. Tampoco se sabe si se quedó para conocer la noticia de la Resurrección o si se marchó pronto de la ciudad. Sin embargo los evangelios, al mencionar que era padre de Alejandro y Rufo, parecen dar a entender que tras la experiencia despertó su fe y podría haberse convertido al cristianismo.
Simón de Cirene es uno de los tantos personajes mencionados en las escrituras cristianas que intervienen con un papel fugaz, pero que con su singular gesto trasciende la mera participación. Para la comunidad cristiana este personaje posee un significado simbólico y es casi una alegoría de la actitud valiente y de la humanidad de quienes ayudan a los que caen bajo el peso de las dificultades durante un recorrido. Desde esta mención, su figura moverá a la piedad de muchos creyentes que ven en él un ejemplo y modelo a seguir.
Simón de Cirene no está canonizado ni se menciona en el Martirologio Romano. No obstante, hay calendarios como el mexicano o el cristiano oriental que lo califican como tal e incluso señalan su festividad el 1 de diciembre. En cualquier caso, es un personaje siempre muy presente tanto en los desfiles procesionales de Semana Santa como en las representaciones teatrales del Vía Crucis viviente, donde quien lo representa siempre exterioriza en su rostro la intención de colaborar en el traslado de la cruz y anticipar el surgimiento de un nuevo cristiano.
En el caso del Simón de Cirene jiennense su expresión facial parece revelar una mezcla equilibrada de retraimiento, desconcierto, curiosidad y admiración ante la actitud del personaje del nazareno.
Imágenes: Simón de Cirene jiennense, por Luis Montesinos (1892, Santuario de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Jaén) y antigua fotografía de la imagen procesional de Jesús Nazareno aún con la horquilla auxiliar. Imágenes: Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
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